{N}1,{/}1: (Cc. 1-7) Colecci\u00f3n de leyes ceremoniales y rituales, de diverso origen y naturaleza. Actualmente, se encuentran dentro de un marco com\u00fan, que les da cierta unidad. Lev 1-7 codifica y clasifica los diferentes tipos de sacrificios. Todos est\u00e1n alentados por un mismo esp\u00edritu: son dones al Se\u00f1or, a quien se reconoce como due\u00f1o y soberano absoluto. Su objetivo consiste en poner en contacto al hombre con Dios y en establecer, por tanto, la comuni\u00f3n con el Se\u00f1or.
{N}1,{/}1: Tras una breve introducci\u00f3n, este cap\u00edtulo se centra en torno a los holocaustos. La introducci\u00f3n (vv. 1-2) enlaza con el final del \u00c9xodo. El Se\u00f1or llama a Mois\u00e9s desde la tienda del encuentro, lugar legitimado por \u00e9l con su presencia (\u00c9x 40,16-38). Ya no habla el se\u00f1or desde la monta\u00f1a, como sol\u00eda hacerlo en el \u00c9xodo, sino en la tienda del encuentro.
Los holocaustos (vv. 3-17) eran el don por excelencia, pues la v\u00edctima se consumaba totalmente sobre el altar, sin que el oficiante percibiera parte alguna. El estribillo que remata cada uno de los tres tipos de holocausto (vv. 9.13.17) subraya el car\u00e1cter espiritual del sacrificio: no importa tanto la v\u00edctima en s\u00ed cuanto su oblaci\u00f3n al Se\u00f1or.

{N}2,{/}1: Este cap\u00edtulo versa sobre las ofrendas. Mientras que los holocaustos eran de animales, las ofrendas son de vegetales. Se ofrec\u00edan al Se\u00f1or (vv. 2.9.16), pero los oficiantes se reservaban una parte (vv. 3.10). La sal (vv. 11-12) serv\u00eda para consagrar: cuando una ciudad se consagraba al exterminio, se sembraba de sal (Jue 9,45). Por eso, todas las ofrendas, cual dones consagrados al Se\u00f1or, ten\u00edan que llevar sal. Adem\u00e1s, cuando la ofrenda se hac\u00eda en un banquete a la divinidad, revest\u00eda el car\u00e1cter de alianza. De aqu\u00ed la expresi\u00f3n \u00abla sal de la alianza\u00bb (v. 13), que denota la duraci\u00f3n, simbolizada por la sal. Entre los asirios se la utilizaba en el culto, y entre los n\u00f3madas, en las comidas de amistad o de alianza.

{N}3,{/}1: Los sacrificios de reconciliaci\u00f3n o de comuni\u00f3n eran oblaciones compartidas. A la divinidad se ofrec\u00edan las partes m\u00e1s vitales, quem\u00e1ndolas sobre el altar. El resto se repart\u00eda entre los oficiantes y los oferentes. Estos \u00faltimos, con sus familias y animales, celebraban un banquete sacrificial en honor del Se\u00f1or (vv. 11.16). Este tipo de sacrificio constitu\u00eda el rito central de las fiestas.

{N}4,{/}1: (4,1-5,13) Los sacrificios por el pecado o expiaci\u00f3n tienden a restablecer una relaci\u00f3n con Dios amenazada por los pecados involuntarios (4,2) o por un estado de impureza (5,2-3). Ni la impureza ritual ni los actos involuntarios constitu\u00edan realmente pecado, pero pod\u00edan poner en peligro el orden establecido. Por eso, cuando se advert\u00edan, deb\u00edan ser reparados. La v\u00edctima sacrificial cambia seg\u00fan los tipos de delincuentes. De ah\u00ed la serie de casos contemplados por la ley. El rito m\u00e1s importante es el de la sangre (4,5-7), pues mediante \u00e9l se logra la reconciliaci\u00f3n.

{N}5,{/}14: (14-26) Los sacrificios de reparaci\u00f3n se asemejan a los expiatorios, pero atienden a casos m\u00e1s graves: delitos contra la propiedad sagrada (vv. 14-19) y contra la propiedad del pr\u00f3jimo (vv. 20-26). Adem\u00e1s, han de ir acompa\u00f1ados de una compensaci\u00f3n econ\u00f3mica para reparar la culpa. Se habla tambi\u00e9n de un sacrificio m\u00e1s breve en su ritual para reparar tal vez los pecados menos graves.

{N}6,{/}1: (1-7,21) Secci\u00f3n complementaria, referente a los mismos ritos sacrificiales que la anterior, pero desde otro \u00e1ngulo. Mientras que los cc. 1-5 se dirigen a los israelitas (1,2; 4,1) y sus prescripciones est\u00e1n pensadas principalmente para los oferentes, esta secci\u00f3n se dirige a Aar\u00f3n y a sus hijos (1,6-2.17-18). Se estudian aqu\u00ed las funciones y derechos del sacerdote.

{N}7,{/}22: (22-38) Estos vers\u00edculos rematan la secci\u00f3n complementaria de los cc. 6-7. Se dirigen a todos los israelitas. La referencia al Sina\u00ed (v. 38) como lugar de revelaci\u00f3n de estos preceptos contrasta  con 1,1 mostrando as\u00ed el car\u00e1cter adicional de estos textos.

{N}8,{/}1: (Cc. 8-10) Esta nueva secci\u00f3n gravita en torno a la consagraci\u00f3n e investidura sacerdotal de Aar\u00f3n y sus hijos. Para la tradici\u00f3n sacerdotal, con Aar\u00f3n comienza el sacerdocio en Israel y los primeros sacrificios. Esta consagraci\u00f3n responde al mandato del Se\u00f1or (\u00c9x 29,35) y capacita para llevar a la pr\u00e1ctica las prescripciones cultuales se\u00f1aladas en los cc. 1-7.
{N}8,{/}1: La consagraci\u00f3n sacerdotal de Aar\u00f3n y de sus hijos consta de varios ritos: presentaci\u00f3n y convocaci\u00f3n de la asamblea (vv. 2-5), ba\u00f1o e investidura (vv. 6-9.13), unci\u00f3n (vv. 10-12), sacrificios (vv. 14-28), purificaci\u00f3n (v. 30), banquete sagrado (v. 31) y retiro en el recinto sacro (vv. 32-35). Consagrar una persona al Se\u00f1or significaba apartarla del mundo profano para dedicarla de un modo especial al Se\u00f1or; equival\u00eda a santificarla. La consagraci\u00f3n une al Se\u00f1or. De aqu\u00ed la necesidad de purificaci\u00f3n y de retiro en un lugar sagrado para no contaminarse. Este cap\u00edtulo no hace m\u00e1s que poner en pr\u00e1ctica las normas establecidas en \u00c9x 28-29 puestas en boca de Dios mismo.

{N}9,{/}1: Tras la consagraci\u00f3n y los siete d\u00edas de retiro, el d\u00eda octavo (v. 1) se procede a la celebraci\u00f3n de los primeros sacrificios. Una vez hechos los preparativos (vv. 2-7), Mois\u00e9s oficia por s\u00ed mismo (vv. 8-14) y por el pueblo (vv. 15-21), para terminar con la bendici\u00f3n sacerdotal (vv. 22-24). La manifestaci\u00f3n de la gloria de Dios ante todo el pueblo, como cima de la celebraci\u00f3n sagrada (vv. 23-24), significa que el sacrificio ha agradado al Se\u00f1or y que \u00e9l lo acepta. De este modo queda inaugurado el santuario y legitimado el sacerdocio y los sacrificios de Aar\u00f3n. El pueblo le reconoce y participa con la aclamaci\u00f3n y la adoraci\u00f3n al Se\u00f1or. Este c. pudiera ser la continuaci\u00f3n de \u00c9x 40.

{N}10,{/}1: Cualquier desviaci\u00f3n de las normas prescritas por el Se\u00f1or, en el ejercicio de las funciones sacerdotales, se castiga duramente (vv. 1-7). Los ministros del Se\u00f1or no han de ser s\u00f3lo santos por la consagraci\u00f3n, sino que tienen que distinguir lo santo de lo profano, lo puro de lo impuro, evitando todo lo que contamina (vv. 8-10.12-15) y practicando fielmente todo lo mandado (vv. 16-20). Adem\u00e1s de las funciones cultuales, a los sacerdotes compete la instrucci\u00f3n del pueblo (v. 11).

{N}11,{/}1: (Cc. 11-16) Puesto que una de las tareas sacerdotales consist\u00eda en distinguir lo puro de lo impuro (10,10), se establece aqu\u00ed una lista de impurezas, que impiden al hombre acercarse al santuario y, en definitiva, le apartan de la comuni\u00f3n con el Se\u00f1or. Se trata de impurezas rituales. Existen ritos de purificaci\u00f3n, entre los que sobresale la fiesta de la expiaci\u00f3n. Las reglas dadas en estos cc. se basan en prohibiciones religiosas muy antiguas, dif\u00edciles de entender hoy.
{N}11,{/}1: No se conocen bien los criterios para la distinci\u00f3n entre animales puros e impuros. M\u00e1s que de medidas higi\u00e9nicas, parece tratarse, al menos en algunos casos, de una cuesti\u00f3n de integridad o perfecci\u00f3n f\u00edsica en los animales (a lo que, tal vez, se a\u00f1aden algunos tab\u00faes). Cada animal ha de tener las caracter\u00edsticas de su especie. Cuando falta alguna, se rompe el orden establecido por el creador (cf G\u00e9n 1). La raz\u00f3n clave para evitar cualquier contaminaci\u00f3n con animales, por comida o contacto se da en los vv. 43-45: el Se\u00f1or es santo, y santo ha de ser el pueblo a \u00e9l consagrado. La santidad implica la separaci\u00f3n de todo lo profano, especialmente de lo que pone en peligro la comuni\u00f3n con el Se\u00f1or. Es puro aquello que permite acercarse a Dios.

{N}12,{/}1: La impureza en el parto se asocia a la menstruaci\u00f3n o p\u00e9rdida de sangre. Implica ruptura de la integridad y, consiguientemente, impureza ritual. Ciertamente no se considera pecado, pero s\u00ed constitu\u00eda pecado la participaci\u00f3n en el culto en tal estado.

{N}13,{/}1: Los casos se\u00f1alados aqu\u00ed no entran propiamente dentro de lo que hoy d\u00eda se conoce como lepra, sino que se encuadran entre las enfermedades de la piel (c. 13). Puesto que algunas son contagiosas, se explica la prohibici\u00f3n de participar en las reuniones cultuales en tales casos. Antes hay que pasar por un proceso de purificaci\u00f3n (c. 14). Las ropas usadas y las casas habitadas por los afectados pueden ser tambi\u00e9n un foco contagioso, y de ah\u00ed que hayan de ser purificadas. Los ritos de expiaci\u00f3n tienden a alejar las fuerzas malignas que act\u00faan en los pacientes. El Lev parece que \u00fanicamente considera contagiosa a la \u00falcera.

{N}15,{/}1: Impurezas sexuales, causadas por diversos tipos de secreciones. El objetivo pretendido por estas prescripciones se explica al final del cap\u00edtulo: preservar la santidad del santuario, morada del Se\u00f1or, para mantener los lazos de comuni\u00f3n con \u00e9l.

{N}16,{/}1: El {C}Yom kippur{/} era el gran d\u00eda de la expiaci\u00f3n o del perd\u00f3n. Con el paso del tiempo se lleg\u00f3 a la conclusi\u00f3n de que no bastaba con multiplicar los ritos para reconciliarse plenamente con Dios. Era necesaria una celebraci\u00f3n especial, destinada a purificar al pueblo entero de todos sus pecados. En esta fiesta se combinan varios ritos, en su mayor\u00eda conocidos por los textos precedentes. Se a\u00f1ade un rito nuevo, el del chivo expiatorio (vv. 8-10.21-22.26). Sobre \u00e9l se descargan todos los pecados del pueblo, y luego se le env\u00eda al desierto a Azazel (probablemente el jefe de los esp\u00edritus malignos del desierto). El chivo expiatorio carga con todos los pecados del pueblo y los lleva consigo. De este modo, el pueblo queda plenamente reconciliado con el Se\u00f1or.

{N}17,{/}1: (Cc. 17-26) Esta secci\u00f3n contiene la {C}ley de santidad.{/} Esta gira sobre un quicio: \u00abSed santos, porque Yo, el Se\u00f1or vuestro Dios, soy santo\u00bb. El modelo de santidad para el hombre es el Se\u00f1or. Dios es santo en su misma naturaleza. Su santidad le separa radicalmente de todos los dem\u00e1s seres, haciendo de \u00e9l un ser distinto y aparte. El hombre y las cosas pueden participar de la santidad divina. Israel, como pueblo elegido por Dios, debe ser santo. A los israelitas se les inculca el cumplimiento de los mandamientos como medio para lograr la santidad. Las leyes aqu\u00ed contenidas van m\u00e1s all\u00e1 de lo ritual o cultual. Comprenden tambi\u00e9n exigencias sociales y \u00e9ticas. Unas y otras vienen de Dios por la mediaci\u00f3n de Mois\u00e9s. El c\u00f3digo de santidad termina con una lista de bendiciones para los que cumplen fielmente las leyes, y con otra de maldiciones para los que las traspasan. Este c\u00f3digo de santidad se puede colocar en paralelo con \u00c9x 20-23; Dt 12-26 y con los cap\u00edtulos finales del contempor\u00e1neo profeta Ezequiel.
{N}17,{/}1: El c\u00f3digo de santidad comienza con varias leyes referentes a los sacrificios. Su elemento unificador es la sangre, que en cuanto sede de la vida, pertenece al Se\u00f1or. De ah\u00ed la prohibici\u00f3n de comer la sangre o de derramarla en cualquier lugar o de cualquier modo. Toda matanza de animales adquiere un valor sagrado: es un sacrificio al Se\u00f1or (vv. 5-7). Comer la carne del animal inmolado equivale a participar en un sacrificio de comuni\u00f3n con el Se\u00f1or.

{N}18,{/}1: Las leyes de los vv. 6-23 presuponen un modelo de sociedad bien determinado: el del clan o gran familia, donde todos viven juntos en tiendas, con peligro de promiscuidad e incesto. El objetivo de estas leyes se indica en la exhortaci\u00f3n inicial y final (vv. 1-5.24-30): Israel, como pueblo consagrado al Se\u00f1or y separado de los dem\u00e1s, no puede seguir las abominaciones de ciertas naciones. El Se\u00f1or les da estas leyes para su bienestar, porque desea su vida y su salvaci\u00f3n.

{N}19,{/}1: Este cap\u00edtulo contiene, en s\u00edntesis, lo m\u00e1s importante de la religi\u00f3n israelita. Se asemeja, en esto, al dec\u00e1logo. Se dirige a todos los israelitas y trata de regular su vida religiosa, humana y social. Los deberes de los hombres, con Dios y con sus semejantes, se fundamentan en la santidad divina. El Se\u00f1or es santo, y el pueblo a \u00e9l consagrado debe participar de esta santidad. Esta es la finalidad pretendida con estas leyes: hacer que el pueblo viva en comuni\u00f3n con el Se\u00f1or. Las relaciones con el pr\u00f3jimo entran dentro de esta misma din\u00e1mica. El amor al pr\u00f3jimo (v. 18) constituir\u00e1, juntamente con el amor a Dios, la quintaesencia de la ley cristiana (Mt 22,39).

{N}20,{/}1: Serie de prohibiciones cultuales (vv. 2-6) y sexuales (vv. 9-21), enlazadas por una exhortaci\u00f3n (vv. 7-8) y encuadradas entre una breve introducci\u00f3n (vv. 1-2) y una conclusi\u00f3n m\u00e1s desarrollada (vv. 22-27).
Las prohibiciones de sacrificar ni\u00f1os a Moloc, divinidad extranjera, o de consultar a adivinos y nigromantes tienen una fundamentaci\u00f3n en perfecta consonancia con el esp\u00edritu de todas las leyes del Lev\u00edtico: tal pr\u00e1ctica equiparar\u00eda a Israel con otras naciones del entorno. Ahora bien, Israel, por ser un pueblo santo, debe mantenerse separado de las costumbres de las otras naciones, como se ha consignado anteriormente.

{N}21,{/}1: Todo lo que pueda contaminar a los sacerdotes (vv. 1-9), y m\u00e1s a\u00fan en el caso del sumo sacerdote (vv. 10-15), se ha de evitar, dada la especial exigencia de santidad en ellos requerida, al estar continuamente en contacto con las cosas sagradas. Por id\u00e9ntica raz\u00f3n, se excluye de las funciones sacerdotales a los miembros enfermos de las familias de los sacerdotes (vv. 16-24).

{N}22,{/}1: Los vv. 1-6 contin\u00faan las leyes sobre la santidad sacerdotal. Se proh\u00edbe a los sacerdotes en estado de impureza ritual consumir la porci\u00f3n que les corresponde por los sacrificios.
Los vv. 7-25 se refieren a la calidad de las v\u00edctimas inmoladas. Puesto que los sacrificios se realizar\u00e1n en honor del Se\u00f1or, que es perfecto, las v\u00edctimas sacrificadas no han de tener defectos.
Los vv. 26-33 recogen algunas prescripciones particulares sobre las v\u00edctimas sacrificiales, para concluir con una exhortaci\u00f3n y su motivaci\u00f3n consiguiente. Adem\u00e1s de la santidad del Se\u00f1or, se recuerda su actuaci\u00f3n salv\u00edfica en la historia de Israel. El Se\u00f1or exhorta a guardar y cumplir los mandamientos, y a no profanar su nombre. As\u00ed podr\u00e1 ser santificado por los israelitas.

{N}23,{/}1: El calendario festivo de este cap\u00edtulo determina el ritual de los sacrificios y los tiempos de descanso. An\u00e1logamente a las personas, los tiempos lit\u00fargicos pueden participar de la santidad de Dios. Las festividades del Se\u00f1or son d\u00edas santos, que el hombre debe respetar y santificar con el descanso y la participaci\u00f3n activa en todos los ritos sagrados.

{N}24,{/}1: (Vv. 1-9): disposiciones referentes al servicio en el templo. Vv. 15-22: leyes penales, entre ellas la del tali\u00f3n, encuadradas entre dos piezas narrativas (vv. 10-14.23). Curiosamente, de un caso concreto se desemboca en una ley general sobre la blasfemia.

{N}25,{/}1: El a\u00f1o sab\u00e1tico (vv. 1-7) ten\u00eda lugar cada siete a\u00f1os. Consiste en un reposo sagrado de la tierra, correspondiente al que se prev\u00e9 para los hombres y los animales cada siete d\u00edas.
El a\u00f1o jubilar (vv. 8-55) coincide con el sab\u00e1tico. Es el a\u00f1o de la manumisi\u00f3n de los esclavos y de la condonaci\u00f3n de las deudas. Detr\u00e1s de esta prescripci\u00f3n late el recuerdo de la liberaci\u00f3n de Egipto y de la distribuci\u00f3n de la tierra, a su entrada en Palestina, entre todas las tribus. El ideal perseguido con el a\u00f1o jubilar consiste, por un lado, en que todos los israelitas puedan disfrutar de la libertad y gozar de la posesi\u00f3n de los bienes terrenos, y por otro, evitar la explotaci\u00f3n  y el acaparamiento de tierras.

{N}26,{/}1: La ley de santidad termina con una ley cultual (vv. 1-2), a la que se a\u00f1ade una lista de bendiciones y maldiciones. Las bendiciones (vv. 3-13), para los que observen fielmente las leyes: disfrutar\u00e1n de los bienes del campo, tendr\u00e1n paz y el Se\u00f1or habitar\u00e1 en medio de ellos. Las maldiciones, en n\u00famero mucho mayor, para los que no cumplan con fidelidad lo estipulado. Las amenazas de castigo van gradualmente en aumento, en la esperanza de que se opere un cambio de conducta: invasi\u00f3n enemiga (vv. 16-17), improductividad de los campos (vv. 18-20), fieras (vv. 21-22), guerra, peste y hambre (vv. 23-26), destrucci\u00f3n total y exilio (vv. 27-39). Con esta \u00faltima serie, todo parece terminado. No obstante, queda abierta una puerta a la esperanza para los que se conviertan (vv. 40-45).

{N}27,{/}1: Ap\u00e9ndice en el que se fijan las tarifas a pagar por los votos o promesas hechas al Se\u00f1or y por los diezmos.

