{N}1,{/}1: (1-12) Desde la experiencia del bautismo brota este himno de alabanza, que canta la fe cristiana ante la acci\u00f3n de Dios en Cristo para salvaci\u00f3n del hombre. Se menciona la resurrecci\u00f3n de Cristo como causa y origen del nuevo nacimiento (Rom 6,1-14; Jn 3,3-5; Tit 3,5); esta regeneraci\u00f3n crea la esperanza en la vida eterna; esta esperanza procura la alegr\u00eda en medio de las dificultades y persecuciones. Otros motivos de seguridad: las mismas tribulaciones, que son un medio de purificaci\u00f3n; el amor y la fe en Cristo; el hallarse insertos en la historia de la salvaci\u00f3n, iniciada ya en el AT y consumada en Cristo bajo la acci\u00f3n del mismo Esp\u00edritu.

{N}1,{/}13; (13-21) Las exigencias \u00e9ticas del cristiano est\u00e1n justificadas desde su dignidad de hijo de Dios; desde su relaci\u00f3n con el totalmente Otro (la santidad); desde el rescate que Dios hizo de \u00e9l para que le pertenezca; desde la dimensi\u00f3n futura de la fe y de la esperanza.

{N}1,{/}22: (22-25) Despu\u00e9s de haber puesto la mirada en Dios y en lo que hizo en Cristo a favor del hombre, se pasa al amor fraterno, que hace dirigir la mirada a los hombres. El ser mismo del cristiano se mantiene consistente en la medida en que se mantiene el precepto del amor. Todo lo dem\u00e1s no son m\u00e1s que palabras vac\u00edas.

{N}2,{/}1: (1-10) La imagen del nacimiento evoca la del ni\u00f1o reci\u00e9n nacido. As\u00ed se acent\u00faa la novedad de la vida iniciada. Esto s\u00f3lo ser\u00e1 posible degustando la leche \u00abespiritual\u00bb. El mundo griego consideraba la leche y la miel como el alimento de los dioses, y en el juda\u00edsmo se pensaba que era el alimento del para\u00edso. El autor nos habla con este lenguaje de la fuerza recibida de Cristo. Por otra parte, unirse a Cristo significa incorporarse a una comunidad que le pertenece, que participa en su misma elecci\u00f3n y que es el templo vivo en el cual Cristo constituye la piedra fundamental.

{N}2,{/}20: (20-25) El sufrimiento y el dolor no causados por culpa de quien los soporta, sino provocados por la profesi\u00f3n de la fe y del consiguiente bien obrar, deben ser valorados tambi\u00e9n como gracia, como ocasi\u00f3n para el ejercicio de la fe y de la permanencia en la gracia recibida. Su situaci\u00f3n es la misma de Cristo. Y, naturalmente, el siervo no es m\u00e1s que su se\u00f1or.

{N}3,{/}1: (1-9) La exhortaci\u00f3n dirigida a los c\u00f3nyuges tiene como punto de partida la mentalidad antigua, seg\u00fan la cual la mujer era \u00abpropiedad\u00bb de su marido. Esto llevaba frecuentemente al marido a ejercer una especie de tiran\u00eda dom\u00e9stica. Nuestro autor, en contrapartida, habla de las obligaciones del esposo para con ella (algo inaudito) y destaca la dignidad de la mujer ante Dios. Ya Pablo hab\u00eda establecido el principio esencial (G\u00e1l 3,28). S\u00f3lo el tiempo pod\u00eda hacer el resto.

{N}4,{/}12: (12-19) \u00bfSe trata del incendio de Ner\u00f3n? Es posible. En todo caso, aquellos cristianos viv\u00edan en dificultad precisamente por serlo. Su situaci\u00f3n deben considerarla como medio de purificaci\u00f3n para su fe y de participaci\u00f3n en los sufrimientos de Cristo y en su gloria.

