{N}1,{/}3: (3-16) Establece la necesidad de la lucha contra los herejes que niegan a Dios y a Cristo. La lucha contra ellos est\u00e1 exigida desde la fe (3s). A estos imp\u00edos les espera el castigo, lo mismo que a Israel en el desierto, a los \u00e1ngeles ca\u00eddos y a las ciudades de Sodoma y Gomorra (5-7). Estos herejes han ca\u00eddo en el libertinaje (6-16); son comparados con Ca\u00edn, Bala\u00e1n y Cor\u00e9; con su desenfreno destruyen la vida de la comunidad, y ellos mismos caminan a la perdici\u00f3n como predijo Henoc.

{N}1,{/}17: (17-23) Frente a estos herejes los cristianos deben recordar la predicaci\u00f3n de los ap\u00f3stoles, que ya anunciaron la aparici\u00f3n de estos \u00abimpostores\u00bb en el tiempo \u00faltimo (17-19), y permanecer firmes en la fe, en el amor, en la oraci\u00f3n y en la esperanza en la salud \u00faltima (20s). Lo malo de aquellos imp\u00edos es que se presentaban como \u00abespirituales\u00bb (19), que estaban por encima de las reglas morales, sin freno alguno en el terreno sensual y sexual (16); con su vida despreciaban la gracia de Dios (14). Se consideraban, a pesar de todo, como cristianos, participando en sus \u00e1gapes, \u00abmanch\u00e1ndolos\u00bb (12). Eran principio de divisi\u00f3n en la comunidad; despreciaban la gracia de Dios y negaban al \u00fanico due\u00f1o y se\u00f1or, Jesucristo. Descripci\u00f3n tan singular nos induce a pensar en que no est\u00e1 tan alejado de lo que puede ocurrir en las comunidades cristianas de cualquier otro tiempo.

