{2}ANTIGUO TESTAMENTO{/}

Dieciocho siglos antes de Cristo, algunas tribus n\u00f3madas abandonan Caldea con sus reba\u00f1os para establecerse en Egipto. Entre estas tribus y clanes n\u00f3madas hay un cierto n\u00famero de familias cuyo jefe es Abrah\u00e1n. Para Abrah\u00e1n, personaje completamente insignificante desde el punto de vista de la historia, esta emigraci\u00f3n obligada va unida a una gran esperanza: Dios lo hab\u00eda llamado y prometido una recompensa extraordinaria: \u00abAbrah\u00e1n, todas las naciones de la tierra ser\u00e1n tuyas\u00bb.
Cuando Dios se revela a los patriarcas Abrah\u00e1n, Isaac y Jacob, \u00e9stos son a\u00fan n\u00f3madas; comparten con los dem\u00e1s n\u00f3madas una religi\u00f3n simple, hecha de apego al \u00abDios de sus padres\u00bb y de veneraci\u00f3n de un cierto n\u00famero de peque\u00f1os \u00eddolos familiares. Pero el encuentro con el Dios Vivo los va a llevar a una nueva toma de conciencia: Dios ampara a los que elige. Gran cantidad de pruebas parecer\u00e1n contradecir la Promesa que Dios les ha hecho, pero Dios intervendr\u00e1 cada vez en favor de sus fieles. Desde entonces se establece entre Dios y los patriarcas una relaci\u00f3n privilegiada, caracterizada por la fidelidad de Dios a su palabra y por la confianza inquebrantable de sus fieles. A trav\u00e9s de ellos Israel ser\u00e1 incitado a contemplar, a lo largo de su camino, tanto las maravillas de Dios en favor de aquellos que ha elegido como la fe indefectible de sus padres.
Seis siglos m\u00e1s tarde, algunos descendientes de los patriarcas se re\u00fanen en el desierto y, bajo el mando de Mois\u00e9s, se dirigen hacia la Tierra Prometida. La etapa del Horeb es decisiva: es aqu\u00ed donde estos clanes n\u00f3madas van a vivir tal experiencia espiritual que los textos b\u00edblicos no cesar\u00e1n de referirse constantemente a ella. Dios se compromete solemnemente con su pueblo y al mismo tiempo le da una Ley: es la regla de la alianza con Dios, el c\u00f3digo de conducta personal y comunitario de Israel. A la palabra dirigida a Abrah\u00e1n responde en adelante la del Sina\u00ed. Promesa, alianza y salvaci\u00f3n ser\u00e1n los tres pilares de la fe de Israel, y los puntos firmes de los cinco primeros libros del Antiguo Testamento.
Con la entrada en la Tierra Prometida, Israel se ha de enfrentar con los dem\u00e1s pueblos, mucho m\u00e1s avanzados culturalmente. Desde hace m\u00e1s de dos mil a\u00f1os, ellos han construido una civilizaci\u00f3n urbana, desarrollado la agricultura, establecido relaciones comerciales con todo el Pr\u00f3ximo Oriente e incluso m\u00e1s all\u00e1. Esta civilizaci\u00f3n brillante pero pagana ser\u00e1 una trampa constante para la fe de Israel. Entonces Dios env\u00eda a su pueblo sus profetas, sus portavoces. David se apodera de Jerusal\u00e9n, una peque\u00f1a ciudad cananea y hace de ella su capital, introduciendo en la misma el arca de la alianza, signo visible de la presencia de Dios en medio de su pueblo. A partir de este d\u00eda, no solamente la Ciudad Santa entra en la historia del pueblo de Dios, sino que su vocaci\u00f3n rebasa el tiempo y la historia, ya que ella aparece en las \u00faltimas p\u00e1ginas del Apocalipsis como la figura de la humanidad definitivamente reconciliada con su Dios. Salom\u00f3n, al construir el Templo de Jerusal\u00e9n, que dos siglos m\u00e1s tarde se convertir\u00e1 en el \u00fanico santuario leg\u00edtimo, da a su pueblo un punto de reuni\u00f3n: la \u00abMorada de Yav\u00e9\u00bb.
Condenaci\u00f3n de Israel por sus innumerables infidelidades, recuerdo de la incansable misericordia de Dios con Jerusal\u00e9n, exigencia de verdad y de sinceridad en el culto del templo, proclamaci\u00f3n de la salvaci\u00f3n que viene: todo esto constituye la m\u00e9dula del mensaje de los profetas. Al acercarse los \u00faltimos tiempos, la meditaci\u00f3n de Israel se hace m\u00e1s intensa. Muchas pruebas han purificado las ideas falsas, demasiado humanas. A trav\u00e9s de la oraci\u00f3n de los salmos, en relatos edificantes o m\u00e1ximas, con los desarrollos sobre el hombre y la sociedad, algunos sabios deciden guiar a Israel en las \u00faltimas etapas de su camino hacia aquel que viene a cumplir todas las cosas.
Los Escritos de la Sabidur\u00eda, que constituyen la tercera y \u00faltima parte del Antiguo Testamento, pueden parecer menos coherentes que la Ley o los Profetas: en efecto son el reflejo de un pueblo convulsionado y con frecuencia dividido: es el tiempo en que Dios se prepara un \u00abpeque\u00f1o resto\u00bb en medio de una naci\u00f3n presionada y arrastrada por todas las tentaciones del poder y la confusi\u00f3n entre el reino de este mundo y el Reino de Dios.
Pero despu\u00e9s de tantas experiencias acumuladas en el pueblo de Israel, sobreviene un per\u00edodo de crisis en el que Dios decide conducirlos a superar los m\u00e1s grandes desaf\u00edos de la fe y de la historia. En este preciso momento es cuando aparece Jes\u00fas.
As\u00ed, pues, el Antiguo Testamento consta de 46 libros, y constituye la primera y m\u00e1s voluminosa de las dos partes de la Biblia. Se trata de la lenta preparaci\u00f3n de Israel para la Alianza definitiva y eterna que Dios iba a establecer con los hombres en la persona de Jesucristo.
As\u00ed como las obras de una biblioteca pueden ser clasificadas de modo diverso por uno u otro bibliotecario, as\u00ed tambi\u00e9n los 46 libros del AT han sido clasificados de modo diferente, y esto desde los primeros siglos de la era cristiana. Los editores modernos de la Biblia han debido, pues, elegir entre las dos clasificaciones m\u00e1s frecuentes adoptadas por los antiguos manuscritos: el orden de la Biblia hebrea o el orden de la Biblia griega.
Al incluir entre los \u00abprofetas\u00bb los libros que la Biblia griega denomina \u00abhist\u00f3ricos\u00bb, la Biblia hebrea pone de relieve la originalidad de estos textos. Para el Antiguo Testamento, as\u00ed como para el Nuevo, todo acontecimiento es portador de una palabra de Dios: no se hace historia por el placer de dar a conocer el pasado, sino para testimoniar la fidelidad de Dios con su pueblo, para hacer conocer su voluntad y preparar de este modo a los hombres a acoger la gracia de su salvaci\u00f3n. En este aspecto toda la narraci\u00f3n b\u00edblica es \u00abprof\u00e9tica\u00bb.
Nosotros hemos adoptado globalmente en esta edici\u00f3n el orden de la Biblia hebrea. Encontraremos, pues, al comenzar, los cinco libros del AT denominados la LEY, la Tor\u00e1 para los jud\u00edos de lengua hebrea y el Pentateuco para los de lengua griega. En ellos vemos a Dios actuando en la historia humana para liberar a un pueblo que quiere hacer suyo, instruyendo a este pueblo y dando sentido a su historia.
Despu\u00e9s vienen los LIBROS PROF\u00c9TICOS: Dios interviene en la historia por medio de los profetas, a los que comunica su Palabra y su Esp\u00edritu \u00abpara destruir y construir, para edificar y plantar\u00bb. Estos profetas inspirados van a desempe\u00f1ar un papel decisivo en la educaci\u00f3n de la fe de Israel.
Por fin nos encontramos con los LIBROS SAPIENCIALES, es decir, con todo un conjunto de obras que bajo las formas m\u00e1s variadas nos ponen en comunicaci\u00f3n con la plegaria, la sabidur\u00eda y la moral del pueblo de la antigua alianza. Estas obras nos ense\u00f1an el arte de servir a Dios en la vida diaria y a convertirnos en personas responsables en la fe.
