{N}1,{/}1: (1-7) La misi\u00f3n que Dios encomienda a Jon\u00e1s es desconcertante para los jud\u00edos de su tiempo, que se cre\u00edan los \u00fanicos con derecho a gozar de la benevolencia y misericordia de Dios. {C}N\u00ednive{/} era la capital de Asiria, situada en la orilla izquierda del Tigris. {C}Tarsis,{/} sin duda la Tartesos, colonia fenicia en el sur de Espa\u00f1a, considerada entonces como el fin del mundo. {C}Jope,{/} la moderna Jafa. Toda naci\u00f3n ten\u00eda sus dioses, pero se cre\u00eda en el poder de los de otros pueblos. El procedimiento del v. 7 era corriente (cf Jos 7,14, 1Sam 10,20s; N\u00fam 26,55).

{N}1,{/}8: (8-16) Jon\u00e1s est\u00e1 dispuesto a sacrificar su vida por la salvaci\u00f3n de los marineros. No quiere decir que estos se convirtieran, sino que reconocen el poder del Dios de Jon\u00e1s y tratan de ganarse su benevolencia.

{N}2,{/}1: (1-11) No se precisa en qu\u00e9 clase de pez piensa el autor; tanto el tibur\u00f3n como el cachalote pueden tragar un cuerpo incluso superior al del hombre. {C}Tres d\u00edas y tres noches,{/} en el uso hebreo incluye el d\u00eda segundo y parte de los otros dos (cf Est 4,16; 5,1; Mt 12,40). Cristo hace del episodio de Jon\u00e1s la figura de su permanencia en el sepulcro antes de la resurrecci\u00f3n (Mt 12,39s), tal vez por las expresiones del siguiente canto de Jon\u00e1s, que evocan po\u00e9ticamente una bajada al abismo subterr\u00e1neo. El canto que sigue (vv. 3-11), que muchos consideran como interpolaci\u00f3n posterior, es una acci\u00f3n de gracias que tiene la estructura habitual de los salmos de acci\u00f3n de gracias.

{N}3,{/}1: (1-10) Los \u00abtres d\u00edas de camino\u00bb es una hip\u00e9rbole para expresar la magnitud de la ciudad. Los \u00abcuarenta d\u00edas\u00bb recuerdan los d\u00edas del diluvio o los cuarenta a\u00f1os del desierto (cf tambi\u00e9n 1Re 19,8). Los or\u00e1culos divinos de condenaci\u00f3n son condicionales (cf Jer 18,7s; 26,3): el Se\u00f1or no enviar\u00e1 el castigo anunciado si el pecador se arrepiente de sus malas obras, se trate de jud\u00edos o de paganos.

{N}4,{/}1: (1-11) El autor contrapone a la mezquina mentalidad jud\u00eda de Jon\u00e1s, que se molesta por la conversi\u00f3n de los ninivitas, la misericordia y magnanimidad de Dios, que los admite a penitencia. En la persona de Jon\u00e1s el autor se dirige, satiriz\u00e1ndolos, a aquellos jud\u00edos de miras estrechas que, habiendo sido tantas veces objeto de la bondad y misericordia de Dios, reh\u00fasan el que la tenga con los pueblos paganos. Es la tesis universalista que se va abriendo camino en la literatura del juda\u00edsmo tard\u00edo y que prepara la revelaci\u00f3n evang\u00e9lica del amor de Dios, que por Jesucristo llamar\u00e1 a todos a su reino, del que solamente quedar\u00e1n excluidos todos aquellos que voluntariamente se obstinen en permanecer en el pecado. Todo el libro prepara la revelaci\u00f3n evang\u00e9lica de Dios amor.

{N}4,{/}11: {C}DIOS SALVA A TODOS LOS HOMBRES{/}
Jon\u00e1s no ama a los paganos, y si Dios los salva, \u00e9l no est\u00e1 dispuesto a pagar el pato. Pero esas peque\u00f1eces, dignas de un creyente muy mediocre, no deben ocultarnos un esc\u00e1ndalo del que pareciera que Dios tiene la culpa. \u00bfC\u00f3mo se entiende que Dios salva a todos los hombres, si al mismo tiempo repite, a lo largo de toda la Biblia, que el \u00fanico elegido es Israel, que Jes\u00fas s\u00f3lo tiene palabras de vida, y que no podemos ser salvados sin el bautismo? \u00bfAcaso tiene Dios dos maneras de hablar? \u00bfO bien debemos creer que la salvaci\u00f3n cristiana es una entre todas las que Dios ha dado a los pueblos de diferentes culturas y religiones?
Uno de los primeros que se preguntaron al respecto, el fil\u00f3sofo y m\u00e1rtir san Justino, pens\u00f3 que ya antes de Jes\u00fas, el Verbo de Dios estuvo en el mundo como una semilla de verdad, y que ilumin\u00f3 a los sabios de todas las religiones. San Agust\u00edn, por el contrario, tom\u00f3 al pie de la letra (Mc_16,16): \u00abEl que no crea ser\u00e1 condenado.\u00bb Por ende, se vio obligado a demostrar que todo lo que vemos de bueno en los no cristianos es fruto de un orgullo secreto. En ellos no hay sino virtudes humanas, es decir, una perfecci\u00f3n aparente que no tiene valor a los ojos de Dios. Esta soluci\u00f3n radical fogueaba el entusiasmo de los bautizados y la Iglesia no demor\u00f3 en adoptarla.
Hay que decir que la Iglesia ya se hab\u00eda sentado en el trono de gloria que a Cristo, su esposo, le correspond\u00eda. Siendo \u00e9l el unico Salvador, ella se daba como la intermediaria que ninguno pod\u00eda ignorar sin condenarse para siempre. Era verdad que el misterio de la Iglesia abrazaba la humanidad entera, pero se estaban confundiendo dos cuestiones: \u00bfes la Iglesia necesaria para la salvaci\u00f3n de la historia humana? Y aquella otra: \u00bfno hay acaso salvaci\u00f3n para aquellos que no se ubican dentro de la estructura eclesial?
As\u00ed fue como la Iglesia de Occidente se encastill\u00f3 en la posici\u00f3n de san Agust\u00edn y la apuntal\u00f3 con la doctrina del pecado original de la que \u00e9l hab\u00eda trazado las grandes l\u00edneas (v\u00e9ase el comentario de (G\u00e9n_3,1) y de (Rom_5,12)). Se sosten\u00eda imperturbablemente que debido al pecado de Ad\u00e1n, todos los hombres se condenaban al infierno, excepto aquellos que fueran bautizados o que al menos manifestaran el deseo de hacerlo. Y esto se dijo y se predic\u00f3 hasta una \u00e9poca muy reciente.
Fue s\u00f3lo en la primera mitad del siglo XX, especialmente con el Concilio Vaticano II, que este muro se cay\u00f3 oficialmente. Durante los tres siglos anteriores esa condena sin apelaci\u00f3n de todas las religiones y de la gran mayor\u00eda de los hombres que no entraron en el movimiento cristiano, hab\u00eda escandalizado a innumerables esp\u00edritus abiertos, dando as\u00ed paso al ate\u00edsmo occidental, pero la Iglesia (o mejor, las Iglesias) segu\u00edan inmutables. No hay pues que extra\u00f1arse de que, apenas se reconoci\u00f3 que la voluntad de Dios era salvar a todos los hombres (y esto no s\u00f3lo en teor\u00eda, a saber, que \u00abDios quiere salvar a todos los hombres con la condici\u00f3n de que crean y se hagan cat\u00f3licos romanos\u00bb), la masa de los cristianos haya comenzado a desestimar su fe. No se la negaba, se pensaba que tal vez era mejor, pero que todas las religiones ten\u00edan el mismo valor. Bien pronto se lleg\u00f3 a pensar que en este terreno no hay camino que se imponga y que cada uno se salva como puede, si es que a\u00fan se puede hablar de salvarse o ser salvado.
Los creyentes de hoy no pueden asimilar, en algunos a\u00f1os ni siquiera en el transcurso de un siglo, un viraje de tal magnitud, y sin duda seremos incapaces, antes de mucho tiempo, de entender a la vez c\u00f3mo Dios ama y salva a todos los hombres y c\u00f3mo el llamado a la fe que hemos recibido es una gracia \u00fanica. Debemos escuchar lo que Dios dice al profeta Jon\u00e1s, pero no por eso olvidaremos que Jes\u00fas es mucho m\u00e1s que cualquier Jon\u00e1s o Salom\u00f3n (Mt_12,41), m\u00e1s que cualquier sabio o profeta de Oriente o de Occidente. Ninguno, fuera de \u00e9l, ha recibido el Nombre divino sin el cual la humanidad no se salvar\u00e1 (He_4,12).

