{N}1,{/}1: Los cap\u00edtulos 1 y 2 anuncian el juicio de Dios, que vendr\u00e1 pronto. Reprocha violentamente a las naciones paganas por apartarse de la moral universal, de las reglas de vida humana. En cambio, Jud\u00e1, naci\u00f3n creyente, tiene el pecado de haber olvidado la Ley divina (2,4).

{N}2,{/}6: A Israel se le echan en cara los numerosos atropellos al derecho de los pobres. Esto va a la par con una falsificaci\u00f3n de la religi\u00f3n, pues se mantienen las ceremonias religiosas, las cuales son pretexto para borracheras y prostituci\u00f3n. Pero se acalla a los profetas que transmiten la palabra de Dios, fuente de la verdadera religi\u00f3n.
{C}Hicieron tomar vino a los nazireos{/} (12) (ver N\u00fam. 6). Los adeptos de una religi\u00f3n corrompida se burlan de esos hombres que llevan una vida diferente de los dem\u00e1s, incluso en lo exterior, para afirmar el car\u00e1cter personal de su compromiso religioso: {C} {/}\u00ab\u00a1Beban, sean como todos, pues su modo de vivir inquieta nuestra conciencia!\u00bb

{N}3,{/}3: Los oyentes de Am\u00f3s no comprenden por qu\u00e9 vino a predicar ese hombre que no es sacerdote, ni socio de los \u00abhermanos profetas\u00bb. Y se escandalizan porque se mete en cosas que, seg\u00fan ellos, no tienen que ver con la religi\u00f3n. Las comparaciones que Am\u00f3s usa en estos versos tienen un significado claro: \u00e9l habla porque Dios le obliga a hablar.
En 3,9-15, llama a Asiria y Egipto que vengan a arrasar una sociedad sin fe ni ley. Que destruyan igualmente templos y palacios, ya que unos y otros se mantienen por la explotaci\u00f3n y favorecen el pecado.

{N}4,{/}1:{C} Vacas de Bas\u00e1n{/}: las damas ricas y ego\u00edstas de la capital. Bas\u00e1n era una regi\u00f3n al otro lado del Jord\u00e1n, famosa en el Antiguo Testamento por sus gordos reba\u00f1os.
Esas mujeres engordan a costa del pobre y saben solamente preparar c\u00f3cteles. Am\u00f3s anuncia el d\u00eda en que ser\u00e1n sacadas de la capital vencida, sin m\u00e1s consideraciones que un vulgar reba\u00f1o, y desterradas.

{N}4,{/}4: Am\u00f3s recuerda muchos percances y pruebas que ofrec\u00edan a la gente de Israel la oportunidad para reflexionar.
Am\u00f3s nota el contraste que existe entre el lujo, la frecuencia de las celebraciones religiosas y la mala conducta del pueblo. Ellos piensan que si cumplen los ritos y ofrecen sacrificios, Dios no se fijar\u00e1 en su mala conducta.

{N}5,{/}14: Las quejas de Dios a su pueblo son como aquella otra que dirigir\u00e1 por medio de Isa\u00edas: \u00abEste pueblo se me acerca s\u00f3lo de palabra y me honra s\u00f3lo con los labios, mientras que su coraz\u00f3n est\u00e1 lejos de m\u00ed\u00bb (Is 29,13).
Puesto que las calamidades anteriores no bastan para ense\u00f1ar a Israel que obre rectamente, se le anuncia un desastre: el destierro a provincias lejanas de Asiria (5,25).
Am\u00f3s habla ampliamente del {C}d\u00eda de Yav\u00e9.{/} Cuando los israelitas hablaban del d\u00eda de Yav\u00e9, designaban con esto el d\u00eda de su triunfo, de su venida para aplastar a las naciones enemigas. Am\u00f3s transforma el sentido de la palabra. Desde entonces, en boca de los profetas, el d\u00eda de Yav\u00e9 significar\u00e1 la venida de Dios para pedir cuentas primeramente a su pueblo (ver en Sof 2). Hasta en el Evangelio y otros libros del Nuevo Testamento, el d\u00eda del Se\u00f1or significar\u00e1 el d\u00eda del juicio universal (ver Rom 1,18); pero entonces tendr\u00e1 una significaci\u00f3n m\u00e1s precisa: la venida de Cristo como Juez.
{C}Quiz\u00e1 Yav\u00e9 de los Ej\u00e9rcitos se apiade del resto de Jos\u00e9{/} (15). Aparece por primera vez en la Biblia la palabra \u00abresto\u00bb. El pueblo de Israel estaba formado en su mayor parte de las tribus de Jos\u00e9. Pero los profetas se dan cuenta de que este pueblo va a la ruina a causa de su falta de fe; se le arrebatan sus provincias, mueren sus hijos. Dios, sin embargo, preservar\u00e1 una peque\u00f1a minor\u00eda, el \u00abresto de Israel\u00bb. Estos volver\u00e1n a una fe aut\u00e9ntica y ser\u00e1n el \u00abbrote\u00bb del nuevo pueblo de Dios.
{C}Efra\u00edm, Jos\u00e9, Jacob, Israel{/}: todos esos nombres designan la misma naci\u00f3n.

{N}7,{/}1: Los profetas nunca se conforman con amenazar a su pueblo. Siempre est\u00e1n intercediendo por \u00e9l ante Dios (ver Ez 33 y 22,30). En las dos primeras visiones, Am\u00f3s intenta detener el enojo de Yav\u00e9. En la tercera, tropieza con la decisi\u00f3n firme de Dios de destruir a Israel.

{N}7,{/}10: Fij\u00e9monos en lo atrevida que fue esta actuaci\u00f3n de Am\u00f3s. Fue a predicar en el Templo nacional o, para decirlo as\u00ed, en la catedral del pa\u00eds. Lo hace sin t\u00edtulo ni permiso del sacerdote, y empieza a denunciar el falso orden que permite el desarrollo de tantas riquezas privadas. Era normal que Amas\u00edas, capell\u00e1n del rey, se escandalizara; en nuestros tiempos, Am\u00f3s habr\u00eda sido detenido y apaleado.
Para Amas\u00edas, su sacerdocio es un oficio bien remunerado y est\u00e1 convencido de que tambi\u00e9n Am\u00f3s predica como un medio de ganarse la vida, pues en aquel tiempo numerosos profetas viv\u00edan atendiendo consultas sin haber sido llamados como lo fueron los grandes profetas, entre ellos el mismo Am\u00f3s.
Am\u00f3s {C}no es profeta{/} como lo eran aqu\u00e9llos. El es un seglar, un laico al que Dios encarg\u00f3 una misi\u00f3n al llamarlo personalmente. Aparentemente sale perdiendo del encuentro con las autoridades religiosas, pues no nos dicen que haya usado otras armas que la palabra de Dios, el cual sabe juzgar a sus representantes. No sabemos si Amas\u00edas logr\u00f3 echarlo del pa\u00eds, o si solamente le prohibi\u00f3 predicar en los lugares m\u00e1s concurridos.

{N}8,{/}1: Esta cuarta visi\u00f3n es la continuaci\u00f3n de la del cap\u00edtulo 7,1-9.
Am\u00f3s denuncia la avaricia de los comerciantes y de los ricos, la explotaci\u00f3n de los necesitados, el lujo de los adinerados, el soborno de los jueces, etc\u00e9tera.
{C}No hambre de pan..., sino de o\u00edr la palabra de Yav\u00e9{/} (11), o sea, que dentro de poco los mismos que hoy no quieren escuchar porque nada les falta, estar\u00e1n tan afligidos que ansiar\u00e1n recibir de Dios una palabra de consuelo, la cual no llegar\u00e1. Pero las palabras del profeta deb\u00edan cumplirse de varias maneras. Podemos leer en ellas el anuncio del hambre y sed de la Palabra de Dios que, en tiempos posteriores, iban a ser propias del creyente.

{N}9,{/}8: Despu\u00e9s de las amenazas del p\u00e1rrafo 9,1-6, los vers\u00edculos 9-10 dan esa seguridad que nunca falta en los profetas: Dios no destruir\u00e1 totalmente a Israel, sino que dejar\u00e1 \u00abun resto\u00bb al que cumplir\u00e1 sus promesas.

{N}9,{/}11: En el p\u00e1rrafo 9,11-14, escrito seguramente despu\u00e9s de que Israel fue desterrado, est\u00e1 la promesa de reunir en el futuro los dos reinos hermanos y enemigos, Israel y Jud\u00e1, en un solo pueblo de Dios.
El ap\u00f3stol Santiago recordar\u00e1 esta promesa para demostrar la voluntad de Dios de extender la salvaci\u00f3n merecida por Jes\u00fas a todas las naciones y no solamente a Israel (ver He 15,16). Se notar\u00e1 que Santiago cita el presente texto en forma bastante diferente de la que leemos aqu\u00ed. Esto se debe a que los ap\u00f3stoles usaban la Biblia traducida al griego, la cual muchas veces hab\u00eda modificado el sentido, no por infidelidad al mensaje primitivo, sino porque con el correr del tiempo, los jud\u00edos hab\u00edan descubierto mejor la voluntad de Dios. Aqu\u00ed, por ejemplo, Am\u00f3s hablaba para Israel de \u00abconquistar las naciones\u00bb, lo que entonces parec\u00eda un gran favor de Dios. Pero los jud\u00edos, que, m\u00e1s tarde, tradujeron la Biblia a otros idiomas, hablaron de las \u00abnaciones que buscan a Dios\u00bb, porque, entre tanto, los profetas hab\u00edan profundizado el plan de Dios.

