{N}1,{/}3: (3-11) El \u00abd\u00eda de Cristo\u00bb es el d\u00eda de la manifestaci\u00f3n gloriosa de Cristo al final de los tiempos, en que vendr\u00e1 como juez universal.

{N}1,{/}12: (12-26) Pablo se encuentra en prisi\u00f3n. Ante la vida o la muerte, el Ap\u00f3stol muestra una serenidad impresionante, porque para \u00e9l \u00abla vida es Cristo y la muerte ganancia\u00bb (v. 21). El sentido de la primera frase es: la vida y actividad de Pablo (que, seg\u00fan G\u00e1l 2,20, tiene como principio y motor a Cristo) tiene como fin y t\u00e9rmino (gramaticalmente, el \u00abvivir\u00bb es el sujeto de la oraci\u00f3n y \u00abCristo\u00bb el predicado), al que tiende constantemente, a Cristo; en el contexto, la edificaci\u00f3n del cuerpo de Cristo, reproducir en las almas la imagen de Cristo. El texto del v. 23 tiene importancia excepcional: el Ap\u00f3stol parece afirmar como algo evidente que a la muerte sigue inmediatamente la uni\u00f3n gloriosa con Cristo, sin esperar a la resurrecci\u00f3n universal. Cf 2Cor 5,8ss.

{N}2,{/}5: (5-11) Presenta la m\u00e1s elevada doctrina sobre Jesucristo. Probablemente constitu\u00eda un himno lit\u00fargico, que Pablo incorpora a su carta con peque\u00f1as adiciones. Se afirman la divinidad y preexistencia de Cristo, consustancialidad con el Padre, la encarnaci\u00f3n del Verbo, una persona en dos naturalezas, la realidad del cuerpo asumido, el m\u00e9rito de su obediencia y muerte, el derecho de Cristo a la adoraci\u00f3n universal y el ejemplo eximio de humildad, abnegaci\u00f3n, obediencia y caridad de Cristo. A estas ense\u00f1anzas dogm\u00e1ticas y morales se a\u00f1ade otra de \u00edndole pedag\u00f3gico-apost\u00f3lica: hay que fundamentar la vida cristiana de cada d\u00eda en los s\u00f3lidos principios del dogma y de la moral, concretamente en el ejemplo de Cristo. Es lo que hace Pablo para recomendar a los filipenses las virtudes de la vida ordinaria. El \u00abnombre\u00bb (v. 10) designa aqu\u00ed la dignidad y soberan\u00eda universal de Cristo. Pablo ha contrapuesto intencionadamente el \u00absiervo\u00bb y \u00abSe\u00f1or\u00bb. Por la humillaci\u00f3n y la cruz se va a la gloria.

{N}2,{/}14: (14-17) La vida cristiana ha de ser una predicaci\u00f3n y una ofrenda sacrificial. Con su pureza de costumbres, hoy con un sentido responsable de justicia y caridad, tiene que ser luz en medio de quienes llevan una vida pagana (cf Mt 5,16). Pablo, por su parte, est\u00e1 dispuesto a ofrecer toda su vida como libaci\u00f3n sobre la verdadera ofrenda sacrificial que constituyen la fe y la vida cristiana de sus aut\u00e9nticos amados hijos. Los jud\u00edos derramaban libaci\u00f3n de vino, agua o aceite sobre las v\u00edctimas ofrecidas en sacrificio.

{N}3,{/}1: (1-6) San Pablo pone en guardia a los filipenses frente a los judaizantes, que defend\u00edan la necesidad de la circuncisi\u00f3n para justificarse. Con el t\u00e9rmino \u00abperros\u00bb designaban los jud\u00edos a los gentiles, por ser este uno de los animales denominados impuros. La verdadera circuncisi\u00f3n, les dice Pablo, es la del coraz\u00f3n, que consiste en la renuncia a los vicios y concupiscencias, y en la pr\u00e1ctica de la vida cristiana. Frente a los falsos doctores judaizantes, que se gloriaban de sus prerrogativas judaicas, Pablo hace ver a los filipenses que \u00e9l tiene motivos de gloria que superan a los de los judaizantes (vv. 4-6: de los seis t\u00edtulos que enumera, los tres \u00faltimos son debidos a su esfuerzo personal).

{N}3,{/}7: (7-11) Frente a su concepci\u00f3n de la vida antes de su conversi\u00f3n presenta ahora la que tuvo despu\u00e9s de la misma. Una vez que ha conocido a Cristo, con el consiguiente amor que lleva consigo, las prerrogativas del juda\u00edsmo y las cosas todas de la tierra le parecen absolutamente nada y hasta dignas de desprecio en comparaci\u00f3n con la gran dicha de conocer y amar a Cristo.

{N}4,{/}1: (1-9) La recomendaci\u00f3n de la alegr\u00eda es caracter\u00edstica de esta carta. Algo realmente aleccionador, dado que el Ap\u00f3stol escribe desde la prisi\u00f3n. La alegr\u00eda cristiana proviene de fuentes m\u00e1s profundas que las categor\u00edas humanas. M\u00e1s incluso que una consecuencia de la vida cristiana, es elemento integrante suyo. Cf 1,4; 2,2.17ss; 3,1; 4,1.4.10. A la recomendaci\u00f3n que ha hecho de las virtudes espec\u00edficamente cristianas, se a\u00f1ade ahora (v. 8) la de un conjunto de virtudes humanas, en las que tambi\u00e9n ha de distinguirse el cristiano. El cristiano tiene que ser, tiene que aspirar a ser un hombre perfecto, dotado primero de ese conjunto de virtudes humanas que designamos \u00abhonradez\u00bb, estimadas por los mismos paganos, que hac\u00edan cat\u00e1logos de ellas y que difund\u00eda la filosof\u00eda popular de tipo c\u00ednico y estoico, y, adem\u00e1s y sobre todo, de las virtudes cristianas, cuyo centro es el amor a Dios y al pr\u00f3jimo. Hoy habr\u00eda que hacer hincapi\u00e9 en el af\u00e1n de justicia y en la expansi\u00f3n de la caridad, sobre todo en aquellos lugares donde reinan unas desigualdades sociales que conculcan los derechos humanos y desprecian la caridad cristiana.

{N}4,{/}10: (10-20) San Pablo considera la vida cristiana como un estadio en el que el competidor tiene que tender constantemente a la meta. El cristiano no debe sentirse contento mientras quede algo por hacer. San Pablo, para no verse coartado en su ministerio por miramientos humanos, tuvo como norma desde el principio de su apostolado no aceptar presentes de sus ne\u00f3fitos. Hizo una excepci\u00f3n con los filipenses (v. 15), porque conoc\u00eda muy bien la sinceridad y la grandeza de su amor y no tem\u00eda quedar obligado por ellos.

