{N}1,{/}1: Este cap\u00edtulo sirve de pr\u00f3logo al libro de Josu\u00e9, particularmente en los cc. 2-12, referentes a la conquista de la tierra. Consta de cuatro peque\u00f1os discursos, precedidos de breves f\u00f3rmulas de introducci\u00f3n.
La introducci\u00f3n al primero (v. 1) tiende un puente entre lo que precede (Dt 34: muerte de Mois\u00e9s) y lo que sigue: liderazgo de Josu\u00e9 al frente de Israel. El discurso (vv. 2-9) presenta la conquista y el reparto de la tierra como el cumplimiento de las promesas a los patriarcas. El \u00e9xito de la conquista depende de la fe en el Dios de las promesas, as\u00ed como de la fidelidad y obediencia a su ley.
En sendos discursos, Josu\u00e9 da \u00f3rdenes en primer lugar a sus oficiales (vv. 10-11) y luego a las tribus transjord\u00e1nicas (vv. 12-15; cf N\u00fam 32), a fin de que se preparen para la conquista de la tierra. S\u00f3lo en el segundo caso se habla en t\u00e9rminos militares, aunque se insiste en la acci\u00f3n divina: el Se\u00f1or dar\u00e1 el descanso a su pueblo, entreg\u00e1ndole la tierra.
El cuarto discurso (vv. 16-17) contiene la respuesta de las tribus transjord\u00e1nicas a Josu\u00e9, reconociendo y acatando su autoridad como sucesor de Mois\u00e9s.

{N}2,{/}1: (Cc. 2-12) La conquista de la tierra apunta, como primera meta, a Jeric\u00f3 (cc. 2-6), para proseguir en Ay (cc. 7-8) y Gaba\u00f3n (c. 9), ciudades estas \u00faltimas pertenecientes a las tribus de Benjam\u00edn. En los dos cap\u00edtulos sucesivos se narran las victorias sobre los reyes del sur (10,1-15) y sobre los del norte (11,1-9), seguidas ambas de una lista de los territorios conquistados (10,28-43; 11,10-15), para concluir con un elenco general (11,16-23) y una lista de los reyes vencidos (c. 12).
{N}2,{/}1: Relato de esp\u00edas (cf N\u00fam 13-14; Dt 1,18-25; Jos 7,2-3; Jue 18), con algunos motivos populares. Los esp\u00edas reciben el encargo de Josu\u00e9 de examinar el pa\u00eds (v. 1), pero no pasan de Jeric\u00f3. La informaci\u00f3n por ellos recabada les viene exclusivamente del testimonio de Rajab: el Se\u00f1or les ha entregado el pa\u00eds, el terror se ha apoderado de sus habitantes (vv. 9-11). Esto es, en s\u00edntesis, lo que dir\u00e1n a Josu\u00e9 los esp\u00edas (v. 24). M\u00e1s que de una informaci\u00f3n, se trata de una profesi\u00f3n de fe en el Se\u00f1or, de quien depende la conquista de la tierra.

{N}3,{/}1: El paso del Jord\u00e1n y la entrada en la tierra prometida figuran entre los acontecimientos m\u00e1s importantes del pueblo de Israel. En el paso del Jord\u00e1n (cc. 3-4) predominan los aspectos religiosos y lit\u00fargicos sobre los militares: el arca de la alianza, transportada por sacerdotes levitas (3,3), la purificaci\u00f3n ritual (3,5), la marcha procesional de todo el pueblo tras el arca (3,14-17). Los primeros actos a la entrada en la tierra revisten, asimismo, un car\u00e1cter religioso-c\u00faltico: construcci\u00f3n de un memorial (c. 4), el rito de la circuncisi\u00f3n (5,2-9) y celebraci\u00f3n de la pascua (5,10-12).
El paso del Jord\u00e1n (c. 3) evoca el paso del mar Rojo (\u00c9x 14-15). El arca simboliza la presencia del Se\u00f1or y juega un papel semejante al de la nube en las tradiciones del \u00e9xodo. Tanto en el paso del mar como en el del Jord\u00e1n resalta la intervenci\u00f3n milagrosa del Se\u00f1or (3,14-17; \u00c9x 14,22; 15,8). Ambos acontecimientos van asociados a la pascua (5,10-12; \u00c9x 12-13). Como Mois\u00e9s, Josu\u00e9 realiza una misi\u00f3n mediadora entre Dios y el pueblo. La asistencia divina se asegura en la persona de Josu\u00e9 (3,7; 4,14).
Con el paso del Jord\u00e1n y la entrada en la tierra se cierra el per\u00edodo de la esclavitud en Egipto y de la marcha a trav\u00e9s del desierto, a la par que se abre una nueva era para Israel. La celebraci\u00f3n de la pascua aparece justamente al principio y al final del per\u00edodo del desierto. A partir de la pascua, los israelitas comen los productos de la tierra prometida, haci\u00e9ndose innecesario el man\u00e1 (5,10-12; \u00c9x 16,35). El encuentro de Josu\u00e9 con el \u00e1ngel del Se\u00f1or (5,13-15) pone de relieve el car\u00e1cter sagrado de la tierra prometida, la tierra dotada por el Se\u00f1or, al mismo tiempo que revalida la vocaci\u00f3n de Josu\u00e9 al frente de Israel (5,15; \u00c9x 3,5). La asistencia divina queda asegurada en Josu\u00e9.

{N}6,{/}1: Primera victoria de Israel tras su entrada en Cana\u00e1n. La estructura general de este texto es la siguiente: orden del Se\u00f1or a Josu\u00e9 (vv. 2-5), trasmisi\u00f3n de esta orden a los sacerdotes y al pueblo (vv. 6,7-10) y ejecuci\u00f3n de la orden (vv. 11-16,20). La conquista de Jeric\u00f3 es presentada como una guerra santa. Los elementos lit\u00fargicos se entrelazan con los guerreros, formando un relato de tipo religioso-teol\u00f3gico m\u00e1s que hist\u00f3rico. La marcha en torno a las murallas de la ciudad adquiere el relieve de una verdadera procesi\u00f3n lit\u00fargica: el arca, los sacerdotes, las trompetas, el n\u00famero siete, etc., apuntan en este sentido. La ca\u00edda de las murallas raya el l\u00edmite de lo m\u00e1gico y lo milagroso. Es el Se\u00f1or quien act\u00faa y da la victoria. La consagraci\u00f3n al exterminio de toda la ciudad (v. 21), significando que todo el bot\u00edn conquistado pertenece al Se\u00f1or, es parte integrante de la guerra santa (cf Dt 20,16-18). Tan s\u00f3lo se salva Rajab (vv. 22-25), conforme a lo pactado con los esp\u00edas (2,12 ss).

{N}7,{/}1: (7,1-8,29) Forma actualmente una unidad encuadrada entre la derrota (7,2-5) y la victoria (8,1-29) en Ay. Esta secci\u00f3n empalma con la de Jeric\u00f3 y con el tema de la tierra santa. La infidelidad de Ac\u00e1n, robando parte del bot\u00edn consagrado al exterminio, provoca la ira del Se\u00f1or contra Israel (7,1). La falta de un individuo pesa sobre todo el pueblo, que es castigado con la derrota de Ay (7,2-5). Tras una serie de ritos penitenciales y la intercesi\u00f3n de Josu\u00e9, el Se\u00f1or responde, haciendo que el pueblo tome conciencia de su pecado (7,6-12). La ceremonia sagrada de las suertes descubre al culpable. La confesi\u00f3n y el siguiente castigo de Ac\u00e1n aplaca la ira del Se\u00f1or (7,13-26).
Vista en la perspectiva del cap\u00edtulo anterior, la victoria de Israel sobre Ay (8,1-29), aparece como la conclusi\u00f3n l\u00f3gica de la expiaci\u00f3n del pecado y de la fidelidad al Se\u00f1or, como en el caso de Jeric\u00f3, la victoria sobre Ay se atribuye a una intervenci\u00f3n estrat\u00e9gica, que, en la \u00f3ptica del \u00faltimo redactor, ha sido planeada por el Se\u00f1or y comunicada por Josu\u00e9, quien la pone en pr\u00e1ctica.
La ceremonia en el monte Ebal (8,30-35) no encaja bien con el contexto actual, entre la conquista de Ay (8,1-29) y la de Gaba\u00f3n (c. 9; seg\u00fan 9,6, los israelitas siguen en Ay). Su conexi\u00f3n con Dt 11,29 y 27,4 podr\u00eda explicar por qu\u00e9 ha sido colocado este texto aqu\u00ed. La serie de ritos celebrados en Ebal invita a pensar en una ceremonia de renovaci\u00f3n de la alianza en la tierra prometida, el lugar deseado por los israelitas.

{N}9,{/}1: La astucia de los gabaonitas culmina con un pacto de vasallaje con los israelitas. Representa, en realidad, otro medio de conquista: ocupaci\u00f3n pac\u00edfica de la tierra e incorporaci\u00f3n de algunos pueblos cananeos a Israel. El pacto con los gabaonitas, lo mismo que el sellado con Rajab (c. 2), da la raz\u00f3n de un hecho importante en la historia de Israel posterior a la conquista: la convivencia con otros pueblos en la tierra prometida. Este pacto fue roto por Sa\u00fal, lo que exigi\u00f3 una reparaci\u00f3n.

{N}10,{/}1: Conquista de los territorios situados al sur de Gaba\u00f3n. Ante el pacto de los gabaonitas con Israel, los reyes vecinos reaccionan mediante una coalici\u00f3n (vv. 1-4) y un asedio a Gaba\u00f3n, que pide auxilio a Josu\u00e9 (vv. 5-6). Josu\u00e9, con la ayuda milagrosa del Se\u00f1or, que moviliza los elementos naturales como lo hiciera en el milagro del mar (\u00c9x 14-15), derrota completamente a la coalici\u00f3n enemiga (vv. 7-15), haciendo prisioneros a sus reyes y ejecut\u00e1ndolos (vv. 16-27). La victoria de Israel se atribuye al Se\u00f1or, que combate en favor de su pueblo (v. 14). Cuando el Se\u00f1or lucha a su lado, Israel es invencible, y Josu\u00e9 sale victorioso en todas las empresas.

{N}11,{/}1: Como respuesta al \u00e9xito de Israel en los reinos del sur (c. 10), varios reyes del norte forman una coalici\u00f3n y atacan a Israel en las aguas de Mer\u00f3n (vv. 1-5). Josu\u00e9, ayudado nuevamente por el Se\u00f1or, derrota a los ej\u00e9rcitos enemigos, ejecuta a sus reyes y ataca a sus ciudades (vv. 6-15). Una vez m\u00e1s, queda patente la intervenci\u00f3n salv\u00edfica del Se\u00f1or. El relato termina con una breve exposici\u00f3n de las conquistas obtenidas en toda la regi\u00f3n (vv. 16-23).

{N}12,{/}1: A modo de conclusi\u00f3n de la primera parte del libro, referente a la conquista de la tierra, se da una lista de los reyes vencidos, de las victorias conseguidas por Mois\u00e9s en la Transjordania (vv. 1-6) y por Josu\u00e9 en la Cisjordania (vv. 7-24). Recapitulaci\u00f3n de lo dicho en el Pentateuco.

{N}13,{/}1: (Cc. 13-21) La segunda parte del libro trata del reparto de la tierra entre las doce tribus. Comienza con la Transjordania (c. 13), se prosigue con la Cisjordania meridional (cc. 14-15), central (cc. 16-17) y septentrional (cc. 18-19), para concluir con una lista de las ciudades lev\u00edticas (cc. 20-21). Al final de la secci\u00f3n se da una clave teol\u00f3gica, a la luz de la cual se puede interpretar esta serie de listas geogr\u00e1ficas, de fronteras y de poblaciones: el reparto de la tierra evidencia el cumplimiento de la promesa hecha por Dios a los padres (21,43.45). El reparto de la tierra muestra, adem\u00e1s, el descanso y la paz concedidos por el Se\u00f1or a Israel, despu\u00e9s de su largo caminar por el desierto (21,44).
La tierra prometida, que ahora se distribuye entre todas las tribus, es el don por excelencia del Se\u00f1or a Israel. El pueblo entero tiene que participar en la tierra de la promesa, para que haga realidad todo lo anunciado.
{N}13,{/}1: El reparto de la tierra es una tarea importante. Se comienza antes de haberse concluido la conquista de todos los territorios (vv. 2-5). Las primeras tierras que se distribuyen son las de la Transjordania, asignadas ya por Mois\u00e9s a las tribus de Rub\u00e9n y Gad y media tribu de Manas\u00e9s (vv. 15-33; cf N\u00fam 32; Jos 12,1-6). Cada tribu tendr\u00e1 ahora un espacio propio.

{N}14,{/}1: Estos cap\u00edtulos exponen el reparto de la Cisjordania entre Caleb (c. 14) y Jud\u00e1 (c. 15). Intervienen en el reparto Josu\u00e9, hijo de Nun, y Eleazar, hijo de Aar\u00f3n. El reparto tiene lugar en Guilgal (14,6). Normalmente se hace la distribuci\u00f3n echando a suertes (14,2), pero en el caso de Caleb se hace una excepci\u00f3n como premio de su valent\u00eda y celo religioso, cuando Mois\u00e9s le envi\u00f3 a explorar la tierra (N\u00fam 13-14). La gallard\u00eda es aqu\u00ed justamente recompensada.

{N}16,{/}1: Tras una breve introducci\u00f3n (16,1-4), en la que se indican los l\u00edmites meridionales de la tribu de Jos\u00e9, se describe la suerte de los hijos de Jos\u00e9: el lote de los efraimitas (16,5-10) y el de los madianitas (17,1-13), para concluir con una an\u00e9cdota de los hijos de Jos\u00e9, reclamando m\u00e1s territorio (17,14-18). La resoluci\u00f3n del problema de los l\u00edmites no es f\u00e1cil.

{N}18,{/}1: Reparto de la tierra entre las tribus del norte. La distribuci\u00f3n tiene a Silo por escenario. Josu\u00e9, al hacer el reparto, es asistido por un grupo de representantes de las diferentes tribus. El lote asignado a cada tribu depende de la suerte, que en \u00faltima instancia se atribuye a Dios (cf Prov 16,33). Se supone que en Silo ha sido levantada la tienda del encuentro.

{N}20,{/}1: Las ciudades de refugio (cf Dt 19,1-13) tienen por finalidad dar asilo al homicida involuntario, protegi\u00e9ndole as\u00ed del vengador de la sangre, esto es, del pariente de la v\u00edctima, encargado de dar muerte al asesino. De las seis ciudades de refugio, al menos las tres de la Cisjordania: Cades, Siqu\u00e9n y Hebr\u00f3n, ten\u00edan su propio santuario. En la antig\u00fcedad, el derecho de asilo se ligaba generalmente a los santuarios. Los cc. 20-21 son complementarios del reparto.

{N}21,{/}1: Las ciudades lev\u00edticas (vv. 1-42) tienden a remediar la situaci\u00f3n de los levitas, carentes de territorio propio (13,14.33; N\u00fam 35,1-8). Con la distribuci\u00f3n de estas ciudades se pone punto final al reparto del territorio. Las promesas adquieren su propio cumplimiento (vv. 43-45).

{N}22,{/}1: Terminada la conquista y distribuci\u00f3n de la tierra, se da por concluido el compromiso de las tribus transjord\u00e1nicas. Josu\u00e9, tras alabar su obediencia y fidelidad, les da su bendici\u00f3n y les permite marcharse a sus propios territorios (vv. 1-9). Pero antes de irse erigen un altar al lado del Jord\u00e1n (v. 10). Las otras tribus interpretan este gesto como una traici\u00f3n al Se\u00f1or y como un intento de separaci\u00f3n (vv. 11-20). Las tribus transjord\u00e1nicas, por el contrario, explican que se trata de un signo visible de uni\u00f3n (vv. 21-34). En el fondo de este conflicto laten dos problemas importantes. Ante todo, se quiere salvar la unidad de las doce tribus, y de ah\u00ed el inter\u00e9s de mostrar c\u00f3mo las tribus orientales han tomado parte en la conquista de la Cisjordania. En segundo lugar, se quiere prevenir contra los cultos ileg\u00edtimos y contra la multiplicaci\u00f3n de los lugares de culto, pues se tiene en la mente la idea de un \u00fanico santuario leg\u00edtimo. Pero no todos entienden la idea de uni\u00f3n.

{N}23,{/}1: Discurso de despedida de Josu\u00e9 al pueblo. Josu\u00e9 recuerda las acciones del Se\u00f1or en favor de Israel, invita apremiantemente al pueblo a mantenerse obediente a la ley y le previene contra la apostas\u00eda. De igual modo que la fidelidad ha atra\u00eddo la bendici\u00f3n sobre Israel, la infidelidad acarrear\u00e1 sobre \u00e9l la maldici\u00f3n. El Se\u00f1or ha donado gratuitamente la tierra a Israel, pero este puede perderla si no se comporta como es debido con el Se\u00f1or.

{N}24,{/}1: La renovaci\u00f3n de la alianza en Siqu\u00e9n (vv. 1-28) recuerda la de Mois\u00e9s en Moab (Dt 29-30). A la convocaci\u00f3n de la asamblea (vv. 1-2a), sigue un discurso divino, en el que se recapitulan las intervenciones del Se\u00f1or en favor de Israel, desde los inicios de la \u00e9poca patriarcal hasta la entrada en la tierra (vv. 2b-13). Luego, Josu\u00e9 se dirige al pueblo, llev\u00e1ndole a un compromiso serio y responsable con el Se\u00f1or. A la acci\u00f3n de Dios ha de corresponder la del hombre (vv. 14-24). Elemento clave de este compromiso es el servicio exclusivo al Se\u00f1or, incompatible con el de otros dioses. El pueblo ha de decidirse por el Dios del \u00e9xodo y de la conquista o por los dioses cananeos y mesopot\u00e1micos. Al optar por el Se\u00f1or, Israel pasa a ser el pueblo de Dios, y el Se\u00f1or, a su vez, el Dios de Israel (vv. 25-28).
El libro se concluye con la noticia de la muerte de Josu\u00e9, \u00abel siervo del Se\u00f1or\u00bb (cf 1,1; 7,15, donde este t\u00edtulo se reserva a Mois\u00e9s), y de Eleazar. Con la desaparici\u00f3n de estos dos l\u00edderes se cierra un per\u00edodo importante de la historia de Israel: el de la conquista y distribuci\u00f3n de la tierra prometida.

