{N}1,{/}3: (3-14) Doxolog\u00eda, proveniente seguramente de la liturgia, en la que el Ap\u00f3stol se desborda en sentimientos de reconocimiento y alabanza a Dios por los beneficios que tan liberalmente nos ha concedido. Celebra la acci\u00f3n del Padre, que desde la eternidad y en un acto de predilecci\u00f3n nos ha elegido; la del Hijo, que con su sangre derramada en la cruz nos ha redimido y comunicado el conocimiento de los misterios divinos; y la del Esp\u00edritu Santo, que es el sello y garant\u00eda de nuestra futura redenci\u00f3n total. La \u00abrecapitulaci\u00f3n\u00bb de todas las cosas en Cristo no es s\u00f3lo que en Cristo han sido restauradas todas las cosas, ni que Cristo ha sido colocado como cabeza de todas ellas, sino que Cristo ha sido constituido el centro de todas las cosas. Y esto en el mundo c\u00f3smico y en el soteriol\u00f3gico.
Al final del v. 1 algunos a\u00f1aden: \u00abque est\u00e1n en \u00c9feso\u00bb. Pero los mejores manuscritos lo omiten, y se considera una adici\u00f3n.

{N}1,{/}15: (15-23) Doctrina, la m\u00e1s profunda, sobre Cristo y la Iglesia. Dios ha resucitado a Cristo y lo ha exaltado a su derecha por encima de todo principado y potestad (cf Col 1,13ss). La Iglesia es el cuerpo de Cristo. \u00c9l tiene sobre ella no s\u00f3lo un primado de honor y perfecci\u00f3n (como la cabeza respecto del cuerpo), sino de acci\u00f3n en cuanto fuente de la vida de los miembros de la Iglesia. A la idea de las cartas mayores: la uni\u00f3n de los cristianos entre s\u00ed, se a\u00f1ade ahora la de la uni\u00f3n de los cristianos con Cristo. La Iglesia es tambi\u00e9n el pleroma de Cristo; en un doble sentido, en cuanto que ella llena a Cristo (como la cabeza al cuerpo) y es llenada por Cristo, el cual deposita en ella su energ\u00eda salvadora que se extiende por medio y a trav\u00e9s de ella no s\u00f3lo al hombre, sino al cosmos mismo, del que el hombre es centro y raz\u00f3n de ser (cf 1,10).

{N}2,{/}1; (1-10) El aire (v. 2) o atm\u00f3sfera era para los antiguos el lugar donde habitaban los esp\u00edritus demon\u00edacos. Dec\u00edan algunos padres que una multitud de demonios llenan el aire, hasta que despu\u00e9s del juicio final sean confinados en el lugar del infierno con Satan\u00e1s.

{N}2,{/}11: (11-22) Cristo, anunciado en el AT como \u00abpr\u00edncipe de la Paz\u00bb (Is 9,6), nos ha tra\u00eddo la paz con Dios y la paz con el pr\u00f3jimo. \u00c9l ha hecho de los jud\u00edos y los gentiles, separados por una profunda enemistad, un solo pueblo. Para llevar a cabo esa uni\u00f3n en un solo cuerpo m\u00edstico, tuvo que derribar \u00abel muro de separaci\u00f3n\u00bb que exist\u00eda entre ambos: las minuciosas prescripciones rituales de la ley de Mois\u00e9s, cuyo cumplimiento era pr\u00e1cticamente imposible a los mismos jud\u00edos (Jn 7,19; He 7,53; 15,10; Rom 2,17ss). De \u00e9l era s\u00edmbolo el muro o c\u00e1rcel que separaba el atrio de los gentiles del atrio de los jud\u00edos, y que aquellos no pod\u00edan traspasar bajo pena de muerte.

{N}3,{/}1: (1-13) El misterio (v. 13) consiste en la admisi\u00f3n de los gentiles en el reino de Dios en igualdad de condiciones con los jud\u00edos: la fe en Cristo. Ese plan de Dios, al que iba orientada toda la creaci\u00f3n se manifiesta tambi\u00e9n a trav\u00e9s de la Iglesia, a los principados y potestades, a quienes el Ap\u00f3stol entrev\u00e9 detr\u00e1s de la ley como promulgadores y custodios de la misma, ignorantes del plan salv\u00edfico de Dios, que ahora comprenden al contemplar la Iglesia (cf 1Pe 1,12).

{N}3,{/}14: (14-19) Nosotros no podemos comprender el misterio de Cristo en s\u00ed mismo, ya que supera infinitamente todo conocimiento humano, pero s\u00ed experimentamos las dimensiones reales del mismo que nos afectan. El cristiano incorporado a Cristo, en la medida que va penetrando en el conocimiento y consiguiente vivencia pr\u00e1ctica de ese amor, se va llenando de Cristo y contribuye a la edificaci\u00f3n de la Iglesia y del nuevo universo, que son la aut\u00e9ntica plenitud de Cristo.

{N}4,{/}1: (1-16) Todo un conjunto de motivos, a cual m\u00e1s b\u00e1sicos y radicales, constituyen una viva y perenne exhortaci\u00f3n a una vida de uni\u00f3n y caridad entre los cristianos: formamos {C}un solo cuerpo,{/} el cuerpo m\u00edstico de Cristo; una sociedad visible vivificada por {C}un solo Esp\u00edritu,{/} el Esp\u00edritu Santo, y {C}una sola esperanza,{/} la posesi\u00f3n de Dios en la vida eterna; y este cuerpo tiene su existencia en {C}un solo Se\u00f1or,{/} que es su jefe y cabeza, y al que todos los miembros est\u00e1n sometidos por la profesi\u00f3n de {C}una misma fe,{/} la recepci\u00f3n de {C}un solo bautismo,{/} que nos constituye a todos hijos del solo y {C}\u00fanico Dios.{/} La vivencia del amor y de la unidad les har\u00e1 superar toda discordia entre los cristianos (vv. 1-3), la necesaria diversidad de los ministerios (vv. 7-11) y las err\u00f3neas doctrinas de los herejes (vv. 14-15).

{N}4,{/}17: (17-31) El hombre viejo es el que vive en pecado, se deja arrastrar por las pasiones y camina hacia la corrupci\u00f3n y la muerte; a imagen del primer hombre, pecador. El hombre nuevo es el hombre interior (3,16), creado a imagen de Dios (4,24), regenerado por Cristo, que, bajo la acci\u00f3n del Esp\u00edritu, adquiere una nueva manera de pensar y actuar (4,23), a imitaci\u00f3n de Cristo, que se manifiesta fundamentalmente en las obras de caridad (v. 32). El paso del hombre viejo al hombre nuevo puede obedecer a una decisi\u00f3n radical, tomada en un momento dado pero la transformaci\u00f3n en Cristo es labor de cada d\u00eda: cada d\u00eda hay que renunciar a las malas inclinaciones y hay que dejarse conducir por la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo en aspiraci\u00f3n constante hacia la plenitud de vida en Cristo.

{N}5,{/}22: (22-23) Pablo descubre un profundo sentido en G\u00e9n 2,24: el matrimonio, la uni\u00f3n del esposo y la esposa, constituyen una prefiguraci\u00f3n de la uni\u00f3n de Cristo con la Iglesia. Con miras a ella concibi\u00f3 Dios el matrimonio en los or\u00edgenes de la humanidad. Ah\u00ed radica el \u00abgran misterio\u00bb que hab\u00eda estado escondido y ahora ha sido revelado en el evangelio. Y de esa constataci\u00f3n deduce el Ap\u00f3stol los deberes radicales de los esposos: amor entra\u00f1able, como el de Cristo a la Iglesia, por la que dio la vida. Y, como consecuencia de todo lo anterior, la fidelidad hasta que la muerte los separe. Consiguientemente, se supone la unidad y la indisolubilidad.

{N}6,{/}10: (10-20) Concluye san Pablo exhortando a la lucha espiritual, para la cual el cristiano tiene que estar b\u00e1sicamente armado, y por la que debe combatir infatigablemente como un valiente soldado en la defensa y progreso de toda su vida espiritual.

