{N}1,{/}4: (4-28) Aqu\u00ed se inician las extra\u00f1as visiones del profeta. En esta se le manifiesta la gloria divina a trav\u00e9s del arca de la alianza. Sobre ella reposaban cuatro querubines -animales alados asumidos de la religi\u00f3n asiria-, que vienen descritos con toda minuciosidad. La teofan\u00eda es asociada en un primer momento (vv. 4-14) con una tormenta (2Sam 22,11; Sal 18,11), mientras despu\u00e9s (vv. 15-28) todo el inter\u00e9s se centra en las ruedas de ese carro imaginario (Dan 7,9), cuya movilidad se relaciona con la andadura de los vivientes. El propio profeta se siente movido por su impulso e invitado a escuchar la voz divina. Esta visi\u00f3n, aunque falta de coherencia, encierra un profundo mensaje religioso. Tras la destrucci\u00f3n del templo a manos de los babilonios, los israelitas se preguntaban qu\u00e9 hab\u00eda ocurrido con el arca, signo externo de la gloria del Se\u00f1or. Ezequiel responde con este \u00e9xtasis, garantizando que -a pesar de la cat\u00e1strofe pasada- el Se\u00f1or se aviene a visitar a su pueblo exiliado.

{N}2,{/}1: (1-10) Ezequiel recibe su misi\u00f3n prof\u00e9tica cual si fuera un nuevo \u00e9xtasis. Es el Se\u00f1or quien le dirige la palabra, si bien nunca es nombrado. Es una voz o una mano la que env\u00eda a ese \u00abhijo de Ad\u00e1n\u00bb (=hombre d\u00e9bil) a los israelitas del exilio, presentados como \u00abcasa rebelde\u00bb a causa de sus continuas infidelidades para con Dios. Ezequiel acata la encomienda divina sin temor, pues no en vano el esp\u00edritu le ha penetrado, llen\u00e1ndole de vigor. Aun cuando deba anunciar un mensaje duro, es invitado a mantenerse firme, pues no en vano actuar\u00e1 como portavoz de la divinidad.

{N}3,{/}22: (22-27) El mutismo del profeta ha sido explicado como catalepsia o esquizofrenia. Hoy la cr\u00edtica rechaza tal interpretaci\u00f3n. Ve m\u00e1s bien este relato como elaboraci\u00f3n de alg\u00fan disc\u00edpulo de Ezequiel, deseoso de consignar en \u00e9l c\u00f3mo su maestro, tras otear de nuevo la gloria divina fuera del templo, intuye que su actividad en tierra extra\u00f1a se convertir\u00e1 a veces en inmovilidad y mutismo, dado que su vida entera se ver\u00e1 guiada por la fuerza del esp\u00edritu. S\u00f3lo cuando este lo decida, el profeta intervendr\u00e1. Cuantas veces cese el impulso pneum\u00e1tico, quedar\u00e1 callado. Hermosa imagen para consignar su total y absoluta disponibilidad a los grandioso designios divinos.

{N}5,{/}1: (1-4) Por medio de una pantomima preconiza el asedio de Jerusal\u00e9n, su destrucci\u00f3n y el exilio de sus habitantes. El dramatismo de la escena le exige sacrificar la barba y la cabellera, signos de la dignidad varonil. As\u00ed lo atestiguaba el voto de nazireato (N\u00fam 6) y las demostraciones de luto (Is 15,2; Jer 41,5). El fuego, la espada y el viento son las fuerzas vengadoras, que culminar\u00e1n con la dispersi\u00f3n del pueblo elegido. Toda esa imaginer\u00eda es de puro sesgo literario (Is 7,20) y quiere mostrar c\u00f3mo, aun cuando el castigo divino sea severo, pretende provocar una enorme reacci\u00f3n positiva entre todos los exiliados para que su deseado cambio de actitud religiosa frene en cierto modo el correctivo que por su parte Dios parece estar decididamente dispuesto a infligir.

{N}6,{/}11: (11-14) Con gestos dram\u00e1ticos y gritos estent\u00f3reos anuncia el estampido de la c\u00f3lera divina a causa del culto idol\u00e1trico introducido en la tierra de promisi\u00f3n. Esta quedar\u00e1 convertida en un yermo desolado. El castigo ir\u00e1 desde Ribla, junto al Orontes (norte), hasta el mismo desierto (sur). Por tanto, tambi\u00e9n el reino del norte (Israel) queda englobado en esta dura conminatoria, donde se vaticina peste, espada y hambre sobre todo el pa\u00eds. Es como una danza macabra que produce escalofr\u00edos.

{N}8,{/}13: (13-18) El profeta describe que, transportado por una visi\u00f3n fant\u00e1stica, vio c\u00f3mo incluso en el propio templo se hab\u00eda entronizado la idolatr\u00eda. No s\u00f3lo unas cuantas mujeres lloran all\u00ed a Tamuz (sumerio, Dumuzi), el amado de Istar y dios de los pastores y de los abismos del oc\u00e9ano. Tambi\u00e9n dentro del templo ve el profeta c\u00f3mo se da culto al sol, lo cual fue siempre considerado abominaci\u00f3n nefasta (Dt 4,19; 2Re 23,5-11; Jer 44,17). La idolatr\u00eda genera violencia. \u00bfPor qu\u00e9? Toda la tradici\u00f3n prof\u00e9tica coincide en vincular la pureza del culto con la justicia a nivel social. Por eso, al infiltrarse la idolatr\u00eda, pululan los atropellos e injusticias, d\u00e1ndose con ello paso a situaciones tr\u00e1gicas, donde llega incluso a verterse sangre en defensa de los derechos hollados por quienes ejercen opresi\u00f3n (=los id\u00f3latras).

{N}9,{/}5: (5-11) En todo este or\u00e1culo de destrucci\u00f3n se repiten las f\u00f3rmulas de la guerra santa (Dt 13,16; Jos 10,40; 11,11...). La masacre ser\u00e1 despiadada, sobre todo en el templo, por haberse cometido en \u00e9l toda clase de abominaciones. Sin embargo, los ejecutores del castigo divino deber\u00e1n exceptuar a los marcados con una {C}tau.{/} Esta era la \u00faltima letra del alefato (=alfabeto hebreo), que en la escritura antigua ten\u00eda forma de cruz. Los marcados con tal letra se suponen propiedad del Se\u00f1or, por lo que son intocables (Jer 2,3; Sal 105,15). Se acent\u00faa la criminalidad de la injusticia social (v. 9), contra la que el Se\u00f1or siempre se muestra inmisericorde.

{N}10,{/}1: (1-22) Este cap\u00edtulo es de dif\u00edcil interpretaci\u00f3n. Describe c\u00f3mo la gloria de Dios abandona Jerusal\u00e9n, una vez que esta ha sido sometida al \u00abanatema\u00bb {C}(herem),{/} con su consiguiente destrucci\u00f3n. Ello har\u00e1 que la tierra se purifique para construir sobre ella una nueva ciudad (Ez 40,2) en la que Dios pueda asentarse de forma definitiva. La tem\u00e1tica se desarrolla mediante dos visiones amalgamadas: la primera presenta la gloria divina oculta en la nube (\u00c9x 16,10; N\u00fam 10,34), transportada por los querubines, que aqu\u00ed aparecen en forma humana; la otra se centra en el trono-carro (Ez 1,15-21) con sus ruedas y metales rutilantes. Las inc\u00f3gnitas se despejan cuando las creaturas vivientes, apostadas junto al r\u00edo Quebar, se identifican con los querubines que protagonizaran la visi\u00f3n en el templo. Con todo ello pretende definirse, por una parte, el concepto de \u00abgloria divina\u00bb, y mostrar, por otra, su conexi\u00f3n con el arca (carro), presentada como portadora de esa gloria divina m\u00e1s all\u00e1 de las lindes del templo de Jerusal\u00e9n.

{N}11,{/}14: (14-21) Este or\u00e1culo es una respuesta al grito del profeta (v. 13). En \u00e9l se abre un horizonte de esperanza, pues se garantiza la salvaci\u00f3n de cuantos exiliados van a habitar a la nueva Jerusal\u00e9n. Cierto que los l\u00edderes de la ortodoxia interpretaron el destierro como lejan\u00eda del Se\u00f1or. Pero no es as\u00ed. Dios mismo se hace santuario para su pueblo en el exilio. Tal idea engarza con Jerem\u00edas (24,7; 31,33; 32,39), si bien Ezequiel la formula con un ropaje sacerdotal. Este invita a alimentar la certeza de que el Se\u00f1or reunir\u00e1 a los desterrados para hacerles regresar, restaurando el pa\u00eds e instaurando en \u00e9l un culto depurado. Es una de las m\u00e1s logradas reflexiones en torno al \u00abresto fiel\u00bb (Jer 24), con el que Dios pondr\u00eda en marcha el famoso reino mesi\u00e1nico.

{N}12,{/}21: (21-28) Aqu\u00ed aparecen entreverados dos or\u00e1culos (21-25/26-28) de tem\u00e1tica muy af\u00edn. En el primero, Ezequiel se enfrenta a quienes se burlan de sus premoniciones, dado que el tiempo va pasando y el prometido castigo divino no acaba de llegar. \u00bfPor qu\u00e9 fiarse de cuanto dice Ezequiel? Este arremete sin remilgos contra una pl\u00e9yade de falsos profetas que se limitan a halagar al pueblo (1Re 22; Is 30,10; Miq 2,11), y asegura, a su vez, que el castigo de Dios est\u00e1 a punto de llegar. En el segundo or\u00e1culo reitera la idea, si bien posterga el castigo para un futuro algo m\u00e1s lejano. Sin embargo, deja constancia de que Dios est\u00e1 dispuesto a intervenir; con ello desmantelar\u00e1 esa confianza absurda promovida por cuantos fomentan la relajaci\u00f3n religiosa y piensan que las visiones no se cumplir\u00edan o se quedar\u00edan para edades remotas. Dios siempre cumple lo que promete. Tal tesis es para Ezequiel una tesis tan obvia como inapelable. 

{N}13,{/}1: (1-23) Todo el cap\u00edtulo va dedicado a desenmascarar a los falsos profetas y a las brujas, \u00e1vidas siempre de practicar las artes adivinatorias. La historia del pueblo elegido muestra c\u00f3mo, al aflorar los profetas, siempre aparecen -como r\u00e9plica inevitable- otros profetas falsos que o bien mediatizan su ministerio con el lucro o bien se dedican a vaticinar mentiras. Contra ellos se ensa\u00f1aron tambi\u00e9n otros escritores sagrados (Is 9,14; 30,10; Miq 2,6-11; 3,5-8; Sof 3,4).
Tales profetas sol\u00edan aflorar sobre todo en tiempos de caos o crisis. Algo parecido ocurr\u00eda con las brujas, que practicaban toda suerte de artes m\u00e1gicas, inspiradas sin duda en la religiosidad ac\u00e1dica. Ezequiel vierte sobre todos ellos su m\u00e1s acre virulencia, recordando c\u00f3mo su proceder siempre ha sido portador de desventuras. Nada m\u00e1s absurdo, pues, que hacerles caso. Posiblemente el profeta se est\u00e9 refiriendo a pr\u00e1cticas que nosotros ignoramos.

{N}14,{/}12: (12-23) La base de toda la moral b\u00edblica estriba en que el pueblo ha de rendir cuentas a Dios de su conducta. As\u00ed se hab\u00eda estipulado en la alianza, record\u00e1ndolo sin cesar tanto los profetas como los sacerdotes. Israel no deb\u00eda, por tanto, olvidar su condici\u00f3n de pueblo del Se\u00f1or. Ahora Ezequiel lo recuerda, pero de forma dram\u00e1tica y novedosa: cada individuo debe rendir cuentas a Dios de su proceder personal. Con ello se inicia la elaboraci\u00f3n de un nuevo dogma religioso: \u00a1la responsabilidad individual! El tema viene expuesto de forma legal, mostrando -a base de ejemplos- qui\u00e9nes se salvan y qui\u00e9nes se condenan. La soluci\u00f3n ser\u00eda f\u00e1cil, si se planteara desde la perspectiva de la retribuci\u00f3n personal. Pero aqu\u00ed se trata de un pecado colectivo. Es el pueblo el que ha delinquido. Por ello se impone acentuar la eficacia de la intercesi\u00f3n, si bien s\u00f3lo queda apuntada. Y es que para los exiliados resultaba inexplicable c\u00f3mo el castigo divino hab\u00eda englobado indistintamente a justos y pecadores. El profeta presenta cuatro casos hist\u00f3ricos de intercesi\u00f3n (G\u00e9n 18; \u00c9x 32; N\u00fam 14; Am 7), aplic\u00e1ndolos a Jerusal\u00e9n. El proceder inicuo de los malvados servir\u00e1 de revulsivo a los justos, quienes por fin se ver\u00e1n agraciados con una liberaci\u00f3n plena. En resumen, s\u00f3lo los justos recibir\u00e1n el galard\u00f3n.

{N}15,{/}1: (1-8) Esta breve alegor\u00eda de la vid engarza con la tradici\u00f3n b\u00edblica, que tan a menudo la convierte en centro de sus reflexiones (G\u00e9n 49,11; N\u00fam 13,23-25; Jue 9,8-13; Sal 89,9-11; Is 5,1-7; Jer 2,21; Os 10,1). Pero el profeta emplea el s\u00edmil de forma muy singular: Israel es como la madera de la vid, que no da fruto. Comparada con los \u00e1rboles del bosque (=pa\u00edses vecinos), resulta del todo in\u00fatil. Su \u00fanico valor estriba en ser cultivada por Dios para que d\u00e9 frutos (Jn 15,1-11). Sus extremos (Israel-Jud\u00e1) han sido ya quemados; y su centro (Jerusal\u00e9n) est\u00e1 chamuscado y destinado tambi\u00e9n al fuego. Todo ello por haber quebrantado su fidelidad al Se\u00f1or (v. 8).

{N}16,{/}1: (1-43) Esta amplia secci\u00f3n relata una historia de amor entre el Se\u00f1or y Jerusal\u00e9n, inspirada en la alegor\u00eda del matrimonio. Aunque el tema hab\u00eda sido ya abordado por Oseas (2,1-25), asume en Ezequiel la forma de denuncia virulenta. Resume la historia de Jerusal\u00e9n, acentuando su infidelidad. Por m\u00e1s que sus im\u00e1genes sean aleg\u00f3ricas, connotan realidades hist\u00f3ricas, que el profeta analiza desde los cultos orientales de la fertilidad. Estos suger\u00edan que las fuerzas de la procreaci\u00f3n se deb\u00edan al comercio carnal con los dioses. Por eso sus fieles se entregaban a toda clase de aberraciones sexuales para reafirmar su fertilidad. Tales praxis hab\u00edan sido denunciadas por la tradici\u00f3n b\u00edblica, vi\u00e9ndolas ahora Ezequiel como signo inequ\u00edvoco de prostituci\u00f3n por parte de Jerusal\u00e9n, pues no en vano sus habitantes hab\u00edan dado p\u00e1bulo a tales ritos. Ello exig\u00eda un correctivo por parte de Dios. Las denuncias del profeta adoptan a veces un tono brutal, con el que define los l\u00edmites de la depravaci\u00f3n (vv. 30-34). La actitud de Jerusal\u00e9n, vista en esta imagen aleg\u00f3rica, se hab\u00eda traducido en un proceder injusto, con que los ricos explotaban a los pobres, cuya amargura no lograba contener su desenfreno. Cuando un pueblo se comporta as\u00ed, s\u00f3lo puede abocar de una manera irremediable en la ruina.

{N}17,{/}1: (1-21) Con met\u00e1foras muy sutiles se describe la situaci\u00f3n hist\u00f3rica que sigui\u00f3 a la conquista de Jerusal\u00e9n por Nabucodonosor (587 a.C). Este coloc\u00f3 a Sedec\u00edas para que fuera un rey vasallo. Sin embargo, tras romper su pacto con los babilonios, pidi\u00f3 ayuda a Nec\u00f3, fara\u00f3n de Egipto. Ezequiel, siguiendo la l\u00ednea de Jerem\u00edas, considera que tal decisi\u00f3n es absurda y contraria a los planes divinos. Es preciso doblegarse ante la fuerza de los babilonios. Evoca c\u00f3mo Nabucodonosor, el \u00e1guila de grandes alas, baj\u00f3 del L\u00edbano para plantar una vid (Sedec\u00edas) que le diera frutos. El nuevo rey de Jud\u00e1 busc\u00f3, sin embargo, el apoyo de otra \u00e1guila menor (fara\u00f3n egipcio) para que ella le cuidara. Ello provoca la ira del Se\u00f1or, que clama por la fidelidad a la alianza con el rey de Babilonia. El destino de Sedec\u00edas ser\u00e1 tr\u00e1gico por no haber seguido los dict\u00e1menes divinos. Una vez m\u00e1s se ve c\u00f3mo el profeta conecta la pol\u00edtica con la religi\u00f3n. Esta ha de decantarse en base al ritmo de los eventos pol\u00edticos, a trav\u00e9s de los cuales Dios deja sentir su presencia en el pueblo.

{N}18,{/}1: (1-24) Este cap\u00edtulo, muy af\u00edn al 33, afronta la situaci\u00f3n de los desterrados tras la destrucci\u00f3n definitiva de Jerusal\u00e9n. Su caos es interpretado como secuela de una concatenaci\u00f3n de infidelidades que se han ido acumulando en el curso de varios siglos. La tragedia no se debe tan s\u00f3lo al proceder de la presente generaci\u00f3n. Es la historia de todo el pueblo la que ha ido granje\u00e1ndose este duro correctivo. Tal constataci\u00f3n crea entre los exiliados un clima de des\u00e1nimo, pues su solidaridad de pueblo refrenda la justicia del castigo divino. Sin embargo, al margen de esa responsabilidad colectiva, el profeta ahonda en el tema de la responsabilidad personal. Tanto es as\u00ed que cada individuo queda invitado a adoptar ante Dios un proceder digno. Si lo hace, puede albergar la firme esperanza de perd\u00f3n y restauraci\u00f3n. Tal tesis sirve para levantar los \u00e1nimos de los desterrados, sinti\u00e9ndose cada uno interpelado personalmente por el Se\u00f1or. Cierto que su conciencia de pueblo ha de sufrir una profunda transformaci\u00f3n. Quien lance una mirada hacia el futuro, ha de comprender que el nuevo pueblo se ha de fundamentar en la respuesta dada por cuantos -aceptando como merecido el castigo divino- decidan convertir su experiencia de exilio en crisol depurador. A todos ellos garantiza Ezequiel la esperanza del perd\u00f3n y, por tanto, de restauraci\u00f3n plenificante. Para ello es preciso encarnar un esp\u00edritu de conversi\u00f3n que torne a cada israelita en amigo de la divinidad ofendida.

{N}20,{/}1: (1-44) Este cap\u00edtulo encierra la historia de una rebeld\u00eda. Como en otras ocasiones (cc. 16 y 23), el profeta se adentra en el pasado de Israel para culminar en una tesis de esperanza (vv. 33-34). Al igual que la tradici\u00f3n deuteronom\u00edstica, Ezequiel esquematiza la historia del pueblo elegido de acuerdo con su teolog\u00eda personal: juramento del Se\u00f1or a favor o en contra de Israel; promesa o amenaza; actividad salvadora o destructora; instrucci\u00f3n o rebeli\u00f3n; ira o gracia. Resalta sobre todo la gran infidelidad de Israel, su apostas\u00eda a otras religiones y su profanaci\u00f3n del nombre divino. Todo el pasado del pueblo gravita en torno a una idea: \u00a1desobediencia! Ezequiel expone su tesis en dos secciones. La primera (vv. 1-29) responde a una consulta de los ancianos (concejales), que sin duda claman por instaurar un culto fuera del templo de Jerusal\u00e9n. El profeta se erige en fiscal, recorriendo la historia del pueblo, donde aflora el esquema de la rebeld\u00eda, hecha extensiva a la observancia misma del s\u00e1bado. La segunda secci\u00f3n (vv. 30-44) empalma la experiencia de castigo con un or\u00e1culo de esperanza y salvaci\u00f3n, si bien esta ir\u00e1 precedida de un juicio en el que s\u00f3lo los justos saldr\u00e1n airosos. El esquema del cap\u00edtulo, aunque de apariencia simple, es tan complejo que muchos cr\u00edticos dudan que se remonte a Ezequiel. Quiz\u00e1 este habr\u00eda esbozado sus l\u00edneas generales, a las que algunos disc\u00edpulos a\u00f1adieron apuntes personales que, si bien enriquecen su mensaje, lo hacen m\u00e1s entreverado.

{N}21,{/}1: (1-22) Secci\u00f3n dif\u00edcil y enigm\u00e1tica. Ensamblando diversas piezas literarias, se logra cierta unidad. El bosque en llamas visto por el profeta es prendido por el fuego del Se\u00f1or, que despu\u00e9s se convierte en espada, significando c\u00f3mo el rey babilonio castiga a Jerusal\u00e9n. El \u00abcanto de la espada\u00bb (vv. 13-22) se supone inspirado en himnos arcaicos y ofrece un dinamismo po\u00e9tico excepcional: la espada parece gozar de vida propia antes de blandirla el asesino an\u00f3nimo que la esgrimir\u00e1 contra el pueblo de Dios. El asesino tiene un nombre: Nabucodonosor. Es probable, pues, que se aluda a su reacci\u00f3n dr\u00e1stica tras el proceder indigno de Sedec\u00edas. En todo ello se descubre una vez m\u00e1s la intervenci\u00f3n portentosa del Se\u00f1or, cuyo correctivo tiene un claro sesgo purificador.

{N}22,{/}23: (23-31) Duro anatema contra los dirigentes del pueblo, cuyo proceder excit\u00f3 la ira divina que los consumi\u00f3 con el fuego. Y es que sus jefes eran como leones rapaces (Jer 2,15; 4,7), sus sacerdotes -instructores de la ley- violaban la santidad que deb\u00edan preservar (Lev 19,8; 26; 34-43; Jer 2,8; Sof 3,4), mientras sus profetas vaticinaban embustes (Jer 2,8; Sof 3,4). Ellos fueron los aut\u00e9nticos causantes de que en todo el territorio no cayera la lluvia. La punici\u00f3n divina se debe, pues, a los abusos de la responsabilidad civil, social y religiosa. Y es que sobre estos pilares deb\u00eda apoyarse la fidelidad del pueblo. Si fallan los l\u00edderes, \u00bfqu\u00e9 puede hacer la plebe? Acre increpaci\u00f3n a cuantos abusan ostensiblemente de los privilegios sustanciosos que les otorga su liderazgo.

{N}23,{/}1: (1-34) Nueva alegor\u00eda hist\u00f3rica inspirada en el tema de la infidelidad. Convierte la imagen de Jerusal\u00e9n como esposa de Dios (c. 16) en una nueva experiencia de amor donde dos hermanas (Ohol\u00e1-Oholib\u00e1) est\u00e1n casadas con el mismo marido, al que son infieles. Denuncia la actitud del reino de Israel (Ohol\u00e1={C}su{/} tienda: culto cism\u00e1tico de Samar\u00eda) y Jud\u00e1 (Oholib\u00e1={C}mi{/} tienda: culto de Jerusal\u00e9n). Ahora la infidelidad no consiste en el culto idol\u00e1trico, sino en una pol\u00edtica absurda, cuyos pactos acomodaticios se suponen contrarios a los designios del Se\u00f1or. Este se siente traicionado por ambos reinos (=hermanas), a quienes prodigar\u00e1 un amor singular. Los flirteos amorosos de estas hermanas (inconsistencia pol\u00edtica) claman por una reacci\u00f3n violenta del esposo ofendido. Ezequiel no puede consentir que el pueblo elegido opte por una pol\u00edtica claramente equivocada, pues ello supone una infidelidad manifiesta a su radical compromiso con Dios.

{N}24,{/}1: (1-14) Esta par\u00e1bola se asocia con una visi\u00f3n tenida al iniciarse el asedio de Jerusal\u00e9n (15 de enero del 588 a.C). Ensamblando dos motivos similares, esboza Ezequiel un or\u00e1culo inspirado en la profec\u00eda preex\u00edlica (Miq 3,3). La marcha del ej\u00e9rcito babilonio contra Jerusal\u00e9n le permite captar el significado de un acto simb\u00f3lico: la olla llena de carne. Esta es Jerusal\u00e9n, cuyos habitantes se refugian en su interior ante la amenaza babilonia. La segunda parte presenta la olla como herrumbrosa para simbolizar los cr\u00edmenes sangrientos de Jud\u00e1, debidos a sus aberraciones pol\u00edticas y sociales. Todo ello ha llenado la olla de inmundicias, y s\u00f3lo quedar\u00e1 limpia despu\u00e9s que se desfogue la ira divina. Jerusal\u00e9n necesita purificarse. Y es que sus habitantes han agotado la paciencia de Dios. Sobre todo su proceder injusto y obsoleto les ha convertido en criminales, cuya sangre derramada clama al mismo cielo. No hay crimen m\u00e1s nefasto que el proceder injusto.

{N}25,{/}1: (25,1-32,32) A partir de Am\u00f3s se fue haciendo tradicional entre los profetas proferir or\u00e1culos contra los pa\u00edses enemigos, e incluso contra Israel y Jud\u00e1 (Am 1-2; Is 13-23; Jer 46,51). Ezequiel, aunque cautivo en tierra hostil, se enfrenta a las naciones, agrupando sus denuncias en {C}siete{/} bloques que (como Am\u00f3s y Jerem\u00edas) afectan a siete pa\u00edses determinados: Am\u00f3n (25,1-7), Moab (25,8-11), Ed\u00f3n (25,12-14), Filistea (25,15-17), Tiro (26,1-28,19), Sid\u00f3n (28,20-26), Egipto (29-32). Sorprende el \u00e9nfasis que pone al recriminar a Tiro y Egipto, mientras jam\u00e1s alude a Babilonia. \u00bfPor qu\u00e9? Sin duda el profeta consideraba incontenible el \u00edmpetu babilonio, por lo que renuncia a vaticinar su hora final. Esta llegar\u00e1 a su debido tiempo, y alg\u00fan otro profeta podr\u00e1 vaticinarla. Por el momento, son los otros pa\u00edses los que deben temblar. Cierto que su caos provendr\u00e1 del expansionismo babilonio. Pero Ezequiel intuye que la salvaci\u00f3n de Israel ha de encuadrarse en el marco sociopol\u00edtico de los dem\u00e1s pa\u00edses. Por ello interesa conocer su trayectoria. Y es que en esos or\u00e1culos, aunque domine el tema de la destrucci\u00f3n, siempre se abre un rayo de esperanza hacia un futuro mejor, donde el pueblo elegido pueda recobrar su perdida identidad. As\u00ed pues, a trav\u00e9s de sus increpaciones a los dem\u00e1s pueblos, quiere expandir alg\u00fan rayo de esperanza entre los exiliados. Por m\u00e1s que el poder babilonio arrase a todos los pa\u00edses vecinos, no se cierran por ello las puertas a la restauraci\u00f3n de Israel.

{N}28,{/}25: (25-26) Esta breve secci\u00f3n interrumpe los or\u00e1culos increpatorios para garantizar la restauraci\u00f3n del pueblo elegido. El Se\u00f1or dejar\u00e1 sentir su santidad haciendo que, libres ya del yugo opresor, regresen a su pa\u00eds para recibir las promesas hechas anta\u00f1o a Jacob. La seguridad del retorno les har\u00e1 edificar casas y plantar vi\u00f1as. Con ello simboliza el florecimiento de la vida urbana y agr\u00edcola (Is 65,21; Jer 18,9; Am 9,14). As\u00ed se preparar\u00e1 la implantaci\u00f3n del esperado reino mesi\u00e1nico.

{N}29,{/}1: (29,1-31,18) Esta densa secci\u00f3n recopila los or\u00e1culos contra los egipcios, a los que despu\u00e9s se a\u00f1adir\u00eda la conminatoria personal contra su fara\u00f3n (c. 32). Egipto siempre hab\u00eda supuesto una tentaci\u00f3n para el pueblo elegido, sobre todo al verse acosado por el imperio del este (=Babilonia). Pues bien, el profeta deja claro que los egipcios sucumbir\u00e1n tambi\u00e9n bajo el poder\u00edo babilonio. El destino de Egipto -presentado como cocodrilo, ca\u00f1a quebrada, \u00e1rbol frondoso...- ser\u00e1 el caos total, hasta el punto de que sus habitantes acompa\u00f1ar\u00e1n con ritos f\u00fanebres su descenso al abismo. Todos estos or\u00e1culos, aunque de contenido diverso, reflejan una incesante actitud de cr\u00edtica al proceder pol\u00edtico-religioso de ese pa\u00eds que tanto hechizo ejerciera sobre los israelitas.

{N}32,{/}1: (1-32) En este cap\u00edtulo se profieren dos or\u00e1culos bien hilvanados, donde se evoca la desgracia de Ofra, fara\u00f3n egipcio. Este hab\u00eda sido severamente castigado por Nabucodonosor. El primer or\u00e1culo (vv. 1-16) es una eleg\u00eda donde emerge de nuevo la figura del cocodrilo (cf 29,1-6). Se observa el influjo del mito de Tiamat, el drag\u00f3n que el mito mesopot\u00e1mico supon\u00eda aniquilado por el dios Marduk. El s\u00edmil viene aplicado al fara\u00f3n egipcio. Este se cre\u00eda un le\u00f3n, pero era un simple cocodrilo abocado al caos. As\u00ed lo demostraba la historia, tras el duro correctivo que le infligiera Nabucodonosor. El profeta preconiza un sinf\u00edn de desgracias que, cual nuevas plagas, asolar\u00e1n todo el territorio de los egipcios, cuya desventura corear\u00e1n, como pla\u00f1ideras improvisadas, las capitales de las distintas naciones. El segundo or\u00e1culo (vv. 17-32) es un duro anatema contra el pueblo egipcio, a quien se supone inmerso en las profundidades del abismo. Con parsimonia reiterativa enfatiza el colapso egipcio, celebr\u00e1ndolo con un c\u00e1ntico f\u00fanebre muy similar a los proferidos en los entierros. Su tono luctuoso y mon\u00f3tono permite esbozar una visi\u00f3n teol\u00f3gica del abismo, visto como el gran imperio de la muerte.

{N}33,{/}1: (1-8) Este breve or\u00e1culo sobre la condici\u00f3n de Ezequiel como atalaya de su pueblo fue sugerido por la invasi\u00f3n de Nabucodonosor. En tales casos, los vig\u00edas -apostados en las colinas- jugaban un decisivo papel en la resistencia de Israel (1Sam 14,16; 2Re 9,17; Is 21,16). El profeta es consciente de su obligaci\u00f3n de vigilar constante y permanentemente por el pueblo, sobre todo en los momentos de peligro o de acoso por parte de sus principales enemigos.

{N}34,{/}11: (11-31) Una vez esbozado el tema de la responsabilidad personal, dedica este cap\u00edtulo a acentuar la responsabilidad de los gobernantes, equiparados a los pastores (1Re 22,17; Is 44,28; Jer 10,21; 25,34-38). Tras recriminar a los pastores (reyes) malvados, Dios se presenta a s\u00ed mismo como pastor de su pueblo, dispuesto a juzgar su reba\u00f1o para inaugurar una \u00e9poca de paz (Jer 23,1-6). Esta ser\u00e1 regida por un pastor mesi\u00e1nico (David), considerado como tronco de una dinast\u00eda renovada. \u00c9l agrupar\u00e1 a todas las ovejas, constituyendo un \u00fanico reba\u00f1o para dar paso as\u00ed a una nueva alianza (Is 54,10), donde las bestias volver\u00e1n al desierto, mientras las bendiciones arrancar\u00e1n al pa\u00eds de la sequ\u00eda y aridez. Tal reino de paz ir\u00e1 acompa\u00f1ado de una gran prosperidad material: liberaci\u00f3n de todo yugo opresivo, maravillosa fertilidad del pa\u00eds y ausencia de todo temor. En el fondo, se vislumbra un reino mesi\u00e1nico, donde cada israelita conseguir\u00e1 vivir sin traumas ni congojas.

{N}36,{/}1: (1-38) Aparecen aqu\u00ed agrupados dos or\u00e1culos de restauraci\u00f3n: uno (vv. 1-15) relativo a la transformaci\u00f3n del pa\u00eds, otro (vv. 16-32) relativo a la transformaci\u00f3n del pueblo. Ambos rompen el tono conminatorio de los cap\u00edtulos precedentes y abren un claro horizonte de ilusi\u00f3n esperanzada. Sorprende ver c\u00f3mo el profeta, para avivar la expectaci\u00f3n salv\u00edfica, se dirige a las monta\u00f1as de Israel, trat\u00e1ndolas como si fueran seres vivos, con inquietud y sensibilidad propias (Is 1,2; Am 4,6-11; Miq 6,1-3). Y es que el pa\u00eds entero participa de la vida de sus habitantes, compartiendo sus ilusiones y esperanzas. Tanto que, al realizarse la restauraci\u00f3n, los montes ya no dejar\u00e1n al pa\u00eds sin hijos, pues el Se\u00f1or est\u00e1 con ellos, dispuesto a renovar por completo todo el territorio. Y lo mismo ocurrir\u00e1 con los individuos (vv. 16-32). Cierto que estos atraviesan ahora un per\u00edodo de crisis depuradora. Pero cuando Dios decida reinstalarlos en su pa\u00eds, les purificar\u00e1 de todas sus faltas anteriores, infundi\u00e9ndoles a su vez un coraz\u00f3n nuevo (Sal 51,10; Jer 31,33). Y a\u00fan m\u00e1s: la efusi\u00f3n de su esp\u00edritu har\u00e1 que le tribute todo el pueblo la obediencia debida (Sal 51,11-13). En este pa\u00eds renovado se extirpar\u00e1 el hambre, para rebosar plenitud. Todo este or\u00e1culo, a pesar del recuento de los pecados e infidelidades del pueblo, es un himno de esperanza, cifrada en la pronta instauraci\u00f3n del definitivo reino mesi\u00e1nico, donde s\u00f3lo tendr\u00e1 acceso la deseada justicia y la aut\u00e9ntica paz paradis\u00edaca.

{N}37,{/}1: (1-28) La visi\u00f3n de los huesos es una de las m\u00e1s conocidas de este profeta. Este se supone llevado a una llanura -acaso la misma donde viera la gloria divina (3,22-23)- repleta de huesos calcinados. \u00bfPodr\u00e1n vivir estos huesos? Ezequiel no sabe qu\u00e9 contestar. Viene, sin embargo, invitado a profetizarles. Mientras tanto penetra en ellos un h\u00e1lito {C}(ruah){/} que les devuelve la vida. Aun cuando Ezequiel desarrollara la tesis de la responsabilidad personal, no parece que piense aqu\u00ed en una resurrecci\u00f3n individual (Dan 12,2). M\u00e1s bien analiza la situaci\u00f3n hist\u00f3rica del pueblo elegido, cuya experiencia de destierro es equiparada a la muerte. En cambio, la fuerza de Dios es capaz de devolverle la vida a trav\u00e9s de un proceso de liberaci\u00f3n restauradora. Y esta viene calurosamente encomiada en la segunda parte del cap\u00edtulo (vv. 15-28). El empalme de las dos varas con sus respectivos nombres (Jud\u00e1-Jos\u00e9) afianza la tesis de la unidad. Israel y Jud\u00e1 estar\u00e1n juntos de nuevo como en tiempos de David. No en vano la fusi\u00f3n de las tribus siempre interpel\u00f3 a las profec\u00edas mesi\u00e1nicas (Jer 3,18; 31,1; Zac 11,7-14). Todo culminar\u00e1 con una alianza eterna, donde se estipulen los cinco puntos siguientes: el Se\u00f1or ser\u00e1 su Dios; Israel ser\u00e1 su pueblo; vivir\u00e1n en la tierra de sus antepasados; tendr\u00e1n un nuevo santuario; David (=mes\u00edas) ser\u00e1 su pastor. Tal ser\u00e1 el fundamento de la alianza eterna.

{N}38,{/}1: (38,1-39,24) Estos dos cap\u00edtulos deben vincularse con las tradiciones escatol\u00f3gicas (Is 24-27; 34-35; 65-66; Jl 3-4; Miq 4-5; Zac 14). En todas ellas se repite la idea de un juicio definitivo asociado con el \u00abd\u00eda del Se\u00f1or\u00bb, cuando se instaure una nueva econom\u00eda de salvaci\u00f3n. Dios, que es el protagonista de este juicio, tendr\u00e1 que aniquilar el poder de sus enemigos. Estos unas veces detentan nombres hist\u00f3ricos (Moab, Ed\u00f3n), otras nombres mitol\u00f3gicos (Leviat\u00e1n) y otras nombres ficticios (Gog). Han resultado in\u00fatiles todos los esfuerzos por asociar a este ser m\u00edtico (Gog) con alg\u00fan personaje hist\u00f3rico: Alejandro Magno, Ant\u00edoco Eup\u00e1tor... Se le supone procedente del extremo norte, sin duda del territorio de Magog (39,6), que en otros textos b\u00edblicos figura como nombre de persona (G\u00e9n 10,2; 1Cr\u00f3n 1,5; Ap 20,8). En esta secci\u00f3n la escatolog\u00eda asume una perspectiva c\u00f3smica. Cierto que Dios es quien rige la historia. Pero su adversario (Gog) se le rebela, logrando cautivar a los dem\u00e1s pueblos. Ello provoca una reacci\u00f3n dr\u00e1stica del Se\u00f1or, quien decide infligirle un castigo acompa\u00f1ado de una teofan\u00eda c\u00f3smica. Gog es derrotado y, tras la matanza, se recogen las armas cual si de le\u00f1a se tratara. El pa\u00eds es limpiado con el l\u00f3gico fest\u00edn de las fieras, terminando todo con la restauraci\u00f3n definitiva de Israel, no sin antes evocar una vez m\u00e1s su dram\u00e1tica experiencia del destierro. Aunque domina una escatolog\u00eda de destrucci\u00f3n (Is 2,14-15; Sof 1,14-16) que conmueve los cimientos mismos de la tierra (Sof 1,3) impactada por los fen\u00f3menos c\u00f3smicos (G\u00e9n 19,24; Is 34,9), todo termina al entronizarse de nuevo la santidad y la gloria divina. Entonces el mundo entero reconocer\u00e1 el poder indiscutible del Se\u00f1or. Toda la perspectiva se adentra en un horizonte escatol\u00f3gico, vinculado con el fin del mundo presente (imperio del mal) y el comienzo del mundo futuro (imperio del bien). Este nuevo mundo tendr\u00e1 como l\u00edder al mes\u00edas de Dios. El mundo venidero es fuente de esperanza.

{N}40,{/}1: (40,1-42,16) Esta \u00faltima secci\u00f3n, que se extiende hasta el final de la obra, se centra por completo en el nuevo templo y en la nueva tierra. Aun cuando los cr\u00edticos descubran aqu\u00ed la presencia de diversas manos, la mayor\u00eda asigna al propio Ezequiel la descripci\u00f3n hecha del templo renovado. Ella se supone fruto de una visi\u00f3n desde la cima de un monte (Is 2,2; Miq 4,1; Zac 14,10; Mt 21,6; Ap 21,10). Se trata, por supuesto, de una visi\u00f3n fant\u00e1stica, pero inspirada en el templo antiguo, que sin duda el profeta conoci\u00f3. Ahora habla de un nuevo lugar de culto, cuya forma rectangular {C}(temenos){/} sugiere la idea de perfecci\u00f3n, descrita con tal efluvio de pormenores que s\u00f3lo puede ser fruto de la m\u00e1s delirante fantas\u00eda. La estructura del santuario se supone respetar el patr\u00f3n salom\u00f3nico: vest\u00edbulo {C}(ulam),{/} nave o lugar santo {C}(hekal){/} y santuario interior o lugar sant\u00edsimo {C}(debir).{/} Se resalta sobre todo el inter\u00e9s asignado a los sacrificios de expiaci\u00f3n, llamados a ocupar un lugar relevante debido a la profunda conciencia de culpa adquirida durante el exilio. El lector se siente abrumado ante la riqueza de detalles sobre la construcci\u00f3n, prescripciones legales y ritualismo de este nuevo templo, que nunca pas\u00f3 de la pura fantas\u00eda del profeta, si bien su teolog\u00eda influy\u00f3 decisivamente a la hora de levantar el nuevo santuario en la \u00e9poca posex\u00edlica. Parece que Ezequiel, inspir\u00e1ndose en el tabern\u00e1culo m\u00f3vil del desierto, quiso tan s\u00f3lo visualizar en piedra el proceder c\u00faltico de la comunidad posex\u00edlica.

{N}43,{/}1: (1-27) Se llega aqu\u00ed al punto culminante: la gloria divina vuelve al templo (\u00c9x 40,34-35; 1Re 8,10-11; 10,19; 11,23). Es como el reverso de la antigua visi\u00f3n tr\u00e1gica (cc. 8-11), donde se lamentaba la ausencia de la gloria divina, que se hab\u00eda alejado de Jerusal\u00e9n tras haber sido arrasado su templo. Ahora se abre un horizonte de esperanza, pues la nueva comunidad romper\u00e1 con el pasado (culpa) para mirar hacia el futuro (gracia). La gloria del Se\u00f1or, que se hab\u00eda refugiado transitoriamente en oriente, regresa a su santuario de Jerusal\u00e9n. All\u00ed Dios asentar\u00e1 su trono, desde donde seguir\u00e1 desplegando su poder soberano (1Cr\u00f3n 28,2; Sal 99,5; Is 60,13). La presencia del nuevo templo ser\u00e1 un reto frontal a Israel, invit\u00e1ndole a lamentar sus pecados (pasado) y a afianzar su fidelidad (presente). Todo ello culminar\u00e1 en la aceptaci\u00f3n divina del nuevo culto, expresado en la consagraci\u00f3n del altar de acuerdo con las prescripciones ritualistas (\u00c9x 29,36-37; 40,1-38; Lev 8,14-15). Es curioso observar c\u00f3mo Ezequiel sigue asociando los sacrificios con la era futura (=reino mesi\u00e1nico).

{N}44,{/}1: (1-9) Esta secci\u00f3n (obra de alg\u00fan disc\u00edpulo del profeta) connota un receso teol\u00f3gico. De hecho, la regulaci\u00f3n del nuevo culto incurre en un sorprendente reduccionismo moral y religioso. Los extranjeros son excluidos a causa de su incircuncisi\u00f3n. Y ello a pesar de que con anterioridad se les hubiera admitido en el servicio del templo (Jos 9,23-27; N\u00fam 31,30.47). Ning\u00fan incircunciso de carne y de coraz\u00f3n podr\u00e1 ser admitido en la nueva alianza, dado que la incircuncisi\u00f3n carnal es signo de coraz\u00f3n incircunciso. Quiz\u00e1 este exclusivismo se deba al af\u00e1n de realzar las excelencias del sacerdocio sadoquita, al que incumb\u00eda pr\u00e1cticamente regular y dirigir las funciones c\u00falticas.

{N}45,{/}18: (18-25) En el nuevo ritual del templo dominan los sacrificios de expiaci\u00f3n. Y en la forma de presentarlos se observan marcadas discrepancias con la tradici\u00f3n del Pentateuco. Tanto que los rabinos mismos quedaron perplejos, no sabiendo si interpretarlos como ofrendas a causa de la dedicaci\u00f3n del nuevo templo o como ritos propios de este templo renovado. Su calendario lit\u00fargico gira en torno a las tres grandes fiestas: a\u00f1o nuevo-pascua-tabern\u00e1culos. Sorprende que no se aluda a las fiestas de las semanas o pentecost\u00e9s. Por otra parte, sus discrepancias con otros calendarios lit\u00fargicos son considerables (\u00c9x 23,14-16; Lev 23; Dt 16).

{N}46,{/}1: (1-6) Analiza aqu\u00ed las ofrendas de los s\u00e1bados y de las lunas nuevas. El rey ha desaparecido de los planes de restauraci\u00f3n, as\u00ed como el sumo sacerdote. En las funciones c\u00falticas toda la iniciativa viene tomada por el pr\u00edncipe, a quien acompa\u00f1an los sacerdotes para ofrecer los sacrificios que \u00e9l mismo haya presentado. Aun cuando el pr\u00edncipe no pueda hollar de ordinario el umbral interior, s\u00ed lo har\u00e1 en cambio los s\u00e1bados y novilunios para ofrecer sacrificios expiatorios. Y todo el pueblo corear\u00e1 desde fuera ese acto c\u00faltico, cifrado en aplacar la ira divina por los presuntos pecados cometidos tambi\u00e9n por el pueblo de la nueva alianza.

{N}47,{/}1: (1-12) Tras prodigar las prescripciones rituales concernientes al nuevo templo, irrumpe ahora toda la fuerza de la reflexi\u00f3n prof\u00e9tica. Y en ella la manifestaci\u00f3n de la gloria divina alcanza su cl\u00edmax. La gloria habitar\u00e1 en el santuario, en el centro mismo del pa\u00eds y en sus habitantes, expandiendo su fuerza y sus dones ben\u00e9ficos a trav\u00e9s de todo el territorio (Is 6,3). En la nueva era todo recobrar\u00e1 su esplendor primigenio, pues hasta la naturaleza quedar\u00e1 transformada por la gloria divina instalada en medio de Israel (Is 40,5; 41,17-20). Ezequiel recurre al motivo m\u00edtico del sacro manantial divino, de donde fluyen las aguas vivificadoras, pero asoci\u00e1ndolas siempre con el templo. Ve c\u00f3mo desde la puerta oriental del santuario emana un flujo incontenible de agua que penetra en las plantas y animales, convirtiendo el pa\u00eds en un parque exuberante. Hasta el propio mar Muerto se trocar\u00e1 en fuente de seres vivos. Tal agua vendr\u00e1 infundida al hombre cual si fuera una energ\u00eda medicinal. La teolog\u00eda neotestamentaria aplicar\u00eda esta alegor\u00eda a Jes\u00fas de Nazaret (Jn 7,38), el cual garantiza con ello el acceso a la vida celeste (Ap 22,1-2). Esas aguas garantizan una fertilidad excepcional, que convertir\u00e1 ese pa\u00eds renovado en un nuevo para\u00edso terrenal, donde se implantar\u00e1 la \u00e9gida de paz y bienestar, vinculada desde antiguo con la permanente presencia del mes\u00edas del Se\u00f1or.

{N}48,{/}30: (30-35) El libro termina con una visi\u00f3n fant\u00e1stica de  la nueva Jerusal\u00e9n, cuyo nombre ser\u00e1 \u00abEl Se\u00f1or est\u00e1 aqu\u00ed\u00bb (v. 35). Tras el reparto de la tierra prometida entre las diversas tribus, ve Ezequiel c\u00f3mo en cada uno de los cuatro lados de la ciudad se agrupan tres puertas, cuyos nombres se ajustan a los de las antiguas tribus israelitas. Curiosamente, Lev\u00ed aparece entre las salidas del norte, mientras Efra\u00edn y Manas\u00e9s (representadas por Jos\u00e9) se asocian con las puertas orientales (Ap 21,12-14). La nueva ciudad queda convertida en signo inequ\u00edvoco de esa plenitud mesi\u00e1nica que el profetismo nunca cesar\u00e1 de asociar con su tesis fundamental de restauraci\u00f3n.

