{N}1,{/}1: (1-9) El libro comienza de modo un poco ins\u00f3lito con esta carta de los jud\u00edos palestinos a los jud\u00edos de Egipto para que celebren la fiesta de los tabern\u00e1culos, que aqu\u00ed designa a la fiesta de la dedicaci\u00f3n del templo o Hanuka, en comuni\u00f3n con ellos. Lleva la fecha del 124 a.C., y parece suponer una exigencia de uniformidad en el culto, quiz\u00e1 como cr\u00edtica a los disidentes jud\u00edos de Leont\u00f3polis (cf 1Mac 10,1-66, nota).

{N}1,{/}10: (10-36) Una posible segunda carta, que se supone escrita en 164 a.C., a\u00f1o de la muerte de Ant\u00edoco relata de modo inexacto la muerte de este rey, quiz\u00e1s atendiendo a relatos populares que la identificaron con Ant\u00edoco III; m\u00e1s exactamente se refiere la muerte de Ant\u00edoco IV en 1Mac 6 y en 2Mac 9,1-29. La referencia a Nehem\u00edas es legendaria, pues este personaje no estaba en Jerusal\u00e9n, cuando se inician los sacrificios en el \u00e1rea del templo, sino mucho m\u00e1s tarde. La referencia a Persia en el v. 19, en lugar de a Babilonia, ha de entenderse geogr\u00e1ficamente, es decir, como el pa\u00eds que se encuentra al este del r\u00edo \u00c9ufrates.

{N}2,{/}1: (1-18) Es la continuaci\u00f3n de la carta anterior, tambi\u00e9n la referencia a Jerusal\u00e9n parece legendaria. El v. 2 alude a la carta de Jerem\u00edas, pseudoep\u00edgrafo conservado en Bar 6. Nada sabemos de una biblioteca reunida por Nehem\u00edas (v. 13), y que algunos identifican con 1-2Cr\u00f3nicas, Esdras-Nehem\u00edas; el juda\u00edsmo posterior atribuir\u00e1 una tarea semejante a Esdras en el ap\u00f3crifo 4 Esd 14. La carta concluye con la petici\u00f3n de uniformidad de culto, como la primera.

{N}2,{/}19: (19-32) El pr\u00f3logo del compendiador de la obra de Jas\u00f3n de Cirene nos explica claramente, caso \u00fanico en la Biblia, el g\u00e9nero literario de su resumen: prefiere agradar a ser demasiado exacto en los detalles. Las manifestaciones celestes del v. 21, propia del g\u00e9nero literario usado por los historiadores helenistas, se narran en 3,24; 5,2; 10,29 y 11,8; cf 15,27; son una manera elocuente de expresar la ayuda constante y permanente que Dios siempre ha manifestado a su pueblo.

{N}3,{/}1: La historia es un ejemplo de c\u00f3mo Dios protege su casa contra los que quieren profanarla (v. 39), y ofrece una obertura del libro en que ya se enfrentan (como en el \u00e9xodo) los dos protagonistas: Dios y sus enemigos (Heliodoro en concreto, el helenismo de Ant\u00edoco Ep\u00edfanes despu\u00e9s); la manifestaci\u00f3n extraordinaria de Dios tiene aqu\u00ed como funci\u00f3n explicar la intervenci\u00f3n de Dios a favor de su pueblo mediante un procedimiento literario (manifestaci\u00f3n divina mediante la aparici\u00f3n de personajes celestes), que era aceptado por los lectores de la \u00e9poca y que se inscribe en la tradici\u00f3n b\u00edblica de las apariciones del \u00ab\u00e1ngel del Se\u00f1or\u00bb (cf, p. ej., Jos 5; Jue 6; 2Sam 24). El sacerdote de On\u00edas III, hijo de Sim\u00f3n, descendiente de Sadoc (1Cr\u00f3n 4,27-41; Neh 12,10-11). El rey es Seleuco IV Fil\u00f3pator (187-175). Sim\u00f3n de Bilga o Benjam\u00edn es de la familia sacerdotal (Neh 12,5-18).

{N}4,{/}1: (1-6) Se concluye el relato anterior y se inicia el relato de las circunstancias concretas que llevar\u00e1n a la helenizaci\u00f3n del pueblo jud\u00edo.

{N}4,{/}7: (7-22) Se completa aqu\u00ed lo que ya sabemos por 1Mac 1,10-15, relatando con m\u00e1s detalles c\u00f3mo se inicia el proceso de helenizaci\u00f3n con la expoliaci\u00f3n del templo y la ocupaci\u00f3n del pa\u00eds, que atentaba contra la religi\u00f3n y la cultura jud\u00edas. Ant\u00edoco IV Ep\u00edfanes reina del 175 al 164 a.C. Jas\u00f3n (v. 7) es la helenizaci\u00f3n del nombre hebreo Josu\u00e9 o Jes\u00fas. El traje de deportes del v. 12 responde al \u00abpetaso\u00bb, amplio sombrero llevado por los j\u00f3venes deportistas y por el dios Hermes, su patr\u00f3n, con lo que a los ojos jud\u00edos se convert\u00eda en un signo de idolatr\u00eda.

{N}4,{/}23: (23-50)  Jas\u00f3n es traicionado a su vez por Menelao, con lo que se muestra la corrupci\u00f3n del sacerdocio en Jerusal\u00e9n, que llega a su cumbre con el asesinato del \u00fanico sacerdote leg\u00edtimo en la perspectiva del narrador, On\u00edas, probablemente el \u00abungido\u00bb de Dan 9,26 (cf Dan 11,22). La acr\u00f3polis de los vv. 12 y 27 es la ciudadela o Acra de Jerusal\u00e9n, probablemente junto al templo. S\u00f3strates (v. 29) era quiz\u00e1 solamente jefe de un grupo de mercenarios chipriotas (cf 12,2 y 1Mac 1,29). On\u00edas se hab\u00eda refugiado en Dafne, a 8 km de Antioqu\u00eda, donde hab\u00eda un c\u00e9lebre santuario de Apolo, que pose\u00eda derecho de asilo. El v. 47 habla literalmente de un tribunal \u00abescita\u00bb, debido a la proverbial crueldad de este pueblo (cf un reflejo en Col 3,11, negando la distinci\u00f3n entre b\u00e1rbaros y escitas). A la crueldad del pueblo responde la dureza del tribunal. Muchos israelitas pagan con la vida su fidelidad a la ley.

{N}5,{/}1: (1-10) La segunda campa\u00f1a de Ant\u00edoco fue en el 168 a.C., la primera un a\u00f1o antes (cf 1Mac 1,16). La visi\u00f3n de los vv. 2-3 tiene como misi\u00f3n anunciar lo que va a venir, aunque el autor, que usa una terminolog\u00eda militar bien precisa, deja en ambig\u00fcedad su significado, pronto se ver\u00e1 que anuncia un tiempo de ira. En relaci\u00f3n con el duelo entre Jas\u00f3n y Menelao, el segundo estaba de parte de Ant\u00edoco, y el autor los presenta a ambos como canallas que traen la desgracia sobre el pueblo. El rey Aretas (v. 8), cuyo nombre completo no conocemos, gobernaba en Petra, capital del reino nabateo (cf 1Mac 5,25). Sobre los lacedemonios o espartanos y su amistad con los jud\u00edos, cf 1Mac 12,21, nota.

{N}5,{/}11: (11-27) Impedido por los romanos en su prop\u00f3sito de conquistar Egipto, Ant\u00edoco ataca a su regreso de all\u00ed a Jerusal\u00e9n (cf 1Mac 20-28, nota). Las cifras del v. 14 son sin duda exageradas, as\u00ed como las cantidades del v. 21. El saqueo del templo narrado en los vv. 15ss. es el mismo de 1Mac 1,22, si bien 1Mac lo sit\u00faa en la primera campa\u00f1a de Ant\u00edoco. Los vv. 17-20 dan la explicaci\u00f3n teol\u00f3gica de lo ocurrido, que volver\u00e1 a ser explicada en 6,12-17; n\u00f3tese la cercan\u00eda de la afirmaci\u00f3n del v. 19 con algunas afirmaciones evang\u00e9licas, p. ej. Mc 2,27. Sobre el misarca Apolonio, cf 1Mac 1,29-40, nota. En cuanto a la reacci\u00f3n de Judas Macabeo, el autor no guarda aqu\u00ed la cronolog\u00eda exacta del acontecimiento; cf 1Mac 2,28.

{N}6,{/}1: (1-17) Comienza la persecuci\u00f3n religiosa directa; sobre la fiesta del rey (v. 7), cf 1Mac 1,59 (nota). Tolemaida (v. 8) es la actual Akko, puerto natural de Galilea, ciudad muy hostil  a los jud\u00edos (cf 2Mac 13,25; 1Mac 5,15; 12,48). La justificaci\u00f3n teol\u00f3gica de estos hechos (vv. 12-17) supera la visi\u00f3n tradicional del mal como castigo de la justicia de Dios, introduciendo la noci\u00f3n del castigo providente de Dios para evitar el castigo definitivo y final, lo que es una muestra de la misericordia de Dios.

{N}6,{/}18: (18-31) El martirio de Eleazar ejemplifica la actitud de los m\u00e1s fieles. Es condenado al suplicio del \u00abt\u00edmpano\u00bb o rueda, sobre la que era extendido el reo; la raz\u00f3n de su martirio no es sin m\u00e1s la prescripci\u00f3n de no comer alimentos impuros, sino la fidelidad a la ley, que es la que est\u00e1 en juego (vv. 21.23.28). no parece que Eleazar tuviese una clara idea de la otra vida tras la muerte (en el v. 23, \u00abmuerte\u00bb traduce el griego \u00abHades\u00bb, lugar de los muertos), cosa que aparecer\u00e1 claramente en el cap\u00edtulo siguiente. Para el autor la ley se identifica con la alianza.

{N}7,{/}1: (1-42) El martirio de los siete hermanos ofrece una clara estructura literaria, seg\u00fan la cual se comienza describiendo con detalle los suplicios, para ir poco a poco dejando a estos en la sombra y centrando el inter\u00e9s en las palabras de los m\u00e1rtires. En estas se encuentran dos de las aportaciones m\u00e1s interesantes del libro: la convicci\u00f3n de una resurrecci\u00f3n futura y la afirmaci\u00f3n de la creaci\u00f3n por Dios \u00abde la nada\u00bb (v. 28). Sobre la primera, cf vv. 9.11.14.23.29.36; el texto habla de una resurrecci\u00f3n de los m\u00e1rtires a la vida, mientras que para el martirizador no habr\u00e1 resurrecci\u00f3n para la vida. Es esta la primera afirmaci\u00f3n expl\u00edcita del tema en el AT, y a\u00fan carece de muchas precisiones. Un fundamento parece estar en que Dios es el creador de la vida (vv. 11,22-23), afirmaci\u00f3n que sobre todo se expresa en el v. 28, donde se presenta la creaci\u00f3n como algo hecho por Dios de cosas no existentes o, seg\u00fan traduce la Vulgata, \u00abex nihilo\u00bb, de la nada, expresi\u00f3n que se har\u00e1 tradicional. La otra raz\u00f3n es la justicia de Dios, que debe manifestarse siempre y, si no es posible en esta vida, en otra que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1; ese parece ser el sentido nuevo que recibe en el v. 6 la cita de Dt 32,36; tambi\u00e9n los vv. 16.19.33.37-38. Ant\u00edoco IV (v. 37) pretend\u00eda, por su parte, ser como los dioses.

{N}8,{/}1: (1-36)  Comienza ahora la par\u00e1bola ascendente que llevar\u00e1 hasta la liberaci\u00f3n total de los jud\u00edos. Todo el cap\u00edtulo est\u00e1 escrito de modo que se contrapongan la confianza de los paganos en s\u00ed mismos y en sus fuerzas (incluso hasta apalabrando ya los esclavos por una miseria de dinero, vv. 10-11 y la confianza de los piadosos jud\u00edos en Dios, que es quien da la victoria (vv. 2-4.5.13-14.18-20.23.27.29.35.36); en todos estos versos se pone de relieve la importancia de la oraci\u00f3n. Para el v. 19; cf 2Re 19,35; Is 37,36; no conocemos el episodio del v. 20. El \u00abfilarca\u00bb del v. 32 es quiz\u00e1 el comandante de la caballer\u00eda de los \u00e1rabes; cf 12,10ss. Cal\u00edstenes deb\u00eda de ser un jud\u00edo helenizante (v. 33).

{N}9,{/}1: (1-29) Nuevo cap\u00edtulo de la victoria de los jud\u00edos: la muerte del tirano. Se describe esta de acuerdo con un g\u00e9nero literario concreto, que anticipa ya los castigos en el seol o lugar de los muertos; cf Is 14,11; 66,24; Si 7,17; 19,3; Jdt 16,17; He 12,23. No conocemos la causa exacta de la muerte de Ant\u00edoco, que seg\u00fan este cap\u00edtulo debi\u00f3 ocurrir en diciembre del 164 a.C. La carta que sigue es posiblemente aut\u00e9ntica, pero sin duda dirigida a la ciudad de Antioqu\u00eda; nuestro autor habr\u00eda sustituido este destinatario por el pueblo jud\u00edo. El sentido teol\u00f3gico de este cap\u00edtulo es claro: Dios vence a las potencias del mundo que se le oponen, aunque aparezcan como muy poderosas; su justicia siempre se cumple, como ya estaba anunciado por los m\u00e1rtires del cap\u00edtulo anterior, 7,17.19-31.

{N}10,{/}1: (1-8) La purificaci\u00f3n del templo, origen de la fiesta de la dedicaci\u00f3n o \u00abHanuka\u00bb, se sit\u00faa aqu\u00ed despu\u00e9s de la muerte de Ant\u00edoco, mejor que en 1Mac 4,16 y 6,1-17, que sigue un orden inverso.

{N}10,{/}9: (9-38) Judas derrota a los idumeos, empujados por Lisias contra los jud\u00edos, y a Timoteo; en ambos casos, Dios lucha del lado de Judas, como se muestra por la plegaria de Judas y los suyos (v. 16), y mediante una nueva aparici\u00f3n misteriosa, con la que se expresa la misma idea (vv. 29-30); la visi\u00f3n teol\u00f3gica de estas batallas la expone el autor sucintamente en el v. 28. El pueblo recupera la libertad religiosa gracias a las victorias de Judas. Varios episodios no parecen estar en su lugar cronol\u00f3gico.

{N}11,{/}1: (1-15) La misma orientaci\u00f3n se da a un nuevo planteamiento, ahora directo, con Lisias: ofensa a Dios y orgullo por parte de Lisias (v. 4); plegaria de los jud\u00edos (v. 6); intervenci\u00f3n de Dios (v. 8). La derrota de Lisias le obliga a firmar un tratado de paz con los jud\u00edos, expresado en las cartas que siguen. Toda la narraci\u00f3n pone al ser celestial por encima del \u00e1mbito humano.

{N}11,{/}16: (16-38) Estos cuatro documentos son probablemente aut\u00e9nticos y reflejan los acuerdos logrados por los jud\u00edos con los sel\u00e9ucidas, as\u00ed como la creciente influencia romana. El mes de J\u00fapiter Corintio (Vulgata, Di\u00f3scoro) corresponde al mes de x\u00e1ntico (vv. 21.30.33) o adar, y equivale a febrero-marzo del 164 a.C. El hecho de que Ant\u00edoco V env\u00ede a Menelao, el sumo sacerdote odiado por los rebeldes (v. 32), indica que el rey no acepta reconocer al jefe de estos y que por tanto sus concesiones son limitadas, lo que da m\u00e1s verosimilitud a estos documentos. Sin embargo, Quinto Memmio o Tito Manlio: los dos nombres con los que se cita suscitan un problema que todav\u00eda no ha sido resuelto.

{N}12,{/}1: (1-37) No obstante los acuerdos, los jud\u00edos son todav\u00eda objeto de vejaciones por parte de los helenistas. A consecuencia de ello se llevan a cabo varias campa\u00f1as aqu\u00ed relatadas, siempre con la misma perspectiva que en todo el libro. N\u00f3tese una nueva aparici\u00f3n divina en el v. 22.

{N}12,{/}38: (38-46) El texto parece tener una historia complicada. Posiblemente el libro de Jas\u00f3n relataba el pecado de los soldados muertos (pecado de idolatr\u00eda contra Dt 7,25), conectaba con \u00e9l la derrota sufrida por ellos y ofrec\u00eda la exhortaci\u00f3n de Judas a los soldados vivos para no caer en el pecado, v. 43. Pero el compilador, y este es el texto sagrado, aprueba expl\u00edcitamente la intercesi\u00f3n de los vivos por los muertos, mediante plegarias y sacrificios expiatorios, para que puedan participar de la vida tras la muerte; en la misma l\u00ednea se manifiesta el texto de 15,12ss.

{N}13,{/}1: Los hechos narrados se sit\u00faan en el 163 a.C., con una peque\u00f1a diferencia de cronolog\u00eda respecto a 1Mac 6,20, quiz\u00e1 porque este libro sigue un diferente c\u00f3mputo respecto a 2Mac. El protagonista ahora es Ant\u00edoco V, que intenta la soluci\u00f3n final de la cuesti\u00f3n jud\u00eda. El resultado final ser\u00e1, sin embargo, una afirmaci\u00f3n de las condiciones de paz propuestas a los jud\u00edos y el nombramiento por Ant\u00edoco a Judas de gobernador de toda la zona costera, desde Tolemaida (la actual Akko) hasta el pa\u00eds de los guerrenios (v. 24), probablemente el torrente Guerar, en la costa filistea. Interesa subrayar de nuevo la confiada plegaria de ayuda a Dios (vv. 10-14), c\u00f3mo la victoria es un acto de misericordia a favor de su pueblo (vv. 4.15.17) y el concepto de justicia de Dios que aparece en el castigo a Menelao (vv. 4.8). N\u00f3tese tambi\u00e9n en los vv. 10.14 los ideales que se defienden.

{N}14,{/}1: (1-14) Todo el cap\u00edtulo se inicia con dos hechos decisivos: el advenimiento de un nuevo rey en Siria, Demetrio I, proclamado rey el 161 a.C. tras usurpar la corona a su antecesor, y las intrigas de Alcimo, ex-sumo sacerdote de tendencia helenista, que acusa a Judas y los suyos de fan\u00e1ticos antihelenistas, aunque el autor confunde a los o \u00abhasidim\u00bb, los piadosos (cf 1Mac 2,42-48, nota), con los asmoneos, que son el grupo y familia de los macabeos (v. 6). El autor insiste constantemente en que la causa de los males de los jud\u00edos fue, m\u00e1s que el reino sirio, el grupo de jud\u00edos traidores e infieles a la ley y a la tradici\u00f3n.

{N}14,{/}15: (15-46) De nuevo se pone de relieve c\u00f3mo la guerra viene a causa de los jud\u00edos infieles, en este caso Alcimo (vv. 26ss). La plegaria sigue siendo uno de los valores resaltados (vv. 15.34-36), as\u00ed como la convicci\u00f3n de que se trata de una guerra que afecta al mismo Dios del pueblo jud\u00edo (vv. 33.35-36). Desde este punto de vista, salvar el honor de Dios, debe entenderse el suicidio de Raz\u00edas (vv. 37ss), que puede parecernos un gesto de locura fan\u00e1tica; en ning\u00fan caso debe juzgarse este suicidio con los criterios de la moral cristiana. El suicidio es raro en la Biblia y s\u00f3lo aparece en situaciones morales extremas. No es objeto de condenaci\u00f3n formal.

{N}15,{/}1: (1-37) Todo el cap\u00edtulo vuelve a estar dispuesto de modo que se descubra el sentido religioso de la narraci\u00f3n. Ant\u00edoco se presenta no tanto como desafiador del pueblo cuanto como desafiador de Dios y sus normas (v. 5); Judas, en cambio, lucha por Dios y su templo (vv. 17-18), y por eso ora y conf\u00eda en Dios (vv. 7-8); la respuesta de Dios es presentada por el autor en un doble plano: el sue\u00f1o, en oposici\u00f3n a las batallas militares, en que aparecen el sacerdote On\u00edas (cf 3,1; 4,1-3.35) y el profeta Jerem\u00edas otorgando a Judas la espada de la victoria (vv. 12-16) y la victoria en la batalla, cuyo protagonista es Dios, que hace justicia (vv. 30-37). Sobre el d\u00eda de Mardoqueo (v. 37), quiz\u00e1 sea una celebraci\u00f3n paralela o id\u00e9ntica a la fiesta de \u00abpurim\u00bb (cf Est 9,20-10,3 nota).

{N}15,{/}38: (38-40) Se trata del ep\u00edlogo del compilador, que seg\u00fan la costumbre del tiempo, alaba humildemente el estilo de su obra y nos ilustra sobre el valor hist\u00f3rico que hemos de dar a este tipo de composiciones, que intentan m\u00e1s el agradar al lector que el narrar los hechos con exactitud hist\u00f3rica. Se sit\u00faa aqu\u00ed, adem\u00e1s, el final de la rebeli\u00f3n jud\u00eda, como si este hecho hubiese supuesto su total independencia. Sin embargo, esto acaecer\u00e1 solamente el a\u00f1o 141 como sabemos por 1Mac 13.

