{N}1,{/}1: (1-10) El evangelio es el hecho de Jes\u00fas resucitado de entre los muertos, que vive y nos salva. As\u00ed lo confirma el Esp\u00edritu, que obra prodigios y llena de alegr\u00eda sus corazones en medio de las tribulaciones (1,5-9s). Creer en el evangelio es reconocer al Esp\u00edritu en su actividad, convertirse al Dios vivo, saber que Dios nos llama a su reino y caminar con firmeza al encuentro de Jes\u00fas, que coronar\u00e1 la obra de Dios en nosotros (1,3.9s; 2,12; 2Tes 1,11; 2,14; 3,5). La respuesta del hombre al evangelio es la fe; una fe que impulsa a la caridad pr\u00e1ctica, y sostenida por la perseverante esperanza en nuestro Se\u00f1or Jesucristo (1,3). Pablo recoge as\u00ed los tres puntos esenciales de la primitiva predicaci\u00f3n misionera: 1) la manifestaci\u00f3n de Dios en Cristo, al que resucit\u00f3 de entre los muertos y elev\u00f3 junto a s\u00ed (4,1ss); 2) su pr\u00f3xima venida para salvar a los creyentes y ampliar el juicio a todo el universo (4,15-17); 3) la conversi\u00f3n al Dios verdadero como respuesta del hombre. Era un esquema com\u00fan (He 17,22ss; 20,21; Heb 6,1s).

{N}2,{/}1: (1-12) El presente informe es una verdadera apolog\u00eda apost\u00f3lica. Est\u00e1 centrada en deshacer las calumnias levantadas contra los misioneros, y en especial contra Pablo: eran mercaderes itinerantes de palabrer\u00eda vana. Y esto se concretaba en el {C}error:{/} porque un mes\u00edas crucificado y resucitado era un absurdo; en la {C}impureza:{/} frente al elevado concepto que ten\u00edan los jud\u00edos de la sexualidad, los templos paganos eran poco menos que burdeles abominables; y, en esta l\u00ednea, consideraban al cristianismo: en el {C}enga\u00f1o:{/} se refiere al estilo de oratoria barata utilizada para embaucar y enga\u00f1ar a los oyentes, muy al estilo de la \u00e9poca (v. 5). Pablo acent\u00faa su desinter\u00e9s y su pr\u00e1ctica habitual de renunciar a sus derechos para no ser gravoso a nadie y mantener su libertad (1Cor 4,12; 9,12; 2Cor 11,7-9; 12-13; He 18,3; 20,34).

{N}2,{/}13: (13-16) Prueba evidente de la sinceridad y de la acogida verdadera con que recibieron el evangelio es su permanencia en \u00e9l y su valent\u00eda frente a las dificultades y persecuciones de sus compatriotas, tras las cuales estaba el hostigamiento jud\u00edo. As\u00ed colman la copa de su culpabilidad, que los destina al juicio.

{N}2,{/}17: (2,17-3,13) La insistencia en el deseo y decisi\u00f3n de visitarlos obedece, probablemente, a las insinuaciones de los perseguidores o de los azuzadores de que Pablo les hab\u00eda dejado solos ante el peligro. La prohibici\u00f3n de Satan\u00e1s se refiere a una influencia hostil que le imped\u00eda realizar su deseo, ya viniese de las autoridades de Tesal\u00f3nica, ya de la conspiraci\u00f3n jud\u00eda. Por eso, desde Atenas, les env\u00eda a Timoteo, quien, al encontrarse de nuevo con Pablo en Corinto, le trae noticias tranquilizadoras.

{N}4,{/}1: (1-13) La vocaci\u00f3n de la fe equivale a la vocaci\u00f3n a la santidad, o esta se halla implicada en aquella (4,1ss). La conducta moral debe responder a la vocaci\u00f3n de Dios. La insistencia en la adecuada conducta sexual se explica teniendo en cuenta que aquellos cristianos proced\u00edan del paganismo, en el que era considerado como recto y permitido todo lo que pidiese el instinto natural. No era f\u00e1cil pasar de la indulgencia total al autocontrol, a la fidelidad matrimonial o a la castidad. La amonestaci\u00f3n final se dirige a la conducta irresponsable frente al trabajo para poder llevar una vida digna, con la disculpa de la venida inmediata del Se\u00f1or. Tendr\u00e1 que volver sobre ello en la segunda carta.

{N}4,{/}13: (13-18) La segunda venida de Cristo ocupa un lugar destacado en ambas cartas. Para enjuiciar esta cuesti\u00f3n en toda su amplitud es preciso tener en cuenta los puntos siguientes: 1) el lenguaje utilizado es el apocal\u00edptico (Mc 13; Mt 24s), lenguaje que exige no ser tomado al pie de la letra, sino encuadrarlo dentro de su propia simbolog\u00eda; 2) la preocupaci\u00f3n de los tesalonicenses no era la parus\u00eda en s\u00ed misma, sino la {C}suerte de los que ya hab\u00edan muerto.{/} La respuesta es que ellos no estar\u00e1n en desventaja, ni los que viven tendr\u00e1n privilegio alguno sobre ellos. La afirmaci\u00f3n terminante es que Dios tomar\u00e1 consigo a los que se durmieron en Jes\u00fas (4,14); 3) en cuanto a la fecha de la parus\u00eda, Pablo afirma claramente su ignorancia (5,1-11). Acent\u00faa la imprevisibilidad de la misma: vendr\u00e1 como ladr\u00f3n. Sin embargo, esto choca con la afirmaci\u00f3n de 4,15.17: los lectores de su carta y el mismo Pablo asistir\u00edan a ella. \u00bfQu\u00e9 debe decirse sobre el particular? Muy probablemente la soluci\u00f3n haya que buscarla en el terreno literario. Lo que dice el Ap\u00f3stol es que \u00abcuando venga el Se\u00f1or, nosotros, los que quedamos, no nos anticiparemos a los que se durmieron\u00bb es decir, no tendremos privilegio alguno o precedencia sobre ellos. La lectura correcta del texto ser\u00eda, por tanto, la siguiente: cuando venga el Se\u00f1or..., {C}nosotros, los que quedamos, en la venida del Se\u00f1or no nos anticiparemos...{/} y no, como habitualmente se traduce: nosotros, los que quedamos para la venida del Se\u00f1or...

{N}5,{/}1: (1-11) La afirmaci\u00f3n de la proximidad de la parus\u00eda lleva f\u00e1cilmente a pensar en su inmediatez y, en consecuencia, a la posibilidad de calcular exactamente el momento preciso de la misma. Pablo resuelve la cuesti\u00f3n a nivel de principios: dicho momento es incalculable; lo importante es vivir como hijos de la luz, de tal manera que es indiferente el momento en el que uno es llamado a dar cuenta de sus actos; los cristianos nada tienen que temer, porque viven en la luz del evangelio, no en la oscuridad de la infidelidad; Dios no quiere que nadie perezca, y Cristo muri\u00f3 para que vivamos la recta relaci\u00f3n con Dios; en el camino de la salvaci\u00f3n por tanto; es necesario, no obstante, mantenerse vigilantes y sobrios para resistir a la carne y al demonio.

{N}5,{/}12: (12-28) Es interesante comprobar en el primer escrito del NT la menci\u00f3n de la autoridad leg\u00edtimamente constituida en el \u00e1mbito de las comunidades cristianas: existen funciones directivas y otros servicios, ll\u00e1mense como se llamen, aunque no existe la distinci\u00f3n entre sacerdotes y laicos. Y no menos interesante es la recomendaci\u00f3n del Ap\u00f3stol, que pide para ellos una especial estima (5,12).

