{N}1,{/}2: Para empezar, la firmeza de la fe. Pusimos {C}capacidad de soportar{/} ah\u00ed donde Santiago utiliza una palabra que significa paciencia, pero con el sentido de perseverancia en medio de las pruebas y persecuciones. Santiago es un hombre que no vacila, y nos sentimos seguros por su convicci\u00f3n: {C}pidan a Dios y se lo dar\u00e1. Feliz quien soporta la prueba.{/}
{C}Esta puesta a prueba de la fe..{/}. (3). No estamos en este mundo para pasarlo bien. Lo importante es que aprovechemos el tiempo que Dios nos da para crecer y madurar como personas. El que no ha sufrido sabe poco. Y los que sufren, muchas veces, no se dan cuenta que lo mejor de su persona lo deben a que han tenido que superar mil dificultades. Pablo dice que esas pruebas nos hacen merecedores del Reino de Dios (2 Tes 1,5), y eso vale tanto para las comunidades como para las personas.
{C}Si alguno de ustedes ve que le falta sabidur\u00eda {/}(5). Dios ha puesto a nuestro alcance todo lo que necesitamos para solucionar nuestros problemas. Y de \u00e9l viene la sabidur\u00eda con la que nos haremos responsables de nuestro destino en vez de resignarnos.
{C}Hay que pedir con fe{/} (6). Cuando sepamos bien cu\u00e1les son los obst\u00e1culos que Dios quiere sacarnos de delante, seremos capaces de pedirle sin dudas.
{C}Que nadie diga {/}(13). La gran mayor\u00eda de los hombres guardan secretamente un rencor contra Dios y no pierden ni una oportunidad de hacerlo responsable de sus propios errores.

{N}1,{/}17: {C}El Padre que es luz; all\u00ed no pasan las sombras{/} (17). Porque somos inconstantes, Santiago nos invita a levantar la mirada hacia el Padre que no cambia y al que nada conmueve en su santidad y su felicidad. \u00a1Qu\u00e9 cosa m\u00e1s asombrosa: el Padre en su eternidad ya goza de nuestra presencia, mientras nosotros, que vivimos en el tiempo, todav\u00eda no sabemos fijarnos en \u00e9l! Empecemos a acostumbrarnos a la eternidad.
{C}Nos dio vida{/} (18). Esto se parece a lo expresado en 1 Pedro 1, y nos recuerda el sentido de nuestro bautismo. Santiago saca esta conclusi\u00f3n: la palabra de Dios hay que guardarla y meditarla para que no haga sino una sola cosa con nosotros. No basta con haber mejorado su vida durante alg\u00fan tiempo para prepararse al bautismo, sino que se debe perseverar en el bien.

{N}2,{/}1: {C}El que hace distinci\u00f3n entre las personas {/}(2,4) no puede ser cristiano. Distinciones de clase o de color. Nunca hay justificaci\u00f3n para el favoritismo o para no respetar los derechos de cada uno o para hacerlo esperar o para tratarlo mal. Hay en eso un instinto de justicia que va unido a la fe.
Santiago habla de distinciones dentro de la Iglesia, y es ah\u00ed donde, por desgracia con mucha frecuencia, subsisten obstinadamente. Si en muchos pa\u00edses los que m\u00e1s frecuentan la Iglesia son los que est\u00e1n mejor ubicados socialmente y los que tienen mejor instrucci\u00f3n, es ciertamente porque en sus elecciones y en su pr\u00e1ctica la Iglesia ha dejado de lado a los otros para, tal vez, no recuperarlos nunca m\u00e1s.
{C}Dios escogi\u00f3 a los pobres, para hacerlos ricos en la fe.{/} Los ap\u00f3stoles, que son nuestros maestros indiscutidos en la fe, eran pobres de dinero y de influencia, pero lo bastante ricos en la fe para sostenerla al precio de su sangre. Santiago dice que los ricos profanan el nombre de Cristo. Tal vez hable de ricos que no creen y que se burlan de los creyentes sencillos, o tal vez, de ricos cristianos cuya vida es causa de que se critique el nombre de Cristo.
Santiago invita a la Iglesia a que se examine sobre  c\u00f3mo nos tratamos unos a otros en sus instituciones; a que se pregunte con qui\u00e9nes se re\u00fanen ordinariamente los pastores de la Iglesia o a qui\u00e9nes visitan y se conf\u00edan... \u00a1Cu\u00e1n terribles verdades revelar\u00edan preguntas de ese tipo!{C}
La ley del Reino{/} (8) es el mandamiento del amor, el que seg\u00fan Jes\u00fas, resume todos los otros. {C}Ley de libertad,{/} porque nos hace libres, siendo ella la \u00fanica que quedar\u00e1 cuando el Esp\u00edritu nos haya conducido m\u00e1s all\u00e1 de las leyes.

{N}2,{/}14: Parece evidente que este p\u00e1rrafo quiere rebatir las conclusiones erroneas que algunos sacaban de las cartas de Pablo, ah\u00ed donde afirma que somos salvados por la fe y no por \u00ablas obras\u00bb, es decir, por el cumplimiento de la Ley jud\u00eda. Fij\u00e9monos en los dos ejemplos que Santiago saca del Antiguo Testamento y compar\u00e9moslos con Hebr 11,31; y antes que nada, con Rom 4 (G\u00e1l 3). Pablo dice: Abrah\u00e1n fue justo por la fe y no por practicar la Ley. Mientras que Santiago dice que fue justificado por poner la fe en pr\u00e1ctica
Pero habr\u00eda que precisar lo que debemos entender por \u00abfe\u00bb, y lo que entendemos por \u00abobras\u00bb. Pablo insiste en que nuestra relaci\u00f3n con Dios es algo muy distinto de c\u00f3mo cumplimos las{C} pr\u00e1cticas{/} de la Ley de Mois\u00e9s. Santiago, por su parte, nota que no hay fe aut\u00e9ntica que no nos lleve a observar las exigencias de la justicia y la preocupaci\u00f3n por el pr\u00f3jimo, y eso mismo pide la Ley.
Esas afirmaciones aparentemente opuestas de Santiago y de Pablo fueron ampliamente comentadas en los comienzos de la Reforma, cuando algunos sosten\u00edan sin ambages que uno se salva s\u00f3lo por la fe. Sin embargo no basta con mostrar, como lo hemos hecho, que las palabras de Pablo y de Santiago se pueden conciliar entre s\u00ed. Hay en ellos una manera muy diferente de ver y de sentir, y esto se debe tanto a la diversidad de temperamentos humanos como a la riqueza de la experiencia cristiana, que toma diferentes caminos en cada uno. Esas oposiciones reales, que vemos entre los mismos ap\u00f3stoles, nos invitan a no creer que todos deben pensar y expresar su fe como lo hacemos nosotros.

{N}3,{/}13: \u00bfQu\u00e9 es la Sabidur\u00eda? Leamos los libros de sabidur\u00eda de la Biblia si queremos saber algo sobre ella. Nos dan la pista de una sabidur\u00eda que es un don de Dios (1 Co 1,5; Ef 1,9), que se adquiere mediante la oraci\u00f3n (Sab 9; Sir 51,13; Col 1,9), la perseverancia en la meditaci\u00f3n de la palabra de Dios (2 Tim 3,17), la purificaci\u00f3n del coraz\u00f3n a trav\u00e9s de las acciones de la vida diaria. Santiago no habla de una sabidur\u00eda te\u00f3rica sino de una sabidur\u00eda pr\u00e1ctica.

{N}4,{/}1:{C} Ustedes piden mal {/}(3){C}. {/}Santiago nos dice que la oraci\u00f3n consigue los bienes que nos permiten responder a los deseos de Dios (ver 1,5-8).
\u00bfQu\u00e9 es el {C}amor del mundo{/} que impide ser escuchado? Lo decimos con m\u00e1s detalles en el comentario de Juan 3,17 y 1 Juan 2,15. Dios nos pide amar todas las cosas que cre\u00f3, consider\u00e1ndolas como medios para llegar a \u00e9l, y rechazar lo que no sirve para este fin. {C}Amar al mundo{/} es desear y aferrarse a las cosas, sin buscar m\u00e1s all\u00e1 de ellas a Dios mismo y a los hermanos que nos dio. Este es un adulterio en el mismo sentido de la frase evang\u00e9lica: \u00abNadie puede servir a dos se\u00f1ores\u00bb (Mt 6,24). No podemos dividirnos entre Dios y el mundo. Y tampoco podemos pedir a Dios que nos ayude a satisfacer ambiciones ego\u00edstas.
{C}No se critiquen unos a otros.{/}(1). Esto equivale a despreciar la ley del amor. Debemos ver, y a veces decir, lo que es condenable en una acci\u00f3n, pero Dios no nos ha designado para juzgar y condenar a nuestros hermanos y hermanas. \u00a1Qu\u00e9 pecado tan grande cuando, en la misma Iglesia, ciertos grupos se dedican a espiar, examinar y denunciar lo que otros cristianos dicen y escriben con intenciones apost\u00f3licas! Ver Rom 14,4 y Mt 7,1.
{C}Todos hacemos mil planes{/} (13): ganar m\u00e1s, comprar cosas, pasarlo bien. Lo grave es que nos olvidamos mientras tanto de hacer el bien. Sabemos que hay que hacerlo y sabemos c\u00f3mo, pero lo que no sabemos es si tendremos tiempo para cumplirlo. Podemos morir sin haber hecho lo que m\u00e1s importaba.

{N}5,{/}1: Los ricos perder\u00e1n lo que han acumulado con injusticia. Tan grave como haberles robado el salario a sus obreros y haber condenado a los que hablaban de justicia es el pecado contra la esperanza: {C}\u00a1Los \u00faltimos tiempos ya hab\u00edan llegado y ustedes quer\u00edan riquezas!{/} Los {C}\u00faltimos tiempos {/}son los que comenzaron con la venida de Cristo, en que el Reino ya est\u00e1. Pero Santiago ve la venida de Cristo como si fuera inminente, y esta es la \u00fanica forma de juzgar correctamente la riqueza.
Hoy vuelve a ser actual lo que se verificaba en la civilizaci\u00f3n pobre del tiempo de Santiago. La prosperidad de una cuarta parte del mundo se debe a un sistema que deja en la miseria a dos mil millones de personas. En los paises libres y liberales, el dinero mata la esperanza, en el sentido cristiano de la palabra: la vida es considerada como una riqueza de la que uno puede gozar para s\u00ed mismo sin aceptar sus responsabilidades, empezando con la de transmitir la vida. Y en otros paises la defensa de esos privilegios trae cada a\u00f1o, como consecuencia inevitable, la muerte injusta de millones de personas, por hambre, represi\u00f3n y guerras.

{N}5,{/}13: Por estas palabras de Santiago sabemos que la Iglesia continuaba -y debe continuar ahora- el gesto de Cristo, acerc\u00e1ndose a los enfermos. La salvaci\u00f3n es a la vez salud corporal y espiritual. El Evangelio nos muestra c\u00f3mo la segunda es la que m\u00e1s importa, y Dios siempre la da, aunque no conceda siempre la salud corporal.
En el Evangelio Jes\u00fas impone las manos a los enfermos y, al enviar a sus misioneros, les pide que impongan las manos a los enfermos o los unjan con aceite (Mc 6,13 y 16,18). Imponer las manos es como comunicar a otro la fuerza que lo sanar\u00e1, en nombre de Cristo y con su autoridad. En cuanto al aceite, se usaba en aquel tiempo como remedio. Los dos gestos pueden acompa\u00f1ar indiferentemente a la oraci\u00f3n.
Los Ancianos (o presb\u00edteros: el sentido es el mismo) eran los responsables de las comunidades cristianas. Siendo laicos, hab\u00edan recibido el cargo de dirigir la comunuidad; predicaban la Palabra, celebraban los bautismos y presid\u00edan la eucarist\u00eda. Deb\u00edan, pues, visitar a los enfermos y animar la oraci\u00f3n de la comunidad, pidiendo al Se\u00f1or que los sanara. Al mismo tiempo invitaban al enfermo a que reconociera sus pecados, prepar\u00e1ndose as\u00ed para recibir la gracia de Dios.
Hoy, cuando la Iglesia habla del sacramento de los enfermos, se refiere a la unci\u00f3n con aceite hecha por quien ha sido designado para esto (hasta la fecha solamente los sacerdotes han sido reconocidos oficialmente por la Iglesia). Pero el hecho de que la unci\u00f3n con aceite sea \u00absacramento\u00bb en el sentido estricto solamente cuando la da un sacerdote, no excluye de ninguna manera que los responsables laicos de las comunidades cristianas oren, unjan e impongan las manos. Cuando lo hacen con fe, en nombre de la Iglesia, se multiplican las intervenciones de Dios en favor de los enfermos, prepar\u00e1ndolos para la conversi\u00f3n. En varios lugares ha sido un error reservar la unci\u00f3n de los enfermos a los moribundos y llamarla {C}extremaunci\u00f3n{/}.
Ver tambi\u00e9n comentario de Lc 10,9.

{N}5,{/}16: Jes\u00fas dijo a Pedro: \u00abLo que perdones en la tierra ser\u00e1 perdonado en el cielo\u00bb (Mt 16,19). Lo mismo dijo a los ap\u00f3stoles: \u00abLo que perdonen en la tierra...\u00bb (Jn 20,23). Lo mismo dijo a toda la Iglesia (Mt 18,18). Corresponde a los pastores de la Iglesia decidir la reconciliaci\u00f3n del pecador con la comunidad y con Dios. Pero, en muchos casos, no tiene lugar pedir una reconciliaci\u00f3n oficial con la comunidad entera: lo que necesitamos m\u00e1s bien es el perd\u00f3n de una o de algunas personas a las que hemos ofendido y debemos ped\u00edrselo con sencillez; el perd\u00f3n del hermano en la fe ser\u00e1 el de Dios mismo.
Asimismo, es bueno confesar nuestras fallas ante aquellos hermanos que son capaces de comprendernos. Confianza del uno y misericordia del otro; no se necesita m\u00e1s para que Dios est\u00e9 en medio.

