{2}SALMOS{/}

Los salmos tienen su origen en la recopilaci\u00f3n de los c\u00e1nticos del Templo de Jerusal\u00e9n. La tradici\u00f3n quiso pensar que el rey David hab\u00eda fijado las normas de esta liturgia y le atribuy\u00f3 un gran n\u00famero de salmos, al igual que atribuy\u00f3 a Salom\u00f3n los libros de la sabidur\u00eda. Es probable que los levitas, a cargo de los cantos y melod\u00edas, \u00abhijos de Asaph\u00bb o \u00abhijos de Yedutum\u00bb, jugaran un papel importante en su composici\u00f3n o en su selecci\u00f3n. En el transcurso del tiempo las recopilaciones se enriquecieron con oraciones personales o lamentaciones colectivas, expresi\u00f3n de otra \u00e9poca donde la piedad personal y las vicisitudes de la comunidad creyente cobraron matiz diverso.
Los salmos han alimentado la piedad popular y han sido la oraci\u00f3n de Jes\u00fas. Son todav\u00eda la base del oficio lit\u00fargico que recitan hoy en d\u00eda varios centenares de miles de religiosos, religiosas, sacerdotes, di\u00e1conos y laicos.
Los salmos desconciertan a muchos cristianos, porque en ellos no encuentran sus propias aspiraciones. Pero somos nosotros los que debemos adaptarnos, o mejor dicho, dejarnos educar y formar por ellos. Si deseamos estar en sinton\u00eda con Dios, no podemos aferrarnos indefinidamente a nuestra propia forma de ver y sentir los hechos. Hay que saber escuchar su palabra y abrirnos al Otro.
Estos salmos, que han sido transmitidos a trav\u00e9s de los siglos, son un buen medio para esto. Si no dan plena satisfacci\u00f3n a nuestra sensibilidad, no resultar\u00e1 un hecho grave. En cambio nos ser\u00e1 de gran beneficio para romper nuestros esquemas y costumbres piadosas. Quiz\u00e1s sean capaces de oxigenar y renovar nuestro lenguaje, sujeto a un mundo donde Dios es un desconocido, donde se busca, ante todo, vivir sin problemas a nuestro antojo.
Los salmos estaban distribuidos en cinco libros, y encontramos trazas del final de esos libros (confrontar el final de los salmos [Sal_41,14], [Sal_72,18], [Sal_106,48]). Algunos salmos aparecieron casi id\u00e9nticos en distintas recopilaciones, y por eso los tenemos duplicados.
La numeraci\u00f3n de los salmos es diferente en la Biblia hebrea que en la griega. Primero transcribimos el n\u00famero en hebreo y entre par\u00e9ntesis el n\u00famero griego conservado en nuestra liturg\u00eda.
