{N}3,{/}9: Ese poema recuerda en algunas partes el cap\u00edtulo 28 de Job.
Su autor se dirige a creyentes muy impresionados por la cultura y la riqueza material de los paganos en medio de los cuales viven. Les recuerda que la sabidur\u00eda aut\u00e9ntica del hombre no es el puro conocimiento t\u00e9cnico, ni el arte de ganar dinero, ni la pura reflexi\u00f3n humana. La sabidur\u00eda es saber qu\u00e9 se propone Dios al crear este mundo, qu\u00e9 es lo que Dios pide al hombre.
El jud\u00edo creyente ten\u00eda en las palabras de Dios, en su \u00abLey\u00bb, la sabidur\u00eda verdadera. El cristiano a su vez sabe que la sabidur\u00eda que rige el universo no es otra que la que se manifest\u00f3 en las palabras y la persona de Jes\u00fas.

{N}4,{/}36: Despu\u00e9s de las lamentaciones de los vers\u00edculos 5-35, viene este salmo de esperanza que resume los cap\u00edtulos 60-62 de Isa\u00edas.

{N}6,{/}1: El presente discurso era distinto del libro de Baruc en un comienzo. Nos pone en guardia tambi\u00e9n a nosotros contra las formas desordenadas del culto a los santos y el demasiado y a veces exagerado inter\u00e9s por las im\u00e1genes religiosas.

{N}6,{/}27: En medio de tantas consideraciones, que tal vez parecer\u00e1n largas, n\u00f3tese el juicio expresado en los vers\u00edculos 27 y 37: una religi\u00f3n que no se preocupa por el hu\u00e9rfano y la viuda es una religi\u00f3n falsa.

