{N}1,{/}1: (1-2,5) Breve s\u00edntesis del per\u00edodo de la conquista de Cana\u00e1n. A diferencia del relato del libro de Josu\u00e9, donde se construye sobre la base de que la conquista de la tierra es una empresa com\u00fan a todas las tribus, que en poco tiempo sometieron a los habitantes del pa\u00eds, en la perspectiva de Jue 1 las tribus act\u00faan por separado y s\u00f3lo logran algunas victorias parciales. Los fracasos de Israel en la conquista de Cana\u00e1n, que aqu\u00ed se presenta como lenta e incompleta, son tan grandes o mayores que los \u00e9xitos. 1,1-21 trata del asentamiento de las tribus en el sur de Palestina, destacando el papel preponderante de Jud\u00e1. 1,22-36 se refiere al asentamiento en las regiones centrales y septentrionales. 2,1-5 ofrece una interpretaci\u00f3n religiosa de los hechos: si Israel hubiera obedecido a los mandamientos del Se\u00f1or, sus victorias sobre los habitantes del pa\u00eds habr\u00edan sido completas. Por no haber sido obediente, tendr\u00e1 que seguir contando con la presencia de los cananeos en la tierra prometida. Se trasluce aqu\u00ed el problema de la asimilaci\u00f3n de la religi\u00f3n y de la cultura cananea en la vida de Israel. A esto se deben, en gran parte, seg\u00fan el redactor del texto, los fracasos de Israel.

{N}2,{/}6: (2,6-3,6) Introducci\u00f3n al per\u00edodo de los Jueces. Los primeros vers\u00edculos enlazan claramente con los \u00faltimos del libro de Josu\u00e9 (cf Jue 2,6-9; Jos 24,28-31). Su repetici\u00f3n en este lugar sirve, adem\u00e1s, para subrayar el vac\u00edo de poder hasta la muerte de Josu\u00e9, lo que explica parcialmente la crisis y la infidelidad de Israel. Si el tiempo de Josu\u00e9 fue de fidelidad (Jos 24,31), el de los Jueces se caracteriza por las sucesivas infidelidades al Se\u00f1or.

{N}2,{/}11: (11-19) Hace una exposici\u00f3n, en cierto modo, program\u00e1tica, del per\u00edodo de los Jueces. Utiliza un esquema con cuatro partes, que se repetir\u00e1 mec\u00e1nicamente a lo largo del libro: 1) pecado del pueblo; 2) irritaci\u00f3n del Se\u00f1or y castigo del pueblo, entreg\u00e1ndolo en manos de los enemigos; 3) arrepentimiento de Israel e invocaci\u00f3n de la ayuda divina; 4) liberaci\u00f3n por medio de un \u00abjuez\u00bb o \u00absalvador\u00bb suscitado por Dios. La salvaci\u00f3n se debe siempre al Se\u00f1or, que elige a algunas personas para realizar su obra salvadora.

{N}2,{/}20: (2,20-3,6) Intenta dar una doble respuesta al problema de la supervivencia de los cananeos en Palestina (2,1-5), a pesar de que el Se\u00f1or haya entregado todo el pa\u00eds a Israel. En primer lugar, se interpreta el hecho como un juicio divino sobre Israel para probar su fe. En segundo t\u00e9rmino, se pone de relieve el valor pedag\u00f3gico de esta medida: ense\u00f1ar a las sucesivas generaciones el arte de la guerra.

{N}3,{/}7: (7-30) Los dos primeros jueces salvadores de Israel, Otoniel y Ehud, son elegidos por Dios en un momento de necesidad del pueblo. Suena, por primera vez en el libro, una f\u00f3rmula clave para la comprensi\u00f3n de sus personajes: \u00abel esp\u00edritu del Se\u00f1or vino sobre \u00e9l\u00bb. Se dice de Otoniel (v. 10), que act\u00faa bajo la influencia del esp\u00edritu de Dios, como un jefe carism\u00e1tico.

{N}4,{/}1: El recuerdo de la victoria de D\u00e9bora-Barac en Tanac se ha conservado en dos versiones formalmente distintas, la primera en prosa (c. 4) y la segunda en poes\u00eda (c. 5), pero tem\u00e1ticamente id\u00e9nticas en lo sustancial. El acontecimiento adquiere un gran relieve hist\u00f3rico y religioso. La victoria contribuye a la unificaci\u00f3n de las tribus y a su consolidaci\u00f3n en territorio cananeo. Se muestra, adem\u00e1s, la importancia de la profec\u00eda en Israel. D\u00e9bora, la profetisa, es presentada como el instrumento del que se sirve Dios para comunicarse con Barac. En \u00faltima instancia, se indica c\u00f3mo la obediencia a las palabras del profeta, que habla en nombre de Dios, acarrear\u00e1 la victoria para Israel. La victoria del pueblo -o, para ser m\u00e1s exactos, del Se\u00f1or que pone en movimiento las fuerzas de la naturaleza (5,4-5) en contra del enemigo y en favor de Israel- contrasta con la enorme potencia del enemigo (4,3). En tono h\u00edmnico, se invita a alabar y bendecir al Se\u00f1or, que ha dado la victoria a su pueblo.

{N}4,{/}6: (6-9) Las historias de Gede\u00f3n (cc. 6-8) y de Abimelec (c. 9) se hallan estrechamente relacionadas. Cabe distinguir en ellas cuatro partes claramente diferenciadas: 1) la vocaci\u00f3n de Gede\u00f3n (c. 6); 2) las batallas de Gede\u00f3n contra los madianitas (7,1-8,21); 3) conclusi\u00f3n de la historia de Gede\u00f3n y comienzo de la historia de Abimelec (8,22-35); 4) historia de Abimelec (c. 9).

{N}6,{/}1: Como en el caso de Mois\u00e9s (\u00c9x 3-4), Dios llama a Gede\u00f3n en un momento de opresi\u00f3n del pueblo de Israel, sometido a una potencia m\u00e1s fuerte. Gede\u00f3n pone dificultades a la llamada del Se\u00f1or, alegando su peque\u00f1ez y la de su clan, pero la incapacidad humana no es un argumento suficiente cuando el Se\u00f1or se hace presente y promete su asistencia. Tan pronto como el esp\u00edritu del Se\u00f1or se apodera de Gede\u00f3n, este entra en acci\u00f3n y se enfrenta con los madianitas. Gede\u00f3n se convierte as\u00ed en un jefe carism\u00e1tico, colaborador del Se\u00f1or en sus planes de salvaci\u00f3n.

{N}7,{/}1: (7,1-8,21) Batallas de Gede\u00f3n en Cisjordania (7,1-8,3) y en Transjordania (8,4-21), para salvar a Israel de los madianitas. La clara inferioridad num\u00e9rica de los israelitas respecto de los madianitas (s\u00f3lo 300 hombres, contra un ej\u00e9rcito \u00abnumeroso como las langostas\u00bb) pone en evidencia la obra salv\u00edfica de Dios. Es el Se\u00f1or, no Israel, quien vence al enemigo (cf 7,2-3).

{N}8,{/}22: (22-35) Muerte de Gede\u00f3n y comienzo de Abimelec. En los vv. 22-23 se conservan las huellas del primer intento, en la historia de Israel, de institucionalizar el mando en la persona de Gede\u00f3n y de sus descendientes. Gede\u00f3n reh\u00fasa la dignidad real, impl\u00edcita en la propuesta de los israelitas, afirmando rotundamente que el \u00fanico jefe de Israel es el Se\u00f1or. Su actitud contrasta con la de su hijo Abimelec, que desea gobernar como un rey. Se contraponen dos modos claramente distintos de ejercer el gobierno: de una parte, el teocr\u00e1tico; de otra parte, el mon\u00e1rquico.

{N}9,{/}1: Abimelec logra hacerse con el gobierno de Siqu\u00e9n (vv. 1-6), pero tras varias revueltas contra \u00e9l termina tr\u00e1gicamente su vida (vv. 7-49). Como conclusi\u00f3n, se emite un juicio teol\u00f3gico de valor sobre su persona: Dios le castig\u00f3 por su mala conducta (vv. 50-57).
Gede\u00f3n y Abimelec son dos conductas contrastantes: mientras que la acci\u00f3n de Gede\u00f3n est\u00e1 movida por el \u00abesp\u00edritu del Se\u00f1or\u00bb, en la de Abimelec se mezcla \u00abun mal esp\u00edritu\u00bb (6,34; 9,23). La realeza rechazada por Gede\u00f3n es ansiada por Abimelec. A diferencia de Gede\u00f3n, que es elegido por el Se\u00f1or y salva, Abimelec, por su parte, busca su propia elecci\u00f3n y fracasa.

{N}10,{/}1: Estos cap\u00edtulos recogen las historias de seis \u00abjueces menores\u00bb. Acerca de cinco de ellos tan s\u00f3lo se hacen unas referencias escuetas, siguiendo un esquema fijo: nombre, tribu, duraci\u00f3n de su administraci\u00f3n, muerte y sepultura. A Tol\u00e1 se le califica de \u00absalvador de Israel\u00bb, mientras que a los otros se les denomina \u00abjueces de Israel\u00bb, t\u00edtulo de alcance nacional, pero que probablemente no se adecua a la realidad, pues la funci\u00f3n de estos jueces parece tener m\u00e1s bien una dimensi\u00f3n local (cf 10,1-5; 12,8-15).
Jeft\u00e9, colocado en el centro de la lista de \u00abjueces menores\u00bb (10,6-12,7), juega un papel especial. De mero \u00abjuez\u00bb pasa a ser \u00absalvador\u00bb de Israel. Elegido en un primer momento por los ancianos de Galaad, debido a sus cualidades guerreras, para dirigir las luchas contra los amonitas (11,1-28), ser\u00e1 m\u00e1s tarde elegido por el Se\u00f1or, que le comunica su esp\u00edritu (11,29), para una guerra de liberaci\u00f3n (11,30-40).
Precede a la historia de Jeft\u00e9 una breve exposici\u00f3n de la situaci\u00f3n deplorable a la que Israel ha llegado, debido a sus infidelidades al Se\u00f1or, que deja al pueblo a merced de sus enemigos (10,6-10). En esta situaci\u00f3n, precisamente, surge Jeft\u00e9. Antes de entablar batalla, Jeft\u00e9 inicia negociaciones con los amonitas, que no logra culminar con \u00e9xito (11,12-28). Consecuentemente, entra en guerra. Pero antes hace un voto al Se\u00f1or, prometi\u00e9ndole un sacrificio si le da la victoria (11,30-40). La victoria se debe, por tanto, al Se\u00f1or.
Aunque Jetf\u00e9 salva a Israel de los amonitas, su vida termina con una nota tr\u00e1gica: la guerra civil desencadenada entre los efraimitas y los de Galaad (12,1-7).

{N}13,{/}1: La historia de Sans\u00f3n, el h\u00e9roe danita, rompe los moldes de las figuras anteriormente presentadas. Sans\u00f3n es un nazireo, consagrado de por vida al Se\u00f1or (cf N\u00fam 6). No es propiamente un juez ni un l\u00edder carism\u00e1tico, aunque al final de su historia se dice que \u00abgobern\u00f3 a Israel\u00bb (16,31). No obstante, se a\u00f1ade una indicaci\u00f3n temporal (\u00abdurante veinte a\u00f1os\u00bb), que es muy significativa: muestra lo incompleto de su obra, pues de los otros jueces o libertadores se dice que gobernaron cuarenta a\u00f1os (cf 3,11; 5,31). En realidad, Sans\u00f3n tan s\u00f3lo \u00abcomenz\u00f3 a salvar a Israel de los filisteos\u00bb (cf 13,5).
De Sans\u00f3n ha quedado una peque\u00f1a biograf\u00eda, bastante m\u00e1s completa que la de la gran mayor\u00eda de los personajes b\u00edblicos: desde su nacimiento prodigioso y su consagraci\u00f3n, pasando por sus haza\u00f1as ligadas a sus acciones amorosas, hasta su misma muerte.
El nacimiento de Sans\u00f3n (c. 13) toma la forma de una anunciaci\u00f3n, con los elementos caracter\u00edsticos del g\u00e9nero: esterilidad de la madre, visita del \u00e1ngel, concepci\u00f3n y parto, nombre del ni\u00f1o y previsi\u00f3n de su futuro. Como remate de esta primera parte de la historia de Sans\u00f3n, el autor sagrado dice que \u00abel esp\u00edritu del Se\u00f1or comenz\u00f3 a agitarlo\u00bb (13,25). La expresi\u00f3n difiere de otras en las que se habla del esp\u00edritu del Se\u00f1or, dando a entender el distinto talante de esta figura heroica. La presencia del esp\u00edritu en Sans\u00f3n se aprecia sobre todo en su enorme fuerza (14,6.19; 15,14), que en su caso va conexa con su nazireato (16,17). Al final de su vida, el mismo Sans\u00f3n reconocer\u00e1 abiertamente que la fuerza le viene del Se\u00f1or (16,28).
La historia de Sans\u00f3n testimonia, por una parte, las luchas de los israelitas contra los filisteos, y, por otra, la presencia activa y operante del Se\u00f1or en medio de su pueblo para liberarle.
El comportamiento poco edificante de Sans\u00f3n: su infidelidad a los compromisos del nazireato, su uni\u00f3n con mujeres extranjeras, etc., invitan a pensar que le mueve m\u00e1s la pasi\u00f3n que el esp\u00edritu del Se\u00f1or. Sin embargo, su historia forma parte de la historia del pueblo de Dios, que se sirve de personas y medios muy distintos para llevar a cabo sus planes salvadores. Pero, al final, tambi\u00e9n Sans\u00f3n recibir\u00e1 su merecido. El abandono del Se\u00f1or (16,20) y su muerte son interpretados como el justo castigo por sus pecados e insensateces. Aun as\u00ed, cabe decir que, su misma muerte tiene un valor salv\u00edfico para Israel, pues \u00ablos que mat\u00f3 Sans\u00f3n al morir fueron m\u00e1s que los que mat\u00f3 en vida\u00bb (16,30).

{N}13,{/}17: (17-21) Los cc. 17-18 y 19-21 contienen dos ap\u00e9ndices de distinto tenor que el resto del libro. Ni tratan de la opresi\u00f3n extranjera ni hablan de un liberador, al estilo de los \u00abgrandes jueces\u00bb de los cc. 3-16. A pesar de todo, no desentonan de su lugar actual: en primer t\u00e9rmino porque versan sobre acontecimientos contempor\u00e1neos a los del libro de los Jueces. En segundo lugar, por su valor de puente: por un lado, se sigue con un problema de los danitas, la tribu de Sans\u00f3n (cf cc. 13-16; 17,18) y, por otro, se manifiesta la simpat\u00eda hacia la realeza, abriendo paso a los or\u00edgenes de la monarqu\u00eda, de la que se habla en los libros de Samuel. Los dos ap\u00e9ndices tienen en com\u00fan la referencia a un levita, relacionado con Bel\u00e9n (17,7; 19,1), y un mismo trasfondo tribal. En una palabra, los cc. 17-21 cuentan historias de levitas y de tribus de la fase inmediatamente previa a la instituci\u00f3n de la monarqu\u00eda en el pueblo de Israel.

{N}17,{/}1: Emigraci\u00f3n de los danitas hacia el norte. En este contexto hist\u00f3rico adquiere particular relieve la fundaci\u00f3n de un santuario por los danitas y la instauraci\u00f3n de unos sacerdotes. El relato de Mic\u00e1 refleja un estadio bastante primitivo de la historia de Israel, en el que a\u00fan no se prohib\u00edan las im\u00e1genes. En la visi\u00f3n del \u00faltimo redactor, estos acontecimientos muestran la anarqu\u00eda reinante en el campo cultual: \u00abcada uno hac\u00eda lo que le parec\u00eda mejor\u00bb (17,6).

{N}19,{/}1: Guerra fratricida de las tribus israelitas contra la tribu de Benjam\u00edn, debido a un delito grave: violaci\u00f3n de la hospitalidad y abusos sexuales (c. 19). Esto provoca la reacci\u00f3n de las tribus, que piden a los benjaminitas que castiguen a los culpables. Ante la negativa de los benjaminitas, proceden a la guerra (c. 20). El libro se cierra con el relato de la victoria de la confederaci\u00f3n tribal; triste victoria, pues a punto estuvo de desaparecer para siempre la tribu e Benjam\u00edn. Para evitar su destrucci\u00f3n total se procede al rapto de mujeres para la supervivencia (c. 21). Ante la espiral de violencia e inmoralidad, al redactor s\u00f3lo se le ocurre decir que esto suced\u00eda porque no hab\u00eda rey en Israel y cada uno hac\u00eda lo que le parec\u00eda mejor (21,25). \u00bfEstar\u00e1 la soluci\u00f3n en la monarqu\u00eda? Los libros de Samuel y de Reyes dar\u00e1n la respuesta al interrogante aqu\u00ed planteado.

