{N}1,{/}1: (1-4) Desde el reconocimiento del car\u00e1cter progresivo de la revelaci\u00f3n, Cristo es presentado como la fase \u00faltima de la manifestaci\u00f3n divina. Frente a las anteriores, parciales y fragmentarias, esta es la \u00faltima, la definitiva y la perfecta. Y ello porque el hijo de Dios es anterior a cuanto existe. Intervino en la creaci\u00f3n (1,2) y pertenece a la esfera de la divinidad. Es un destello de la gloria de Dios y una impronta de su ser (1,3). Y esto no s\u00f3lo en cuanto manifestador de Dios a trav\u00e9s de su palabra. Su misma persona constituye la verdadera y \u00faltima manifestaci\u00f3n de la divinidad. Su obra es presentada en t\u00e9rminos cultuales, con referencia al gran d\u00eda de la expiaci\u00f3n, el {C}Yom kippur{/} (Lev 16). Como recompensa a la misma y en reconocimiento de su dignidad regia (2Sam 7,18; Ez 44,3), est\u00e1 sentado a la derecha de Dios (He 2,33ss; Rom 8,34; 1Pe 3,22).

{N}1,{/}5: (5-14) La superioridad de Jes\u00fas sobre los \u00e1ngeles se demuestra mediante un tejido bien tupido de citas del AT (Sal 2,7; 45,6; 104,4; 2Sam 7,14; Dt 32,43). Se aplica al Hijo el poder creador de Dios (Sal 102,25-27), y se acent\u00faa su permanencia eterna frente al cielo y la tierra, que pasan (vv. 10,12). En definitiva, \u00e9l es el Hijo, sentado a su derecha, mientras que los \u00e1ngeles son sus servidores, los encargados de ejecutar sus \u00f3rdenes.

{N}2,{/}1: (1-9) Cristo es a los \u00e1ngeles lo que el evangelio es a la ley. Se habla del evangelio utilizando expresiones ya canonizadas: \u00ablo que hemos o\u00eddo\u00bb, \u00abla gran salud, promulgada por el Se\u00f1or, confirmada por los testigos inmediatos, rubricada con la autoridad de Dios\u00bb. De ah\u00ed que, en la medida en que el evangelio supera a la ley, sea necesaria una vigilancia y atenci\u00f3n similares para no caer en el castigo que el rechazo o el desprecio, la apostas\u00eda en cualquier grado, de oferta tan sublime llevar\u00eda consigo. El evangelio est\u00e1 personificado en el \u00abcoronado de gloria y honor\u00bb, es decir, en aquel que, siendo aparentemente inferior a los \u00e1ngeles, est\u00e1 destinado a ejercer el dominio y la supremac\u00eda universal.

{N}2,{/}10: (10-18) Los pensamientos teol\u00f3gicos de Hebreos tienen su centro de gravedad en el terreno cristol\u00f3gico y eclesiol\u00f3gico: Cristo en cuanto sumo sacerdote, y la Iglesia en cuanto pueblo de Dios en constante peregrinaci\u00f3n. Ambos temas son expuestos en mutua dependencia. Esto explica el incesante vaiv\u00e9n entre lo doctrinal y lo paren\u00e9tico. El patr\u00f3n sobre el que se desarrollan estos dos pensamientos se lo ofrece a nuestro autor el Sal 110: en t\u00edtulo de sumo sacerdote, por voluntad expresa de Dios, resume todo el acontecimiento salv\u00edfico, y lo hace as\u00ed: el Hijo de Dios, haci\u00e9ndose en todo semejante a nosotros, en los sufrimientos y en la tentaci\u00f3n... -la \u00fanica excepci\u00f3n fue el pecado-, fue constituido por Dios en el portador de la salud. A trav\u00e9s de su obediencia rompi\u00f3, de una vez para siempre, todos los poderes que nos esclavizaban y nos abri\u00f3 el camino de acceso a Dios (4,14ss; 8,1ss; 10,19ss). Este camino del sumo sacerdote es el que da la seguridad a la comunidad peregrinante que, desde la fe, espera alcanzar la promesa y el descanso.

{N}3,{/}1: (1-19) La exigencia de fidelidad al camino emprendido est\u00e1 motivada desde la confesi\u00f3n cristiana de la fe, que acent\u00faa aqu\u00ed tres aspectos sobre Jes\u00fas: es el \u00abap\u00f3stol\u00bb=el mensajero de Dios a los hombres; es el \u00abpont\u00edfice\u00bb=el representante del hombre ante Dios; es absolutamente \u00abfiel\u00bb a su misi\u00f3n y a su propio ser (2Cor 1,19s), superando a Mois\u00e9s en la misma proporci\u00f3n en que el Hijo, que est\u00e1 en la casa como tal, supera al servidor, que lo est\u00e1 en el cumplimiento de su ministerio. La falta de fidelidad tendr\u00eda, proporcionalmente, las mismas consecuencias: la vuelta al juda\u00edsmo o, de modo m\u00e1s gen\u00e9rico, la apostas\u00eda (v. 12), significar\u00eda la exclusi\u00f3n de la salud.

{N}4,{/}1: (1-10) La amenaza de no entrar en el descanso (Sal 95) es utilizada como argumento para mantenerse fieles a la confesi\u00f3n de la fe cristiana: el descanso de Dios es sin\u00f3nimo de la salvaci\u00f3n; este descanso es para los hombres de fe; el descanso perfecto no se da en la tierra, sino en el cielo; el autor del verdadero descanso es Jes\u00fas, no Josu\u00e9 (los dos nombres son formas distintas del mismo concepto: Yav\u00e9 salva); en este descanso eterno s\u00f3lo se puede participar una vez terminada la tarea en la tierra, lo mismo que Dios descans\u00f3 el s\u00e9ptimo d\u00eda, despu\u00e9s de terminado su trabajo.

{N}4,{/}11: (11-13) La desobediencia, infidelidad o apostas\u00eda, la renuncia a la fe o a Cristo, es la causa \u00fanica que provoca la exclusi\u00f3n del \u00abdescanso\u00bb. Lo dice expresamente la palabra de Dios (Sal 95), que es presentada como una personificaci\u00f3n de Dios mismo (Is 49,2; 55,10s; Prov 5,4; Jer 23,29), como su mensajera y embajadora y que, como tal, discierne perfectamente los pensamientos e intenciones del coraz\u00f3n.

{N}4,{/}14: (4,14-5,10) El estado de inferioridad de Cristo fue temporal (2,7); despu\u00e9s de su muerte, hizo su entrada en los cielos, donde fue constituido y proclamado Hijo de Dios (5,5-10). La presencia de Cristo en los cielos y su proclamaci\u00f3n como Hijo de Dios tiene una importancia extraordinaria en nuestra carta. Cristo es proclamado Hijo y sumo sacerdote a un tiempo (5,5-10: como sumo sacerdote purifica el pecado; como Hijo asocia a s\u00ed a sus hermanos, los introduce con \u00e9l en el cielo, los hace tambi\u00e9n hijos de Dios) (2,13-16). Utilizando el patr\u00f3n del AT, nuestro autor deduce que Cristo es el sumo sacerdote, porque re\u00fane todas las condiciones requeridas: ser representante ante Dios, tener comprensi\u00f3n de la debilidad humana, sentir la necesidad de ofrecer sacrificios por ellos mismos, cumplir las ordenanzas rituales. Todo esto se da en Jes\u00fas, menos la necesidad de ofrecer sacrificios por \u00e9l mismo (4,16; 7,27), pero esto no indica falta, sino sobreabundancia, manifestadora de un sacerdocio mejor.

{N}5,{/}11: (5,11-6,20) Expuesto el catecismo de las verdades cristianas fundamentales: el Dios \u00fanico, el Resucitado, la pertenencia a \u00e9l mediante el bautismo, la conversi\u00f3n..., que siempre es necesario profundizar y actualizar, nuestro autor presenta el aspecto de Cristo sacerdote como una actualizaci\u00f3n de lo fundamental. El no aceptarlo as\u00ed significar\u00eda defecci\u00f3n de la fe y p\u00e9rdida de la identidad cristiana. Por el contrario, quien se aferra a esta fe se halla protegido contra el peligro de la ca\u00edda o de la apostas\u00eda. Si esta tuviese lugar se cerrar\u00edan todos los caminos para la salvaci\u00f3n.

{N}7,{/}1: (1-28) La superioridad del sacerdocio de Cristo, verdadero centro de gravedad de nuestro escrito, la demuestra el autor mediante los pasos siguientes: es sacerdote y rey \u00abeterno\u00bb, como Melquisedec (el desconocimiento de su genealog\u00eda significa la eternidad) (vv. 1-3); es superior a Abrah\u00e1n, que pag\u00f3 tributo a Melquisedec y fue bendecido por este (vv. 4-10); el mes\u00edas pertenece a un orden distinto del de Lev\u00ed, luego este sistema era imperfecto (vv. 11-14); el sacerdocio lev\u00edtico ha sido superado por otro mejor, que permanece para siempre (vv. 15-19), con una clara referencia a la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas; el nuevo sacerdocio se halla garantizado por el juramento divino (vv. 20-22); su superioridad se demuestra por la permanencia ante Dios, gracias a la superaci\u00f3n de la muerte (vv. 23-25); finalmente, las caracter\u00edsticas personales del nuevo sacerdote ponen de manifiesto su superioridad: santo, inocente, inmaculado, alejado del pecado, exaltado a lo m\u00e1s alto de los cielos. Esta descripci\u00f3n tuvo delante probablemente un himno cristiano con el que se celebraba la dignidad sacerdotal de Jes\u00fas como un aspecto necesariamente integrante de la confesi\u00f3n cristiana de la fe.

{N}8,{/}1: (1-13) El tema de la alianza en nuestro escrito tiene una importancia excepcional. Con ella se entiende toda la econom\u00eda o plan de Dios para la salud del hombre. Nuestro autor la presenta no como un pacto bilateral, sino como una alianza concedida o impuesta por un rey a sus s\u00fabditos o por un vencedor a los vencidos. Es Dios quien tiene siempre la iniciativa.
 En toda alianza debe haber un mediador, y el de la nueva lo es Cristo (8,6; 9,15; 12,24): es el Hijo de Dios y tiene nuestra misma naturaleza, que le hace ser un hermano entre hermanos (2,11-14). La mediaci\u00f3n de Cristo tiene dos aspectos importantes: es el {C}mediador de una revelaci\u00f3n:{/} es la verdadera palabra de Dios para nosotros (1,2); es el {C}mediador de una salud:{/} ha realizado la salvaci\u00f3n y la ha proclamado con su palabra. Su palabra es una ense\u00f1anza salvadora.

{N}9,{/}1: (1-28) La superioridad del cristianismo sobre el juda\u00edsmo se demuestra ahora centrando la discusi\u00f3n en el terreno sacrificial: sangre de animales-la sangre de Cristo; repetici\u00f3n constante-\u00fanico sacrificio, con eficacia permanente y en sincron\u00eda perfecta con todos los tiempos: transitoriedad circunstancial y condicionada frente a la alianza eterna; derramamiento constante de una sangre ajena que no puede llegar a purificar las conciencias, frente a la entrega de una vida por todas las dem\u00e1s vidas, una vida representativa y liberadora de todas las dem\u00e1s.

{N}10,{/}1: (1-18) Si Cristo es m\u00e1s grande que los \u00e1ngeles, que Mois\u00e9s y que todos los personajes del AT, lo es \u00fanicamente por ser el Hijo de Dios. La reflexi\u00f3n sobre la naturaleza humana de Cristo tiene en Hebreos un relieve particular. El Hijo de Dios se hizo hombre, cumpliendo la voluntad de Dios (10,7.9s). Se asemej\u00f3 en todo a nosotros (2,17); fue tentado en todo (4,15); lanz\u00f3 clamores y derram\u00f3 l\u00e1grimas (5,7), y adquiri\u00f3 la perfecci\u00f3n a trav\u00e9s de los sufrimientos (2,10). As\u00ed se convirti\u00f3 en el aut\u00e9ntico \u00abap\u00f3stol\u00bb de Dios (3,1), conocedor perfecto de aquellos a los que era enviado.
El nuevo pueblo de Dios, igual que el del \u00e9xodo, se encuentra en constante peregrinaci\u00f3n hacia la tierra de la promesa. A pesar de haber sido santificado y de participar ya en los bienes que todav\u00eda no ve (11,1), de estar al amparo y bajo la protecci\u00f3n de Dios (6,18)..., todav\u00eda est\u00e1 en camino, vive y marcha peregrinando, no ha llegado a\u00fan al \u00abdescanso\u00bb. Su psicolog\u00eda religiosa es la propia del peregrino (3,7-4,11), que debe afrontar y recorrer un itinerario lleno de dificultades (12,1). De ah\u00ed la insistencia en la ayuda que unos a otros deben prestarse (10,24s; 12,14-17; 13,1-3).

{N}11,{/}1: (1-40) Est\u00edmulos serios ante las dificultades de la peregrinaci\u00f3n son: la patria celeste como meta \u00faltima; el poder de la fe como obediencia a la palabra de Dios, en la l\u00ednea de los grandes hombres de la historia de la salvaci\u00f3n; la reactivaci\u00f3n de la esperanza; y, por \u00faltimo, las consecuencias nefastas que trae consigo el volverse atr\u00e1s, que eso es el pecado.

{N}12,{/}1: (1-11) Despu\u00e9s de presentar como ejemplo de firmeza y de fidelidad a los \u00abcampeones\u00bb de la fe (c. 11): \u00abla historia os contempla\u00bb, aduce el testimonio y ejemplo supremo, Cristo, autor y consumador de la fe; \u00e9l es el fundamento de la fe cristiana, que tiene en \u00e9l su \u00fanica raz\u00f3n de ser. Esta misma fe exige la valent\u00eda en medio de la adversidad siguiendo las huellas de Jes\u00fas, aceptando la pedagog\u00eda divina de la correcci\u00f3n y, con la garant\u00eda de la victoria final, de entrar en el \u00abdescanso\u00bb, de participar de forma plena en la salvaci\u00f3n de Dios.

{N}12,{/}12: (12-19) La exhortaci\u00f3n gen\u00e9rica a vivir con gallard\u00eda la fe cristiana (vv. 12s) es seguida de la menci\u00f3n de exigencias m\u00e1s concretas: la concordia, la honestidad, la valoraci\u00f3n adecuada de la salud (vv. 14-17). Las exhortaciones se hallan justificadas desde el ser mismo del cristiano, que vive ya en la alianza nueva, perfecta y eterna, basada en la confianza y en el amor, con derecho de ciudadan\u00eda en la Jerusal\u00e9n celeste...

{N}13,{/}1: (1-17) El texto pone de relieve las ense\u00f1anzas \u00e9ticas que se daban en la catequesis y que insist\u00edan en el amor fraterno, en la hospitalidad, en la ayuda a los marginados e injustamente tratados, en la santidad de la vida matrimonial. Aparece otro argumento para insistir en la permanencia de la fe abrazada: el ejemplo de aquellos que les anunciaron el evangelio. En cuanto a las doctrinas \u00abextra\u00f1as\u00bb, parecen tener relaci\u00f3n con las prescripciones jud\u00edas sobre los alimentos... Y ah\u00ed empalmar\u00eda la acusaci\u00f3n jud\u00eda sobre la falta de altar y sacrificios en el cristianismo. Nuestro autor lo rebate presentando a Jes\u00fas como el verdadero y perfecto sacrificio expiatorio, sobre el patr\u00f3n del AT (Lev 16,27). La insistencia en la sumisi\u00f3n a sus pastores est\u00e1 provocada por la presencia y ense\u00f1anza de otros maestros, los que les inculcan doctrinas \u00abextra\u00f1as\u00bb. La verdad es que quienes tienen aut\u00e9ntico inter\u00e9s por ellos son sus dirigentes, conscientes de que deben dar cuenta de su servicio pastoral.

