{N}1,{/}1: (1-3) Introducci\u00f3n general al libro. La palabra de Dios y la de Jerem\u00edas, fundidas en una sola, se encarnan en la historia, punto de encuentro entre Dios y el hombre.
La vocaci\u00f3n de Jerem\u00edas (vv. 4-10.17-19) adquiere su sentido y su fuerza a la luz de la elecci\u00f3n de Israel (las vocaciones individuales son una concreci\u00f3n de la elecci\u00f3n del pueblo) y de la figura de Mois\u00e9s. Por eso, Jerem\u00edas se presenta no s\u00f3lo bajo los rasgos propios de un profeta, sino tambi\u00e9n bajo los de un guerrero. El relato de la vocaci\u00f3n de Jerem\u00edas tiene por funci\u00f3n legitimar su mensaje: como vocero del Se\u00f1or, Jerem\u00edas transmite la aut\u00e9ntica palabra de Dios.
En medio del relato de la vocaci\u00f3n se han insertado dos breves relatos de visiones. El primero (vv. 11-12) se refiere a la actividad prof\u00e9tica de Jerem\u00edas y afecta a todo su mensaje. El segundo (vv. 13-16) encierra un or\u00e1culo de condena, un punto particular de la predicaci\u00f3n del profeta: por primera vez, Jerem\u00edas anuncia al pueblo de Jud\u00e1 que el enemigo vendr\u00e1 del norte.

{N}2,{/}1: (2,1-3,5) Integrada por una serie de peque\u00f1as unidades, primitivamente independientes, esta secci\u00f3n forma actualmente una composici\u00f3n, que se puede calificar de pleito o requisitoria del Se\u00f1or contra Israel. Se recuerdan, por un lado, los beneficios del Se\u00f1or en favor de su pueblo y, por otro, las infidelidades de este hacia el Se\u00f1or. Contrastan el per\u00edodo del desierto, cuando Israel respond\u00eda en fidelidad al Se\u00f1or (eran los primeros amores de Dios con su pueblo), con el del asentamiento en Cana\u00e1n, donde Israel olvida al Se\u00f1or y da culto a dioses cananeos. Israel fue engendrado en libertad, pero si se obstina en su rebeld\u00eda al Se\u00f1or, ser\u00e1 castigado y caer\u00e1 de nuevo en la esclavitud.

{N}3,{/}6: (3,6-4,4) A pesar de la apostas\u00eda y castigo de Israel, Jud\u00e1 no ha aprendido la lecci\u00f3n y se comporta infielmente con el Se\u00f1or (3,6-11). En consecuencia, el profeta invita apremiantemente al arrepentimiento, a la vuelta al Se\u00f1or, fuente de salvaci\u00f3n (3,12-25). El Se\u00f1or perdona al pueblo, siempre y cuando este renuncie realmente a sus \u00eddolos y, de coraz\u00f3n, d\u00e9 culto \u00fanicamente al Se\u00f1or, su Dios (4,1-4). La circuncisi\u00f3n era en Israel la se\u00f1al de la alianza.

{N}4,{/}5: (4,5-6,30) El tema dominante en esta secci\u00f3n es el anuncio del castigo inminente sobre Jud\u00e1. El enemigo viene del norte, en efecto, como estaba previsto (cf 1,14-15). Con im\u00e1genes muy variadas y con colores muy vivos, se describe la batalla, el asedio y la destrucci\u00f3n que se avecinan.
Numerosas culpas pesan sobre el pueblo: ni siquiera se encuentra en \u00e9l un inocente. Jud\u00e1 se ha rebelado y se comporta perversamente. En Jud\u00e1 se conculca el derecho y se cometen abusos sociales; rechazan al Se\u00f1or y dan culto a otros dioses. Por todo eso, el Se\u00f1or no puede perdonarles.
Pero la misi\u00f3n del profeta no consiste \u00fanicamente en anunciar el castigo a su pueblo, sino tambi\u00e9n en moverle a la conversi\u00f3n. Dios manda a Jerem\u00edas a su pueblo para probarlo. La palabra del profeta act\u00faa como un aut\u00e9ntico crisol para purificar a su pueblo.

{N}7,{/}1: (7,1-8,3) De los or\u00e1culos de Jerem\u00edas contra Israel y Jud\u00e1, el que anuncia la destrucci\u00f3n del templo y de la ciudad (7,1-15) es, indudablemente, el m\u00e1s famoso.
Jerem\u00edas se encara con sus compatriotas para denunciar la incoherencia de vida, el divorcio entre las pr\u00e1cticas religiosas y las exigencias \u00e9ticas. La injusticia vicia el culto. \u00bfDe qu\u00e9 sirve acudir al templo si luego no se cumple la voluntad de Dios, expresada en el dec\u00e1logo? Los derechos de Dios sobre el hombre no se ci\u00f1en al culto en el templo; han de abarcar toda la vida. A Dios no le agradan los holocaustos que se le ofrecen con las manos manchadas.
Los israelitas ten\u00edan una confianza casi m\u00e1gica en el templo. Cre\u00edan que con repetir \u00abtemplo del Se\u00f1or, templo del Se\u00f1or\u00bb ya estaban a salvo. La falsa confianza depositada en el templo les har\u00eda persistir en sus pecados, impidi\u00e9ndoles rectificar su conducta. Pensaban que el Dios de Israel era un dios amoral. Olvidaban que el Se\u00f1or es un Dios santo, que \u00abprefiere la misericordia a los sacrificios\u00bb (Prov 21,3).
Jes\u00fas de Nazaret saldr\u00e1 al paso de un error similar: \u00abNo todo el que me dice "\u00a1Se\u00f1or, Se\u00f1or!" entrar\u00e1 en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre, que est\u00e1 en los cielos\u00bb (Mt 7,21). \u00abAmar al pr\u00f3jimo como a uno mismo vale m\u00e1s que todos los holocaustos y sacrificios\u00bb (Mc 12,33).

{N}8,{/}4: (8,4-10,25) A lo largo de las m\u00faltiples y variadas piezas que componen esta secci\u00f3n, se pone de relieve tanto la obstinaci\u00f3n y la pecaminosidad del pueblo como el tr\u00e1gico destino al que se ve abocado. En consecuencia, vuelve una y otra vez el tono de lamento, del pueblo y del profeta, como formas m\u00e1s apropiadas para anunciar el desastre y la muerte.
La apostas\u00eda y necedad del pueblo resultan incomprensibles. Los animales conocen las leyes de la naturaleza, pero el pueblo de Dios -que se cree sabio- desconoce la ley del Se\u00f1or. Por eso ser\u00e1 castigado (8,4-12). Al Se\u00f1or le gustar\u00eda, ciertamente, cosechar los frutos de su pueblo, pero no hay racimos en la vi\u00f1a ni higos en la higuera. Solidario con sus gentes, Jerem\u00edas lamenta esta situaci\u00f3n deplorable a la que ha llegado Jud\u00e1 (9,9-21).
La verdadera sabidur\u00eda consiste en conocer al Se\u00f1or. Ahora bien, conocer al Se\u00f1or significa reconocer a un Dios que interviene en la tierra, ense\u00f1ando al hombre la misericordia, el derecho y la justicia (9,22-23).

{N}10,{/}1: En 10,1-16 se ponen en contraposici\u00f3n los \u00eddolos, de quienes se afirma en tono pol\u00e9mico que son nada y vaciedad, y el Se\u00f1or, a quien en tono h\u00edmnico se le canta como a verdadero Dios, exaltando su majestad y su poder.
La \u00faltima parte del c. 10 (vv. 17-25) vuelve sobre el tema del enemigo que viene del norte para destruir las ciudades de Jud\u00e1. Dada la cat\u00e1strofe que se avecina, el texto se reviste de colores eleg\u00edacos. El castigo parece inevitable. El profeta, no obstante, intercede siempre directamente ante el Se\u00f1or en favor de todo su pueblo.
(Cc. 10-20) Prosiguen, en estos cap\u00edtulos, los or\u00e1culos de condena contra Jud\u00e1 y Jerusal\u00e9n. A ellos hay que a\u00f1adir un g\u00e9nero literario nuevo, \u00fanico en los profetas: las confesiones de Jerem\u00edas. Estas se asemejan considerablemente a los salmos de lamentaci\u00f3n.
Tanto las confesiones de Jerem\u00edas como los salmos de lamentaci\u00f3n (se pueden sumar varios pasajes de Job) coinciden en un punto fundamental: el sufrimiento humano. Este tiene dimensiones individuales, pero afecta tambi\u00e9n a la vida del pueblo. Muchos elementos remontan al mismo profeta, pero otros trascienden la vida de Jerem\u00edas y perviven en la vida del pueblo. La comunidad ex\u00edlica, en particular, ten\u00eda no poco de que lamentarse. No le ser\u00eda dif\u00edcil, por tanto, identificarse con el yo del profeta, como no ser\u00eda dif\u00edcil a los te\u00f3logos del exilio adaptar estos textos a la situaci\u00f3n que estaba viviendo el pueblo. Dolor del profeta, dolor del pueblo: sufrimiento humano, en una palabra.

{N}11,{/}1: (1-17) Introducci\u00f3n general a toda la secci\u00f3n. Serm\u00f3n, de corte netamente deuteronomista, que tiene por centro la alianza con el Se\u00f1or. La bendici\u00f3n o castigo del pueblo dependen de su fidelidad a la ley del Se\u00f1or, esto es, a las cl\u00e1usulas de la alianza.

{N}11,{/}18: (18-23) Una de las experiencias m\u00e1s dolorosas de Jerem\u00edas, de la que ha quedado constancia en su primera confesi\u00f3n, ha sido la persecuci\u00f3n de sus propios paisanos, la gente de Anatot, a la que \u00e9l intentaba desesperadamente salvar de la cat\u00e1strofe. Ante esta situaci\u00f3n, el profeta espera que el Se\u00f1or, que le ha hecho saber las tramas urdidas por los suyos contra \u00e9l, le haga justicia.

{N}12,{/}1: En la segunda confesi\u00f3n (vv. 1-6) se plantea el problema que ocupa un lugar central en el libro de Job: \u00bfpor qu\u00e9 sufre el justo? Este problema no tiene clara respuesta, pues pertenece a los misterios de Dios. El lamento del Se\u00f1or (vv. 7-13), que sufre al tener que castigar a los que \u00e9l ama, pudiera contener una respuesta impl\u00edcita (as\u00ed en la mente del redactor, que ha colocado aqu\u00ed estos vers\u00edculos) al lamento del profeta. El Se\u00f1or se ve obligado a castigar, pero su amor es m\u00e1s fuerte que su ira y por eso se vuelve nuevamente a compadecer (vv. 14-17).

{N}13,{/}1: (1-11) Mediante un acto simb\u00f3lico, una especie de par\u00e1bola representada por el profeta a modo de pantomima, se anuncia el rechazo del pueblo por el Se\u00f1or. El cintur\u00f3n sirve para expresar la \u00abadhesi\u00f3n\u00bb (t\u00e9rmino caracter\u00edstico de la alianza) del Se\u00f1or a su pueblo. La adhesi\u00f3n del Se\u00f1or a los suyos depende de la adhesi\u00f3n de estos al Se\u00f1or.

{N}13,{/}12: (12-27) La par\u00e1bola de las vasijas (vv. 12-14) es tan elocuente que no necesita explicaci\u00f3n. Tan evidente parece que las vasijas de vino son para llenarlas de vino como que se quiebran si chocan entre s\u00ed. Pues bien, el Se\u00f1or llenar\u00e1 el pueblo de su c\u00f3lera de forma que este, como las vasijas, se destruir\u00e1. Los vv. 15-19.20-27, con su referencia expl\u00edcita a la c\u00f3lera divina y al exilio, vienen a complementar el anuncio del castigo contenido en la par\u00e1bola de las vasijas.

{N}14,{/}1: (14,1-15,9) La gran sequ\u00eda mueve a Jerem\u00edas a compadecerse de su pueblo y a entablar un di\u00e1logo con Dios, en la esperanza de ser escuchado. Pero el Se\u00f1or responde negativamente (v. 10), y Jerem\u00edas se queda solo, entre la angustia de su pueblo y la c\u00f3lera de su Dios. En tal situaci\u00f3n brota espont\u00e1nea y sencillamente el lamento del profeta.

{N}15,{/}10: (10-21) La tercera confesi\u00f3n comienza con un gesto de dolor, para desembocar en una queja y denuncia contra los enemigos e, incluso, contra el mismo Dios. La referencia, en tono de acusaci\u00f3n, al Se\u00f1or evoca la acusaci\u00f3n de Job contra sus amigos, cuando estos le dejan solo en el aprieto (cf Job 6,15-21). En realidad, en ninguno de los casos se trata de volver las espaldas a Dios, sino m\u00e1s bien de aferrarse a \u00e9l en un momento de extrema desesperaci\u00f3n. Este grito desesperado y angustioso, aunque tambi\u00e9n confiado, del profeta Jerem\u00edas recibe una clara y r\u00e1pida respuesta de Dios, que le recuerda la promesa hecha con motivo de su vocaci\u00f3n (cf 1,18s; 15,20s).

{N}16,{/}1: El profeta Jerem\u00edas hizo de su existencia un signo tan total del mandato del Se\u00f1or que tuvo que permanecer solo, sin mujer y sin hijos, sin tomar parte en el duelo ni en la fiesta de sus paisanos, sin tener un c\u00edrculo social que le acogiera y le respaldara. Estos actos tienen un significado, son portadores de un mensaje, un anuncio de castigo: el destierro (vv. 1-13 + 16-18). Los vv. 14-15 presuponen el exilio y anuncian un nuevo \u00e9xodo, una liberaci\u00f3n mayor que la operada a la salida de Egipto. El cap\u00edtulo termina con un or\u00e1culo sobre la conversi\u00f3n de los gentiles y la difusi\u00f3n universal del conocimiento del Se\u00f1or (vv. 19-21), que probablemente no es del profeta Jerem\u00edas.

{N}17,{/}1: Tras ponerse de manifiesto el pecado de Jud\u00e1, indeleblemente grabado en el coraz\u00f3n del pueblo (vv. 1-4), se recoge una serie de sentencias sapienciales (vv. 5-11), que tienen por fondo el tema de las falsas y verdaderas seguridades, en l\u00ednea con la doctrina de las dos v\u00edas (cf Dt 30,15-20; Sal 1).
En los vv. 12-18 se traslucen los sentimientos \u00edntimos del profeta, su s\u00faplica confiada al Se\u00f1or, t\u00edpica de los salmos de lamentaci\u00f3n.
La invitaci\u00f3n apremiante a observar el s\u00e1bado (vv. 19-27), uno de los mandamientos del dec\u00e1logo, como garant\u00eda de la vida del pueblo, incide directamente sobre el tema de los vv. 5-11, al se\u00f1alar el camino de la vida. Es dudoso que este pasaje sea de Jerem\u00edas.

{N}18,{/}1: (1-12) Alegor\u00eda del alfarero. El Se\u00f1or manda a Jerem\u00edas ir al taller del alfarero, donde \u00e9l se le revelar\u00e1 mediante una acci\u00f3n simb\u00f3lica. Lo mismo que el alfarero -por ser due\u00f1o del barro- puede destruir y rehacer un cacharro hasta que quede a su gusto, as\u00ed puede hacer el Se\u00f1or con su pueblo hasta que este se conforme a la imagen que de \u00e9l se hab\u00eda hecho, al plan que el Se\u00f1or ten\u00eda sobre \u00e9l.

{N}18,{/}13: (13-17) Rechazada la invitaci\u00f3n a convertirse, el Se\u00f1or pronuncia la sentencia contra el pueblo.

{N}18,{/}18: (18-23) Perseguido, el profeta entona un salmo de lamento y de s\u00faplica al Se\u00f1or, en la esperanza de ser escuchado y con el deseo de que sean castigados sus enemigos.

{N}19,{/}1: (19,1-20,6) Dos motivos se entrelazan en esta unidad: una acci\u00f3n simb\u00f3lica con una jarra y un or\u00e1culo de condena sobre el Tofet, en el valle de Ben-Hinn\u00f3n. Jerem\u00edas rompe la jarra de barro junto a la puerta de la alfarer\u00eda, en presencia de algunos testigos, para simbolizar lo que el Se\u00f1or har\u00e1 con su pueblo. Adem\u00e1s, pronuncia un or\u00e1culo de condena en el atrio del templo. Entonces Pasjur, sacerdote del templo, le hizo azotar y le meti\u00f3 en el cepo. Pero Jerem\u00edas, temeroso \u00fanica y exclusivamente de la palabra de Dios, repite nuevamente al d\u00eda siguiente el mismo or\u00e1culo, al que a\u00f1ade ahora otro or\u00e1culo m\u00e1s particular, pormenorizado y concreto contra Pasjur.

{N}20,{/}7: (7-18) El dolor del profeta toca su punto m\u00e1s \u00e1lgido. Al no poder aguantar m\u00e1s sus sufrimientos, Jerem\u00edas estalla y maldice el d\u00eda de su nacimiento. Ni un rayo de luz atraviesa la oscuridad en que se halla sumido el profeta. Ni una palabra de consuelo dulcifica sus sentimientos de amargura y desesperaci\u00f3n. Este pasaje no tiene paralelo en todo el AT, a no ser en Job 3,3-12.

{N}21,{/}1: (Cc. 21,1-25,14) La primera parte del libro de Jerem\u00edas, en la que se recogen fundamentalmente los or\u00e1culos de condena contra Jud\u00e1 y Jerusal\u00e9n, termina con una colecci\u00f3n de or\u00e1culos contra los jefes del pueblo (reyes: 21,1-23,8 y profetas: 23,9-40), a la que sigue una visi\u00f3n simb\u00f3lica de las dos canastas de higos (c. 24), para rematar con una conclusi\u00f3n general (25,1-14).
{N}21,{/}1-10: Durante el asedio de Jerusal\u00e9n, el rey Sedec\u00edas env\u00eda oficiales a consultar a Jerem\u00edas acerca de los planes del Se\u00f1or sobre su pueblo. El profeta le responde diciendo que el juicio de Dios es inevitable; Jud\u00e1 caer\u00e1 en manos de los babilonios. Aunque no se explicitan las razones de este castigo, todo el contexto apunta en una misma direcci\u00f3n: la rebeld\u00eda del pueblo en contra del Se\u00f1or.

{N}21,{/}11: (21,11-22,9) Estos vers\u00edculos tienen como destinatarios la casa real de Jud\u00e1, la dinast\u00eda dav\u00eddica. El profeta denuncia con gran libertad y recuerda las principales obligaciones del rey: administrar el derecho y la justicia en la naci\u00f3n, atendiendo en especial a las clases sociales m\u00e1s necesitadas. Cualquier falta en este sentido acarrear\u00e1 el juicio divino contra la casa real.

{N}22,{/}10: (10-30) Serie de or\u00e1culos individuales contra los reyes de Jud\u00e1. De Sal\u00fan, hijo de Jos\u00edas, deportado por el Fara\u00f3n a Egipto, se anuncia que no volver\u00e1 (vv. 10-12). Acerca de Joaqu\u00edn, se contrasta su conducta injusta y d\u00e9spota con la de su padre Jos\u00edas, modelo de buen gobernante por su defensa de la justicia y el derecho, y se predice su muerte violenta y su sepultura de asno (vv. 13-19). Jecon\u00edas, hijo y sucesor de Joaqu\u00edn, rein\u00f3 s\u00f3lo durante los tres meses anteriores a la conquista de Jerusal\u00e9n por los babilonios, cayendo en manos de estos (vv. 24-29).

{N}23,{/}1: (1-8) Del castigo anunciado en los cc. 21-22 contra los reyes de Jud\u00e1, se salta aqu\u00ed al anuncio de la salvaci\u00f3n. El Se\u00f1or prepara para su pueblo unos pastores o un pastor ideal, que reinar\u00e1 en paz y con justicia. En sus d\u00edas, los desterrados volver\u00e1n a sus casas. Se divisa en el horizonte un nuevo \u00e9xodo, m\u00e1s extraordinario que el primero. 

{N}23,{/}9: (9-40) Se agrupan, en esta secci\u00f3n, diversos or\u00e1culos contra los profetas. Jerem\u00edas muestra su gran desconcierto ante la inmoralidad de los sacerdotes y de los profetas, guardianes de la fe de Israel (vv. 9-12). En palabras, son peores que los profetas de Baal en Samar\u00eda; y en obras, peores que los habitantes de Sodoma y Gomorra (vv. 13-15). Son profetas falsos; prometen paz y bienestar incluso a los que rechazan a Dios, sin exigirles un cambio de conducta. Sus palabras no vienen de Dios; no son mensajeros suyos. La seguridad que prometen carece de fundamento (vv. 16-22). Invocan la divina revelaci\u00f3n, como aval de sus sue\u00f1os oculares; pero estos no pasan de puros sue\u00f1os humanos, con los que extrav\u00edan al pueblo (vv. 23-32). Si el profeta no usa la palabra del Se\u00f1or con la seriedad y mesura que esta reclama, el \u00abor\u00e1culo\u00bb se convertir\u00e1 en una \u00abcarga\u00bb aut\u00e9ntica (juego de palabras con el t\u00e9rmino hebreo {C}massa',{/} que verdaderamente significa \u00abor\u00e1culo\u00bb y \u00abcarga\u00bb) del Se\u00f1or contra los intereses del pueblo (vv. 33-40).

{N}24,{/}1: La deportaci\u00f3n del a\u00f1o 597 fue selectiva, de modo que el pueblo de Jud\u00e1 qued\u00f3 dividido: una parte permaneci\u00f3 en el territorio de Jud\u00e1, mientras que la otra fue conducida a Babilonia. Ambas se simbolizan en las dos cestas de higos. Basados en la idea de que el castigo corresponde a la culpa, los que permanecieron en Jud\u00e1 pensaban que los culpables eran los desterrados, y que ellos, en cambio, eran inocentes y que estaban a salvo. Pero el Se\u00f1or anuncia un nuevo comienzo y una nueva salvaci\u00f3n, que se va a operar con la vuelta de los desterrados a la tierra prometida.

{N}25,{/}1: Este cap\u00edtulo consta de dos partes. La primera (vv. 1-14) es la conclusi\u00f3n general, en estilo deuteronomista, de los or\u00e1culos de Jerem\u00edas contra Jud\u00e1 y Jerusal\u00e9n. La argumentaci\u00f3n resulta clara y convincente: el castigo del pueblo se debe a la desobediencia a la palabra de Dios propuesta por los profetas. La nota redaccional: \u00abtodo lo escrito en este libro\u00bb suena a punto final. Terminan as\u00ed los or\u00e1culos contra el pueblo de Dios (1,4-25,14).
La segunda parte (vv. 15-38) introduce los or\u00e1culos contra las naciones, que actualmente se hallan desplazados a los cc. 46-51. La versi\u00f3n de los Setenta coloca estos or\u00e1culos despu\u00e9s de 25,13, lo que invita a pensar con bastante fundamento que 25,15-38 primitivamente formaba la conclusi\u00f3n l\u00f3gica de los or\u00e1culos contra las naciones, como ocurre, por ejemplo, con 25,1-13 respecto de los or\u00e1culos contra Jud\u00e1 y Jerusal\u00e9n.

{N}26,{/}1: El discurso de Jerem\u00edas en el templo (7,1-15) caus\u00f3 tal impacto y reacci\u00f3n en la gente, que poco falt\u00f3 para que no le costase la vida al profeta. Pero Jerem\u00edas no se retract\u00f3, antes bien se reafirm\u00f3 en lo dicho, a\u00f1adiendo una explicaci\u00f3n: si \u00e9l hab\u00eda pronunciado tales palabras era porque el Se\u00f1or le hab\u00eda enviado a profetizar contra el templo y la ciudad. Gracias a la intervenci\u00f3n de algunos ancianos, que recordaron el or\u00e1culo pronunciado un siglo antes por el profeta Miqueas, Jerem\u00edas logr\u00f3 salvar su vida.
Que la confianza y seguridad puesta en el templo es falaz, lo prueba Jerem\u00edas con un argumento contundente: lo que el Se\u00f1or hizo con Silo lo puede repetir con Jerusal\u00e9n. La santidad del santuario de Silo, donde el Se\u00f1or hizo habitar su nombre en otro tiempo como ahora lo hace habitar en Jerusal\u00e9n, no libr\u00f3 a Silo de la destrucci\u00f3n. Del mismo modo, Jerusal\u00e9n puede ser destruida en su totalidad y lo ser\u00e1 de hecho, a no ser que el pueblo entero se convierta de verdad y obedezca fielmente al Se\u00f1or, su Dios.

{N}27,{/}1: (27-28) Los reinos lim\u00edtrofes a Jud\u00e1 proponen una rebeli\u00f3n conjunta contra Nabucodonosor. Los profetas nacionales de salvaci\u00f3n apoyan esta iniciativa; pero Jerem\u00edas se dirige a distintos estamentos del reino de Jud\u00e1 (embajadores: 27,2-11; rey y corte: 27,12-15; sacerdotes y pueblo: 27,16-22) para invitarles a la sumisi\u00f3n y para que no se dejen enga\u00f1ar por los profetas que anuncian el ocaso inminente de Babilonia. Con la acci\u00f3n simb\u00f3lica del yugo, Jerem\u00edas indica cu\u00e1l va a ser la suerte de Jud\u00e1 si se rebela contra Nabucodonosor. Pero Anan\u00edas, un falso profeta (c. 28), quita el yugo del cuello de Jerem\u00edas y lo rompe, dando a entender que el yugo de Babilonia sobre Jud\u00e1 ser\u00e1 quebrantado. El silencio moment\u00e1neo de Jerem\u00edas parece darle la raz\u00f3n a Anan\u00edas; pero el Se\u00f1or interviene para decidir con su palabra, en favor de Jerem\u00edas, el duelo entre ambos profetas.

{N}29,{/}1: En una carta a los deportados a Babilonia, Jerem\u00edas les exhorta a no dejarse enga\u00f1ar por los falsos augurios, creyendo que pronto va a operarse su retorno a la patria. El destierro tendr\u00e1 fin, pero ser\u00e1 largo. Deben hacer frente a la situaci\u00f3n e instalarse adecuadamente. Conviene que colaboren, e incluso que recen por el pa\u00eds de Babilonia. Es la primera vez que en la Biblia se invita a interceder por los gentiles. Los vv. 24-25 parecen alterados y embrollados.

{N}30,{/}1: (30-33) Estos cap\u00edtulos suelen recibir el nombre de \u00ablibro de la consolaci\u00f3n\u00bb. En \u00e9l se re\u00fanen varios or\u00e1culos de salvaci\u00f3n en favor de Jud\u00e1 e Israel. La mayor\u00eda de estos or\u00e1culos trata de la vuelta a la patria y de una vida tranquila en ella (cf 31,7-17). En 31,31-34, uno de los pasajes m\u00e1s relevantes del AT, se anuncia una nueva alianza de Dios con su pueblo. Esta se compara con la antigua, la realizada en el Sina\u00ed a la salida de Egipto. Ambas tienen los mismos pactantes; pero la nueva alianza no se escribir\u00e1 en tablas de piedra, sino en el coraz\u00f3n del pueblo. Un pueblo renovado y transformado interiormente por la obediencia, el amor y el conocimiento de Dios, condiciones esenciales para una verdadera pr\u00e1ctica religiosa. Este texto, s\u00edntesis espiritual de la doctrina de Jerem\u00edas, es una llamada a la sinceridad y a la fidelidad de Dios. Fidelidad a toda prueba, como la vivi\u00f3 el mismo Jerem\u00edas, basada en una relaci\u00f3n amorosa con el Se\u00f1or.
Esta alianza nueva ser\u00e1 una \u00abalianza eterna\u00bb (32,37-40), gracias a un \u00abcoraz\u00f3n nuevo\u00bb y a un \u00abesp\u00edritu nuevo\u00bb. Tal alianza tendr\u00e1 su cumplimiento definitivo en el NT (cf Lc 22,20; Heb 8,6-12; 9,1ss).
La acci\u00f3n simb\u00f3lica de 32,6-15 desemboca en un or\u00e1culo de salvaci\u00f3n. No todo se ha perdido; a\u00fan existen razones para la esperanza, pues el pa\u00eds ser\u00e1 restaurado. Nada hay imposible para Dios (32,26s). El pa\u00eds ser\u00e1 renovado y Dios har\u00e1 un pacto eterno con su pueblo (32,36-44). Jud\u00e1 e Israel volver\u00e1n a su vida normal y vivir\u00e1n en paz y en prosperidad (c. 33).

{N}34,{/}1: Durante el asedio de Jerusal\u00e9n, Jerem\u00edas se dirige personalmente al rey Sedec\u00edas con el fin de evitar un mal mayor. La situaci\u00f3n es desesperada, la mayor parte de las ciudades de Jud\u00e1 han ca\u00eddo en manos del enemigo y el rey no podr\u00e1 mantenerse en el trono, pero al menos podr\u00e1 salvar su vida si capitula (vv. 1-7).
El or\u00e1culo de los vv. 8-22 intenta mostrar las causas que llevaron a Jud\u00e1 al desastre. El castigo divino infligido al pueblo se debe a su desobediencia a la ley del Se\u00f1or; m\u00e1s concretamente, a su infidelidad a lo pactado en el caso de los esclavos. El v. 19 presenta un antiguo rito de alianza, en el que los contratantes pasan entre los trozos de una v\u00edctima.

{N}35,{/}1: Jerem\u00edas presenta a los recabitas como modelo de fidelidad en contraste con los israelitas. Varios siglos despu\u00e9s de la sedentarizaci\u00f3n en la tierra de Cana\u00e1n, los recabitas continuaban viviendo un tipo de vida semin\u00f3mada, alejados de los centros urbanos, a los que tan s\u00f3lo se acercaban en caso de peligro. Movidos por su celo religioso (cf 2Re 10,15s), esta secta defend\u00eda los antiguos ideales de la religi\u00f3n israelita, tal como la hab\u00edan practicado sus antepasados n\u00f3madas. La acci\u00f3n simb\u00f3lica del profeta con los recabitas encierra una invitaci\u00f3n a los israelitas a la fidelidad del Se\u00f1or.

{N}36,{/}1: Cuando ya se perfilaba el \u00abenemigo del norte\u00bb, preanunciado algunos a\u00f1os antes por el profeta (cf 1,14s; 4-6), Jerem\u00edas recibe la orden del Se\u00f1or de escribir en un rollo los or\u00e1culos que hab\u00eda pronunciado durante su ministerio prof\u00e9tico. Con la ayuda de Baruc, su secretario, Jerem\u00edas no s\u00f3lo recopila sus or\u00e1culos, sino que adem\u00e1s los repropone al pueblo. Pero el rey Joaqu\u00edn mand\u00f3 destruir el rollo, despreciando a Jerem\u00edas y rechazando, en \u00faltima instancia, la palabra del Se\u00f1or. El rey mand\u00f3 detener al profeta y a Baruc, en aquella ocasi\u00f3n; pero, avisados a tiempo, lograron escapar y no aparecieron en p\u00fablico en los a\u00f1os sucesivos. Estos acontecimientos turbaron considerablemente a Jerem\u00edas, como se refleja claramente en sus confesiones.

{N}37,{/}1: (37,1-40,6) Esta secci\u00f3n relata el asedio y la conquista de Jerusal\u00e9n. El rey Sedec\u00edas consulta a Jerem\u00edas y le pide que rece por la liberaci\u00f3n de Jud\u00e1 de los babilonios, pero el profeta le responde diciendo que la suerte est\u00e1 echada y que el desastre es inevitable. Es verdad que los babilonios hab\u00edan interrumpido el asedio de Jerusal\u00e9n para hacer frente al ej\u00e9rcito del Fara\u00f3n de Egipto, que ven\u00eda en auxilio de Jud\u00e1, pero esto no quer\u00eda decir que los caldeos no volver\u00edan a luchar contra Jerusal\u00e9n o que esta iba a escapar a la conquista (37,1-10). As\u00ed lo afirma Jerem\u00edas, provocando la reacci\u00f3n de los ministros de Sedec\u00edas, que encarcelan al profeta (37,11-16). En estas circunstancias, Jerem\u00edas pronuncia un nuevo or\u00e1culo de maldici\u00f3n, a la par que suplica al rey que le saque de la c\u00e1rcel. Entonces, Sedec\u00edas orden\u00f3 que custodiasen a Jerem\u00edas en el patio de guardia (37,17-21). All\u00ed Jerem\u00edas hablaba con los soldados y les aseguraba que la ciudad ser\u00eda destruida. Los ministros decidieron matar a Jerem\u00edas, y lo arrojaron a una cisterna, donde hubiera muerto de no haber intervenido Ebedm\u00e9lec (38,1-13; 39,15-18).
Ya al final del asedio de Jerusal\u00e9n, Jerem\u00edas se encuentra por \u00faltima vez con Sedec\u00edas (38,14-23). Le exhorta a rendirse para salvar su vida y la de la ciudad, pero Sedec\u00edas no obedeci\u00f3. Tras a\u00f1o y medio de asedio, Jerusal\u00e9n fue expugnada. Sedec\u00edas y sus ministros huyeron, pero fueron capturados en Jeric\u00f3 por los babilonios. Informado Nabucodonosor de los sucesos, mand\u00f3 quemar el templo y el palacio real y destruir los muros de la ciudad. Estando al corriente de la actividad de Jerem\u00edas, Nabucodonosor orden\u00f3 que lo dejaran en libertad. A Sedec\u00edas y a los principales responsables del pueblo, por el contrario, los castig\u00f3 dur\u00edsimamente (39,11-13; 40,1-6). En el conjunto de relatos sobre Jerem\u00edas existen lagunas.

{N}40,{/}7: (40,7-44,30) Nabucodonosor hizo de Jud\u00e1 una provincia de su imperio, nombrando como gobernador de ella a Godol\u00edas (cf 40,5), un noble jud\u00edo, que fij\u00f3 su residencia en Misp\u00e1, cerca de Ram\u00e1 (40,7-12). Al cabo de tres meses, algunos fan\u00e1ticos mataron a Godol\u00edas (40,13-41,15). La comunidad de Misp\u00e1 temi\u00f3 la venganza de Nabucodonosor y decidi\u00f3 huir a Egipto. Antes de dar este paso, no obstante, pidieron un or\u00e1culo a Jerem\u00edas, que les exhort\u00f3 a no tener miedo y a quedarse en Jud\u00e1. Pero Azar\u00edas, Juan y otros no acataron la palabra de Dios, propuesta por el profeta, y forzaron a la comunidad y al mismo Jerem\u00edas a huir a Egipto (41,16-43,7). Jerem\u00edas continu\u00f3 su ministerio prof\u00e9tico entre los escapados a Egipto, donde pronunci\u00f3, en primer lugar, un or\u00e1culo de condena: Egipto ser\u00e1 destruido por los babilonios (43,8-13). Por consiguiente, los jud\u00edos all\u00ed refugiados no tendr\u00e1n escapatoria, m\u00e1xime que persisten en sus infidelidades al Se\u00f1or y en sus cultos idol\u00e1tricos.
En Egipto, lejos de su patria completamente destruida, muri\u00f3 el profeta Jerem\u00edas, que permaneci\u00f3 fiel a su misi\u00f3n hasta el \u00faltimo momento de su vida. Su mensaje perdur\u00f3 despu\u00e9s de su muerte y ejerci\u00f3 un gran influjo en la comunidad de los exiliados en Babilonia, a la cual iban ligadas ahora las esperanzas y expectativas de un fuerte resurgimiento del pueblo de Israel.

{N}45,{/}1: A Baruc, que con gran fidelidad al profeta hab\u00eda compartido sus mismos problemas y dolores, Jerem\u00edas le consuela comunic\u00e1ndole la decisi\u00f3n del Se\u00f1or: salvar\u00e1 su vida. Este or\u00e1culo puede interpretarse como el justo premio a la lealtad al Se\u00f1or y a su portavoz, lealtad digna de todo elogio y de imitaci\u00f3n.

{N}46,{/}1: (46-51) Estos cap\u00edtulos contienen los or\u00e1culos contra las naciones, anunciados en 25,15-38. De este tipo de or\u00e1culos, frecuente en la literatura prof\u00e9tica del Antiguo Testamento, dan testimonio asimismo los libros de Am\u00f3s, Isa\u00edas y Ezequiel. Estos profetas, al igual que Jerem\u00edas, estaban plenamente convencidos de que el Se\u00f1or era due\u00f1o de las naciones y, consiguientemente, su mensaje prof\u00e9tico ten\u00eda que llegar a estas, no debiendo circunscribirse exclusivamente al pueblo de Israel.
En dos or\u00e1culos po\u00e9ticos diferentes (vv. 2-12 y 13-24) se anuncia, con tonos muy vivos e incisivos, la destrucci\u00f3n de Egipto por los babilonios, bajo el mando de Nabucodonosor. En otros dos or\u00e1culos en prosa, mucho m\u00e1s breves (vv. 25-26), se expone el castigo y la futura restauraci\u00f3n de Egipto. El cap\u00edtulo termina con un or\u00e1culo de salvaci\u00f3n para Israel (vv. 27-28). Se relaciona as\u00ed, una vez m\u00e1s, la suerte del pueblo de Dios con la de Egipto.

{N}47,{/}1: El or\u00e1culo contra los filisteos probablemente se inscribe en la serie de acontecimientos que siguen a la derrota de los egipcios en C\u00e1rquemis. Enemigos del pueblo de Dios, los filisteos reciben tambi\u00e9n su merecido. En este pasaje se presenta al invasor como \u00abla espada del Se\u00f1or\u00bb y el instrumento mejor e id\u00f3neo de su poder soberano, abstracto y total para ejecutar finalmente la se\u00f1alada sentencia.

{N}48,{/}1: En un or\u00e1culo largo e irregular, sobrecargado de citas del profeta Isa\u00edas (cf Is 15-16), Jerem\u00edas se dirige contra el reino de Moab, vecino y con frecuencia enemigo de Israel. No parece que exista un motivo particular de acuse y de condena por parte de Israel contra esta naci\u00f3n; de donde se infiere que Jerem\u00edas coloca aqu\u00ed este or\u00e1culo para reforzar su concepci\u00f3n teol\u00f3gica acerca del Se\u00f1or en cuanto due\u00f1o de la historia y de las naciones.

{N}49,{/}1: A Am\u00f3n (vv. 1-6), enemigo tradicional de Israel, Jerem\u00edas le echa en cara haber ocupado el territorio de Gad. Los amonitas estuvieron implicados en el complot contra Nabucodonosor en el a\u00f1o 594 (cf Jer 27 y Ez 21,18ss). Probablemente debido a esto, Nabucodonosor ocup\u00f3 su territorio algunos a\u00f1os m\u00e1s tarde, en el a\u00f1o 582 a.C.
En cuanto descendientes de Esa\u00fa, hermano de Jacob (cf G\u00e9n 25,30; 36), los edomitas son hermanos de los israelitas. El or\u00e1culo contra Ed\u00f3n (vv. 7-22) tiene como punto de mira la actitud de los edomitas a la ca\u00edda de Jerusal\u00e9n. Tras la victoria sobre los egipcios y los asirios en C\u00e1rquemis, Nabucodonosor comenz\u00f3 a conquistar las ciudades arameas. A la luz de estos acontecimientos, cobra sentido el or\u00e1culo contra Damasco (vv. 23-27).
Quedar y Jasor (vv. 28-33), tribus \u00e1rabes importantes, se vieron tambi\u00e9n envueltas en los ataques de Nabucodonosor. Desprovistas de fortificaciones, estas tribus semin\u00f3madas eran un blanco f\u00e1cil para los ej\u00e9rcitos de Babilonia.
El reino de El\u00e1n (vv. 34-38), situado al este de Babilonia, es conocido por sus famosos y fuertes arqueros (cf Is 22,6), cuya gran habilidad y astucia especial han pasado a la historia como algo proverbial.

{N}50,{/}1: (50-51) La serie de or\u00e1culos contra las naciones termina con una colecci\u00f3n de peque\u00f1os or\u00e1culos contra Babilonia. Estos gravitan en torno a dos temas principales: la ca\u00edda de Babilonia y la liberaci\u00f3n de Israel de la cautividad. Con la muerte de Nabucodonosor se inici\u00f3 el ocaso de Babilonia, al mismo tiempo que comenz\u00f3 a surgir un nuevo imperio: el de los persas. Su rey, Ciro, permiti\u00f3 a los jud\u00edos volver a su patria. La historia, pues, viene en confirmaci\u00f3n de estos or\u00e1culos de los cc. 50-51, en los que se deja traslucir una dura cr\u00edtica contra el imperialismo pol\u00edtico, en el que se desprecia a las otras naciones. Adem\u00e1s, en estos textos se subraya la concepci\u00f3n teol\u00f3gica seg\u00fan la cual Dios se hace presente a los suyos en los momentos cr\u00edticos de la historia para salvarlos.

{N}52,{/}1: Ap\u00e9ndice hist\u00f3rico, correspondiente en su mayor parte a 2Re 24,18-25,30. Tiene por funci\u00f3n mostrar el cumplimiento de las profec\u00edas de Jerem\u00edas contra Jud\u00e1 y Jerusal\u00e9n.
A pesar de la situaci\u00f3n desesperada en la que se encuentra el pueblo de Dios en el exilio de Babilonia, el libro de Jerem\u00edas, lo mismo que el de los Reyes, termina con una nota optimista: la consideraci\u00f3n que se tiene con Jecon\u00edas, el \u00faltimo rey de la casa de Jud\u00e1, descendiente de la dinast\u00eda dav\u00eddica, invita a albergar la esperanza en un futuro mejor, en un pr\u00f3ximo futuro en el que las promesas divinas al rey David (cf 2Sam 7) se har\u00e1n definitivamente realidad.

