{2}INTRODUCCI\u00d3N A LOS PROFETAS{/}

Hablando entre cristianos, debemos siempre precisar qu\u00e9 entendemos por profeta y profetismo, pues por lo general estas palabras se interpretan en una manera bastante discutible. Para muchos, los profetas son algo as\u00ed como videntes que ya antes de Cristo anunciaron su venida para salvar al mundo. Y cuando estas personas se ponen en contacto con los escritos prof\u00e9ticos quedan desconcertadas, no encuentran lo que buscaban, y la idea que tienen de ellos les impide descubrir el sentido de los textos.
{K}El profeta en Israel{/}
Desde la m\u00e1s remota antig\u00fcedad el hombre ha tratado de conjurar la fatalidad de un porvenir que se le escapa. Adivinos, necrom\u00e1nticos y astr\u00f3logos han pululado en las cortes reales para predecir a los grandes de este mundo su futuro. Asimismo, los que adivinaban la suerte cumpl\u00edan en medio del pueblo las mismas funciones, tal como lo hacen hoy las gitanas, los mediums y los redactores de hor\u00f3scopos. En el Antiguo Testamento encontramos muchas manifestaciones de este intento de unos y otros por conocer el porvenir: Sa\u00fal, disfrazado de campesino, se dirige a la aldea de En Dor para consultar a los muertos [1Sam_28,1], mientras que un siglo y medio despu\u00e9s, cuatro profetas capitaneados por Sedec\u00edas, hijo de Canana, predicen la victoria de los reyes de Israel y Jud\u00e1 reunidos en la corte de Samaria [1Re_22,1].
Los \u00abhermanos profetas\u00bb que aparecen en los primeros tiempos de la monarqu\u00eda tendr\u00e1n algunos puntos en com\u00fan con esos profetas de profesi\u00f3n. Dios, en su pedagog\u00eda de padre, respetar\u00e1 las etapas necesarias para llevar a su pueblo a una madurez m\u00e1s plena; por eso, aceptar\u00e1 por un tiempo hablar a su pueblo a trav\u00e9s de esos medios primitivos y ambiguos. Sin embargo, los profetas de Israel se apartar\u00e1n muy r\u00e1pidamente tanto de las bandas de exaltados, como de la gente muchas veces sencilla y sincera que estimulaba la fe popular a trav\u00e9s de sus manifestaciones carism\u00e1ticas, as\u00ed como tambi\u00e9n de los charlatanes que abusaban del miedo ante el futuro y que viv\u00edan a costa de ello (cf [Am_7,12]).
Cuando se narrar\u00e1 la historia de la ascensi\u00f3n de Sa\u00fal a la realeza, ser\u00e1 aprovechada esta ocasi\u00f3n para precisar que antes se dec\u00eda \u00abvidente\u00bb, pero que ahora se dice \u00abprofeta\u00bb [1Sam_9,11]. Si bien se puede traducir por \u00abvidente\u00bb la palabra hebrea Ro'\u00eaH, es muy dif\u00edcil, en cambio, acertar el sentido exacto de la palabra NaBI', que significa tanto el que es \u00abllamado\u00bb como el que \u00abproclama\u00bb. La Biblia griega zanj\u00f3 la cuesti\u00f3n al decir que \u00abprofeta\u00bb es el que \u00abhabla en nombre de Dios\u00bb.
Mientras en las cortes orientales los \u00abvidentes\u00bb constituyeron un cuerpo particular al lado de otros funcionarios reales, en Israel, en cambio, el profeta llamado por Dios y que viv\u00eda en la fe hablar\u00e1 de parte de Dios con total independencia.
{K}Un pueblo de profetas{/}
El profetismo en Israel era, pues, en primer lugar, un acto de fe en la inagotable fidelidad de Dios; un acto de fe que se comunica para provocar la conversi\u00f3n del coraz\u00f3n y la respuesta activa al llamado de Dios. Y a esto se debe el que en varios pasajes de la Biblia parezca extra\u00f1arse de que el esp\u00edritu de los profetas no se haya comunicado a todo el pueblo de Dios. Ya en el Pentateuco encontramos ese episodio en que el Esp\u00edritu se comunica no s\u00f3lo a los que hab\u00edan venido a recibir a Mois\u00e9s [N\u00fam_11,24], sino tambi\u00e9n a los que no hab\u00edan podido venir, y vemos c\u00f3mo interpreta Mois\u00e9s ese hecho. M\u00e1s tarde, Joel volver\u00e1 sobre este punto: al fin de los tiempos el esp\u00edritu de los profetas ser\u00e1 comunicado a todos [Jl_3,1].
Existe, pues, en la Biblia una \u00e9poca de los profetas, que corresponde m\u00e1s o menos al per\u00edodo de los Reyes, desde el reinado de David hasta el siglo II despu\u00e9s del regreso del destierro. Pero cuando parec\u00eda que se extingu\u00eda el Esp\u00edritu y que el \u00abcielo se cerraba\u00bb, el pueblo permaneci\u00f3 a la espera de los tiempos del Mes\u00edas, en los que ser\u00eda restablecida la comunicaci\u00f3n con Dios.
{K}Verdaderos hombres{/}
El profetismo no est\u00e1 ligado a un tipo de car\u00e1cter o a una condici\u00f3n social. Isa\u00edas era un noble, uno de esos a quienes el Nuevo Testamento llamar\u00e1 los Ancianos y que eran los descendientes de los jefes de las tribus o clanes de la \u00e9poca n\u00f3mada. Jerem\u00edas, Ezequiel y Zacar\u00edas, despu\u00e9s del exilio, eran sacerdotes del templo de Jerusal\u00e9n; pertenec\u00edan, por tanto, a la tribu de Lev\u00ed, elegida para el culto divino. Am\u00f3s no era probablemente el \u00abprofeta pastor\u00bb, aunque la imagen sea bella, pues el t\u00e9rmino utilizado para designarlo sugiere m\u00e1s bien un escriba que ten\u00eda a su cargo el ganado real dado en arriendo. Oseas y Jon\u00e1s, hijo de Amitay, inmortalizado por el cuento del que es protagonista, son originarios del reino del norte, donde ejercen su ministerio. En cambio Sofon\u00edas probablemente vino del norte de Jerusal\u00e9n en medio de los refugiados que hu\u00edan de la invasi\u00f3n asiria al reino de Samaria. Miqueas es de origen campesino, de Moreset, al sudoeste de Jerusal\u00e9n, pero es de familia culta, probablemente cercana a los \u00absabios\u00bb de Jud\u00e1.
Los profetas no son t\u00edteres inanimados en las manos de Dios, sino hombres pose\u00eddos por el Esp\u00edritu que han madurado a trav\u00e9s de una experiencia espiritual excepcional, llamados a hablar a su pueblo en nombre de Yav\u00e9 y que conservan en su predicaci\u00f3n las riquezas y limitaciones de una \u00e9poca determinada, de un medio y de una historia personal que hizo de cada uno de ellos un ser bien caracterizado e individualizado, un ser \u00fanico.
{K}Una visi\u00f3n prof\u00e9tica de la Historia{/}
Los profetas acompa\u00f1an a Israel a lo largo de todo su andar, porque Israel tiene un camino que recorrer. En la fe de Israel la Historia no se arrastra en el ciclo infernal de un eterno empezar de nuevo, tal como lo ve\u00edan los paganos. El Pueblo de Dios sabe que el hombre ha salido de Dios y que vuelve a Dios. Su historia no es ciertamente un camino rectil\u00edneo, sino que est\u00e1 sembrada de debilidades, fracasos y pruebas, y tambi\u00e9n de tiempos de prosperidad, de alegr\u00edas y luces; pero para el hombre de fe una cosa es cierta: el camino est\u00e1 siempre abierto, abierto al amor y a la misericordia de Dios, reordenado por el poder de su Salvaci\u00f3n y que al final desemboca en una comuni\u00f3n eterna con \u00e9l. Es desde esta perspectiva que debemos leer y releer todos los textos de los profetas, a trav\u00e9s de los cuales \u00abha hablado el Esp\u00edritu Santo\u00bb, tal como nos lo dice el Credo. Reproches y amenazas, palabras de esperanza y de restauraci\u00f3n, todo ello manifiesta el amor del Padre que prepara, corrige y moldea a su pueblo, para que sea capaz as\u00ed de acoger en su Hijo la plenitud de la Luz y de la Salvaci\u00f3n (cf [Heb_1,1]).
No hay, pues, que extra\u00f1arse de que gran parte de la historia de Israel haya sido escrita en torno a los profetas. Para ellos no se trataba de relatar una cr\u00f3nica de los hechos pasados, sino de interpretarlos para descubrir en ellos el modo de actuar de Dios y los cambios por los que fue pasando su Alianza.
