{N}1,{/}1: Un escapado informa a David de la muerte de Sa\u00fal y de su hijo Jonat\u00e1n (vv. 1-16). El relato difiere bastante del de 1Sam 31. En lugar del escudero, se hace intervenir a un amalecita, que da el golpe de gracia a Sa\u00fal y lleva las insignias reales a David. Lejos de recompens\u00e1rselo, como seguramente esperaba, David ordena matar al amalecita por haber puesto las manos sobre el ungido del Se\u00f1or (cf 1Sam 26,10). As\u00ed queda patente la inocencia de David en la muerte de Sa\u00fal.
La eleg\u00eda por Sa\u00fal y Jonat\u00e1n (vv. 17-27) exalta el hero\u00edsmo de estos dos personajes relevantes de la historia de Israel. Atribuido a David, este canto de lamentaci\u00f3n pone de relieve tanto las cualidades po\u00e9ticas de David como su gran coraz\u00f3n.

{N}2,{/}1: Antes de dar cualquier paso decisivo, David consulta al Se\u00f1or. Es as\u00ed como va a Hebr\u00f3n, donde es ungido por sus compatriotas como rey de Jud\u00e1 (vv. 1-4a), en claro contraste con Isbaal, hijo de Sa\u00fal, que reina en el norte (vv. 8-11). A pesar de ser Isbaal su rival, David muestra gran respeto por Sa\u00fal (vv. 46-7), conform\u00e1ndose al menos de momento con defender su posici\u00f3n actual y reinar en Jud\u00e1 (vv. 12-32). David se muestra en todas sus acciones como buen diplom\u00e1tico.

{N}3,{/}1: Enfrentada la casa de Sa\u00fal con la de David, la primera va debilit\u00e1ndose, mientras que la segunda adquiere cada vez m\u00e1s fuerza (v. 1). El asesinato de Abner (vv. 6-39), general -tan poderoso como ambicioso- del ej\u00e9rcito de Israel, favorece, sin ensombrecerle (cf v. 37), la causa de David.

{N}4,{/}1: El asesinato de Isbaal prueba el total debilitamiento de la casa de Sa\u00fal (cf 3,1). El castigo infringido por David a los culpables deja en claro que \u00e9l no ha sido c\u00f3mplice; antes bien, siempre ha sido leal a la casa de Sa\u00fal. Dios es quien le salv\u00f3 de todo peligro (cf v. 10) y en \u00e9l pone su confianza.

{N}5,{/}1: Tras el asesinato de Isbaal, el reino del norte pasa a David, aceptado ahora no s\u00f3lo por Jud\u00e1, sino tambi\u00e9n por Israel (vv. 1-5). Con la conquista de Jerusal\u00e9n y el establecimiento en ella de la capital del reino (vv. 6-16), llega a su culminaci\u00f3n la historia de la ascensi\u00f3n al trono de David. Conscientes los filisteos del poder de David y del peligro que esto representa para ellos, atacan al reino de David, pero sufren una gran derrota (vv. 17-25). El alma de todos estos acontecimientos, como de toda la historia de David, es el Se\u00f1or (cf vv. 10-12.19.23.25).

{N}6,{/}1: El traslado del arca a la nueva capital del reino ten\u00eda gran alcance, no s\u00f3lo religioso, sino tambi\u00e9n pol\u00edtico. Religioso, pues el arca en cuanto s\u00edmbolo de la presencia y del poder del Se\u00f1or era el objeto cultual m\u00e1s importante en Israel. Pol\u00edtico, puesto que as\u00ed Jerusal\u00e9n se convert\u00eda en una fuerza de atracci\u00f3n capaz de aglutinar a todas las tribus.

{N}7,{/}1: En la cima de su esplendor, cuando David est\u00e1 perfectamente asentado en su trono, llega la profec\u00eda de Nat\u00e1n, prometi\u00e9ndole, en nombre de Dios, la estabilidad de su casa y de su trono real. La profec\u00eda de Nat\u00e1n forma el arco de b\u00f3veda de los libros de Samuel. Por un lado, sintetiza las grandes l\u00edneas de la historia precedente: \u00c9xodo (vv. 6,23), Jueces (vv. 7,11), Sa\u00fal (v. 15). Por otra, adelanta el futuro pr\u00f3ximo, apuntando al reino de Salom\u00f3n (vv. 12-15) y a la construcci\u00f3n del templo (v. 13a), y, el futuro remoto, al poner las bases de la idea mesi\u00e1nica. La profec\u00eda se elabora a base de una contraposici\u00f3n: no ser\u00e1 David sino el Se\u00f1or quien levantar\u00e1 la dinast\u00eda dav\u00eddica.

{N}8,{/}1: A la luz de la profec\u00eda de Nat\u00e1n (c. 7), la serie de victorias de David sobre los reinos vecinos adquiere el valor de prueba de la consolidaci\u00f3n de su reino y de la bendici\u00f3n divina anunciada. David encarna la figura del rey ideal: dirigir al pueblo en los momentos de guerra y gobernarlo justamente en tiempos de paz (v. 15).
2Sam 9-20; 1Re 1-2. Historia de la sucesi\u00f3n al trono de David. Esta secci\u00f3n relata la serie de circunstancias que hicieron posible la consolidaci\u00f3n del reino en las manos de Salom\u00f3n (cf 1Re 2,46). La historia de la sucesi\u00f3n comienza y concluye con Salom\u00f3n. En medio, desfilan uno tras otro Am\u00f3n, Absal\u00f3n y Adon\u00edas, candidatos al trono real. La historia de la sucesi\u00f3n quiere probar c\u00f3mo Salom\u00f3n es, a justo t\u00edtulo, el heredero leg\u00edtimo del trono de David, elegido por el Se\u00f1or entre otros que fueron eliminados aunque pudieran tener m\u00e1s derechos o pretensiones.
La divisi\u00f3n de los libros de Samuel y Reyes resulta, por tanto, un poco artificial.

{N}9,{/}1: Las medidas adoptadas por David respecto de Meribaal, el hijo de Jonat\u00e1n y \u00fanico superviviente de los saulidas, apuntan a un doble blanco: cumplir fielmente el pacto hecho con Jonat\u00e1n (cf 1Sam 18,3; 20,16; 23,18) y atraerse a los partidarios de la familia de Sa\u00fal, al mismo tiempo que tener bajo control a quien en un momento de crisis pod\u00eda alegar sus derechos al trono real. Estos objetivos prueban la lealtad de David, a la par que su habilidad pol\u00edtica. Quedaba obviado un obst\u00e1culo para la sucesi\u00f3n al trono de un hijo de David.

{N}10,{/}1: En el marco de las guerras de David contra los amonitas, destacan dos cuadros bien diferenciados: el adulterio de David, unido al pecado contra Ur\u00edas, y el nacimiento de Salom\u00f3n. Si la victoria sobre los amonitas concuerda plenamente con la imagen que hasta aqu\u00ed se ha ido forjando de David, el adulterio y su actuaci\u00f3n con Ur\u00edas la desfiguran considerablemente. Es un magn\u00edfico guerrero, se podr\u00eda decir de \u00e9l, pero muy poco respetuoso con los derechos de los dem\u00e1s. La intervenci\u00f3n del profeta Nat\u00e1n (c. 12) pone de relieve la importancia religiosa de este episodio. Un juicio (12,10-12) y una promesa (12,23-24) constituyen el mensaje trasmitido por Nat\u00e1n, en nombre del Se\u00f1or, a David, con repercusiones sobre Salom\u00f3n como sucesor.

{N}13,{/}1: Este cap\u00edtulo inicia una larga cadena de incidentes dolorosos en el seno de la familia de David. Amn\u00f3n, el primog\u00e9nito de David, viola a Tamar, hermana de Absal\u00f3n. La pasi\u00f3n de Amn\u00f3n desata la venganza de Absal\u00f3n, que da muerte a Amn\u00f3n y se enemista con David.

{N}14,{/}1: Tras la muerte de Amn\u00f3n, a Absal\u00f3n no le queda m\u00e1s remedio que huir (cf 13,37s) para salvarse. Una estratagema, urdida por Joab, har\u00e1 posible la vuelta de Absal\u00f3n y su entrada en la corte (c. 14). El abrazo de David a Absal\u00f3n sella, s\u00f3lo de momento y aparentemente, la reconciliaci\u00f3n entre ambos, pero la situaci\u00f3n no termina ah\u00ed de ninguna manera.

{N}15,{/}1: Aprovechando el descontento de algunos israelitas, Absal\u00f3n trata de desacreditar la corte de David y de afirmarse personalmente (15,1-6) para acabar sublev\u00e1ndose (15,7-12). Informado de lo sucedido, David emprende la fuga de Jerusal\u00e9n (15,13-16,14). David acepta resignado este rev\u00e9s tan doloroso, pues detr\u00e1s de \u00e9l ve la voluntad del Se\u00f1or (cf 15,25-26; 16,10-12), al mismo tiempo que toma determinadas decisiones de capital importancia para controlar y dominar la situaci\u00f3n.

{N}17,{/}1: (1-23) Absal\u00f3n y los ancianos de Israel, tras haber escuchado el consejo de Ajit\u00f3fel y el de Jusay, optan por el del segundo (vv. 1-13). La plegaria de David, para que no fuera atendido el consejo de Ajit\u00f3fel (cf 15,31), ha sido escuchada por el Se\u00f1or, quien hace triunfar el consejo de Jusay (v. 14), que redundar\u00e1 en favor de David (vv. 15-23). El Se\u00f1or se revela de este modo como el actor principal, que lleva las riendas de toda esta historia.

{N}17,{/}1: (17,24-19,9) Preparativos para la batalla, en la que morir\u00e1 Absal\u00f3n (17,24-18,18). La noticia llega a David (18,19-32), que llora la muerte de su hijo (19,1-9). La valoraci\u00f3n teol\u00f3gica de estos acontecimientos se refleja en las palabras de los mensajeros: el Se\u00f1or ha hecho justicia, entregando a los que se rebelaron contra David (18,28.31).

{N}19,{/}1: (10-40) La derrota de Absal\u00f3n hace que los israelitas del norte sean los primeros en desear y proponer la vuelta de David. Informado de esto, David entra en contacto con los de Jud\u00e1 para preparar su regreso a Jerusal\u00e9n (vv. 10-15). En el camino de vuelta, David encuentra -en orden inverso a como los encontrara a su huida (cf 15,13-16,14)- en primer lugar a su principal rival, Seme\u00ed, luego a Sib\u00e1 y Meribaal, ambos de conducta dudosa y poco de fiar (vv. 16-31) y, finalmente al fiel Barzilay (vv. 32-40). Dando pruebas de sus dotes humanas y de su gran talla pol\u00edtica, David no se mancha en venganza personales, antes bien procede con magnanimidad y nobleza de esp\u00edritu para con todos.

{N}19,{/}41: (19,41-20,26) Un incidente entre israelitas y jud\u00edos (19,41-44), signo palmario de la fr\u00e1gil uni\u00f3n de los dos reinos, termina con la revuelta de Sib\u00e1 (20,1-22), que viene sofocada inmediatamente por las tropas del rey David. La secci\u00f3n concluye con una lista de los funcionarios de David (20,23-26).

{N}21,{/}1: (Cc. 21-24) Serie de ap\u00e9ndices estructurados conc\u00e9ntricamente: el primero y el \u00faltimo se refieren a dos calamidades naturales (hambre: 21,1-14 y peste: c. 24); el segundo y el pen\u00faltimo tratan respectivamente de cuatro campeones filisteos (21,15-22) y de los campeones de David (23,8-39). En el centro se colocan un salmo real (c. 22) y un poema con las \u00faltimas palabras de David (23,1-7). As\u00ed terminan los libros de Samuel.
{N}21,{/}1-14: El hambre se atribuye a la violaci\u00f3n llevada a cabo por los saulidas y los gabaonitas (cf Jos 9,4). Como reparaci\u00f3n del delito, para conjurar la calamidad, David entrega a los gabaonitas siete descendientes de los saulidas. La medida, con clara incidencia en lo pol\u00edtico, deja a salvo el respeto mostrado continuamente por David hacia los saulidas, pues David cumple la voluntad del Se\u00f1or.

{N}22,{/}1: De modo similar a lo que ocurre en el Deuteronomio, donde al final del libro se coloca el c\u00e1ntico de Mois\u00e9s (c. 32) y sus bendiciones-testamento a las tribus (c. 33), ambos en forma po\u00e9tica, el segundo libro de Samuel se concluye con dos poemas: un salmo atribuido a David (c. 22 / Sal 18), seguido de sus \u00faltimas palabras (23,1-7). El salmo de David es un canto al Dios salvador, en el que se recuerdan las victorias del rey y la dinast\u00eda dav\u00eddica. Las \u00faltimas palabras de David celebran la justicia del rey y la alianza del Se\u00f1or con David, causa de la paz y del bienestar de Israel.

{N}24,{/}1: Peste con que el Se\u00f1or castig\u00f3 al pueblo por un pecado de David. Para conjurar el desastre, se erige un altar en el que se ofrece un culto expiatorio. El altar se construye en la era de Araun\u00e1, que m\u00e1s tarde ser\u00e1 identificada con el lugar de emplazamiento del templo (1Cr\u00f3n 21,1-22,1). En esta perspectiva, el relato se justifica perfectamente en este contexto, inmediatamente antes de dar paso al reinado de Salom\u00f3n, durante el cual se llevar\u00e1 a cabo la construcci\u00f3n del templo.

