{N}1,{/}1: (1-3) Apocalipsis significa revelaci\u00f3n. Esta comunicaci\u00f3n o manifestaci\u00f3n divina se realiza en cadena: su autor es Dios, su mediador Jesucristo, el cauce por el cual debe llegar a la comunidad es Juan, sin ulterior precisi\u00f3n. Debe tratarse, por tanto, de una persona bien conocida en la comunidad. La revelaci\u00f3n recae \u00aben lo que ha de suceder\u00bb (Dan 2,28), expresi\u00f3n t\u00e9cnica que se refiere a los tiempos escatol\u00f3gicos o \u00faltimos. El libro es anuncio, predicaci\u00f3n de la palabra de Dios a la comunidad, evangelio, no simples lucubraciones de un visionario.

{N}1,{/}4: (4-8) En las siete Iglesias est\u00e1 simbolizada la Iglesia. El saludo epistolar suena a una confesi\u00f3n lit\u00fargica (pensemos en nuestro saludo al comienzo de la celebraci\u00f3n eucar\u00edstica) con tono trinitario: El {C}Dios{/} eterno, que no es una realidad abstracta, sino \u00abel que viene\u00bb; el {C}Esp\u00edritu,{/} sustituido por los siete (plenitud) esp\u00edritus; {C}Jesucristo,{/} presentado mediante una doble secuencia de t\u00edtulos: el testigo fiel (Jn 18,37b), el primog\u00e9nito de entre los muertos (Col 1,18; 1Cor 15,20), rey de los reyes de la tierra (Jn 17,14; 19,16; 1Cor 15,24ss; Ef 1,20ss); el que les ama: les ha redimido, les ha hecho su propiedad (sacerdocio...); el hijo del hombre que viene entre nubes (Dan 7,13). Su presencia comporta un juicio de aprobaci\u00f3n o rechazo; el alfa y la omega: iniciador (creador) y consumador, el Se\u00f1or de la historia, el que la lleva a t\u00e9rmino.

{N}1,{/}9: (9-20) La justificaci\u00f3n de la autoridad de su escrito est\u00e1 en lo que ha o\u00eddo y visto. Probablemente el autor vive desterrado a causa de su fe. Cae en \u00e9xtasis, es decir, bajo una acci\u00f3n especialmente fuerte del Esp\u00edritu, pero sin perder la conciencia: recuerda lo visto, que est\u00e1 en relaci\u00f3n con su fe en Cristo, con su conocimiento de la Escritura, con su conocimiento del tiempo \u00faltimo, con su conocimiento del estado de las Iglesias. Y esto tiene lugar en domingo, el d\u00eda del Se\u00f1or (\u00bfdurante la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00eda?). La visi\u00f3n de Jesucristo nos es contada con rasgos simb\u00f3licos: los siete candeleros de oro=la Iglesia; la vestidura talar=el sacerdocio; el ce\u00f1idor de oro=dignidad regia; los cabellos blancos=la eternidad; sus ojos=la ciencia; sus pies=la estabilidad; su voz=la manifestaci\u00f3n de Dios (Ez 1,14; 43,2) que sobrecoge al hombre; las siete estrellas=el se\u00f1or\u00edo de Cristo (seg\u00fan la concepci\u00f3n jud\u00eda, cada individuo y cada comunidad ten\u00eda su \u00e1ngel); la espada=el juicio. Pero las Iglesias est\u00e1n siempre en las manos de Cristo, en su poder y bajo su protecci\u00f3n.

{N}2,{/}1:  Las cartas nos describen \u00ablo presente\u00bb, \u00ablo que ya es\u00bb (1,19) a la luz de la revelaci\u00f3n de Jesucristo. No debemos imaginarlas como escritos enviados a cada una de las Iglesias mencionadas y coleccionados posteriormente en nuestro libro. La uniformidad existente entre ellas: pensamientos similares, construcci\u00f3n literaria, forma y estilo, les hace constituir una unidad, que pretende destacar: la presencia del Se\u00f1or en la Iglesia: \u00abas\u00ed habla el Se\u00f1or\u00bb, en evocaci\u00f3n de las palabras prof\u00e9ticas del AT; esta presencia provoca alabanza, cr\u00edticas y esperanzas; la realidad eclesial tal cual es, con sus luces y sombras, con gran sobriedad: sin entusiasmos desmedidos, sin invocaci\u00f3n de t\u00edtulos gloriosos ni m\u00e9ritos arrogantes, con cr\u00edtica despiadada de sus defectos, con denuncia constructiva de su carencias: conversi\u00f3n, fidelidad, pureza, celo, permanencia. La fuerza le viene a la Iglesia del evangelio, no de los pactos con doctrinas incompatibles. Y, por encima de todas las sombras del presente, brilla la luz de la esperanza inconmovible basada en el triunfo y en la palabra de Cristo.

{N}4,{/}1: (1-11) Seg\u00fan la antigua mentalidad b\u00edblica, Dios vive en el cielo, en una altura infinita (Dt 26,15; Sal 2,4; 11,4). La \u00fanica posibilidad para que se manifieste y comunique es que \u00abse abran las puertas\u00bb. Entonces el vidente escucha la voz o recibe la revelaci\u00f3n. Y ve el {C}trono{/} en el que est\u00e1 sentado Uno (Is 6,1; Ez 1,26). Para su descripci\u00f3n se recurre a las piedras m\u00e1s brillantes: Dios es luz y en \u00e9l no hay tinieblas (1Jn 1,5). Los 24 ancianos obedecen a que el rey no puede ser imaginado sin su corte. El n\u00famero, \u00bfpretende representar a todo el pueblo de Dios: doce tribus de Israel y doce ap\u00f3stoles? Los rel\u00e1mpagos son compa\u00f1eros inseparables de la autorrevelaci\u00f3n de Dios (\u00c9x 19,16; Ez 1,13; Sal 77,18s). El \u00abmar de vidrio\u00bb designa la magnificencia del sal\u00f3n del trono. Los cuatro vivientes se refieren a los \u00e1ngeles que rigen los destinos del mundo y representan la salvaci\u00f3n de Dios y su providencia (los ojos...). Sus figuras indican lo mejor y m\u00e1s noble existente en la creaci\u00f3n. Esta visi\u00f3n termina, l\u00f3gicamente y como coronando toda su grandeza, con un himno de alabanza.

{N}5,{/}1: (1-14) Las caracter\u00edsticas del libro (v. 1), escrito por dentro y por fuera, en contra de la costumbre, hablan de la riqueza de su contenido. El rollo sellado indica el misterio (Is 29,11; Dan 12,4.9) y su calidad de testamento; as\u00ed eran sellados lo testamentos en Roma. Por tanto, el rollo contiene el testamento oculto de Dios, su \u00faltima voluntad, que dispone \u00abla herencia de los santos en la luz\u00bb (Col 1,12; Heb 9,15; 1Pe 1,4). El hombre es impotente para descubrirla, y llora y se desespera. Pero entra en acci\u00f3n el cordero (Jn 1,29; 1Pe 2,22ss; 1Cor 5,7) degollado, pero con siete cuernos (omnipotencia) y siete ojos (omnisciencia). Es el cordero ya victorioso. El c\u00e1ntico \u00abnuevo\u00bb era cantado por Israel por los nuevos dones salv\u00edficos. A \u00e9l se suma toda la creaci\u00f3n (n\u00f3tese que los atributos mencionados en el v. 12 son siete).

{N}6,{/}1: (1-17) La apertura de los sellos no significa la revelaci\u00f3n del designio \u00faltimo de Dios. Se refiere a los acontecimientos previos en la historia y en la naturaleza antes de que el reino de Dios sea consumado: la victoria originada por la guerra es una plaga o azote de Dios; que obliga a levantar los ojos hacia el final de la historia (primer sello); las guerras civiles (Mt 10,34) (segundo sello); el hambre: el hambre es negra (el caballo negro y la balanza...) (sello tercero); la peste (cuarto sello); el martirio cristiano y la pregunta por su sentido dentro del plan de Dios (quinto sello); el s\u00edmbolo de la c\u00f3lera divina desatada (Am 8,9; Mc 13).

{N}7,{/}1: (1-17) Antes de levantar el \u00faltimo sello se nos cuenta otra visi\u00f3n: las grandes calamidades y persecuciones que afectan a todos, en particular a los cristianos; seg\u00fan la mentalidad apocal\u00edptica, est\u00e1n causadas por los \u00e1ngeles, pero dentro de unos l\u00edmites, para salvaguardar a todos los elegidos, los 144.000 sellados indican esta providencia especial sobre todos los elegidos que, a trav\u00e9s del martirio, han llegado ya a la victoria definitiva en la visi\u00f3n de Dios (el altar...).

{N}8,{/}1: (1-5) Silencio solemne, que simboliza la expectaci\u00f3n gozosa y temible ante la venida de Yav\u00e9. Antes de ser levantado el \u00faltimo sello ocurrir\u00e1n cat\u00e1strofes anunciadas y, de alg\u00fan modo, protagonizadas por los siete \u00e1ngeles que, para el juda\u00edsmo y el cristianismo (Tob 12,14; 1Tes 4,16), son los servidores de Dios. Otro \u00e1ngel, el \u00e1ngel de la paz, hace llegar hasta Dios las oraciones de los santos; signo evidente de que le son gratas. Las im\u00e1genes proceden del antiguo templo de Jerusal\u00e9n.

{N}8,{/}5: (8,5-9,21) Los nuevos castigos, plagas o azotes, est\u00e1n descritos utilizando el clich\u00e9 de las de Egipto, \u00c9x 9,23.26 (primera trompeta); \u00c9x 7,20s (segunda trompeta); el ajenjo, veneno poderoso, es s\u00edmbolo del juicio divino de condena, Is 14,12; Jer 9,14; 23,15; Dan 8,10 (tercera trompeta); los lamentos del \u00e1guila hacen referencia a la desgracia de los incr\u00e9dulos, designados como \u00ablos habitantes de la tierra\u00bb (cuarta trompeta); \u00c9x 10,1s, aunque la quinta trompeta es m\u00e1s terrible que la de Egipto; son los poderes demon\u00edacos los que se hallan en acci\u00f3n (cf Jl 1-2); atormentan a toda la humanidad, con excepci\u00f3n de los creyentes. Ser\u00eda preferible morir, pero no puede conseguirse ni este \u00faltimo consuelo; el castigo en la sexta plaga procede de la caballer\u00eda destructora de los partos, al este del \u00c9ufrates. Pero, a pesar de ello, los paganos no se convierten (10,20s). El vidente tiene como punto de partida, en las trompetas, los signos de los tiempos que invitan a todos a la conversi\u00f3n.

{N}10,{/}1: (10,1-11,14) Entre la sexta y la s\u00e9ptima trompeta se produce este intermedio en el que se nos describe una visi\u00f3n, que destaca dos cosas: la necesidad de asimilar la palabra de Dios, dulce y amarga, simbolizada en el librito (Ez 2,8-3,3) que debe comer el vidente (y que es distinto del mencionado en 5,7), y en los truenos, la voz de Dios (Sal 29,3-9); la esperanza cristiana en medio de las grandes tribulaciones probablemente se refiere a la presencia devastadora de Roma, que llega hasta el martirio de los dos testigos cualificados (11,1ss). \u00bfSe refiere a Pedro y Pablo, sobre la descripci\u00f3n de Zac 4,3.11-14? \u00bfHace referencia a la esperanza jud\u00eda sobre la vuelta de Mois\u00e9s y El\u00edas? En medio de la muerte surge la esperanza de la resurrecci\u00f3n (vv. 11-13).

{N}11,{/}15: (15-19) Con la s\u00e9ptima trompeta se abre otra serie de visiones. Surge un canto de alabanza en el cielo por la irrupci\u00f3n de Dios y el castigo de los enemigos. El templo del cielo se abre para los elegidos de Dios. En la descripci\u00f3n de esta visi\u00f3n ha influido el salmo 2.

{N}12,{/}1: (12,1-14,20) Estos cap\u00edtulos constituyen el n\u00facleo del Apocalipsis y describen a la Iglesia bajo la persecuci\u00f3n y la cruz, al mismo tiempo que bajo la protecci\u00f3n incesante y amorosa de Dios.
{N}12,{/}1: (1-6) La mujer es la Iglesia, con una referencia secundaria a Mar\u00eda, descrita con im\u00e1genes procedentes del AT (G\u00e9n 37,9; 3,16; Miq 4,9-10. Junto al s\u00edmbolo de la revelaci\u00f3n de Dios es presentado el poder antidivino con im\u00e1genes procedentes tanto del AT como de la mitolog\u00eda: las siete cabezas y los cuernos=la fiereza violenta y poderosa.

{N}12,{/}7: (7-12) La trascendencia de Dios exige que ni \u00e9l ni Cristo se debatan directamente con el drag\u00f3n. Lo hace, en su nombre, y como su servidor, el primero de los arc\u00e1ngeles, Miguel, el protector de Israel (Dan 12,1). La victoria de Dios hace que tambi\u00e9n los suyos sean vencedores; han vencido, han superado al maligno (1Jn 2,13s).

{N}12,{/}13: (13-17) Puesto que el drag\u00f3n ha sido expulsado del cielo (ver Job 3,8s; 26,13) y no ha podido vencer al mes\u00edas, dirige ahora su furor contra la mujer, que intenta por todos los medios escapar de la persecuci\u00f3n.

{N}13,{/}1: (1-18) La bestia que surge del mar es el imperio romano, considerado como el poder antidivino desatado contra la Iglesia. La imaginer\u00eda est\u00e1 tomada de Dan 7,4-7, que convirti\u00f3 la persecuci\u00f3n de Ant\u00edoco IV Ep\u00edfanes en el clich\u00e9 para describir los intentos m\u00e1s sofisticados de acabar con la fe israelita. A partir de Julio C\u00e9sar, el emperador romano fue divinizado y los cristianos eran obligados a darle culto. Los promotores del mismo son la segunda bestia, los falsos profetas. La designaci\u00f3n de la bestia con el n\u00famero 666 hace referencia, muy probablemente, a Ner\u00f3n C\u00e9sar, gracias al cambio de los n\u00fameros por sus letras correspondientes (principio de guematr\u00eda), teniendo en cuenta que las letras del alfabeto serv\u00edan tambi\u00e9n como n\u00fameros.

{N}14,{/}1: (1-20) A la persecuci\u00f3n y martirio de los cristianos por parte del anticristo y de sus agentes contrapone el vidente su protecci\u00f3n y seguridad por su comuni\u00f3n con Cristo. Ning\u00fan poder de las tinieblas puede arrancar a la comunidad del tiempo \u00faltimo de las manos de su Salvador. La se\u00f1al puesta a los 144.000 sellados (7,4ss) es la protecci\u00f3n del Dios omnipotente. El nombre de Cristo y del Padre indica su pertenencia a ellos (3,12; 22,4); por tanto, se hallan bajo protecci\u00f3n segura. El v. 4 tiene delante, muy probablemente, no s\u00f3lo la pureza sexual, sino tambi\u00e9n, y sobre todo, la pureza en el sentido de la fidelidad absoluta a la fe y la no claudicaci\u00f3n ante el culto a los \u00eddolos, al emperador (Os 2,2.12ss; Jer 2,2ss). A partir del v. 6 se anuncia y prepara el juicio, presentado con la imagen de la siega y la vendimia.

{N}15,{/}1: (15,1-16,21) Introducci\u00f3n al juicio de Babilonia, es decir, de Roma. La visi\u00f3n de las plagas es continuaci\u00f3n de la mencionada sobre las trompetas. Como en ella, est\u00e1n subyacentes tambi\u00e9n aqu\u00ed, a modo de clich\u00e9, las plagas de Egipto (\u00c9x 7-10). El drama apocal\u00edptico alcanza su punto culminante al constatar que las plagas no provocan la conversi\u00f3n intentada, antes bien, son motivo de mayor rebeli\u00f3n contra Dios. S\u00f3lo los creyentes cantan un himno a su liberador (\u00c9x 15). La estructura es la siguiente: 15,1=tema; 15,2-4=c\u00e1ntico de victoria; 15,5-16,1=preparaci\u00f3n de las plagas, que vienen del cielo; 16,2-21=ejecuci\u00f3n de las plagas en el mundo (16,10=Roma o el poder m\u00e1s hostil a Dios; 16,12=las aguas del r\u00edo eran una protecci\u00f3n de los romanos contra los partos; 16,16=Meguido, s\u00edmbolo del desastre en la guerra [2Re 23,29s]; 16,21=unos 40 kilos). Las plagas provocan nuevas blasfemias.

{N}17,{/}1: (17,1-19,10) El juicio implacable sobre Roma, s\u00edmbolo del poder antidivino, y simbolizada en una mujer, est\u00e1 justificado desde su \u00abprostituci\u00f3n\u00bb, es decir, desde la idolatr\u00eda o culto imperial (17,2). Se afirma que ning\u00fan poder terreno sale indemne cuando intenta arrancar la religi\u00f3n y la fe verdaderas exigiendo la propia adoraci\u00f3n. El juicio divino caer\u00e1 implacable sobre \u00e9l. Es la tentaci\u00f3n diab\u00f3lica (Mt 4,8-10) (17,3: la bestia=Ner\u00f3n; las siete cabezas=las siete colinas de Roma y sus siete emperadores; siete=totalidad; los 10 cuernos=otros tantos reyes vasallos de Roma).

{N}19,{/}11: (11-21) Conclusi\u00f3n de la historia. Al juicio pavoroso de Roma, s\u00edmbolo del juicio \u00faltimo, sigue el juicio sobre todos los poderes antidivinos y se describe la victoria del \u00abm\u00e1s fuerte\u00bb, de Cristo, sobre \u00abel fuerte\u00bb, el anticristo y sus seguidores. La victoria final es de Dios, de su mes\u00edas y de sus seguidores.
Esta representaci\u00f3n enigm\u00e1tica no coincide con el resto del NT. Est\u00e1 en la l\u00ednea de las especulaciones ap\u00f3crifas sobre el fin del mundo, y \u00fanicamente tiene sentido desde su dimensi\u00f3n simb\u00f3lica. Se cre\u00eda que el mundo durar\u00eda siete mil a\u00f1os (mil por cada d\u00eda de la semana). A partir de Cristo quedar\u00edan mil, y su reino definitivo comenzar\u00eda pasados estos. Especulaciones inconsistentes, a las que se les ha dado excesiva importancia algunas veces, por no haber tenido en cuenta la procedencia apocal\u00edptica de las mismas.

{N}20,{/}11: (11-15) Descripci\u00f3n sobria y magn\u00edfica del juicio \u00faltimo. Desaparece lo que es pasajero. Permanecen Dios y todos aquellos que han optado por \u00e9l mediante unas obras que testimonian dicha opci\u00f3n.

{N}21,{/}1: (1-8) Despu\u00e9s de los cuadros en los que ha presentado las luchas, persecuciones, cat\u00e1strofes, incluido el fin del mundo y el juicio \u00faltimo, el vidente describe el mundo nuevo, el milagro de la plenitud de la salud divina. El Dios b\u00edblico, que resucita a los muertos, crea tambi\u00e9n una ciudad nueva, de la que est\u00e1n definitivamente alejados la guerra, el hambre, el sufrimiento y la muerte. Ha pasado lo viejo y todo es nuevo (2Cor 5,17), el mundo, la ciudad santa, la presencia de Dios entre los suyos, la relaci\u00f3n filial de los hombres con \u00e9l, la vida sin muerte ni necesidad alguna. El vidente ve as\u00ed el cumplimiento de todas las esperanzas b\u00edblicas y oye palabras de promesas m\u00e1s preciosas, cuya certeza se halla garantizada por la presencia graciosa de Dios, que es el creador de lo nuevo.

{N}21,{/}9: (21,9-22,5) La Jerusal\u00e9n celeste es descrita como la ciudad de la luz y de la vida. El vidente tiene como referencia a Ezequiel, en cuyas descripciones se inspira (Ez 40-48). Sus medidas, n\u00fameros, resplandor... significan la perfecci\u00f3n. Reaparece el para\u00edso: el r\u00edo, el \u00e1rbol de la vida (Jl 4,18; Ez 47; Zac 14,8; Is 35,6s; 41,18). Todo tiene el valor simb\u00f3lico de la plenitud de la salud. Incluso las hojas de los \u00e1rboles son salv\u00edficas. No se habla del templo porque toda la ciudad es habitaci\u00f3n de Dios y el esplendor de su gloria la ilumina y el \u00e1ngel la engrandece.

{N}22,{/}6: (6-21) Es la r\u00fabrica del autor, que certifica la veracidad de todo lo hasta aqu\u00ed escrito. Todo se halla confirmado con la autoridad de Cristo. El vidente desea que sus lectores se sit\u00faen ante las realidades \u00faltimas y amonesta a que se tengan presentes y se cumplan sus palabras. De esta manera es como se tendr\u00e1 la certeza de llegar, a trav\u00e9s de los m\u00e1s violentos vaivenes de la historia, a la ciudad de Dios.

