{N}1,{/}1: (1Los cc. 1-2) del primer libro de los Reyes llevan a su culminaci\u00f3n la historia de la sucesi\u00f3n al trono de David, comenzada en 2Sam 9-20.
La senilidad de David (vv. 1-4) est\u00e1 indicando que el problema de la sucesi\u00f3n al trono reclama pronta respuesta. Muertos Amn\u00f3n y Absal\u00f3n, la \u00faltima batalla por la sucesi\u00f3n al trono se va a librar entre Adon\u00edas, en este momento el hijo mayor de David y Salom\u00f3n, el hijo preferido. La lucha estalla cuando Adon\u00edas, por su cuenta, organiza un banquete \u00fanicamente con los que apoyan su causa (vv. 5-10). El profeta Nat\u00e1n, partidario de Salom\u00f3n, interpreta el gesto como una proclamaci\u00f3n p\u00fablica y solemne de la candidatura de Adon\u00edas. Reacciona r\u00e1pidamente y, en complot con Betsab\u00e9, la madre de Salom\u00f3n, arranca del rey David la confirmaci\u00f3n de Salom\u00f3n como sucesor al trono. Inmediatamente despu\u00e9s, David da \u00f3rdenes de ungir y aclamar como rey a Salom\u00f3n (vv. 11-37). Lo unge el sacerdote Sadoc, y todo el pueblo lo clama en medio de gran algazara (vv. 38-40). Tan pronto como la noticia llega a o\u00eddos de Adon\u00edas y de sus convidados, cada uno se va por su lado y Adon\u00edas se refugia en el santuario (vv. 41-50). Avisado Salom\u00f3n, le perdona la vida, a condici\u00f3n de no sorprenderle en otra falta. Adon\u00edas se postra ante Salom\u00f3n, indicando as\u00ed su aceptaci\u00f3n, y luego se retira a la vida privada (vv. 51-53).
Vista en clave profana, esta historia suena a intriga palaciega. Le\u00edda en clave religiosa, la sucesi\u00f3n de Salom\u00f3n es el cumplimiento de la promesa del Se\u00f1or a David (2Sam 7,12). La elecci\u00f3n de Salom\u00f3n est\u00e1 refrendada de una manera clara por el Se\u00f1or (vv. 36-37).

{N}2,{/}1: La primera parte de este cap\u00edtulo recoge las \u00faltimas recomendaciones de David a Salom\u00f3n y la muerte de David (vv. 1-11). A rengl\u00f3n seguido, se dice que Salom\u00f3n sucedi\u00f3 a David y que su reino se consolid\u00f3 (v. 12). Esta \u00faltima expresi\u00f3n enmarca la segunda parte del cap\u00edtulo (vv. 12-46). En ella se expone la suerte que corrieron Adon\u00edas (vv. 13-25), el sacerdote Abiatar (vv. 26-27) y el general Joab (vv. 28-34). Salom\u00f3n los sustituy\u00f3 por Benayas al frente del ej\u00e9rcito, y por el sacerdote Sadoc (v. 35). Finalmente, se indica la suerte de Seme\u00ed (vv. 36-46).
La muerte de Joab y Seme\u00ed estaban cantadas en el testamento de David. Sobre Joab pesaban sus cr\u00edmenes (v. 5), a los que se a\u00f1ade ahora su complicidad con Adon\u00edas (1,7). Sobre Seme\u00ed, las maldiciones contra David, m\u00e1s la ruptura del juramento a Salom\u00f3n (vv. 8,44-45). Ambos a dos ten\u00edan bien merecido el castigo. Salom\u00f3n no act\u00faa en revanchismo; ejecuta una orden para purificar su reino -en la mente del autor- de unas faltas graves. Con estas ejecuciones, m\u00e1s la de Adon\u00edas -que Salom\u00f3n interpreta como un atentado contra su trono y una falta a su palabra (1,52-53)-, se consolid\u00f3 el trono en las manos de Salom\u00f3n.

{N}3,{/}1: (Cc. 3-11) Reinado de Salom\u00f3n. El punto central de esta secci\u00f3n lo forman los pasajes correspondientes a la construcci\u00f3n del templo (cc. 6-8). En los textos circundantes (cc. 3-5; 9-10) dominan los relatos que exaltan la grandeza y la sabidur\u00eda de Salom\u00f3n.
{N}3,{/}1:{N} {/}Grandeza y sabidur\u00eda de Salom\u00f3n. La noticia de su matrimonio con la hija del Fara\u00f3n de Egipto (v. 1) da testimonio del rango internacional y del prestigio de Salom\u00f3n. Adem\u00e1s, Salom\u00f3n aventaja en sabidur\u00eda a todos los otros reyes. Su sabidur\u00eda le viene del Se\u00f1or, que, en un sue\u00f1o, se comunica con Salom\u00f3n (vv. 4-15). A juzgar por la petici\u00f3n al Se\u00f1or, Salom\u00f3n concibe su reinado como un servicio al pueblo, no como un privilegio personal. El caso de las dos rameras (vv. 16-28) evidencia esta sabidur\u00eda concreta de Salom\u00f3n: su arte del buen gobierno, su capacidad para encontrar la justa respuesta.

{N}4,{/}1: (4,1-5,14) La administraci\u00f3n del reino de Salom\u00f3n contin\u00faa en parte, la misma l\u00ednea de David (cf 2Sam 8,16-17). A un gobierno central se suman unos gobernadores locales (4,7-19), cuya funci\u00f3n consiste en recaudar los impuestos reales. Adem\u00e1s, Salom\u00f3n recibe numerosos tributos de sus vasallos (5,1-4), siendo enorme su riqueza (5,6-8). Una organizaci\u00f3n de estas caracter\u00edsticas atestigua la sabidur\u00eda de Salom\u00f3n en el gobierno de la naci\u00f3n (cf 3,6-9), convirti\u00e9ndose en la fuente de prosperidad de los israelitas y jud\u00edos (4,20; 5,5). Aparte de esta sabidur\u00eda pr\u00e1ctica, Salom\u00f3n da prueba de una inteligencia extraordinaria y de unos conocimientos te\u00f3ricos muy vastos, superando a todos los sabios y siendo causa de su fama y admiraci\u00f3n en todos los reinos (5,9-14).

{N}5,{/}1: La construcci\u00f3n del templo con sus preparativos (5,15-32), su realizaci\u00f3n (cc. 6-7) y su dedicaci\u00f3n (c. 8) constituye el n\u00facleo central de la historia de Salom\u00f3n y uno de los puntos neur\u00e1lgicos de la historia de los Reyes; m\u00e1s a\u00fan, de la historia de Israel. El autor de estos textos explica la construcci\u00f3n del templo en conexi\u00f3n con la dinast\u00eda dav\u00eddica (5,17-19) y con la salida de Egipto (6,1). Los israelitas salieron de la esclavitud del Fara\u00f3n de Egipto para entrar en un servicio al Se\u00f1or. Esta idea se configura en la dedicaci\u00f3n del templo (c. 8), como centro religioso y espiritual de la vida de Israel.

{N}9,{/}1: (1-9) Respuesta del Se\u00f1or a la plegaria de Salom\u00f3n (cf 8,23-53). El Se\u00f1or asegura a Salom\u00f3n que \u00e9l se har\u00e1 presente en el templo, y le promete la consolidaci\u00f3n de su trono si permanece fiel a la ley del Se\u00f1or.

{N}9,{/}10: (10-28) Informaciones diversas sobre las actividades econ\u00f3micas, comerciales y mar\u00edtimas de Salom\u00f3n. Ofir es una regi\u00f3n aur\u00edfera en la costa occidental de Arabia o en la costa opuesta de los somal\u00edes.

{N}10,{/}1: La visita de la reina de Sab\u00e1 (vv. 1-3) avala, por un lado, las relaciones mar\u00edtimas (cf 9,26-28), y, por otro, la sabidur\u00eda de Salom\u00f3n, capaz de atraer a gentes de pueblos lejanos (cf 5,14). Esta sabidur\u00eda resalta en el gobierno de la naci\u00f3n, en el recto ejercicio del derecho y de la justicia (v. 9). En ello, precisamente, reside el secreto de su \u00e9xito y riqueza (vv. 14-29).

{N}11,{/}1: No todo fueron riquezas y glorias en el reinado de Salom\u00f3n. Si bien es verdad que Dios bendice la fidelidad y la rectitud, tambi\u00e9n es cierto que castiga el pecado. El redactor echa en cara a Salom\u00f3n haber construido santuarios a otras divinidades para sus mujeres extranjeras. Este pecado de apostas\u00eda provoca el castigo de Dios, que suscit\u00f3 enemigos internos (Jerobo\u00e1n) y externos (Ed\u00f3n y Damasco) contra Salom\u00f3n que acabar\u00edan con la paz y la prosperidad de su reino. As\u00ed se concluye el reino de Salom\u00f3n y se preparan los acontecimientos que ocurrir\u00e1n despu\u00e9s de su muerte.
1Re 12-2Re 17. Con la muerte de Salom\u00f3n se deshizo su imperio. Esta secci\u00f3n trata de los reinos independientes de Israel y de Jud\u00e1 hasta la ca\u00edda de Israel y su anexi\u00f3n al imperio asirio.

{N}12,{/}1: Ante la intransigencia de Robo\u00e1n, que, aconsejado por los cortesanos m\u00e1s j\u00f3venes, no accede a las peticiones m\u00e1s razonables de las tribus del norte, Jerobo\u00e1n, uno de los capataces de Salom\u00f3n (11,26-40), incita a la rebeli\u00f3n y provoca el cisma. Un cisma con dos vertientes: pol\u00edtica, que supone la independencia del reino del norte (vv. 1-24), y religiosa, pues se fomenta el culto en los santuarios de Betel y de Dan (vv. 25-33). Consiguientemente, la ciudad y el templo de Jerusal\u00e9n dejan de ser el centro pol\u00edtico y religioso para las tribus del norte. Es la consecuencia de la infidelidad de Salom\u00f3n, anunciada ya por el profeta Aj\u00edas (vv. 15; 11,29-39). En estos momentos dif\u00edciles, dominados por las luchas humanas y pol\u00edticas, Dios -a trav\u00e9s de sus profetas (vv. 15,22-24)- se revela como el motor \u00faltimo, definitivo e incombustible de la historia del pueblo de Israel.

{N}13,{/}1: Un profeta an\u00f3nimo, enviado por el Se\u00f1or desde Jud\u00e1, anuncia un or\u00e1culo contra el altar erigido por Jerobo\u00e1n en Betel (cf 12,25-33). La historia, en este punto, se reviste de caracteres populares y legendarios. El le\u00f3n y el asno son animales emblem\u00e1ticos, ligados en otras narraciones a la vida y actividad prof\u00e9ticas. El le\u00f3n es el s\u00edmbolo de la fuerza que Am\u00f3s sinti\u00f3 en su interior (Am 3,8), y el asno tiene una funci\u00f3n prof\u00e9tica en la historia de Bala\u00e1n (N\u00fam 22-24). En el trasfondo de esta historia se puede ver c\u00f3mo la palabra del Se\u00f1or es eficaz y se cumple a pesar de las resistencias y de las infidelidades continuas y permanentes de los hombres.

{N}14,{/}1: (1-20) Aj\u00edas de Silo, el profeta que anunci\u00f3 y alent\u00f3 la subida de Jerobo\u00e1n al trono de Israel, predice ahora su ruina. La raz\u00f3n de esta hay que buscarla en el cambio de conducta del rey. Su bendici\u00f3n estaba ligada a la fidelidad a la palabra de Dios (11,28). La apostas\u00eda de Jerobo\u00e1n no permit\u00eda esperar m\u00e1s que su castigo: la reprobaci\u00f3n y condenaci\u00f3n de su familia y de su dinast\u00eda. La muerte de un hijo era interpretada como el justo castigo por un pecado grave de sus padres (2Sam 12,14).

{N}14,{/}21: (21-31) Contempor\u00e1neamente a Jerobo\u00e1n en el reino de Israel, en Jud\u00e1 rein\u00f3 Robo\u00e1n. Sus muchos pecados le condujeron a la perdici\u00f3n, como a Jerobo\u00e1n, pero con una diferencia significativa: mientras que en Israel cambian frecuentemente las dinast\u00edas, en Jud\u00e1 perecen los distintos reyes, pero la dinast\u00eda dav\u00eddica permanece durante los vaivenes de los reinos vecinos.

{N}15,{/}1: El relato de los reyes que suceden a Robo\u00e1n y Jerobo\u00e1n: Ab\u00edas y As\u00e1 de Jud\u00e1 (15,1-24), Nadab, Bas\u00e1, El\u00e1, Zimr\u00ed, Omr\u00ed y Ajab de Israel (15,25-16,34), est\u00e1 cortado por un mismo patr\u00f3n. Cada rey es juzgado de acuerdo con su comportamiento religioso. El juicio de valor acerca de los diferentes reyes no depende tanto de sus conquistas o derrotas en el campo de batalla cuanto de su oposici\u00f3n a cualquier tipo de sincretismo religioso, especialmente en el campo cultual. La palabra de Dios, trasmitida por los profetas (15,29-30; 16,1-4.7.12-13.34) sirve tambi\u00e9n de modelo para juzgar a los reyes. En el trono de Jud\u00e1 todos los reyes descienden de David.

{N}17,{/}1: (Cc. 17-21) De la serie de profetas de que ha quedado constancia en los libros de los Reyes, la figura m\u00e1s egregia es indudablemente la de El\u00edas. \u00c9l es el protagonista principal de los cc. 17-19,21. En estos textos se combina la narraci\u00f3n sobria, referente a episodios de la vida p\u00fablica del profeta, con una serie de an\u00e9cdotas de tipo hagiogr\u00e1fico y popular, que ata\u00f1en fundamental y b\u00e1sicamente m\u00e1s bien a su vida privada.
{N}17,{/}1:{N} {/}Sequ\u00eda y lluvia constituyen el tema dominante de estos dos cap\u00edtulos, en los que se intercalan adem\u00e1s otros motivos secundarios. El tema de la lluvia adquiere gran importancia en la \u00e9poca de El\u00edas. En la religi\u00f3n cananea, Baal era el se\u00f1or de la tierra y a \u00e9l se atribu\u00eda la fecundidad del suelo. Precisamente por eso se le erige un altar en Samar\u00eda. Si El\u00edas quiere destronar a Baal, no basta con que predique que el Se\u00f1or es el \u00fanico Dios de Israel. Tiene que demostrar con hechos que la fertilidad del suelo se debe al Se\u00f1or. De ah\u00ed su triple reto: al rey Ajab, que levant\u00f3 el altar a Baal (16,31-32; 18,17-20); al pueblo, que ora sigue al Se\u00f1or, ora sigue a Baal (18,21-24), y a los profetas de Baal (18,25-30). El final de la escena del monte Carmelo (18,31-40) representa el cenit de la actividad prof\u00e9tica de El\u00edas. El Se\u00f1or se revela como el verdadero Dios y El\u00edas como su profeta. El pueblo reconoce al Se\u00f1or y se extermina a los profetas de Baal. Las faltas ocultas se manifiestan y atraen el castigo.

{N}19,{/}1: El episodio del Horeb da a El\u00edas un halo de Mois\u00e9s redivivo. La huida-peregrinaci\u00f3n de El\u00edas al Horeb, cuna del yavismo, y la teofan\u00eda del Se\u00f1or (vv. 9-13) evocan los or\u00edgenes de la historia religiosa de Israel, el momento en que el Se\u00f1or sell\u00f3 su alianza con el pueblo. Pero Israel abandon\u00f3 la alianza del Se\u00f1or (vv. 10,14). Con la vuelta al Horeb, El\u00edas significa que el yavismo tiene que renacer. Todo esto es una vuelta muy clara a los or\u00edgenes.

{N}20,{/}1: El\u00edas deja ahora el escenario a un profeta an\u00f3nimo, que interviene ante el rey de Israel en un momento especialmente delicado: las hostilidades de Ben Hadad de Siria. En nombre de Dios, este profeta anuncia dos or\u00e1culos de salvaci\u00f3n (vv. 13-14,28) en favor de Israel. Ajab consigue sendas victorias, a pesar de la superioridad de Siria. De este modo, se pone de manifiesto, sobre un terreno distinto al del monte Carmelo, que el Se\u00f1or es el Dios de Israel. Una vez m\u00e1s, queda patente tambi\u00e9n la importancia de los profetas en la historia de Israel.

{N}21,{/}1: La denuncia prof\u00e9tica en defensa de la justicia y del derecho de las clases sociales m\u00e1s necesitadas, como en el caso de Nabot, hace de El\u00edas un precursor muy pr\u00f3ximo de los profetas cl\u00e1sicos. El Se\u00f1or dirige su palabra al profeta El\u00edas, que condena la conducta del rey. El Dios de Israel escucha el clamor de los pobres, y no puede tolerar una injusticia y un crimen tan execrables como el que acaba de cometer Ajab, apoder\u00e1ndose de la vi\u00f1a de Nabot.

{N}22,{/}1: Como en otros textos de Reyes, aqu\u00ed se entrelazan la historia y la profec\u00eda. Contrasta la actitud de los falsos profetas, que presentan sus propios pensamientos como palabra de Dios, buscando halagar al rey con promesas de salvaci\u00f3n (vv. 6,11-12) y la de Miqueas, hijo de Yiml\u00e1, el profeta verdadero y el aut\u00e9ntico mensajero del Se\u00f1or, que trasmite una palabra de amenaza contra el rey de Israel (vv. 7-8.17). El tr\u00e1gico desenlace de Ajab, rey de Israel, atestigua la veracidad de la palabra de Dios pronunciada por su profeta (vv. 37-38; 21,19ss). La palabra aut\u00e9ntica del Se\u00f1or siempre se cumple. El Se\u00f1or siempre permanece fiel a sus promesas.

