{N}2,{/}11: (11-22) Aqu\u00ed el profeta, rompiendo las barreras de un nacionalismo absurdo, invita a confiar en un evento futuro (=\u00abd\u00eda del Se\u00f1or\u00bb), en el que se derrocar\u00e1 la fuerza de los \u00eddolos para humillar a cuantos depositen su confianza en los valores humanos. Es preciso, pues, situarse m\u00e1s all\u00e1 de esa seguridad que da la simple pertenencia al pueblo y deponer cuantas actitudes personales -arrogancia o soberbia- predisponen contra Dios. Este intervendr\u00e1 con poder devastador, arrasando cuanto fluye de la mezquindad humana. El profeta intuye ya aqu\u00ed un cambio fundamentalmente radical de la situaci\u00f3n y del entorno sociopol\u00edtico, en el que s\u00f3lo los justos subsistir\u00e1n.

{N}3,{/}1: (1-12) Grito desgarrador denunciando el abuso del poder por parte del rey (Acaz), cuyo proceder imp\u00edo deja a Jerusal\u00e9n indefensa ante los ej\u00e9rcitos asirios. Isa\u00edas intuye que Jerusal\u00e9n puede ser arrasada. Y ello, porque en Jud\u00e1 no impera la justicia. El pueblo ha perdido su confianza en su soberano. S\u00f3lo un milagro le puede salvar del desastre. El tono amenazante de este or\u00e1culo rebosa una ternura sin par. El profeta ama entra\u00f1ablemente a su pueblo, expuesto al caos por la conducta absurda de los gobernantes. El pa\u00eds est\u00e1 as\u00ed en peligro de hundirse en la anarqu\u00eda.

{N}4,{/}1: (1-6) Or\u00e1culo de restauraci\u00f3n escatol\u00f3gica. Engarza con los juicios emitidos con anterioridad, donde preconiz\u00f3 la destrucci\u00f3n de Jud\u00e1. Esta, al quedar privada de casi todos sus varones, ver\u00e1 c\u00f3mo las mujeres pugnan por conseguir quien les d\u00e9 descendencia. Se adivina la depravaci\u00f3n moral que ello conlleva. Sin embargo, entonces se iniciar\u00e1 un proceso de depuraci\u00f3n \u00e9tnico-religiosa, siendo su protagonista el \u00abresto fiel\u00bb. Tal concepto pretende englobar a quienes, sobreviviendo al gran caos, se comprometen a reconstruir la nueva Jerusal\u00e9n, a la que s\u00f3lo tendr\u00e1n acceso los que se mantengan fieles al Se\u00f1or. El resto, que permanece en Jerusal\u00e9n, purificado ya y fiel, se convertir\u00e1 en una naci\u00f3n poderosa. Tras la cat\u00e1strofe del 587, aparece ahora una nueva idea: el resto se encontrar\u00e1 entre los deportados.

{N}5,{/}8: (8-24) En esta secci\u00f3n se han agrupado seis or\u00e1culos de lamento y denuncia. En ellos el profeta arremete ante todo contra los latifundistas, preconiz\u00e1ndoles ruina y esterilidad. Pero tambi\u00e9n el pueblo llano queda desenmascarado, pues son cada vez m\u00e1s los que se entregan al desenfreno. Ello puede provocar una dura reacci\u00f3n por parte de Dios, cuyas amenazas terminar\u00e1n en castigo. Las causas de esta situaci\u00f3n alarmante han de buscarse en el pecado. Mas este presenta, ante todo, un car\u00e1cter social. Dios nunca consentir\u00e1 la explotaci\u00f3n de los pobres y marginados, los cuales han de luchar con ah\u00ednco por superarla en vez de entregarse a org\u00edas y francachelas. S\u00f3lo un proceder justo y equilibrado a nivel interhumano puede evitar que se desencadene la c\u00f3lera divina contra un pueblo inmerso en la desventura.

{N}6,{/}1: (1-13) Aun cuando otros profetas hayan consignado su vocaci\u00f3n al ministerio prof\u00e9tico (Am 7,15; Jer 1,4-10; Ez 1-3,15), este relato de Isa\u00edas sorprende por su fuerza dram\u00e1tica. Su visi\u00f3n ext\u00e1tica se supone ocurrida en el templo durante alg\u00fan acto lit\u00fargico. En \u00e9l descubre Isa\u00edas toda la grandeza de Dios, que le invita a convertirse en su portavoz cara a un pueblo cuya situaci\u00f3n sociopol\u00edtica y religiosa era de lo m\u00e1s deprimente. El futuro profeta respira plenitud en esa visi\u00f3n. Tanto que no puede oponerse al designio divino de convertirse en su mensajero oficial. Aun cuando no reciba entonces ning\u00fan mensaje concreto, sabe que Dios se va a servir de \u00e9l para denunciar actitudes aberrantes y abrir al pueblo un horizonte de esperanza. Isa\u00edas intuye que su misi\u00f3n ser\u00e1 pr\u00f3diga en infortunios y fracasos. Pero no puede rehusar a la encomienda divina, pues ello afianzar\u00eda a\u00fan m\u00e1s la depravaci\u00f3n y el pecado. As\u00ed pues, sale del templo dispuesto a convertirse en portavoz de la divinidad, ya que tal era el quehacer fundamental de todo profeta. La visi\u00f3n transforma al hombre tranquilo, convirti\u00e9ndole en fustigador de imp\u00edos y opresores. Discuten los cr\u00edticos si la coincidencia con la muerte de Oz\u00edas (742 a.C.) (6,1), permite fijar en tal fecha el comienzo de su actividad prof\u00e9tica.

{N}7,{/}10: (10-16) Es este el famoso vaticinio mesi\u00e1nico sobre el Emanuel. Parece casi cierto que Isa\u00edas, al proferirlo, pensaba en la esposa de Acaz, cuyo hijo -Ezequ\u00edas- iba a garantizar la continuidad de la dinast\u00eda dav\u00eddica. Con ello se actualizar\u00e1 la promesa de Dios, que anuncia la salvaci\u00f3n del pueblo elegido. La tradici\u00f3n jud\u00eda posterior interpret\u00f3 esa doncella {C}(=alma),{/} cual si fuera una virgen. As\u00ed que tradujeron el original hebreo por {C}parthenos{/} (=virgen). La tradici\u00f3n evang\u00e9lica (Mt 1,23) aplicar\u00eda este texto a Mar\u00eda de Nazaret para avalar la concepci\u00f3n virginal de Jes\u00fas, el gran descendiente dav\u00eddico que, en virtud de su condici\u00f3n mesi\u00e1nica, iba a brindar a la humanidad (=nuevo pueblo de Dios) el gran mensaje de la liberaci\u00f3n salvadora. Es comprensible que Isa\u00edas, al proferir el vaticinio, lo aplicara al hijo de Acaz, mientras que luego la tradici\u00f3n neotestamentaria -\u00a1sentido {C}pleno!-{/} decidi\u00f3 aplicarlo al Jes\u00fas de Nazaret, ya que en \u00e9l se cumpl\u00eda cuanto el profeta afirmara sobre la salvaci\u00f3n ofrecida por el gran descendiente dav\u00eddico.

{N}8,{/}9: (9-15) La primera parte de esta per\u00edcopa (vv. 9-11) es como un himno de esperanza, en el que Isa\u00edas -convencido de la ayuda divina- pide al pueblo que recobre su antigua fe. Tal mensaje se lo quiso notificar a Acaz, el cual nada hizo. La segunda parte (vv. 12-15) es de \u00edndole autobiogr\u00e1fica, y muestra c\u00f3mo la postura prof\u00e9tica no puede identificarse con la actitud del pueblo, pronto a asociar su liberaci\u00f3n con puras alianzas pol\u00edticas. S\u00f3lo Dios tiene fuerza para salvar a su pueblo, que debe cimentar en \u00e9l su esperanza. Dios es roca firme para todos aquellos que se apoyan en \u00e9l, y es tambi\u00e9n precipicio para quienes buscan refugio en cualesquiera otras partes.

{N}9,{/}1: (1-6) Himno mesi\u00e1nico, donde se muestra c\u00f3mo el pueblo se hundi\u00f3 en un desconcierto sociopol\u00edtico que le situ\u00f3 en una postura desesperada. Sin embargo, la palabra creadora de Dios se dej\u00f3 sentir para proyectar luz sobre este caos provocado por el hombre. El profeta muestra aqu\u00ed su confianza absoluta en la ayuda divina. Su enfoque es muy parecido al de los salmos que celebran la ascensi\u00f3n de un rey dentro de la dinast\u00eda dav\u00eddica (Sal 21; 89,1-37). Las esperanzas prof\u00e9ticas se fueron cumpliendo de forma gradual. Los reyes Ezequ\u00edas y Jos\u00edas dar\u00edan un gran impulso a la instauraci\u00f3n de un nuevo reino de plenitud (2Sam 7,8-16), que despu\u00e9s  el cristianismo asociar\u00eda con la obra y vida de Jes\u00fas de Nazaret (Mt 4,14-16). El himno, que alude a diversas situaciones hist\u00f3ricas, reafirma sin duda la confianza en el cumplimiento total y definitivo de los designios divinos.

{N}10,{/}5: (5-19) Esta secci\u00f3n presenta a los asirios como instrumento divino. La invasi\u00f3n del reino del norte no debe ser considerada un simple acontecimiento pol\u00edtico, sino la expresi\u00f3n de un juicio de Dios contra la actitud insolente de su pueblo. El profeta, a partir de lo ocurrido, trata de suscitar una reacci\u00f3n dr\u00e1stica entre quienes a\u00fan temen a Dios. El desastre debe servirles para suscitar un esp\u00edritu de penitencia y recobrar su fe genuina. Si el pueblo se mantiene en la l\u00ednea de conversi\u00f3n trazada por el profeta, asistir\u00e1 jubiloso al juicio que Dios realizar\u00e1 sobre la soberbia de los asirios, cuyo comportamiento insensato es un reto a la divinidad. Por eso Dios siempre acaba restableciendo el orden de la historia, siendo el caos de la ciudad de Asur (Asiria) un ejemplo palpable de lo que suele ocurrir de una manera habitual a nivel de toda la humanidad.

{N}11,{/}1: (1-9) Este or\u00e1culo debe relacionarse con Is 9,2-6. Aun cuando no aparezca la palabra \u00abmes\u00edas\u00bb, es de claro cu\u00f1o mesi\u00e1nico, pues alude a la investidura del rey dav\u00eddico (Sal 72,1-7). Las cualidades exigidas son las mismas que se deseaban en cada coronaci\u00f3n, por m\u00e1s que ning\u00fan soberano llegara a encarnarlas. Se alude a un reino de plenitud en el que la misma naturaleza cooperar\u00e1 a instaurar un orden perfecto entre todos sus elementos. Ello permitir\u00e1 que el futuro soberano, v\u00e1stago de Jes\u00e9 (=dinast\u00eda dav\u00eddica), imponga la m\u00e1s estricta justicia. Sin ella es imposible instaurar el reino mesi\u00e1nico, que la reflexi\u00f3n posex\u00edlica fue asociando con la restauraci\u00f3n definitiva de Israel. Es curioso observar c\u00f3mo el profeta ancla en la justicia el genuino car\u00e1cter de la realeza (2Sam 23; Sal 72,1-2). La tradici\u00f3n neotestamentaria interpretar\u00eda este or\u00e1culo como aplicado a Jes\u00fas, ya que su vida y mensaje claman por la instauraci\u00f3n de cuanto Isa\u00edas vinculara con el esperado reino mesi\u00e1nico.

{N}11,{/}10: (10-16) Este himno, aunque de elaboraci\u00f3n mucho m\u00e1s tard\u00eda (per\u00edodo posex\u00edlico), empalma con el pensamiento del profeta. Intuye este el regreso de los exiliados, present\u00e1ndolo como el retorno del \u00abresto\u00bb, cuya fidelidad ha merecido una recompensa. Con ello se restaurar\u00e1 la perdida identidad nacional, recuper\u00e1ndose los antiguos dominios dav\u00eddicos, con la l\u00f3gica sorpresa por parte de las restantes naciones. De este modo se cumplir\u00e1n los or\u00e1culos y las aspiraciones de los profetas: la uni\u00f3n de los dos reinos divididos de Jud\u00e1 y de Israel. As\u00ed se pone de relieve la soberan\u00eda de Dios, cuyo designio providente nunca deja de velar por su pueblo, aun cuando le acrisole con la prueba del exilio.

{N}12,{/}1: (1-6) Con dos breves salmos yuxtapuestos termina esta secci\u00f3n sobre los desastres nacionales y la esperanza de una liberaci\u00f3n futura y definitiva. El primer salmo (vv. 1-2) -de car\u00e1cter c\u00faltico- invita a agradecer a Dios la victoria sobre los enemigos y la reanudaci\u00f3n del nuevo \u00e9xodo. El segundo (vv. 3-4) es un himno comunitario donde Israel suspiraba por la llegada de la lluvia, fuente de vida y fecundidad. Tal agua ser\u00e1 la salvaci\u00f3n para cuantos invocan el nombre de Dios y depositan en \u00e9l su confianza. 
Ecos de tal inquietud religiosa se hallan tambi\u00e9n principalmente en la tradici\u00f3n neotestamentaria (Jn 4,14; 7,37-38; Ap 21,6).

{N}13,{/}1: (13,1-26,21) Esta secci\u00f3n contiene una serie de or\u00e1culos contra las naciones paganas. Casi todos los profetas acostumbran a proferir -en nombre de la divinidad- sus m\u00e1s acres amenazas contra los pa\u00edses enemigos del pueblo elegido. Normalmente su ira se centra en las naciones vecinas. Pero las admoniciones isaianas abarcan tambi\u00e9n a los grandes imperios (Egipto-Mesopotamia). Aun cuando en la secci\u00f3n anterior denunciara la actitud necia de los asirios, estos siguen siendo vituperados con acritud. Sin embargo, son los imperios egipcio y babilonio el objeto de sus m\u00e1s duras admoniciones. Cierto que no todos estos or\u00e1culos son del propio Isa\u00edas. Algunos pertenecen, sin duda, al per\u00edodo posex\u00edlico. No obstante, es tal su armon\u00eda tem\u00e1tica y teol\u00f3gica, que todos sus autores engarzan con el pensamiento de Isa\u00edas, no haciendo sino ahondar y profundizar en su reflexi\u00f3n religiosa para ajustarla a las nuevas coyunturas de car\u00e1cter hist\u00f3rico-pol\u00edtico.

{N}14,{/}1: (1-8) Esta breve secci\u00f3n en prosa quiere ser como una conclusi\u00f3n del poema precedente (Is 13,2-22). Contiene unas ideas que se seguir\u00e1n repitiendo en la obra isaiana (Is 49,2-23; 56,6-8; 60,10-14). Dios siente verdadera compasi\u00f3n por su pueblo. Restaur\u00e1ndolo, ratifica su elecci\u00f3n, pues le lleva de nuevo a la tierra prometida. Con ello se realiza una renovaci\u00f3n de la alianza, comprometi\u00e9ndose Israel a conducir a las dem\u00e1s naciones hacia el encuentro con Dios (\u00c9x 19,6).

{N}19,{/}16: (16-25) Se re\u00fanen aqu\u00ed cinco breves or\u00e1culos en prosa relacionados con el \u00abd\u00eda del Se\u00f1or\u00bb. En ellos hay una evoluci\u00f3n de pensamiento: de la hostilidad contra Egipto se pasa a una visi\u00f3n de toda la humanidad (Egipto-Asiria) convertida en pueblo de Dios. El \u00faltimo or\u00e1culo (vv. 24-25) es quiz\u00e1 el m\u00e1s sorprendente de todo el Antiguo Testamento por su decidido universalismo. Llama la atenci\u00f3n que Isa\u00edas apruebe la erecci\u00f3n de un altar fuera de Jerusal\u00e9n (v. 19). Aunque el mensaje sea af\u00edn a Zac 14,16-19, no deja de resultar extra\u00f1o. Acaso el profeta a\u00f1ore las bendiciones de la \u00e9poca patriarcal (G\u00e9n 28,18; 35,7), lamentando que Egipto quede englobado en la trayectoria del propio pueblo elegido. Sea como sea, Isa\u00edas suspira por un futuro de esplendor, donde {C}tambi\u00e9n{/} los enemigos del pueblo, tras doblegarse ante la fuerza incontenible de Dios, quedar\u00e1n englobados en su designio de salvaci\u00f3n.

{N}21,{/}1: (1-10) Or\u00e1culo de muy dif\u00edcil interpretaci\u00f3n. Su lenguaje est\u00e1 muy condensado, pues casi todas sus estrofas se reducen a dos solas palabras en el original hebreo. Resulta dif\u00edcil saber si en \u00e9l se alude a un desastre ya ocurrido o a punto de ocurrir (v. 9). En principio, parece referirse a la ruina de los babilonios, acaecida cuando Ciro -tras su victoria sobre los medos- provoc\u00f3 su colapso definitivo (540 a.C). Pero tambi\u00e9n puede aludir a algunas de las derrotas experimentadas por los babilonios al rebelarse contra la f\u00e9rula de los asirios (691 y 648 a.C). En todo caso, el profeta quiere convertir el caso de Babilonia en mensaje de esperanza para el pueblo elegido, a quien Dios sigue guiando a trav\u00e9s de la historia para hacerle heredero de sus promesas.

{N}22,{/}1: (1-14) Discrepan los cr\u00edticos a la hora de datar la situaci\u00f3n descrita en este or\u00e1culo. Aun cuando Jerusal\u00e9n se viera amenazada por el rey de Asdod (711 a.C.), se libr\u00f3 de aquel peligro. No ocurri\u00f3 igual con la invasi\u00f3n de los asirios (701 a.C.), a la que posiblemente alude el or\u00e1culo. De hecho, las tropas de Senaquerib invadieron el pa\u00eds y conquistaron sus m\u00e1s importantes ciudades. Ezequ\u00edas se vio acorralado, pues sus tropas llegaron a desertar. Jerusal\u00e9n fue sitiada por las tropas asirias, que levantaron el sitio tras imponer un gravoso tributo. Isa\u00edas se muestra aqu\u00ed muy duro con Ezequ\u00edas. Cierto que este logr\u00f3 salvar a Jerusal\u00e9n. Pero le recrimina por haber hecho todos los preparativos militares, haber reforzado las defensas, haber resuelto el problema del agua, pero no haber pensado jam\u00e1s en el juicio de Dios, que el profeta con tanta claridad anunciara. El asedio de Jerusal\u00e9n era una invitaci\u00f3n directa a la penitencia. El pueblo deb\u00eda consiguientemente reaccionar, pues Dios hab\u00eda pospuesto de una manera muy clara su juicio, pero sin anularlo en absoluto.

{N}24,{/}1: (24-27) Estos cuatro cap\u00edtulos son conocidos como el \u00abpeque\u00f1o apocalipsis de Isa\u00edas\u00bb. En realidad, su estilo y contenido es muy distinto del adoptado despu\u00e9s por los escritores apocal\u00edpticos del juda\u00edsmo tard\u00edo (Daniel) o del cristianismo (Apocalipsis de Juan). Sin embargo, en ellos se prodigan las visiones, la reinterpretaci\u00f3n de las escrituras en base a nuevas situaciones de crisis, la identificaci\u00f3n de las naciones paganas con bestias m\u00edticas y la abundancia de n\u00famero misteriosos. Todo ello ser\u00eda despu\u00e9s asumido por la literatura apocal\u00edptica. Acaso pueda decirse que estos cap\u00edtulos coinciden con otros escritos (Ez 38-39; Joel; Zac 9-14) en ofrecer un material v\u00e1lido para definir despu\u00e9s la l\u00ednea apocal\u00edptica. Cr\u00edticamente deben ser considerados como la expresi\u00f3n m\u00e1s lograda de la profec\u00eda isaiana, sin duda elaborada por algunos disc\u00edpulos suyos de \u00e9poca bastante m\u00e1s tard\u00eda. La redacci\u00f3n de este \u00abpeque\u00f1o apocalipsis\u00bb, si bien viene asociada por algunos autores con la \u00e9poca macabea, parece remontarse al s. IV a.C., cuando el pueblo elegido asist\u00eda -como testigo forzado- a las luchas intestinas entre griegos y persas. Ello permiti\u00f3 al profetismo esbozar una visi\u00f3n del gran juicio que Dios estaba a punto de realizar sobre toda la humanidad, por lo que el pueblo no debe desesperarse. Al contrario, los eventos hist\u00f3ricos -aun cuando presenten un aspecto ca\u00f3tico- han de ser interpretados como expresi\u00f3n del designio salv\u00edfico de Dios, cuya actuaci\u00f3n providente se dejar\u00e1 sentir cuando emita su veredicto justo e irrevocable, por el que los malvados quedar\u00e1n exterminados, para instaurar un reino de paz y amor constituido s\u00f3lo por cuantos han sabido permanecer fieles a su compromiso religioso. Toda la secci\u00f3n es, pues, un reto a la esperanza, ya que Dios nunca abandona a quien se apoya en \u00c9l.

{N}25,{/}1: (1-5) Hermoso himno en el que se celebra la victoria de Dios sobre toda opresi\u00f3n, con la consiguiente liberaci\u00f3n del pueblo elegido. Es posible que en su origen el poema aludiera a la amenaza de los asirios o babilonios. Pero el autor del \u00abpeque\u00f1o apocalipsis\u00bb lo libera de su contexto hist\u00f3rico para convertirlo en signo del clamor compartido por la comunidad de los liberados. Estos deben sentirse integrados en el nuevo \u00e9xodo de la salvaci\u00f3n definitiva (\u00c9x 15,2.11).

{N}27,{/}6: (6-13) Partiendo de una reflexi\u00f3n sobre la historia del pueblo elegido, se intenta clarificar su futuro. Engarzando su pensamiento con el c\u00e1ntico de la vi\u00f1a (27,1-5), el autor se centra en el crecimiento del pueblo, cuya experiencia de destierro le ha servido para expiar sus pecados. Se impone, pues, lanzar una mirada hacia el futuro, ya que en \u00e9l se va a lograr la plena restauraci\u00f3n, cuando Dios sacuda a las espigas (v. 12). Ello alude, sin duda, a las promesas que Dios hiciera a Abrah\u00e1n (G\u00e9n 15,18) y que comenzara a cumplir con David y Salom\u00f3n (1Re 4,21). Por \u00faltimo, la \u00abgran trompeta\u00bb (v. 13) congregar\u00e1 a toda la asamblea para proclamar la definitiva liberaci\u00f3n (Lev 25,10). De esta forma solemne concluye este \u00abpeque\u00f1o apocalipsis\u00bb, donde el profetismo quiso resumir todo un mensaje de ilusi\u00f3n y esperanza, vinculado con el futuro \u00abd\u00eda del Se\u00f1or\u00bb, cuyo juicio implantar\u00eda por fin la \u00e9gida de la deseada paz inherente al reino mesi\u00e1nico.

{N}28,{/}28: (28-33) Estos seis cap\u00edtulos separan las dos secciones escatol\u00f3gicas (24-27; 34-35). Presentan un bloque de pensamiento coherente, dominado por la tesis del lamento (=\u00a1ay!: 28,1; 29,1.15; 30,1; 31,1). En ellos se denuncia el proceder inicuo de los dos grandes imperios: Egipto y Asiria. Pero tambi\u00e9n se da un serio toque de atenci\u00f3n al reino del norte (28,1-6), as\u00ed como a Jud\u00e1/Jerusal\u00e9n, siendo sus alusiones bastante acres. Se evocan los pactos realizados con Dios y el contenido de sus promesas escatol\u00f3gicas. Isa\u00edas muestra c\u00f3mo los hombres -en vez de ajustarse a su compromiso religioso- prodigan la frivolidad, no dudando en apoyarse en las fuerzas humanas en vez de acudir a Dios. Este se ve obligado a imponer castigos para suscitar un aut\u00e9ntico escarmiento, sobre todo entre quienes se consideran {C}su{/} pueblo. La destrucci\u00f3n de los enemigos servir\u00e1 para instaurar un nuevo reino constituido por cuantos hayan adoptado una actitud de sinceridad total y absoluta con Dios, deponiendo de este modo todo proceder de car\u00e1cter reprobable.

{N}29,{/}1: (1-8) Aqu\u00ed el or\u00e1culo de anatema (vv. 1-4) se convierte en vaticinio de salvaci\u00f3n (vv. 5-8). Se alude ante todo al asedio asirio de Jerusal\u00e9n. {C}Ariel{/} es, sin duda, Jerusal\u00e9n. Esta fue, de hecho, asediada por Senaquerib, que a punto estuvo de arrasarla. No obstante, la intervenci\u00f3n divina la libr\u00f3 de la destrucci\u00f3n. Y Jerusal\u00e9n va a convertirse en un enorme altar de fuego, con fuerza para pulverizar a todos los enemigos del pueblo. Los horrores de la invasi\u00f3n se disipar\u00e1n y el pueblo despertar\u00e1 de una pesadilla, afianzando su confianza en Dios. Es posible que tal or\u00e1culo fuera recitado en alguna solemnidad especial, pues entonces se entonaban himnos de gratitud y esperanza.

{N}30,{/}1: (1-17) Se recopilan aqu\u00ed un conjunto de or\u00e1culos (1-5; 6-7; 8-14; 15-17), en los que Isa\u00edas denuncia el error de Jud\u00e1 al buscar una alianza con los egipcios. El profeta ve\u00eda claro que Egipto carec\u00eda de fuerza para frenar a los asirios. Por eso preconiza el fracaso de la embajada que el rey de Jud\u00e1 envi\u00f3 a Egipto. Sus mensajeros fueron presa de las \u00abbestias del Negueb\u00bb (v. 6), expresi\u00f3n oscura que puede aludir a los peligros del desierto, presentados en esta coyuntura como signo de la impotencia egipcia. Isa\u00edas tom\u00f3 opci\u00f3n pol\u00edtica por su pueblo. Siempre fue partidario de un pacto proasirio, pues s\u00f3lo este le librar\u00eda de la cat\u00e1strofe. El profeta arropa su visi\u00f3n pol\u00edtica con una presunta confianza en Dios, el cual reprueba toda alianza con Egipto. As\u00ed es como esboza una sugerente \u00abteolog\u00eda pol\u00edtica\u00bb, donde la esperanza de salvaci\u00f3n viene asociada con la estrategia m\u00e1s sagaz.

{N}31,{/}1: (1-9) Con la m\u00e1s sutil iron\u00eda ridiculiza a quienes aconsejan la alianza con los egipcios. Isa\u00edas recuerda que estos son hombres y no dioses (v. 3), mientras Dios es el gran guerrero, que defiende a los suyos como un {C}le\u00f3n{/} contra cuantos pretenden arrebatarle su presa, y como un {C}p\u00e1jaro{/} que cuida de sus cr\u00edas. Su admonici\u00f3n termina con un reto a fiarse por completo de Dios, ya que este tambi\u00e9n derrocar\u00e1 a los asirios para instaurar su hogar definitivo en Jerusal\u00e9n.

{N}32,{/}1: (1-8) Este pasaje es como una adaptaci\u00f3n de la ense\u00f1anza sapiencial (Prov 20,8.26.28...). Aun cuando suela entenderse en sentido futuro (\u00abun rey {C}reinar\u00e1...\u00bb),{/} no faltan quienes abogan por un sentido condicional {C}(cuando{/} un rey reine...). En tal caso, engarzar\u00eda con la idea de coronaci\u00f3n regia (Sal 72). El profeta se mostr\u00f3 proclive a la tem\u00e1tica sapiencial, por lo que este relato puede ser considerado suyo. Consigna en \u00e9l sus esperanzas en el reinado de Ezequ\u00edas, o quiz\u00e1 sus esperanzas en un futuro de paz y amor, en el que el caos habr\u00e1 de quedar superado. Clama, pues, por una sociedad justa y arm\u00f3nica, donde cada creyente pueda explotar sus propios valores personales. Tal sociedad encaja perfectamente con la tesis del reino mesi\u00e1nico, que el profeta expone certeramente con tanta profusi\u00f3n y todo lujo de detalles a lo largo de toda su obra.

{N}33,{/}1: (1-24) Todo este cap\u00edtulo quiere resumir las ideas expuestas con anterioridad, pero encuadr\u00e1ndolas en un marco escatol\u00f3gico. Ahora ya no son los ej\u00e9rcitos asirios la amenaza contra el pueblo, sino que este (Si\u00f3n) sufre el acoso de diversos pa\u00edses confabulados. Sin embargo, la oportuna intervenci\u00f3n de Dios desbaratar\u00e1 los planes de sus enemigos, liberando a Si\u00f3n, por m\u00e1s que todo su territorio haya quedado devastado por la infidelidad del pueblo a la alianza. Entonces se realizar\u00e1 un juicio, aceptando Dios como ciudadanos de la nueva Jerusal\u00e9n s\u00f3lo a quienes hayan permanecido fieles a su compromiso religioso. Estos constituir\u00e1n el nuevo reino mesi\u00e1nico. Esta tesis no es nueva. Adquiere, no obstante, una perspectiva novedosa, pues sit\u00faa la anunciada liberaci\u00f3n en un horizonte futurista. Por otra parte, realza en todo momento el se\u00f1or\u00edo divino, cuyo designio salv\u00edfico implantar\u00e1 su justicia salvadora. Todo ello se convierte en mensaje de esperanza, pues la sentencia de Dios -aun cuando sea inmisericorde con los malvados- permitir\u00e1 que los justos vivan por fin en paz, libres ya de todo yugo opresor. La esperanza es una vez m\u00e1s fuente de paz.

{N}34,{/}1: (34-35) Estos dos cap\u00edtulos, aunque de autores distintos. presentan una unidad tem\u00e1tica muy af\u00edn a la visi\u00f3n escatol\u00f3gica del Deuteroisa\u00edas. Se suponen, pues, elaborados al final del destierro babil\u00f3nico. Constituyen una especie de d\u00edptico, pudiendo ser el uno explicado a la luz del otro. El primero (c. 34) alude al gran juicio escatol\u00f3gico. Su lenguaje, violento y terrible, refleja la fuerza de la poes\u00eda en su af\u00e1n por acentuar la trascendencia de esa singular intervenci\u00f3n divina. Su enfoque vendr\u00eda despu\u00e9s asumido por los escritores neotestamentarios (Rom 1,18-32; Mt 25,46). Aun cuando se aluda a Ed\u00f3n (v. 6), su horizonte abarca todo el universo, englobado en un juicio donde se revive de alg\u00fan modo el caos primitivo. El segundo poema (c. 35) es como el reverso del primero. Aunque consigne un d\u00eda de venganza, lo presenta como liberaci\u00f3n de quienes han sufrido a causa de los opresores. Los desterrados regresan a su hogar a trav\u00e9s del desierto, donde se acrisola el futuro pueblo liberado. Este comparte un j\u00fabilo desbordado viendo c\u00f3mo por fin Dios se ha dignado situarle m\u00e1s all\u00e1 de la opresi\u00f3n. Y es que la aut\u00e9ntica libertad s\u00f3lo puede lograrse viviendo de acuerdo con el programa salv\u00edfico de Dios.

{N}36,{/}36: (36-39) En esta secci\u00f3n se describen una serie de episodios referidos tambi\u00e9n, salvo el c\u00e1ntico de Ezequ\u00edas (38,9-20), por el autor de 2 Reyes (18,13-20,19). Si bien la cr\u00edtica observa ciertas discrepancias y omisiones, ambos relatos contienen los tres id\u00e9nticos episodios, aunque invierten su orden: invasi\u00f3n de Senaquerib, enfermedad y curaci\u00f3n de Ezequ\u00edas, embajada de los babilonios. Todo ello es considerado como un ap\u00e9ndice hist\u00f3rico a toda la obra literaria de {C}Isa\u00edas I.{/} La invasi\u00f3n de Senaquerib, a la que se alude aqu\u00ed, dif\u00edcilmente se puede armonizar con la realizada por el soberano asirio en el 701 a.C. Por ello los cr\u00edticos, tras estudiar las cr\u00f3nicas del imperio asirio, proponen como explicaci\u00f3n que Senaquerib realiz\u00f3 otra incursi\u00f3n posterior (690 a.C.) para sofocar una revuelta de los egipcios, azuzados por el propio Ezequ\u00edas. Tal interpretaci\u00f3n -perfectamente coherente- explicar\u00eda las discrepancias de los relatos isaianos respecto al autor de 2 Reyes. En todo caso, se describen las vicisitudes de Ezequ\u00edas en su confrontaci\u00f3n con el poder\u00edo asirio. Dentro de este contexto hist\u00f3rico, deja Isa\u00edas o\u00edr su voz de amenaza, denuncia o consuelo. Todo depende de la postura del pueblo o del rey con respecto a Dios, el \u00fanico capaz de frenar el \u00edmpetu de los asirios. El profeta se yergue como aut\u00e9ntico protagonista de estos eventos, ya que -cual portavoz de la divinidad- sus or\u00e1culos van tejiendo en cierto modo los hilos mismos de la historia. Incluso el propio rey Ezequ\u00edas, a pesar de su conocida fidelidad al Se\u00f1or, aparece orquestado por los planes salv\u00edficos de la divinidad.

{N}37,{/}5: (5-8) La contestaci\u00f3n dada por Isa\u00edas a los mensajeros del rey refleja a todas luces una coyuntura hist\u00f3rica pre\u00f1ada de dramatismo. En ella desenmascara el profeta una campa\u00f1a propagand\u00edstica cifrada en la alianza con Egipto. Esta ser\u00eda desastrosa, como ya preconizara con anterioridad (Is 30,1-5). Se hab\u00eda corrido la noticia de que Dios estaba en contra de Ezequ\u00edas y, por tanto, a favor de los asirios. Falso supuesto. Isa\u00edas garantiza que, aun cuando Dios haya consentido que el ej\u00e9rcito asirio ataque el pa\u00eds, no permitir\u00e1 que lo conquiste. M\u00e1s a\u00fan, har\u00e1 que su soberano retorne a Asiria. Tal or\u00e1culo, obviamente, se cumpli\u00f3.

{N}37,{/}15: (15-20) En esta desgarradora s\u00faplica, Ezequ\u00edas reta al Se\u00f1or. Las circunstancias parecen sugerir que las divinidades asirias son m\u00e1s fuertes que \u00e9l. Pero el rey sabe que no es as\u00ed. Reconoce la supremac\u00eda de su Dios, cuyo poder se manifestar\u00e1 al liberar a Jerusal\u00e9n del asedio enemigo. Cuando esto ocurra, se pondr\u00e1 de relieve la fuerza incontenible del Se\u00f1or, ante quien habr\u00e1n de doblegarse todos los imperios del orbe. Hermoso himno al universalismo salv\u00edfico del Se\u00f1or, el Dios de Israel y a la providencia de Yav\u00e9 sobre Jud\u00e1.

{N}37,{/}30: (30-35) Este or\u00e1culo preconiza la retirada de Senaquerib sin conquistar Jerusal\u00e9n. Cierto que la liberaci\u00f3n del pueblo se llevar\u00e1 a cabo a trav\u00e9s del sacrificio depurador. Por eso durante los dos primeros a\u00f1os quedar\u00e1n sin cosecha. S\u00f3lo al tercer a\u00f1o podr\u00e1n recoger los frutos de la tierra, pues entonces -tras un adecuado acrisolamiento- habr\u00e1 culminado el proceso de depuraci\u00f3n, viendo el pueblo c\u00f3mo por fin se aleja del peligro de los asirios. La se\u00f1al dada a Ezequ\u00edas, rey de Jud\u00e1, est\u00e1 muy a tono con las premoniciones con que toda divinidad sol\u00eda aliviar la esperanza salv\u00edfica de su pueblo.

{N}38,{/}9: (9-20) Este poema de Ezequ\u00edas es un salmo lit\u00fargico de acci\u00f3n de gracias individual. Por su forma y contenido es muy af\u00edn a los que se recitaban tras saberse liberados de alguna enfermedad (Sal 6; 38). En la plegaria se plasma ante todo la dram\u00e1tica situaci\u00f3n del que sufre y necesita ser salvado (vv. 10-14), para elevar despu\u00e9s el coraz\u00f3n a Dios pidi\u00e9ndole la ayuda requerida (vv. 15-20). La muerte se presenta como inevitable. Y ello supone, en la mentalidad jud\u00eda, separaci\u00f3n de Dios y acceso al {C}sheol{/} o reino donde subsisten los muertos. En cambio, el rey viene curado mediante el prodigio del reloj de sol (v. 8). Siendo este medida de la vida humana, su detenci\u00f3n simboliza lejan\u00eda de la muerte por el hecho de prolongarse la vida. Es, pues, un s\u00edmbolo para connotar la prodigiosa curaci\u00f3n del rey Ezequ\u00edas. Los vv. 21-22 fueron desplazados cuando se incluy\u00f3 el c\u00e1ntico del rey.

{N}40,{/}1: (1-11) Este es el pr\u00f3logo al \u00ablibro de la consolaci\u00f3n\u00bb, donde el Deuteroisa\u00edas (Isa\u00edas II) expone los fundamentos de la fe en el plan salv\u00edfico de Dios. Este le llama al ministerio prof\u00e9tico durante una reuni\u00f3n solemne del consejo ang\u00e9lico. El profeta invita a suspirar por el gran retorno. Una voz grita: \u00abPreparad en el desierto un camino para el Se\u00f1or\u00bb (v. 3). Tal expresi\u00f3n, puntuada de forma distinta en los LXX y en la Vulgata, sirvi\u00f3 para que los evangelios presentaran la figura del precursor como la \u00abvoz que grita en el desierto\u00bb (Mc 1,3). Pero el desierto no es el lugar donde grita el precursor, sino donde el pueblo debe decantar su actitud cara a su pr\u00f3xima restauraci\u00f3n mesi\u00e1nica. Ello ocurrir\u00e1 cuando se manifieste la gloria del Se\u00f1or (v. 5), con la que el pueblo elegido ir\u00e1 deponiendo su actitud de recelo y angustia para dar paso a la m\u00e1s exultante expectaci\u00f3n liberadora. As\u00ed podr\u00e1 reedificarse la nueva Jerusal\u00e9n, cuyos habitantes ser\u00e1n llevados de la mano de Dios como el pastor gu\u00eda a su reba\u00f1o. El tema del buen pastor ser\u00e1 continuado por Jes\u00fas.

{N}41,{/}1: (1-10) En tono solemne convoca el Se\u00f1or a toda la humanidad para que sea testigo de sus portentos con Abrah\u00e1n. Quiz\u00e1 aluda a la victoria de los patriarcas sobre los cuatro reyes (G\u00e9n 14). Pero el contexto hace que todo lector asocie los eventos con la intervenci\u00f3n providencial de Ciro, que, poniendo fin a la hegemon\u00eda de los grandes imperios semitas, instaura una nueva andadura hist\u00f3rica en el mundo antiguo, con claro beneficio del pueblo elegido, pues le confiere la tan ansiada libertad. As\u00ed pues, Ciro viene encomiado como art\u00edfice de los designios divinos, ya que su actuaci\u00f3n pol\u00edtica le convirti\u00f3 en el gran libertador de Israel. Ahora bien, Ciro no es el protagonista en el drama de la historia. Esta viene manejada por el poder incontenible del Se\u00f1or, cuyo nombre no viene pronunciado directamente, pero a \u00e9l se alude siempre en todo el contexto.

{N}42,{/}1: (1-9) Con este comienzan los cuatro \u00abc\u00e1nticos del siervo de Yav\u00e9\u00bb (Is 42,1-9; 49,1-6; 50,4-11; 52,13-53,12). Se habla en todos ellos de un personaje enigm\u00e1tico, a quien incumbe cargar con los pecados de todo el pueblo. La tradici\u00f3n neotestamentaria no dudar\u00eda en asociar este singular \u00absiervo\u00bb con Jes\u00fas de Nazaret (Mt 3,17; 12,15-21; Lc 4,17-21; He 13,47; 2Cor 6,2). En este primer c\u00e1ntico el \u00absiervo\u00bb viene presentado como un elegido divino al estilo de Mois\u00e9s (Sal 106,23), David (Sal 89,4) o incluso del propio Israel (1Cr\u00f3n 16,13). Cumple las funciones reservadas al gran rey dav\u00eddico (2Sam 3,18), cuyo car\u00e1cter mesi\u00e1nico nadie osar\u00eda discutir (Ez 34,23-24). En este c\u00e1ntico se resaltan sus prerrogativas regias, contrast\u00e1ndolas con la simple estrategia militar de Ciro. El nuevo rey (\u00absiervo\u00bb) implantar\u00e1 por fin la \u00e9gida de justicia por la que siempre suspirara la tradici\u00f3n prof\u00e9tica. Esta era la forma m\u00e1s expresiva de alimentar la expectaci\u00f3n en torno al reino mesi\u00e1nico, que erradicar\u00eda del mundo toda opresi\u00f3n injusta para instaurar una nueva fase en la historia de la humanidad. Y en la gestaci\u00f3n de todas esas maravillas, el \u00absiervo\u00bb jugar\u00e1 un papel trascendental. Por ello el pueblo entero, a pesar de su precaria situaci\u00f3n econ\u00f3mica, viene invitado a prorrumpir en un himno de triunfo, encomiando la providencia soberana de Dios, que con tanto mimo gu\u00eda sus pasos.

{N}43,{/}1: (1-7) La voz de Dios resulta contundente al comienzo de este c\u00e1ntico de liberaci\u00f3n y restauraci\u00f3n (43,1-44,23), que muchos cr\u00edticos consideran el poema m\u00e1s rico y profundo de todo el mensaje deuteroisaiano. En \u00e9l se proclama el poder sorprendente de Dios, que libr\u00f3 a su pueblo del yugo egipcio para que actuara como mediador divino frente al resto de la humanidad. Dios no ha tenido que pagar ning\u00fan rescate al maligno para liberar a su pueblo. Se preconiza una gran restauraci\u00f3n, donde los israelitas ser\u00e1n tratados como aut\u00e9nticos hijos (Os 11,1-11; Is 1,2). Ello dar\u00eda margen a que la tradici\u00f3n neotestamentaria desarrollase el tema de la filiaci\u00f3n divina, aplicada al \u00abnuevo\u00bb pueblo elegido (G\u00e1l 3,26-29; Ef 2,13-16). Se ve c\u00f3mo el pueblo elegido, en virtud de esa filiaci\u00f3n divina, tendr\u00e1 una participaci\u00f3n muy directa en la vida misma de la divinidad. La liberaci\u00f3n del pueblo se llevar\u00e1 a t\u00e9rmino tras un complejo proceso de depuraci\u00f3n, en el que el juicio divino se har\u00e1 por medio del agua (Is 8,7-8; 28,2) e incluso del propio fuego.

{N}43,{/}22: (22-28) Las increpaciones divinas aluden a una situaci\u00f3n preex\u00edlica, en la que el pueblo apoyaba en los sacrificios la expiaci\u00f3n de sus propios pecados (Is 1,11-15). Parece como si el orgullo del pasado permaneciera a\u00fan en el presente. Dios denuncia tal actitud como absurda, puesto que la rebeld\u00eda de los antepasados incide en quienes integran hoy el pueblo (=personalidad corporativa). Dios reta a su pueblo a que deponga su actitud de angustia por el hecho de haber quedado sin templo y, por lo mismo, sin sacrificios. Lo importante es afianzar su actitud de confianza en la ayuda divina, pues s\u00f3lo ella tiene la fuerza suficiente para consolidar su aut\u00e9ntica liberaci\u00f3n. Es admirable ver c\u00f3mo se asocia aqu\u00ed claramente el reproche con el est\u00edmulo. Tal conexi\u00f3n tem\u00e1tica es una caracter\u00edstica del Deuteroisa\u00edas.

{N}44,{/}1: (1-8) En este breve poema se realza la elecci\u00f3n divina, en virtud de la cual Israel ha quedado convertido en el \u00absiervo de Dios\u00bb. Recibe aqu\u00ed el apelativo de {C}yerushun{/} (=querido), que connota sin duda situaci\u00f3n de privilegio (Dt 32,15; 33,5). La ra\u00edz de esta palabra puede sugerir tambi\u00e9n la idea de rectitud. Una vez que Israel quede inundado con el esp\u00edritu divino, la tierra se transformar\u00e1 en un nuevo para\u00edso, debiendo los paganos acatar su indiscutible soberan\u00eda. Con ello se afianza el monote\u00edsmo b\u00edblico, a la par que se denuncia el proceder absurdo de todo culto idol\u00e1trico. Es preciso extirpar de una vez por todas la idolatr\u00eda para que as\u00ed resalte a\u00fan mucho m\u00e1s la aut\u00e9ntica, verdadera y real soberan\u00eda del Se\u00f1or.

{N}45,{/}14: (14-19) La intervenci\u00f3n de Ciro forma parte del programa divino, cifrado en la salvaci\u00f3n de todo el universo. Para ello es preciso que las naciones paganas se conviertan, quedando \u00abencadenadas\u00bb (v. 14) a trav\u00e9s de una integraci\u00f3n c\u00faltica, en la que depongan toda conducta idol\u00e1trica. Dios se presenta como creador del universo, justificando as\u00ed que gravite todo \u00e9l en torno suyo. Israel ser\u00e1 el eje que catalizar\u00e1 la conversi\u00f3n de los paganos, llamados tambi\u00e9n a formar parte de la nueva humanidad. El tono universal\u00edstico de este poema contrasta con la actitud exclusivista, contra la que tanto luch\u00f3 el profetismo b\u00edblico. El universalismo es b\u00e1sico en estos cc. de Isa\u00edas.

{N}46,{/}1: (1-13) Or\u00e1culo duro contra los \u00eddolos babilonios, que sin duda ejerc\u00edan cierta fascinaci\u00f3n sobre parte de los israelitas exiliados. El contexto parece aludir a las grandes procesiones celebradas en honor de la pl\u00e9yade de dioses babilonios, cuyo m\u00e1ximo representante era {C}Bel,{/} divinidad originaria de Nipur, a la que los babilonios convirtieron en {C}Marduk.{/} Por su parte, {C}Nebo{/} era el hijo de {C}Bel-Marduk,{/} dios de la sabidur\u00eda y uno de los que m\u00e1s influjo ejerci\u00f3 en el pante\u00f3n babilonio. Deuteroisa\u00edas supone que toda la fuerza de las divinidades babilonias quedar\u00e1 aniquilada sin m\u00e1s por el poder incontenible del Se\u00f1or, que guiar\u00e1 con todo esmero al \u00abresto de la casa de Israel\u00bb (v. 3), mientras humillar\u00e1 despiadadamente el poder\u00edo babilonio. Es posible que el profeta intuya aqu\u00ed la ca\u00edda del Imperio babilonio, cuya hegemon\u00eda pol\u00edtica era cada vez m\u00e1s inconsistente.

{N}49,{/}1: (1-6) En este segundo poema, el \u00absiervo de Yav\u00e9\u00bb viene presentado como un nuevo Jerem\u00edas, a quien Dios llamar\u00e1 del mismo seno materno (Is 49,1; Jer 1,5) para proclamar un mensaje de sufrimiento y depuraci\u00f3n (Jer 11,18-12,6), en el que la denuncia marque el camino de la felicidad (Jer 16,19-21). Aqu\u00ed el \u00absiervo\u00bb viene presentado como restaurador de Israel y luz de los gentiles. La alusi\u00f3n a \u00abIsrael\u00bb (v. 3) parece excluir el car\u00e1cter individual de este enigm\u00e1tico \u00absiervo\u00bb. Acaso el profeta aluda con \u00e9l a toda la asamblea israelita, pero de forma m\u00e1s particular a cuantos -encarnando el ideal del \u00abresto fiel\u00bb- cooperar\u00e1n a que la humanidad entera -\u00a1universalismo isaiano!- se enrole en el programa salv\u00edfico del Se\u00f1or. No obtiene el resultado apetecido y se lamenta con Dios.

{N}49,{/}7: (7-26) Poema de esperanza. En \u00e9l se repite el esquema del \u00e9xodo: salida-camino-llegada. Ello conllevar\u00e1 una transformaci\u00f3n del propio desierto, convertido en crisol depurador. El pueblo debe albergar, pues, el m\u00e1s sano optimismo, ya que, a pesar de su situaci\u00f3n dram\u00e1tica, la providencia soberana de Dios le guiar\u00e1 hasta la nueva Si\u00f3n para conquistar una nueva tierra prometida. Una vez m\u00e1s resuena el universalismo deuteroisaiano, pues invita a que todos los pueblos cooperen en la gestaci\u00f3n de la gran familia mesi\u00e1nica, la cual podr\u00e1 disfrutar de una vida plena de paz y amor. Y todo ello porque Dios ir\u00e1 eliminando {C}amorosamente{/} cuantos obst\u00e1culos se opongan a la gran restauraci\u00f3n mesi\u00e1nica.

{N}50,{/}4: (4-11) Este nuevo c\u00e1ntico del \u00absiervo de Yav\u00e9\u00bb comienza afirmando que la palabra divina es la fuente de toda liberaci\u00f3n realizante. El \u00absiervo\u00bb deber\u00e1 recibir esta {C}palabra{/} para ense\u00f1\u00e1rsela a los dem\u00e1s. Y ello a pesar de sus l\u00f3gicas limitaciones. Ello le granjear\u00e1 un sinf\u00edn de incomprensiones y ultrajes, pues ser\u00e1 maltratado como los profetas que le precedieron (Am 7,10-17; Miq 2,6-10; Jer 20,7-18). \u00bfPuede el \u00absiervo\u00bb de este c\u00e1ntico identificarse con la colectividad de Israel? La cr\u00edtica fluct\u00faa a la hora de pronunciarse. Algunos quieren identificarlo con el sector de los comprometidos (=\u00abresto fiel\u00bb). Otros sugieren que es el propio profeta quien describe aqu\u00ed su frustraci\u00f3n. De hecho, tras el retorno, los israelitas incurrieron en un racismo feroz, del todo opuesto al anuncio universalista del Deuteroisa\u00edas. En cualquier caso, la ardua misi\u00f3n de este personaje quedar\u00eda asociada con el ministerio mesi\u00e1nico, tal como toda la tradici\u00f3n neotestamentaria lo vio encarnado por Jes\u00fas de Nazaret. La aut\u00e9ntica interpretaci\u00f3n del v. 11 es dudosa.

{N}51,{/}17: (51,17-52,6) En esta secci\u00f3n el profeta no ceja de dar \u00e1nimos al pueblo, invit\u00e1ndole a entronizar a su Dios en Jerusal\u00e9n. Esta ya no estar\u00eda expuesta a nuevas invasiones, pues nunca m\u00e1s beber\u00e1 el c\u00e1liz de la c\u00f3lera divina (v. 22), s\u00edmbolo muy familiar para la escatolog\u00eda prof\u00e9tica (Hab 2,16; Zac 12,2; Ap 14,10). Ha terminado, pues, la humillaci\u00f3n para Si\u00f3n, invitada con denuedo a aceptar directamente la soberan\u00eda exclusiva y fundamental de su Dios.

{N}52,{/}13: (52,13-53,12) Este es el \u00faltimo de los \u00abc\u00e1nticos del siervo\u00bb. Su contenido, aunque sencillo en apariencia, desarrolla una serie de ideas que contrastan con la teolog\u00eda tradicional del juda\u00edsmo: el siervo justo y paciente exp\u00eda los pecados de muchos. Aqu\u00ed entra en juego la idea del sufrimiento vicario, contraria a la doctrina de la retribuci\u00f3n, as\u00ed como el triunfo de los culpables, tan opuesto a la teolog\u00eda de los salmos. Resulta, asimismo, novedoso que un humillado acabe por triunfar y un muerto por vivir. No obstante su fuerza po\u00e9tica, el poema parece denunciar una situaci\u00f3n hist\u00f3rica determinada. Por eso cabe preguntarse: \u00bfqui\u00e9n es ese \u00absiervo paciente\u00bb? A pesar de su vocabulario individual, acaso deba asociarse con la personalidad de Israel. Sin embargo, no convence ni la interpretaci\u00f3n personalista (siervo=individuo concreto) ni la puramente colectiva (siervo=alegor\u00eda de Israel). Debe advertirse que ni las im\u00e1genes ni la estructura del poema resultan homog\u00e9neas. Ello invita a pensar en cierta confluencia de temas, donde domina la esperanza de expiar los pecados de la colectividad. Cierto que la tradici\u00f3n jud\u00eda dio a este c\u00e1ntico una interpretaci\u00f3n mesi\u00e1nica, pero parece que el sufrimiento expiatorio nunca engarz\u00f3 con la tesis mesi\u00e1nica del juda\u00edsmo oficial. Incluso algunos escritos targ\u00famicos hicieron de este personaje un enemigo de Dios. Lo cierto es que la tradici\u00f3n neotestamentaria vio presente la imagen de este \u00absiervo\u00bb en el bautismo (Mc 1,11), los portentos (Mt 8,17) y la actitud humilde de Jes\u00fas (Mt 12,18-20), cuyo ministerio p\u00fablico parece inspirado en su programa mesi\u00e1nico (Jn 12,37-43). El cristianismo naciente tambi\u00e9n asoci\u00f3 a Jes\u00fas con el \u00absiervo\u00bb isaiano (He 3,13.26; 4,27; Flp 2,7), sin que por ello el propio Pablo dejara de identificarse con \u00e9l (He 13,47; G\u00e1l 1,15; Rom 15,21). En \u00faltimo t\u00e9rmino, desde que el \u00absiervo\u00bb es presentado no s\u00f3lo como mensajero divino, sino tambi\u00e9n como portador de la reconciliaci\u00f3n, acaso su actuaci\u00f3n deba asociarse con cuantos individuos o grupos \u00e9tnicos han cooperado con su entrega incomprendida a la instauraci\u00f3n del reino mesi\u00e1nico. Y, en tal caso, quien mejor encarn\u00f3 su desconcertante programa de aut\u00e9ntica liberaci\u00f3n a trav\u00e9s de s\u00ed mismo fue sin duda alguna el mismo Jes\u00fas de Nazaret.

{N}54,{/}1: (1-17) Colocar este himno de esperanza detr\u00e1s del \u00abc\u00e1ntico del siervo\u00bb no es mera casualidad. Al contrario, el profeta quiere describir con aire optimista la herencia legada por Dios a Israel en virtud de la obra del \u00absiervo\u00bb. Cierto que el pueblo hab\u00eda incurrido en numerosas infidelidades, que el profeta consigna con la ya tradicional alegor\u00eda del matrimonio (Os 2; Is 1,21; 5,1; Jer 3; Ez 16). Antes de su compromiso con Dios, Israel era como una soltera sin hijos y afrentada. Pero su alianza la convirti\u00f3 en madre fecunda. A pesar de sus infidelidades con su marido (Dios), este -tras un repudio moment\u00e1neo- la vuelve a recibir como esposa, siendo ya perpetua la reconciliaci\u00f3n. Ello contribuye a afianzar la esperanza de una nueva Jerusal\u00e9n, donde se rubricar\u00e1 esa gran alianza que la libere de todo peligro por parte de sus enemigos. La nueva Jerusal\u00e9n ser\u00e1 el eje en torno al que gravitar\u00e1 toda la trayectoria humana. Y ello gracias a la reacci\u00f3n amorosa de Dios, que termin\u00f3 finalmente perdonando las continuas y grandes infidelidades de su pueblo elegido.

{N}56,{/}1: (1-8) Esta breve secci\u00f3n sirve para introducir la obra del Tritoisa\u00edas (Isa\u00edas III). Mientras Isa\u00edas II proclam\u00f3 un evangelio de salvaci\u00f3n, ahora Isa\u00edas III tiene que afrontar los problemas de la comunidad liberada. Esta ha regresado ya del exilio. Pues bien, queda invitada a instaurar un r\u00e9gimen de justicia tan plena que tambi\u00e9n los pros\u00e9litos y eunucos queden integrados en la din\u00e1mica de la nueva comunidad. El reino anclado en la justicia ha de ser por fuerza universal. Cierto que se mantendr\u00e1 en \u00e9l la observancia del s\u00e1bado, considerado desde antiguo signo inequ\u00edvoco de la alianza (\u00c9x 31,13-17). Mas ahora el s\u00e1bado ha de servir de aglutinante para integrar en la gran comunidad jud\u00eda a quienes ans\u00eden conectar con el Dios libertador. Con ello se instaurar\u00e1 un culto genuino en un templo universal, donde todos tengan acceso y cabida. Se pretende derogar as\u00ed el particularismo de la antigua legislaci\u00f3n y entronizar en la nueva comunidad un esp\u00edritu de apertura capaz de abrazar a cuantos gimen por una plena liberaci\u00f3n. Es una de las m\u00e1s logradas expresiones, como bien revela el mismo texto b\u00edblico, del universalismo salv\u00edfico del Antiguo Testamento.

{N}58,{/}1: (1-14) En este cap\u00edtulo se desarrolla la recriminatoria divina contra cuantos pretend\u00edan congraciarse con Dios mediante un puro ritualismo externo: el ayuno y el s\u00e1bado. Isa\u00edas III fija las bases de la aut\u00e9ntica religi\u00f3n, asentando que Dios requiere un ayuno traducido en obras de misericordia. Por tanto, interesa ante todo implantar un r\u00e9gimen de justicia social, done todos puedan vivir dignamente. Dios se r\u00ede de quien conf\u00eda granjearse su benepl\u00e1cito con simples ritos (ayuno-s\u00e1bado). Hay que lograr que todo ese ritualismo se traduzca en una lucha eficaz por erradicar la injusticia opresora que sume a un sector del pueblo en una lacerante marginaci\u00f3n, mientras una minor\u00eda privilegiada trata de camuflar con ritos p\u00edos su despiadada conducta. \u00a1Cu\u00e1n actual sigue resultando esta ense\u00f1anza! La interiorizaci\u00f3n de las pr\u00e1cticas religiosas es algo fundamental.

{N}59,{/}1: (1-15) Este cap\u00edtulo empalma con el anterior en su af\u00e1n por definir la genuina postura de fe, la cual no puede armonizarse con un mero ritualismo c\u00faltico, ni menos a\u00fan con la entronizaci\u00f3n de la injusticia. Esta ha sido mancillada por la sangre, la mentira y la falsedad (v. 3). El profeta denuncia, sin duda, situaciones concretas en que los justos han sido condenados sin piedad a causa de testigos mendaces y jueces corruptos. La situaci\u00f3n clama por un cambio dr\u00e1stico, en el que la comunidad deponga su proceder inicuo mostrando su fidelidad al Se\u00f1or mediante una conducta regida por la m\u00e1s estricta justicia. Tal denuncia pretende, sin duda, desenmascarar el confusionismo que imper\u00f3 tras el retorno del exilio, pues muchos abusaron de su poder hollando los derechos de pobres y desvalidos. Tal situaci\u00f3n clama por una r\u00e1pida acci\u00f3n divina, con la que Dios castigue a los culpables. Para evitar la c\u00f3lera divina, debe reaccionar todo el pueblo, mostrando una conducta en la que brille la justicia, sobre todo en su perspectiva social. Sin ella resulta imposible testimoniar la fe exigida por la alianza. La pr\u00e1ctica de la justicia es de lo m\u00e1s valorado hoy.

{N}60,{/}1: (1-9) Esta descripci\u00f3n de la nueva Jerusal\u00e9n no es una simple r\u00e9plica de Is 54,11-17. M\u00e1s bien trueca la esperanza en expectaci\u00f3n de inminencia. Presenta la nueva Jerusal\u00e9n como a punto de erigirse (cf Ap 21,23-26). Acaso la fiesta del a\u00f1o nuevo, con su liturgia aliancista, ofreciera el fundamento para ese primoroso nexo de im\u00e1genes, donde la teofan\u00eda aparece envuelta en un halo de luz y gloria, mientras es proclamado el nombre de Dios. El esp\u00edritu de este cap\u00edtulo es nacionalista, pues supone que todos los pueblos enaltecer\u00e1n a la ciudad de Jerusal\u00e9n, que antes fuera humillada a causa de las infidelidades del pueblo. Incluso los jud\u00edos de la dispersi\u00f3n son invitados al retorno para convertirse en ciudadanos de la nueva metr\u00f3poli, cuya aurora rasga las tinieblas para instaurar un reino de luz sin ocaso. No puede ser m\u00e1s dr\u00e1stica la forma de expresar el paso de la Jerusal\u00e9n pecadora a la ciudad del mes\u00edas, tema que con tanto esmero expusiera Ezequiel (10,2-8.18-19; 11,22-23; 43,1-9).

{N}61,{/}1: (1-11) Este pasaje constituye el coraz\u00f3n mismo del anuncio prof\u00e9tico, que proclama con toda convicci\u00f3n la plenitud de los tiempos. Aunque su contenido sea algo af\u00edn a los \u00abc\u00e1nticos del siervo\u00bb (Is 50,4-9), aqu\u00ed el profeta se limita a vaticinar la liberaci\u00f3n plena del pueblo elegido con la l\u00f3gica instauraci\u00f3n del reino mesi\u00e1nico. Su esquema es, pues, m\u00e1s sencillo y, a la vez, m\u00e1s retador. Testimonia ante todo una fe y una confianza sin par. Mientras que la situaci\u00f3n del pueblo, tras la restauraci\u00f3n posex\u00edlica, estaba saturada de dificultades, Isa\u00edas III s\u00f3lo tiene ojos para contemplar el primor de la gran manifestaci\u00f3n divina tras aquel largo per\u00edodo de silencio que ocup\u00f3 toda la experiencia del exilio. El profeta no puede ocultar su j\u00fabilo al saberse elegido por Dios para proclamar un mensaje tan sublime. El propio Jes\u00fas har\u00eda suyas esas mismas palabras (Lc 4,18-19) a la hora de justificar la genuinidad de su anuncio mesi\u00e1nico. Y es que {C}s\u00f3lo{/} el \u00abungido\u00bb (v. 1) est\u00e1 en condiciones de proclamar esa liberaci\u00f3n plena, que sin duda seguir\u00e1 al proceso de restauraci\u00f3n mesi\u00e1nica incoado a partir del retorno. La situaci\u00f3n hist\u00f3rica reflejada en este poema siempre fue vista como la expresi\u00f3n m\u00e1s lograda de la plenitud mesi\u00e1nica, cuyo portador ser\u00eda Jes\u00fas de Nazaret. Por eso la tradici\u00f3n cristiana se aferrar\u00eda con tanto ah\u00ednco y de una manera tan decisiva a este texto prof\u00e9tico.

{N}62,{/}1: (1-12) El profeta no puede permanecer callado. Ha de proclamar las excelencias de la nueva Jerusal\u00e9n, libre ya de sus \u00e9pocas de abandono y desconsuelo. El fin del exilio hab\u00eda marcado el comienzo de una nueva era, donde la ciudad quedar\u00eda convertida en la gran esposa del Se\u00f1or, que la colmar\u00e1 de un sinf\u00edn de privilegios. La ciudad es como una novia ansiosa (vv. 1-5) a la que han de brindar sus dones los centinelas (vv. 6-9), mientras el pueblo entero da la cordial bienvenida a su rey victorioso. Dios no dejar\u00e1 de aceptar la intercesi\u00f3n del profeta, interviniendo en favor de Jerusal\u00e9n para convertirla en centro de un nuevo culto, donde prive esa \u00abliberaci\u00f3n\u00bb por la que tanto tiempo suspiraran los israelitas. Ahora se han terminado los tiempos de lamentos. Todo invita al alborozo, gracias a la llegada radiante del Se\u00f1or (rey/sol), que, tras defender el derecho y la justicia, instaurar\u00e1 por fin ese reino mesi\u00e1nico donde s\u00f3lo tendr\u00e1 cabida el j\u00fabilo que provoca la justicia hecha amor.

{N}63,{/}7: (63,7-64,11) Esta secci\u00f3n debe considerarse no tanto un or\u00e1culo prof\u00e9tico cuanto un salmo de s\u00faplica bastante af\u00edn al Sal 44. Fue compuesto, sin duda, en una coyuntura hist\u00f3rica muy concreta, cuando el templo estaba en ruinas. La dataci\u00f3n de este salmo depende de c\u00f3mo se interpreten los dos textos: 63,18; 64,11. No falta quien los asocie con alguna contrariedad durante la restauraci\u00f3n posex\u00edlica, siendo incluso el santuario pasto de las llamas. Resulta dif\u00edcil sostener tal hip\u00f3tesis. M\u00e1s veros\u00edmil parece asociar la elaboraci\u00f3n de este salmo con el per\u00edodo ex\u00edlico, mostrando su autor una actitud de esperanza muy similar a la de Lamentaciones y algunos salmos (74; 79). En \u00e9l se descubre una lac\u00f3nica profesi\u00f3n de fe, acompa\u00f1ada de un sincero lamento por el caos imperante. De todo ello pide el salmista perd\u00f3n a Dios, convencido de que toda s\u00faplica recibe adecuada respuesta. Ello le permite albergar la esperanza de que, si el pueblo comparte su actitud personal, Dios se apiadar\u00e1 de su tragedia y le permitir\u00e1 no s\u00f3lo recobrar su antiguo esplendor, sino conseguir una fase tal de plenitud que se convierta en la envidia de todas las naciones. El autor no duda que la aut\u00e9ntica intercesi\u00f3n acaba granje\u00e1ndose el benepl\u00e1cito de Dios, cuya actuaci\u00f3n recaba con el mayor dramatismo, pues s\u00f3lo ella pondr\u00e1 fin al desconcierto provocado por la infidelidad y el pecado. El pueblo se ha hecho acreedor al castigo divino, pero el salmista le suplica que manifieste su poder con una intervenci\u00f3n misericordiosa. Es admirable ver cu\u00e1n bien se armonizan aqu\u00ed la conciencia de culpa con la esperanza de perd\u00f3n.

{N}65,{/}13: (13-25) Este poema afronta ante todo una situaci\u00f3n conflictiva, surgida entre los propios jud\u00edos a ra\u00edz del retorno. Un grupo se cre\u00eda con derecho exclusivo a heredar las promesas divinas en virtud de su presunta fidelidad al culto. Pues bien, el profeta quiere poner fin a toda discrepancia ofreciendo una visi\u00f3n id\u00edlica del futuro reino de plenitud. Su enfoque engarza con Is 11,6-9, por m\u00e1s que aqu\u00ed no se cite expresamente la figura del mes\u00edas. Se perfilan, en cambio, las caracter\u00edsticas del reino mesi\u00e1nico, al que tambi\u00e9n los gentiles ser\u00e1n invitados. Se rompen as\u00ed las fronteras de todo particularismo racista, y los jud\u00edos quedan invitados a cimentar su religiosidad no s\u00f3lo sobre el pilar de un presunto culto depurado, sino tambi\u00e9n sobre un esp\u00edritu de entrega y apertura que d\u00e9 paso a una nueva creaci\u00f3n. El mundo presente no ser\u00e1 destruido, sino transformado en otro mejor. Tal tem\u00e1tica se ir\u00eda afianzando en los escritos ap\u00f3crifos del juda\u00edsmo tard\u00edo (2Esd 6,16; 7,30-32; 2Bar 32,16; Hen 91,16), as\u00ed como en la tradici\u00f3n neotestamentaria (2Cor 5,17; 2Pe 3,10-12; Ap 21,1). Es impensable que el Tritoisa\u00edas asociara la instauraci\u00f3n de este reino con la fase que sigui\u00f3 a la restauraci\u00f3n posex\u00edlica. Antes era preciso liberarse de ciertas actitudes ego\u00edstas y grupistas, que en nada se ajustaban al programa liberador del Se\u00f1or. Por eso sit\u00faa en un horizonte futuro y lejano la instauraci\u00f3n definitiva de ese reino de plenitud que la teolog\u00eda jud\u00eda siempre vinculara con el mes\u00edas esperado.

{N}66,{/}18: (18-24) Es en esta conclusi\u00f3n donde la inspiraci\u00f3n po\u00e9tica del Tritoisa\u00edas alcanza su cl\u00edmax. Aun conteniendo ecos de profec\u00edas anteriores (49,22; 62,10), rebasa ahora todo horizonte hist\u00f3rico para perderse en un futuro de esperanza universalista y de expectaci\u00f3n evang\u00e9lica. No s\u00f3lo todos los pueblos reconocer\u00e1n entonces la soberan\u00eda del Se\u00f1or, sino que cuantos sobrevivan a su gran juicio se convertir\u00e1n en misioneros dispuestos a proclamar por el mundo entero la gloria divina. Los lugares citados quieren connotar los confines mismos del orbe: {C}Tarsis,{/} colonia fenicia en Espa\u00f1a; {C}Put{/} y {C}Lidia,{/} en \u00c1frica; {C}Mosoc, Ros{/} y {C}Tubal,{/} en la costa del mar Negro, y {C}Yav\u00e1n,{/} en las islas griegas, o quiz\u00e1 en Asia Menor. Entonces el pueblo jud\u00edo se ver\u00e1 introducido en una nueva era con un culto del todo renovado. Jerusal\u00e9n queda, a su vez, convertida en el centro simb\u00f3lico de este culto universal, compartido por un \u00abresto fiel\u00bb, al que tambi\u00e9n el paganismo tendr\u00e1 acceso. El autor insiste en resaltar el privilegio de Israel, convertido en portavoz de esta revelaci\u00f3n divina a toda la humanidad (Heb 12,22-29). El vers\u00edculo final -de sesgo terror\u00edfico- contribuye a realzar a\u00fan m\u00e1s el alcance del gran combate escatol\u00f3gico (Mt 25,31-46), donde {C}s\u00f3lo{/} los justos compartir\u00e1n la plenitud del reino de Dios.

