{N}1,{/}1: (1-6,21) El n\u00facleo del mensaje de esta primera parte del libro es: {C}la justicia es inmortal{/} (cf 1,15). La justicia, tal como la entiende el libro de la Sabidur\u00eda, no es meramente la justicia social, sino la relaci\u00f3n de fidelidad del hombre para con Dios, que incluye el cumplimiento de la ley jud\u00eda y los deberes para con los otros hombres. El libro identifica la justicia con la sabidur\u00eda (cf 1,1 y 6,21). El hombre que en su actuaci\u00f3n se deja guiar por la justicia traspasa las fronteras de la caducidad y de la muerte, y por eso es el verdaderamente sabio.
{N}1,{/}1-15: La primera parte del libro se inicia con esta secci\u00f3n introductoria, que es una exhortaci\u00f3n dirigida a los gobernantes, cosa frecuente en la diatriba helen\u00edstica. Aqu\u00ed se ponen en relaci\u00f3n los conceptos de sabidur\u00eda, justicia y juicio de Dios. El hombre sabio es aquel que es capaz de decir la verdad acerca de Dios. Existen tambi\u00e9n labios blasfemos (cf 1,6), cuyas murmuraciones vanas (cf 1,11) son escuchadas por el o\u00eddo celoso (=Dios) (cf 1,10). En consecuencia, estas murmuraciones vanas ser\u00e1n juzgadas por Dios (cf 1,8-9; 11, etc). \u00bfCu\u00e1les son estas murmuraciones vanas? Todo lo que el hombre atribuye a Dios falsamente y, en concreto, como podemos deducir del conjunto del libro, afirmar que Dios no se cuida del hombre justo y lo entrega al sufrimiento y a la muerte sin salvarlo.

{N}1,{/}16: (1,16-2,24) Se retrata la actuaci\u00f3n del malvado mientras vive en este mundo. Su actuaci\u00f3n se caracteriza por lo siguiente: el malvado piensa que la vida se acaba con la muerte (cf 2,1-5). En consecuencia, hay que aprovechar todos los goces que la vida puede ofrecer (cf 2,6-9). Recu\u00e9rdese 1Cor 15,19-32. Adem\u00e1s, nada ni nadie debe oponerse a ese disfrute (cf 2,10-11). Si el justo se opone con sus reproches a la actuaci\u00f3n del malvado (cf 2,14), este no dudar\u00e1 en hacerlo callar, incluso conden\u00e1ndolo a muerte (cf 2,20). Los vv. 2,12-20 resultan prof\u00e9ticos, le\u00eddos a la luz de los relatos evang\u00e9licos de la pasi\u00f3n de Jesucristo. Pues bien, esta forma de ver la vida, propia del malvado, est\u00e1 equivocada, porque hay un juicio de Dios que coloca al hombre justo en la inmortalidad y entrega al malvado a la muerte (cf 2,21-24). Confr\u00f3ntese con la postura del malvado en 4,20-5,23.

{N}2,{/}24: La muerte no ha entrado en el mundo por voluntad de Dios, sino a causa del diablo (cf G\u00e9n 3). El autor interpreta aqu\u00ed el texto del G\u00e9n (cf Jn 8,44; 1Jn 3,8; Ap 12,9). La muerte que el diablo introduce en el mundo es de tipo espiritual.

{N}3,{/}1: (1-12) Una de las realidades que llevaron al israelita en la \u00faltima etapa del Antiguo Testamento a preguntarse por la fidelidad de Dios, fue el martirio de los hombres justos. No muchos a\u00f1os antes de que se compusiera el libro de la Sabidur\u00eda, el sel\u00e9ucida Ant\u00edoco IV Ep\u00edfanes llev\u00f3 al martirio a muchos jud\u00edos por mantenerse firmes en la ley de sus padres. Nos lo relatan los libros 1 y 2 de Macabeos. La pregunta que aquella persecuci\u00f3n hizo surgir en la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica jud\u00eda es la siguiente: \u00bfC\u00f3mo es posible que nuestro Dios, fiel, generaci\u00f3n tras generaci\u00f3n, entregue al sufrimiento y a la muerte a quienes le son fieles, y precisamente por serlo? A esta pregunta responde el presente pasaje: s\u00f3lo los necios creen que los m\u00e1rtires han muerto (cf 3,2); en realidad viven en paz junto a Dios (cf 3,3-4). Su sufrimiento, fruto de su fidelidad, ha sido el camino por el que han llegado a Dios.

{N}3,{/}13: (3,13-4,6) La carencia de hijos era considerada por el antiguo semita como una gran desgracia y signo, por tanto, de la maldici\u00f3n divina. Al eunuco se le exclu\u00eda de la comunidad de Israel (cf Dt 23,1) y del servicio del templo (cf Lev 19,12). Pues bien, para nuestro autor la bendici\u00f3n o maldici\u00f3n de Dios no es algo que se note en tener o no tener hijos, sino en vivir fielmente las exigencias del Se\u00f1or (cf 4,1), en lo que el hombre hace de su vida.

{N}4,{/}7: (7-19) Un caso an\u00e1logo al de la per\u00edcopa anterior. Vivir largos a\u00f1os era para el hombre del Antiguo Testamento un claro signo de la bendici\u00f3n divina (cf Dt 5,16; Job 42,16; Prov 3,2, etc.). Para el autor del libro de la Sabidur\u00eda, ni la muerte temprana ni la muerte en la ancianidad significan nada. Lo importante es haber llenado los a\u00f1os de la vida, muchos o pocos, de buenas acciones. La justicia es la verdadera ancianidad (cf 4,9); y, por tanto, no debe entenderse como una desgracia el martirio de un jud\u00edo en plena juventud (cf 2Mac 7), puesto que, precisamente por ser su alma agradable a Dios se apresur\u00f3 a sacarlo de un medio corrompido (cf 4,14).

{N}4,{/}20: (4,20-5,23) Un nuevo discurso del malvado en el que este entona ahora la palinodia. El juicio de Dios trastoca los valores que el malvado ha vivido en su vida (comp\u00e1rese con 1,16-2,24), y al mismo tiempo reivindica el valor de la vida del justo, que vive para siempre y cuya recompensa est\u00e1 en el Se\u00f1or (cf 5,15). Los vv. 16-23 describen, mediante im\u00e1genes po\u00e9ticas, la actuaci\u00f3n de Dios en el juicio. En otros textos se encuentran im\u00e1genes parecidas: Ez 38-39; Is 24; Ap 20, etc.

{N}6,{/}1: (1-21) Esta secci\u00f3n cierra la primera parte del libro. Va dirigida especialmente a los gobernantes, a quienes incumbe una especial responsabilidad de buscar la sabidur\u00eda y hacer posible la justicia entre los hombres y de estos para con Dios. S\u00f3lo sobre la justicia y la sabidur\u00eda puede establecerse un gobierno seg\u00fan Dios.

{N}6,{/}22: (6,22-8,21) Es la segunda parte del libro, que se prolonga en la oraci\u00f3n de Salom\u00f3n (c. 9). Se trata de exponer la naturaleza, origen y frutos de la sabidur\u00eda. Es un poema compuesto en primera persona del singular, que utiliza una vez m\u00e1s en los textos sapienciales el artificio literario de hacer hablar a Salom\u00f3n, el rey sabio. El conjunto del discurso, que es una composici\u00f3n en anillo, presenta la siguiente estructura: 6,22-25: Introducci\u00f3n; 7,1-6: Salom\u00f3n es un hombre como los dem\u00e1s; 7,7-12: Salom\u00f3n pidi\u00f3 a Dios la sabidur\u00eda; 7,13-21: Salom\u00f3n pide ayuda a Dios para exponer la naturaleza de la sabidur\u00eda; 7,22-8,1: Salom\u00f3n expone la naturaleza de la sabidur\u00eda. Es el punto central y m\u00e1s importante del discurso; 8,2-8: Salom\u00f3n busc\u00f3 desde joven la sabidur\u00eda, fuente de sus conocimientos; 8,9-16: Salom\u00f3n busc\u00f3 la sabidur\u00eda como consejera; y, por fin, 8,17-21: Salom\u00f3n comprueba que la sabidur\u00eda es don de Dios.
{N}6,{/}22-25: La introducci\u00f3n al discurso de Salom\u00f3n intenta captar la atenci\u00f3n del oyente (o lector).

{N}7,{/}1: (1-6) Salom\u00f3n comienza su discurso present\u00e1ndose como un hombre id\u00e9ntico a los otros. Si \u00e9l ha llegado a ser el rey sabio (cf 1Re 5,9-14 y 10,1-9), no se debe a ninguna cualidad propia suya, sino que es un mero don de Dios.

{N}7,{/}12: Salom\u00f3n pidi\u00f3 a Dios sabidur\u00eda, que prefiri\u00f3 a la riqueza (cf 1Re 3,11-14).

{N}7,{/}13: (13-21) Convencido Salom\u00f3n de que ese don de Dios que es la sabidur\u00eda le ha sido comunicado para bien de todos los hombres (cf 7,14), pide a Dios gracias para transmitirla (7,15). Esa sabidur\u00eda comprende el conocimiento de todas las realidades de la creaci\u00f3n (cf 7,17-21); es el v\u00e9rtice del libro y el fundamento de todo el discurso del autor.

{N}7,{/}22: (7,22-8,1) Salom\u00f3n expone la naturaleza de la sabidur\u00eda. Este pasaje es el punto culminante a donde llega la especulaci\u00f3n sobre la sabidur\u00eda en el AT, que se inicia en Prov 8 y contin\u00faa en Si 24. Para nuestro autor, la sabidur\u00eda es un \u00abesp\u00edritu\u00bb (cf 7,22), es decir, es comunicaci\u00f3n de Dios, \u00abresplandor de la luz eterna, espejo inmaculado de la actividad divina e imagen de la bondad de Dios\u00bb (cf 7,26). La sabidur\u00eda es concebida, pues, como algo divino o cuasidivino, regalado al hombre por Dios. Esta especulaci\u00f3n prepara la concepci\u00f3n del NT, donde Jesucristo ser\u00e1 considerado la sabidur\u00eda de Dios (cf Lc 11,49; Jn 1,1ss; Col 1,5; Heb 1,2; etc.).

{N}8,{/}2: (2-8) Tras confesar que ha buscado la sabidur\u00eda desde joven y la ha amado como a esposa, pasa Salom\u00f3n a exponer los dones que la sabidur\u00eda lleva aparejados. Todo ello siguiendo la tradici\u00f3n teol\u00f3gica y literaria que se inicia en Prov 8.

{N}8,{/}9: (9-16) La sabidur\u00eda sirvi\u00f3 a Salom\u00f3n como consejera en su vida personal y en su actuaci\u00f3n como gobernante (cf 8,14). Gracias a ella obtendr\u00e1 la inmortalidad; porque la justicia, que se identifica con la sabidur\u00eda, es inmortal (cf 1,15). Est\u00e1 presente tambi\u00e9n la concepci\u00f3n griega y helen\u00edstica de la inmortalidad, que se obtiene viviendo en el recuerdo de los hombres gracias a las grandes acciones (cf 8,13).

{N}8,{/}17: (17-21) Salom\u00f3n, deseoso de alcanzar la sabidur\u00eda que le dar\u00eda la inmortalidad, va a buscarla al \u00fanico sitio donde pod\u00eda encontrarla: la oraci\u00f3n. En los vv. 19-20 encontramos la huella de la concepci\u00f3n plat\u00f3nica, seg\u00fan la cual las almas preexisten a los cuerpos y se incorporan a ellos en el nacimiento. Esta idea no debe entenderse como parte del mensaje que el autor del libro quiere expresar, sino como un simple t\u00f3pico literario. Por otra parte, respecto al concepto de inmortalidad tantas veces repetido en el libro, hay que notar que el autor parece entenderlo como inmortalidad del alma. En el libro de la Sabidur\u00eda no aparece la idea de la resurrecci\u00f3n de los cuerpos, que es propia del juda\u00edsmo palestinense. Este texto no ense\u00f1a la preexistencia del alma.

{N}9,{/}1: (1-18) Esta plegaria, con la que se cierra el discurso de Salom\u00f3n, se inspira en la oraci\u00f3n de este rey en Gaba\u00f3n, que nos transmite el libro de los Reyes (1Re 3,4-15). Es, ante todo, un pretexto del autor del libro para reiterar su concepci\u00f3n de la sabidur\u00eda y su comunicaci\u00f3n por parte de Dios al hombre, tal como se ha venido exponiendo en las p\u00e1ginas precedentes.

{N}10,{/}1: (1-21) A la tercera y \u00faltima parte del libro, que propiamente se inicia en el c. 11, precede como secci\u00f3n de transici\u00f3n este c. 10, que trata de exponer la presencia de la sabidur\u00eda en la historia del pueblo de Israel y su comunicaci\u00f3n por parte de Dios al hombre desde Ad\u00e1n hasta Mois\u00e9s. As\u00ed va tratando sucesivamente de Ad\u00e1n (vv. 1-2; cf G\u00e9n 1,26-28), de Ca\u00edn (v. 3; cf G\u00e9n 4,8-13), No\u00e9 (v. 4; cf G\u00e9n 7-8), Abrah\u00e1n (v. 5; cf G\u00e9n 12 y 22), Lot (vv. 6-9; cf G\u00e9n 19), Jacob (vv 10-12; cf G\u00e9n 27-33), Jos\u00e9 (v. 13; cf G\u00e9n 37-39) y, finalmente, la experiencia del \u00e9xodo bajo la gu\u00eda de Mois\u00e9s (vv. 10,15-11,1).

{N}10,{/}11: (11-19) Estos cap\u00edtulos, que forman una unidad, son un midr\u00e1s o comentario exeg\u00e9tico sobre los acontecimientos del \u00e9xodo. El autor descubre a sus lectores la fidelidad de Dios para con su pueblo y la sabidur\u00eda de su actuaci\u00f3n en todos aquellos sucesos. El midr\u00e1s se estructura en cinco d\u00edpticos antit\u00e9ticos, el segundo de los cuales incluye dos digresiones.

{N}11,{/}2: (2-14) La tesis de este pasaje est\u00e1 expresada en el v. 5. La misma realidad de la creaci\u00f3n que sirvi\u00f3 de castigo para los egipcios mostr\u00f3 a los jud\u00edos la misericordia de Dios para con ellos. Es la sed que sufrieron los egipcios al no poder beber el agua del Nilo, contaminada de sangre y barro (cf \u00c9x 7,14-24), mientras que la misma sed, en el caso de los jud\u00edos, hizo que Dios les diera agua de la roca (\u00c9x 17,1-7 y N\u00fam 20,2-13). El autor intenta mostrar la ambig\u00fcedad de la creaci\u00f3n, que se define de una u otra manera seg\u00fan sea el hombre justo o pecador.

{N}11,{/}15: (11,15-16,15) Estos cuatro cap\u00edtulos tienen una estructura compleja. Tratan del comportamiento de los animales en el \u00e9xodo, tema que ocupa los vv. 11,15-16 + 15,18-16,15. El tema se ve interrumpido por dos digresiones: sobre el poder y la misericordia de Dios se trata en 11,17-12,22, y sobre el falso culto, en 13,1-15,17.

{N}11,{/}17: (11,17-12,22) El autor reflexiona sobre la misericordia de Dios, que es fruto de su poder (cf 11,23). Los castigos de Dios no dicen nada contra su misericordia. Son, m\u00e1s bien, fruto de su amor a los hombres; llamadas de arrepentimiento para poder otorgarles el perd\u00f3n (cf 11,26-12,2). Dios perdona al hombre arrepentido.

{N}13,{/}1: (13,1-15,17) Dura cr\u00edtica sobre el falso culto, tanto sobre la adoraci\u00f3n de los seres de la naturaleza (cf 13,1-9) como sobre la idolatr\u00eda de seres inanimados (cf 13,10ss). Culmina una larga tradici\u00f3n veterotestamentaria, que se remonta a los profetas del reino del Norte (El\u00edas, Oseas, etc); contin\u00faa especialmente en toda la teolog\u00eda deuteronom\u00edstica y tiene, quiz\u00e1, su m\u00e1s importante exponente en la carta de Jerem\u00edas (=Bar 6), que se inspira en Jer 29.

{N}15,{/}18: (15,18-16,15) Este pasaje, que contin\u00faa a 11,15 + 12,23-27, trata del comportamiento de los animales en el \u00e9xodo. Se recuerdan las plagas de las ranas (cf \u00c9x 7,25-8,11), los mosquitos (cf \u00c9x 8,12-15) y los t\u00e1banos (cf \u00c9x 8,16-28), que asolaron a los egipcios, mientras que otros animales, las codornices (cf \u00c9x 16,9-13 y N\u00fam 11,10-32), sirvieron de alimento milagroso a los jud\u00edos. De nuevo encontramos el tema de la ambig\u00fcedad de la creaci\u00f3n, dependiendo del uso que se haya hecho de ella. La raz\u00f3n \u00faltima por la que los animales se convierten en castigo para los egipcios es que estos, al adorar animales, han violentado la creaci\u00f3n. Las serpientes venenosas que atacaron a los jud\u00edos en el desierto (cf N\u00fam 21,4-9) no invalidan la tesis de nuestro autor, ya que los jud\u00edos dispon\u00edan de un \u00absigno de salvaci\u00f3n\u00bb (cf 16,6), es decir, de la serpiente de bronce (cf N\u00fam 21,9): con s\u00f3lo mirar a la serpiente obten\u00edan de Dios el perd\u00f3n y la salvaci\u00f3n (comp\u00e1rese con Jn 3,14-17). Nuestro autor ve, pues, en los castigos que sufren los jud\u00edos una llamada de la misericordia de Dios a la conversi\u00f3n.

{N}16,{/}16: (16-29) Los fen\u00f3menos celestes, meteorol\u00f3gicos y astron\u00f3micos fueron siempre objeto de la investigaci\u00f3n sapiencial (cf Job 38,22-38). Aqu\u00ed se hace referencia a la lluvia de granizo que sufrieron los egipcios (cf \u00c9x 9,13-35), frente a la lluvia de man\u00e1 que todos los d\u00edas recib\u00edan los jud\u00edos como alimento (cf \u00c9x 16). La tesis en el v. 24: la creaci\u00f3n, al servicio del creador, adopta diversas formas para castigar a los imp\u00edos y hacer bien a los justos.

{N}17,{/}1: (17,1-18,4) Frente a las tinieblas con que Dios castig\u00f3 a los egipcios, que les extraviaban en su propia tierra, los jud\u00edos ten\u00edan luz en sus casas (cf \u00c9x 10,21-27) y fueron favorecidos con una columna de fuego que les guiaba en su peregrinar por el desierto hostil (cf \u00c9x 13,21-22).

{N}18,{/}5: (18,5-19,5) El \u00faltimo d\u00edptico reflexiona sobre el paso del \u00e1ngel del Se\u00f1or, que produjo la muerte de los primog\u00e9nitos egipcios en la \u00faltima plaga (\u00c9x 12,29-34) y posteriormente el exterminio del ej\u00e9rcito del Fara\u00f3n en el mar Rojo (\u00c9x 14,15-31). Ese mismo paso que caus\u00f3 la muerte a los egipcios fue la causa definitiva de la salvaci\u00f3n de los jud\u00edos.

{N}19,{/}1: Conclusi\u00f3n y resumen de todo el midr\u00e1s. La tesis puede encontrarse en los vv. 6 y 13: la creaci\u00f3n, obediente al Creador, act\u00faa siempre a favor de los justos, mientras castiga a los pecadores. Dios premia siempre a los que se acogen a \u00e9l.

