{N}1,{/}1: La carta fue dirigida a todos aquellos que tienen la misma esperanza cristiana. En la mente del autor no hay, por tanto, referencia a una Iglesia concreta o a un grupo de Iglesias. Pretende, m\u00e1s bien, dirigir un mensaje al cristianismo. Escribe una homil\u00eda para todos los cristianos.

{N}1,{/}3: (3-11) El ser cristiano se define por su participaci\u00f3n en la naturaleza divina (1Jn 3,2) mediante el {C}conocimiento,{/} no mediante la fe (ah\u00ed tenemos una diferencia fundamental frente a la primera de Pedro). Esta participaci\u00f3n es la que nos hace escapar de la {C}corrupci\u00f3n{/} (en ella ve\u00edan los gn\u00f3sticos todo lo terreno, material y humano). Nuestro autor, por el contrario, vincula esta liberaci\u00f3n a la pr\u00e1ctica de las virtudes, siete en total (n\u00f3tese entre ellas la \u00abciencia\u00bb o gnosis=conocimiento que viene de Dios). Desde este punto de vista, el autor condena toda pasividad, y considera absolutamente necesario el esfuerzo humano para que la vocaci\u00f3n y la elecci\u00f3n surtan efecto (v. 10). S\u00f3lo as\u00ed conseguir\u00e1 el estado feliz del futuro.

{N}1,{/}12: (12-21) Nos es presentada la exhortaci\u00f3n como una especie de \u00abtestamento\u00bb del ap\u00f3stol Pedro. Detr\u00e1s de estas palabras se halla la Iglesia posapost\u00f3lica aduciendo el testimonio apost\u00f3lico como la garant\u00eda \u00faltima de la verdad de la doctrina cristiana. La raz\u00f3n de esta garant\u00eda est\u00e1 en que fueron testigos inmediatos de Jes\u00fas y de la revelaci\u00f3n de Dios; de c\u00f3mo lo celeste, el mundo de arriba, irrumpi\u00f3 en el mundo humano. Y esto exactamente fue lo que ocurri\u00f3 en Jes\u00fas. Junto a este argumento es citado tambi\u00e9n el de la profec\u00eda. Ya los profetas hab\u00edan hablado de la manifestaci\u00f3n del mundo celeste (Is 37,27; 48,35).

{N}2,{/}1: (1-22) Sin duda alguna, nuestro autor se refiere a los gn\u00f3sticos, que desconectaban al Cristo celeste de Jes\u00fas de Nazaret (v. 1); que, por su participaci\u00f3n en Dios, se consideraban impecables; aunque cometiesen los m\u00e1s abominables pecados, no se consideraban afectados por ellos en virtud de su pretendida uni\u00f3n con Dios. Una situaci\u00f3n muy parecida a la que nos ofrece 1Juan. En ella este aspecto se halla recogido, sobre todo, en la frase \u00absi dij\u00e9ramos que no tenemos pecado...\u00bb. Esto era lo que dec\u00edan los gn\u00f3sticos. A juzgar por las acusaciones que el autor vierte sobre estos impostores podemos imaginarnos lo depravada que era su conducta.

{N}3,{/}1: (1-18) El autor defiende la verdadera fe cristiana contra las interpretaciones de los falsos doctores: no respetan ley alguna... Tampoco deben hacerles caso cuando hablan despectivamente del juicio. Esto ten\u00eda su explicaci\u00f3n por el retraso de la parus\u00eda. Nuestro autor dice que el tiempo entre la primera y la segunda venida del Se\u00f1or es el tiempo de la paciencia de Dios, que desea que todos tengan la oportunidad de alcanzar el arrepentimiento y de recibir la gracia (3,1-13).

