{N}1,{/}1: (Cc. 1-11) El hombre de hoy, como el de hace veinticinco o treinta siglos, sigue plante\u00e1ndose algunos interrogantes fundamentales sobre su misma existencia. Por eso no han perdido actualidad estos cap\u00edtulos, que tratan de dar una respuesta a las preguntas m\u00e1s acuciantes de la humanidad: el sentido de la vida, la presencia del mal en el mundo, los or\u00edgenes del cosmos y del hombre. Estos textos sit\u00faan la historia del pueblo de Dios en el cuadro de la historia universal.
{N}1,{/}1-{N}2,{/}4a: Relato geneal\u00f3gico de la creaci\u00f3n del mundo y del hombre. En forma po\u00e9tica, muy estilizada, se dise\u00f1a un magn\u00edfico p\u00f3rtico a toda la Biblia. La creaci\u00f3n surge de la acci\u00f3n y de la palabra de Dios. Dios crea un mundo ordenado en el que cada criatura tiene su propio puesto, conforme al dise\u00f1o divino.
El relato se estructura en siete partes, siguiendo los d\u00edas de la semana. En este cuadro temporal, cobran vida todas las cosas. La luz del primer d\u00eda hace posible la aparici\u00f3n de las formas, del orden y de la vida. Por eso, la luz aparece como buena a los ojos de Dios.
La separaci\u00f3n de las aguas superiores e inferiores saca a la existencia la tierra, que paulatinamente se ir\u00e1 poblando de plantas y de otros seres vivientes. Entre estos, destaca el hombre, cumbre de toda la creaci\u00f3n. Creado a imagen y semejanza de Dios, el hombre est\u00e1 llamado a participar del poder soberano de Dios y a dominar sobre todas las criaturas. Este dominio no ha de ejercerlo como explotaci\u00f3n, sino con justicia y bondad, como el mismo Dios. Ante Dios, hombre y mujer poseen la misma dignidad.
Completada la obra de la creaci\u00f3n, Dios se reserva el d\u00eda s\u00e9ptimo para el descanso. Ha de ser este un d\u00eda santo, consagrado al Se\u00f1or (\u00c9x 20,8-11; 23,12; 31,12-17; 34,21).

{N}2,{/}4: (4b-3,24) Con elementos de distinta naturaleza, el autor compone con maestr\u00eda un relato homog\u00e9neo, que comienza con la colocaci\u00f3n del hombre en el jard\u00edn y termina con su expulsi\u00f3n del mismo. El centro del relato lo forma el pecado y el castigo.
El pecado rompe la armon\u00eda y el equilibrio creacionales  del hombre y la tierra (homo-humus), del hombre y la mujer (hombre-hembra), y, lo que es m\u00e1s grave, del hombre y Dios (criatura-creador). Desaparece el estado paradis\u00edaco, esto es, la perfecta armon\u00eda del hombre consigo mismo, con Dios y con las dem\u00e1s criaturas, y hacen su aparici\u00f3n el temor, la verg\u00fcenza y el sufrimiento, como consecuencia de la transgresi\u00f3n del mandato divino.
Avergonzado por el pecado, el hombre se cubre; pero su falta queda al descubierto ante Dios, que le castiga. En la condena de la serpiente y de la mujer se barrunta, no obstante, la victoria de la mujer sobre la serpiente, del bien sobre el mal.
Esta p\u00e1gina b\u00edblica conserva a\u00fan su valor original, pues responde a los grandes interrogantes de la humanidad. Si Dios model\u00f3 al hombre y traz\u00f3 su destino, \u00bfc\u00f3mo se explica la presencia del mal en el mundo? En la historia de Ad\u00e1n -nombre gen\u00e9rico para designar al hombre- se condena la historia de toda la humanidad. Su drama es el de todos los hombres. El para\u00edso perdido por el pecado del hombre es como una imagen del para\u00edso recuperado por la gracia de Dios.

{N}4,{/}1: La esperanza puesta en Eva, como madre de todos los vivientes (3,20) comienza a hacerse realidad. En virtud de la bendici\u00f3n divina (1,28), la primera pareja humana colabora en la tarea de la procreaci\u00f3n. Los hijos son una gracia de Dios (vv. 1,25).
En 4,2-24 se entrelazan datos culturales y religiosos. Pastores y agricultores representan dos tipos de vida, a los que corresponden dos formas diferentes de culto. El Se\u00f1or se fija en Abel y su ofrenda, no as\u00ed en Ca\u00edn. Esto suscita la envidia de Ca\u00edn y genera el odio contra su hermano, que degenerar\u00e1 en homicidio. La sangre inocente de Abel clama al cielo y reclama justicia en la tierra. El mismo Dios, que ha establecido el orden entre los seres creados, interviene  de nuevo para restablecerlo. Dios castiga a Ca\u00edn, pero protege su vida. La perla de la justicia brilla, de este modo, en la concha de la misericordia.
El canto orgulloso del violento Lamec (vv. 23-24) a\u00fan no se ha apagado. En la sociedad actual, el crimen organizado y la violencia causan estragos que claman al cielo. La actitud de Jes\u00fas de Nazaret, invitando a perdonar setenta veces siete (Mt 22,18), contrasta abiertamente con la de Lamec.

{N}5,{/}1: Diez generaciones llenan el espacio comprendido entre los primeros padres y el diluvio. El texto abunda en nombres y en n\u00fameros. La edad de los hombres va en descenso. Antes del diluvio, los hombres viv\u00edan de 700 a 1.000 a\u00f1os. Despu\u00e9s del diluvio, de 200 a 700 y, a partir de Abrah\u00e1n, entre 100 y 200 a\u00f1os. Estas cifras -ciertamente convencionales- significan que el pecado va minando la naturaleza humana y acortando la vida del hombre. 

{N}6,{/}1: (1-8) La promiscuidad de misteriosos seres celestes con las hijas de los hombres denota el alto grado de corrupci\u00f3n alcanzado por la humanidad. Es veros\u00edmil que el autor sagrado haya querido dejar constancia, en estas l\u00edneas, de un intento de la raza humana por conseguir una raza superior (\u00bfgigantes, h\u00e9roes, semidioses?). Tales pretensiones trastocan el orden de la creaci\u00f3n, provocando una ruptura profunda entre Dios y los hombres.

{N}6,{/}9: (9-8.22) El diluvio vuelve la creaci\u00f3n a su estado ca\u00f3tico primigenio (7,11). Despu\u00e9s del diluvio se abre una nueva era (8,13-22). No\u00e9, rodeado de los animales, recuerda a Ad\u00e1n en el para\u00edso. La bondad de Dios triunfa sobre la perversidad del hombre. Dios acepta ben\u00e9volo el sacrificio de No\u00e9, reconcili\u00e1ndose de este modo con la nueva humanidad, purificada por las aguas del diluvio.

{N}9,{/}4: (4-17) Se restablece el orden de la creaci\u00f3n y reina la armon\u00eda, aunque no se reconquista la paz paradis\u00edaca. Entre Dios y los seres vivientes se sella una paz duradera. El arco iris ser\u00e1 signo visible de esta nueva realidad invisible, que religa a los hombres con Dios, a las criaturas con su creador. Bajo el signo de la bendici\u00f3n y de la alianza, despunta una nueva esperanza.

{N}9,{/}18: (18-29) Tiende un puente entre la narraci\u00f3n del diluvio y la tabla de las naciones. Los tres hijos de No\u00e9 representan en este relato yavista a las tres grandes familias en que los antiguos hebreos divid\u00edan el mundo habitado. El punto esencial del relato es la bendici\u00f3n de Sem y la maldici\u00f3n de Cana\u00e1n. El primero es el antepasado de Israel. El segundo personifica a los habitantes de Palestina. La maldici\u00f3n alcanza a una cultura, cuya religi\u00f3n era para estos sin\u00f3nimo de corrupci\u00f3n e inmoralidad.

{N}10,{/}1: La tabla de los pueblos muestra la difusi\u00f3n de la humanidad de acuerdo a los conocimientos geogr\u00e1ficos de la \u00e9poca. El conjunto de pueblos mencionados entronca con los grupos de Sem, Cam y Jafet. Se cumple as\u00ed la bendici\u00f3n divina a No\u00e9 (9,1). De estos pueblos, Dios elegir\u00e1 uno (c. 12ss.), pero la promesa hecha a Abrah\u00e1n alcanza a todas las familias de la tierra (12,3). Se revela de este modo muy claramente la voluntad salv\u00edfica universal de Dios.

{N}11,{/}1: (1-9) Los pueblos se dispersan y hablan distintas lenguas. En la perspectiva del relato, este fen\u00f3meno cultural aparece como un nuevo intento de la humanidad de construirse un mundo al margen de Dios y, en cierto modo, de superar sus l\u00edmites y ser como Dios. Tal proyecto, grandioso a los ojos de los hombres pero insignificante a los ojos de Dios, muestra c\u00f3mo no se puede construir el mundo sin contar con Dios; y menos a\u00fan en rebeli\u00f3n con su plan, pues se viene abajo. El af\u00e1n desmesurado de grandeza y la prepotencia de los imperios lleva a la destrucci\u00f3n de la humanidad y de sus valores. El castigo divino no es eterno (Is 2,2-4), y la divisi\u00f3n de las lenguas ser\u00e1 superada en Pentecost\u00e9s (He 2).

{N}11,{/}10: (10,32) Con estas genealog\u00edas llegan a su cima las tradiciones de los or\u00edgenes. Este pasaje tiene bastantes correspondencias formales con el del c. 5. All\u00ed, las generaciones prediluvianas eran diez, como lo son aqu\u00ed las posdiluvianas. Al acercarse al per\u00edodo patriarcal, se reducen las edades. La lista une las generaciones que van desde No\u00e9 hasta Abrah\u00e1n, padre del pueblo elegido. Con \u00e9l comienza la prehistoria propiamente dicha del pueblo de Dios, quedando a su vez enmarcada en el cuadro m\u00e1s amplio de toda la historia de la humanidad y del universo entero.

{N}12,{/}1: (Cc. 12-36) En las tradiciones patriarcales, Isaac hace de anillo entre Abrah\u00e1n y Jacob. La historia de Isaac se entrelaza con la de Abrah\u00e1n y la de Jacob de tal modo que resulta dif\u00edcil delimitar sus fronteras. Donde termina la historia de Abrah\u00e1n (c. 25), comienza la de Jacob.
(Cc. 12-25) El tema dominante de la historia de Abrah\u00e1n es el de la promesa: de un hijo, de una tierra y de un acompa\u00f1amiento divino. El punto central lo ocupa la promesa de un hijo. Las bendiciones de la historia de los or\u00edgenes (cc. 1-11) adquieren en las tradiciones de Abrah\u00e1n la forma de promesas. Abrah\u00e1n ser\u00e1 padre de un pueblo numeroso.
{N}12,{/}1-3: Bisagra que une las tradiciones de los or\u00edgenes con las patriarcales. El paso de unas a otras se establece mediante un giro completo. De los pueblos (c. 10), se va hacia una familia (11,10-32), para centrarse luego en un individuo: Abrah\u00e1n (12,1). De \u00e9l se partir\u00e1 de nuevo hacia todas las familias de la tierra (12,2-3). Cinco veces suena en estos vers\u00edculos la ra\u00edz \u00abbendecir\u00bb, en contrapunto con \u00abmaldecir\u00bb, que se repite otras cinco veces en los cc. 1-11. Parafraseando a san Pablo (Rom 5), se puede decir que donde abund\u00f3 el pecado y la maldici\u00f3n, sobreabund\u00f3 la gracia y la bendici\u00f3n. Esta se hace presente de un modo particular en Abrah\u00e1n, asociado por el Se\u00f1or a sus planes de salvaci\u00f3n sobre los hombres.

{N}12,{/}4: (4-9) La respuesta de Abrah\u00e1n al Se\u00f1or se propone como un modelo de obediencia y de confianza en la palabra de Dios, en sus promesas. Abrah\u00e1n se pone inmediatamente en camino. Al llegar a Cana\u00e1n, el Se\u00f1or le promete aquella tierra y all\u00ed mismo levanta un altar a Dios antes de proseguir su viaje.

{N}12,{/}10: (10-20) Dios pone a prueba la fe de Abrah\u00e1n, que, a pesar de la promesa de la tierra, se ve obligado por el hambre a bajar a Egipto. En la necesidad y el peligro, Abrah\u00e1n es salvado por Dios, que confirma as\u00ed su promesa.

{N}13,{/}1: Vuelto a Cana\u00e1n, Abrah\u00e1n tiene que separarse de Lot por la escasez de los pastos. Es este un motivo t\u00edpico de estructura semin\u00f3mada. con gran generosidad, y confiando en la providencia divina, Abrah\u00e1n da a escoger a Lot entre las tierras disponibles. La mirada de Abrah\u00e1n a la tierra prometida, justo al comienzo de su gesta salv\u00edfica, preludia la de Mois\u00e9s.

{N}14,{/}1: En un amplio marco de historia universal se encuadran las figuras de Lot, Abrah\u00e1n y Melquisedec. La aparici\u00f3n de Melquisedec en este escenario resulta bastante misteriosa y enigm\u00e1tica. En su nombre se dan cita las ideas de realeza y de justicia. En su persona, las funciones reales y sacerdotales. Melquisedec bendice al Dios Alt\u00edsimo, de quien es sacerdote, y acoge a Abrah\u00e1n.

{N}15,{/}1: En este cap\u00edtulo dominan dos temas teol\u00f3gicos claves: promesa y alianza. La promesa, de protecci\u00f3n y salvaci\u00f3n, va acompa\u00f1ada de un signo (vv. 1-6). La alianza del Se\u00f1or con Abrah\u00e1n (vv. 7-21) evoca los pactos que se hac\u00edan en Oriente entre un soberano y su vasallo. El soberano promet\u00eda protecci\u00f3n y el vasallo se compromet\u00eda con un juramento, al que a veces a\u00f1ad\u00eda una imprecaci\u00f3n. Ambos se sentaban juntos a la mesa y compart\u00edan un mismo banquete. La inmolaci\u00f3n de animales equival\u00eda a la imprecaci\u00f3n y simbolizaba el castigo del vasallo en caso de infidelidad. Dios, representado en la ceremonia por el horno humeante y la antorcha de fuego (v. 17), se compromet\u00eda con juramento a mantener la promesa de Abrah\u00e1n y sus descendientes (vv. 18-19).

{N}16,{/}1: Este cap\u00edtulo centra la atenci\u00f3n en el anuncio y el nacimiento de Ismael. Salta a primer plano el problema m\u00e1s acuciante  para Abrah\u00e1n: su mujer no le da hijos (v. 1). Es verdad que el Se\u00f1or hab\u00eda afirmado, confirmado y reafirmado sus promesas al respecto (12,7; 13,15; 15,18); pero el tiempo pasaba y Abrah\u00e1n trata de remediar esta situaci\u00f3n, por caminos legales ciertamente, aunque puramente humanos. Ahora bien, los caminos del Se\u00f1or con frecuencia no coinciden con los de los hombres.

{N}17,{/}1: Este cap\u00edtulo ofrece una nueva versi\u00f3n de la alianza de Dios con Abrah\u00e1n (c. 15). Elementos centrales de esta lianza son la promesa de una descendencia numerosa y de una tierra. Como signo externo, se propone la circuncisi\u00f3n, que significa la pertenencia al pueblo elegido. Con la puesta en pr\u00e1ctica de esta exigencia del pacto (v. 23-27), Abrah\u00e1n muestra su total y absoluta aceptaci\u00f3n de la alianza y su fidelidad permanente a la palabra de Dios.

{N}18,{/}1: (1-16) Pieza clave en la historia de Abrah\u00e1n. La acogida de Abrah\u00e1n se ha convertido en una p\u00e1gina cl\u00e1sica de la hospitalidad oriental. Recibiendo a aquellos mensajeros, Abrah\u00e1n recibe al mismo Dios. Y Dios premia su hospitalidad con la promesa de un hijo de su mujer, Sara. Aunque esto parezca imposible y haga re\u00edr a Sara, sin embargo, nada hay imposible para Dios (21,1-7).

{N}18,{/}17: (17-33) Como contrapunto a la promesa de los vv. 1-15, el Se\u00f1or anuncia a Abrah\u00e1n su intenci\u00f3n de destruir Sodoma. Tal anuncio suscita un di\u00e1logo entre Dios y Abrah\u00e1n, en el que se trasluce un doble problema de fondo: \u00bfse puede destruir al inocente juntamente con el culpable?, \u00bfpuede la inocencia de unos pocos salvar a un pueblo? A lo largo del di\u00e1logo queda en evidencia la misericordia de Dios. Un Dios que escucha y responde a las peticiones del hombre; un Dios que juzga al mundo con equidad. Se prepara ya la idea de que un justo salvar\u00e1 a todos (Is 53; Rom 5).

{N}19,{/}1: La hospitalidad de Lot, paralela de la de Abrah\u00e1n (18,1-8), contrasta con la inhospitalidad de Sodoma. En premio de su hospitalidad, Lot es salvado. Sodoma y Gomorra, por el contrario, son castigadas con la destrucci\u00f3n.
La leyenda de la mujer de Lot, que tal vez sirvi\u00f3 en sus or\u00edgenes para ilustrar un fen\u00f3meno natural, quiere trasmitir una ense\u00f1anza religiosa: la palabra de Dios no se ha de poner en duda y, menos a\u00fan, desobedecerla. El texto recuerda un cataclismo ocurrido en el Mar Muerto.

{N}20,{/}1: Variante formal de 12,10-20. Muestra c\u00f3mo los planes de Dios siguen adelante, a pesar de las dificultades. Abrah\u00e1n es presentado como profeta (v. 7). Su intercesi\u00f3n por los dem\u00e1s (vv. 17; 18,20-23) le acredita como tal. Sin embargo, este duplicado eloh\u00edsta de 12,10-20 est\u00e1 suavizado con varios rasgos de una moral m\u00e1s avanzada.

{N}21,{/}1: (1-7) Notifica el cumplimiento de la promesa de 18,9-16. El mismo Dios que puede salvar a una persona o destruir una ciudad, es capaz de abrir el seno de las est\u00e9riles y hacerlas fecundas. Sara da a luz a Isaac, el hijo de la promesa. A partir de este momento, se entrelazan las figuras de Abrah\u00e1n y de Isaac.

{N}21,{/}8: (8-21) A punto de morir de sed en el desierto, Ismael se salva gracias a la intervenci\u00f3n extraordinaria de Dios, que escucha (el nombre de Ismael significa \u00abDios escucha\u00bb) los gritos del ni\u00f1o.

{N}21,{/}22: (22-34) Acerca de las relaciones de Abrah\u00e1n con Abimelec ya hab\u00eda informado el c. 20. La escena actual se desarrolla en Berseba, y tiene como trasfondo las disputas por unos pozos entre los criados de Abimelec y los de Abrah\u00e1n. El altercado termina con un pacto. Abrah\u00e1n dona a Abimelec \u00absiete ovejas\u00bb y ambos se comprometen con un \u00abjuramento\u00bb (Beer-seba significa \u00abpozo del juramento\u00bb o \u00abpozo de siete\u00bb). El hecho de que un rey local pacte con Abrah\u00e1n testimonia el ascendiente que este \u00faltimo ha adquirido en la regi\u00f3n. La importancia de Abrah\u00e1n se explica por la especial protecci\u00f3n de Dios (v. 22).

{N}22,{/}1: Un d\u00eda, Dios pidi\u00f3 a Abrah\u00e1n que renunciara a todo su pasado (12,1-3). Ahora le pide que renuncie a todo su futuro: al hijo de la promesa, a su hijo \u00fanico. Se trata de una prueba, y as\u00ed lo nota el narrador desde el principio. Movido por el temor y la fidelidad al Se\u00f1or, Abrah\u00e1n se dispone a sacrificar a su hijo. Esta actitud agrada al Se\u00f1or  m\u00e1s que todos los sacrificios. No obstante, en lugar de Isaac, Dios ha provisto un carnero, que es ofrecido en sacrificio. En la tradici\u00f3n cristiana, el sacrificio de Isaac prefigura el de Cristo, el hijo \u00fanico de Dios. Adem\u00e1s, el texto implica la condenaci\u00f3n de los sacrificios de ni\u00f1os que eran comunes entre los pueblos vecinos de Israel (Dt 12,31), y que incluso los israelitas practicaron ocasionalmente (2Re 3,27; 16,3; 21,6; 23-10).

{N}23,{/}1: La adquisici\u00f3n de un sepulcro en Macpela (vv. 3-18) se encuadra entre la muerte de Sara (vv. 1-2) y su sepultura (v. 19). Como nota final se dice que el lugar pas\u00f3 a ser propiedad de Abrah\u00e1n (v. 20). Este dato tiene gran importancia, pues representa el primer t\u00edtulo de propiedad sobre la tierra prometida. Si la promesa de una descendencia ya se ha verificado, comienza a concretarse y a tomar cuerpo la de la tierra. El relato se atribuye al de la fuente sacerdotal, pero sin duda utiliza un documento m\u00e1s antiguo. As\u00ed comienza a realizarse la promesa de la tierra, que por el momento debe ser acogida y esperada por la fe.

{N}24,{/}1: Pieza maestra del arte narrativo del G\u00e9nesis. Cuenta el viaje del criado de Abrah\u00e1n, con el fin de procurar una mujer para Isaac. La historia, que comienza con el mandato de Abrah\u00e1n a su criado: \u00abvete y toma...\u00bb (v. 4), llega a su cima en el momento de la concesi\u00f3n de Rebeca como mujer de Isaac: \u00abt\u00f3mala y vete\u00bb (v. 51). El desenlace final no es dif\u00edcil de adivinar: Isaac \u00abla tom\u00f3\u00bb por esposa (v. 67). El viaje se desenvuelve bajo la gu\u00eda providencial de Dios, que escucha la oraci\u00f3n del criado y da \u00e9xito a su misi\u00f3n (vv. 12-27.42-48). Los parientes de Rebeca reconocen que el asunto viene de Dios (v. 50) y ello determina su decisi\u00f3n favorable. El relato testimonia la fe sencilla en la intervenci\u00f3n divina y la plegaria confiada a Dios, motor no s\u00f3lo de los grandes acontecimientos de la historia, sino tambi\u00e9n de los m\u00e1s peque\u00f1os de la vida cotidiana. Este relato cerraba la historia de Abrah\u00e1n.

{N}25,{/}1: (1-18) Entre dos listas geneal\u00f3gicas -una artificialmente ligada a Abrah\u00e1n (vv. 1-6) y la otra referente a Ismael (vv. 12-18)-, se coloca la noticia de la muerte y sepultura de Abrah\u00e1n (vv. 7-11). Se informa, as\u00ed mismo, de la trasmisi\u00f3n de la herencia a Isaac (v. 5) y de la bendici\u00f3n divina de este (v. 11), una vez muerto su padre. Dios elige los instrumentos para la realizaci\u00f3n de sus designios.
Cc. 25-36. A partir  de 25-19, entran en escena los descendientes de Isaac, dando paso a la historia de Esa\u00fa-Jacob. Mientras que la historia de Abrah\u00e1n gravita en torno a las relaciones padre-hijo, la de Esa\u00fa-Jacob tiene como centro las relaciones entre hermanos. El motivo dominante es el de la bendici\u00f3n. Al comienzo y al final (cc. 25-28; 32-33), el problema consiste en c\u00f3mo conseguir la bendici\u00f3n; en el centro de la historia (c. 29-31) se trata m\u00e1s bien de su eficacia.

{N}25,{/}21: (21-26) Cuenta el nacimiento de Esa\u00fa y Jacob. El relato preludia y sintetiza la historia de estos dos hermanos, personificaci\u00f3n de dos pueblos. Una historia de continuas rivalidades, que se remontan al seno materno. Preocupado por la esterilidad de Rebeca, Isaac intercede por ella al Se\u00f1or. Este escucha su plegaria y hace fecunda a su mujer.

{N}25,{/}27: (27-34) Esa\u00fa y Jacob representan tambi\u00e9n a dos grupos sociales: el cazador y el pastor. Entran en juego los derechos de primogenitura. Esa\u00fa y los cazadores preceden a Jacob y a los pastores, pero estos suplantan a los primeros en sus derechos. El problema de fondo enlaza con el de la historia precedente: saber qui\u00e9n es el heredero leg\u00edtimo de la promesa. A trav\u00e9s de la astucia del menor y la despreocupaci\u00f3n del mayor, el narrador nos hace ver c\u00f3mo se cumplir\u00e1n las promesas.

{N}26,{/}1: Este c. interrumpe la historia de Esa\u00fa-Jacob y centra toda la atenci\u00f3n en la figura de Isaac. El relato se sirve de un esquema formal utilizado ya en la historia  de Abrah\u00e1n (12,10-20; 20). El tema de la promesa a Isaac manifiesta, asimismo, la substancial continuidad con la promesa a Abrah\u00e1n (v. 3). El mismo mandamiento del v. 2 se entiende en esta perspectiva. Cana\u00e1n es el lugar destinado por Dios a Abrah\u00e1n como lugar de realizaci\u00f3n de la promesa.

{N}27,{/}1: Tema central de este cap\u00edtulo es la bendici\u00f3n de la primogenitura. M\u00e1s que de Jacob y Esa\u00fa como individuos, se trata de pueblos que ellos representan: Israel (vv. 27-29) y Ed\u00f3n (vv. 39-40). El papel de Rebeca pone de relieve la importancia de las mujeres en la historia de la salvaci\u00f3n.

{N}28,{/}1: (1-8) Isaac expresa su deseo de que Esa\u00fa y Jacob no tomen por esposas a mujeres cananeas, con el fin de salvaguardar la pureza de sangre y de fe. Jacob, heredero de las promesas, sigue fielmente el consejo de su padre. Esto explicar\u00eda, desde el \u00e1ngulo diferente al del 27,41-45, por qu\u00e9 Jacob se fue a Jar\u00e1n: para desposar a una mujer de su parentela.

{N}28,{/}10: (10-22) Visi\u00f3n y voto de Jacob en Betel. En las tradiciones sobre Esa\u00fa-Jacob, todas las apariciones de Dios y las creaciones de santuarios, altares, etc., se hallan ligadas a Jacob, nunca a Esa\u00fa. Bet-el, que significa \u00abCasa-de-Dios\u00bb, era un lugar de culto cananeo importante. M\u00e1s que de una fundaci\u00f3n de Jacob, se trata de una adopci\u00f3n y legitimaci\u00f3n de un lugar cultural cananeo por parte de la religi\u00f3n yavista. Posiblemente la leyenda del santuario se leyera cada a\u00f1o en una fiesta especial.

{N}29,{/}1: (Cc. 29-31) Peque\u00f1a historia con dos personajes claves: Jacob y Lab\u00e1n. En s\u00edntesis, la historia cuenta c\u00f3mo un joven, sin recursos econ\u00f3micos, llega a un clan extranjero y, con mucha paciencia y no poca astucia, logra formar su clan e independencia con abundantes riquezas.
{N}29,{/}1-14: Peque\u00f1o idilio, al lado de un pozo, entre Jacob y Raquel, una de las hijas de Lab\u00e1n.

{N}29,{/}15: (15-30) La historia prosigue en casa de Lab\u00e1n. Jacob, que hab\u00eda enga\u00f1ado a su hermano (c. 27), es enga\u00f1ado ahora por Lab\u00e1n. As\u00ed se va tejiendo la historia de Israel. Aunque saltan a primer plano las acciones humanas, la mano oculta de Dios dirige la historia de acuerdo con sus planes. De la l\u00ednea de L\u00eda, la mujer que Jacob no amaba, descender\u00e1n Mois\u00e9s y David, personajes claves de la historia de la salvaci\u00f3n.

{N}29,{/}31: (29,31-30,24) Narraci\u00f3n artificial sobre los hijos de Jacob (cf. 35,16-20). Los doce hijos proceden de un mismo padre, pero de cuatro madres diferentes. Esto explica las semejanzas y diferencias entre las tribus de Israel, representadas por los doce hijos de Jacob (Jacob=Israel; 32,29). Las explicaciones de los nombres de los hijos de Jacob permiten apreciar tanto las rivalidades familiares y sociales como la mano de Dios, dador de vida.

{N}30,{/}25: (25-43) Jacob devuelve la moneda a Lab\u00e1n (cf 29,15-30). Historia poco ejemplar, ciertamente, en la que no falta, sin embargo, una nota religiosa importante: la referente a la bendici\u00f3n divina. A trav\u00e9s de este relato popular se manifiesta la acci\u00f3n de Dios que bendice y protege a Jacob.

{N}31,{/}1: La huida de Jacob (vv. 1-18) obedece a dos razones: el deterioro de sus relaciones con Lab\u00e1n y el mandato del Se\u00f1or de volver a su tierra. Son los dos argumentos que esgrime Jacob ante sus esposas -que, por derecho, pod\u00edan quedarse con su padre- para que le acompa\u00f1en. Lejos de exhibir sus astucias y enga\u00f1os, Jacob muestra la cara buena e inocente, poniendo de relieve la protecci\u00f3n y bendici\u00f3n de Dios.
Enterado Lab\u00e1n de la huida de Jacob, va en su persecuci\u00f3n (vv. 19-43). Pero Jacob, una vez m\u00e1s, hace gala de su honradez. De nuevo, atribuye todos sus \u00e9xitos al Se\u00f1or, que le socorri\u00f3 en la necesidad.
El encuentro entre Jacob y Lab\u00e1n concluye con una alianza entre ambos (vv. 44-54). Lab\u00e1n desea proteger a sus hijas y marcar las fronteras. Ambos extremos se estipulan en el pacto, ratificado con un juramento y un banquete. Buena conclusi\u00f3n para una historia iniciada cordialmente, aunque tejida de no pocas rivalidades.

{N}32,{/}1: (Cc. 32-33) La meta de este relato est\u00e1 en el encuentro de Jacob con Esa\u00fa. Entre los preparativos (32,3-21) y el encuentro de los dos hermanos (33) se interpone otro encuentro misterioso con Dios a la orilla del r\u00edo Yaboc (32,22-33).
Los preparativos comportan tres medidas: precauciones militares (vv. 7-8), una plegaria al Dios que salva (vv. 9-12) y el env\u00edo de regalos a Esa\u00fa (vv. 13-21).
El encuentro misterioso junto al r\u00edo con un \u00abhombre\u00bb extra\u00f1o, que acaba por identificarse con el mismo \u00abDios\u00bb, invita a pensar en una antigua leyenda, adaptada a la historia de Jacob. Posiblemente haya de verse aqu\u00ed la respuesta de Dios a la plegaria de Jacob (32,9-12). Adem\u00e1s del encuentro con Esa\u00fa, Jacob necesitaba encontrarse con Dios. Este encuentro resulta paradigm\u00e1tico en medio de la noche oscura, tras un largo exilio y una dura peregrinaci\u00f3n, que evocan la historia del pueblo elegido, Jacob descubre el rostro luminoso de Dios. Descubrimiento decisivo, del que Jacob sale cambiado. El cambio de nombre de Jacob en Israel representa la transformaci\u00f3n operada en su mismo ser. Su nuevo nombre indica, seg\u00fan la explicaci\u00f3n del v. 29, el destino de Israel: luchar con los hombres y con Dios. De tal lucha, Israel saldr\u00e1 herido, pero vencer\u00e1.
El encuentro con Esa\u00fa (33) muestra c\u00f3mo, a pesar de lo ocurrido, se puede lograr el perd\u00f3n y la reconciliaci\u00f3n entre hermanos.

{N}34,{/}1: El rapto de Dina, la \u00fanica hija de Jacob, por Siqu\u00e9n, hijo de Jamor, desencadena la furia de Sime\u00f3n y Lev\u00ed, hermanos de Dina, que se vengan violentamente de los siquemitas. El episodio da una idea de las dificultades de convivencia de los israelitas en medio de los cananeos. Si los matrimonios mixtos pon\u00edan en peligro la pureza de sangre y de religi\u00f3n (28,1-9), la actuaci\u00f3n de Sime\u00f3n y Lev\u00ed pone en peligro la convivencia pac\u00edfica, e incluso la misma pervivencia en la tierra de la promesa (v. 30).

{N}35,{/}1: Tras la narraci\u00f3n de la peregrinaci\u00f3n de Jacob (vv. 1-7), se re\u00fanen en este cap\u00edtulo una serie variada  de noticias, que complementan las tradiciones de Jacob: muerte de D\u00e9bora, la nodriza de Rebeca (v. 8); aparici\u00f3n de Dios a Jacob (vv. 9-15) -variante abreviada de 28,10-22-, nacimiento de Benjam\u00edn y muerte de Raquel (vv. 16-20), incesto de Rub\u00e9n (v. 21), lista de los hijos de Jacob (vv. 23-27) y muerte de Isaac (vv. 28-29).
La peregrinaci\u00f3n de Jacob entre Siqu\u00e9n y Betel (vv. 1-7) reviste un car\u00e1cter religioso-cultual. Con ella culmina el gran viaje de vuelta de Jacob a su patria, concretamente al lugar donde el Se\u00f1or se le hab\u00eda aparecido al huir de su hermano Esa\u00fa. La vuelta de Jacob se asemeja al \u00e9xodo de los israelitas: salida-huida de un medio hostil, persecuci\u00f3n, paso de un r\u00edo, enfrentamiento con enemigos y llegada a la tierra.

{N}36,{/}1: De la misma manera que detr\u00e1s de la narraci\u00f3n de la muerte y sepultura de Abrah\u00e1n (25,7-11) se colocaba una lista de los descendientes de Ismael (25,12-18), as\u00ed tambi\u00e9n detr\u00e1s de la exposici\u00f3n de la muerte y sepultura de Isaac (35,28-29) se pone una lista de los descendientes de Esa\u00fa (36). Se remata as\u00ed una historia que tiene como principales protagonistas a Esa\u00fa y Jacob.

{N}37,{/}1: (Cc. 37-50) La \u00faltima parte del G\u00e9nesis trata de los hijos de Jacob. El centro de atenci\u00f3n lo ocupa Jos\u00e9. Son importantes tambi\u00e9n Jud\u00e1 y Rub\u00e9n, hasta tal punto que los episodios a ellos consagrados hacen pensar en dos tradiciones distintas: rubenita y juda\u00edta. Aunque este dato est\u00e9 indicando que los cc. 37-50 no son homog\u00e9neos, existe, sin embargo, un hilo narrativo que gu\u00eda su lectura. Se puede sintetizar as\u00ed: las preferencias de Jacob por Jos\u00e9 generan el odio de sus hermanos, que si no degenera en muerte es debido a la intervenci\u00f3n de Rub\u00e9n y de Jud\u00e1. Vendido a unos mercaderes, Jos\u00e9 es conducido a Egipto, donde, tras diversos incidentes, adquiere el rango de ministro del Fara\u00f3n. Obligados por el hambre (Jos\u00e9 lo hab\u00eda sido por sus hermanos), los hermanos de Jos\u00e9 bajan tambi\u00e9n a Egipto y se encuentran con Jos\u00e9. La reconciliaci\u00f3n de Jos\u00e9 con sus hermanos pone fin al conflicto.
Dos notas siguen siendo las bases de la historia de Jos\u00e9: las preferencias de su padre Jacob por \u00e9l (vv. 3-4) y los sue\u00f1os de Jos\u00e9 (vv. 5-11). En la mentalidad primitiva los sue\u00f1os prefiguraban el futuro. Esto hac\u00eda pensar que Jos\u00e9 estaba destinado a sobresalir por encima de sus hermanos y de sus padres (vv. 8,10). Por eso piensan en matarlo (vv. 12-36). Las voces de Rub\u00e9n y de Jud\u00e1 se distinguen de las dem\u00e1s en un intento de librar a Jos\u00e9 de la muerte. Jos\u00e9 es llevado a Egipto; pero a Jacob le llevan la t\u00fanica ensangrentada como prueba legal de la muerte de Jos\u00e9. Puesto que la t\u00fanica era signo de predilecci\u00f3n de su padre (v. 3), este detalle refleja una cierta venganza por parte de los hijos de Jacob.

{N}38,{/}1: Pocas son las conexiones de este pasaje con la historia de Jos\u00e9. Posiblemente haya sido colocado aqu\u00ed porque habla de Jud\u00e1. Tiene un cierto paralelismo con el c. 48, referente a los hijos de Jos\u00e9 y la preeminencia de Efra\u00edn. Aqu\u00ed se trata de los dos hijos de Jud\u00e1 y Tamar y de la preeminencia de Fares, del que descender\u00e1 David (Rut 4,18-22). El nacimiento de los gemelos de Tamar (vv. 27-30) recuerda tambi\u00e9n el nacimiento de Esa\u00fa-Jacob (25,21-26).

{N}39,{/}1: Al principio y al final del cap\u00edtulo se da una clave religiosa de lectura: \u00abEl Se\u00f1or estaba con Jos\u00e9\u00bb (vv. 2.21). Esto explica su \u00e9xito personal y el de los que le rodean. Jos\u00e9, a su vez, da pruebas de lealtad y gratitud hacia los hombres y hacia Dios (vv. 8-9).

{N}40,{/}1: Dos ministros del Fara\u00f3n caen en la c\u00e1rcel donde est\u00e1 Jos\u00e9. El narrador, que anteriormente se hab\u00eda servido de los sue\u00f1os de Jos\u00e9 (c. 37) como recurso literario para la trama de su obra, recurre ahora a los sue\u00f1os de los ministros, que guardan una relaci\u00f3n con sus respectivos oficios de copero y panadero. Aunque ambos sue\u00f1os son muy parecidos, la interpretaci\u00f3n de Jos\u00e9 difiere radicalmente en cada caso: uno ser\u00e1 repuesto en el cargo y el otro ejecutado. Jos\u00e9 descifra correctamente los sue\u00f1os, pero no se atribuye a s\u00ed mismo el acierto, sino que considera la interpretaci\u00f3n de sue\u00f1os como un don de Dios. S\u00f3lo Dios conoce el futuro. \u00c9l solo dirige los destinos de las personas. A \u00c9l, por tanto, corresponde la verdadera interpretaci\u00f3n.

{N}41,{/}1: Toca el turno a los sue\u00f1os del Fara\u00f3n. Sus magos y sabios no son capaces de descifrarlos (v. 8). Entonces el copero mayor se acord\u00f3 de Jos\u00e9, al que hacen llamar para que interprete los sue\u00f1os del Fara\u00f3n. Jos\u00e9 atribuye a Dios la verdadera interpretaci\u00f3n de los sue\u00f1os (vv. 16.25.28), reconociendo impl\u00edcitamente la superioridad del Dios de Israel (Jos\u00e9 era un joven hebreo: v. 12) sobre la sagacidad y sabidur\u00eda de Egipto (v. 40). El mismo Fara\u00f3n reconoce que Jos\u00e9 posee el esp\u00edritu de Dios (v. 38). El verdadero int\u00e9rprete de los sue\u00f1os participa, en cierto modo, de las prerrogativas de los profetas, y su interpretaci\u00f3n se corresponde parcialmente con la profec\u00eda. El Fara\u00f3n eleva a Jos\u00e9 al rango de virrey. Jos\u00e9 recibe un nombre egipcio y se casa con una egipcia (v. 45); pero a sus hijos les pone nombres hebreos: Manas\u00e9s y Efra\u00edn, dos nombres simb\u00f3licos, que evocan los a\u00f1os de abundancia a la par que la bendici\u00f3n y la gracia del Se\u00f1or.

{N}42,{/}1: La \u00faltima parte de la historia de Jos\u00e9 (cc. 42-45) presenta algunos rasgos paralelos con la primera (c. 37). Los sue\u00f1os de Jos\u00e9, de los que \u00e9l se acuerda ahora al ver a sus hermanos (42,9), presagian la superioridad de Jos\u00e9 sobre sus hermanos, que un d\u00eda se postrar\u00edan ante \u00e9l (37,5-9). La prueba a la que va a someter Jos\u00e9 a sus hermanos les lleva a reconocer y confiar su culpa (vv. 21-22). Pero, a diferencia de lo que hicieron sus hermanos con \u00e9l, Jos\u00e9 se comporta con ellos con justicia y generosidad. Es m\u00e1s, tiene piedad de los necesitados, teme a Dios y no derrama sangre inocente (vv. 18-20). Son estas cualidades que debe poseer todo buen ministro, todos cuantos ejercen la autoridad.

{N}43,{/}1: En este segundo viaje a Egipto de los hermanos de Jos\u00e9, el protagonismo pasa de Rub\u00e9n a Jud\u00e1 (cf. 42,22.37 y 43,3-10). Esto puede explicar algunas variantes significativas en el texto. En su intervenci\u00f3n, Jud\u00e1 omite la acusaci\u00f3n de espionaje y se olvida de Sime\u00f3n. A Jud\u00e1 le preocupan, sobre todo, las provisiones (43,3-7). En la respuesta de Jacob, que con gran pena de su alma se resigna a dejar partir a Benjam\u00edn, resalta el deseo de dar pruebas al virrey -su desaparecido hijo Jos\u00e9- de la integridad de su familia (vv. 11-14).

{N}44,{/}1: La trama narrativa del final del segundo encuentro con Jos\u00e9 se corresponde sustancialmente con la del primero (cf. 44,1-2; 42,25). Tras postrarse por tercera vez ante Jos\u00e9 (44,14), Jud\u00e1 reconoce su culpa (44,16) y, como responsable de sus hermanos, propone cargar \u00e9l mismo con el castigo (44,18-34). Ante esto, Jos\u00e9 decide reconciliarse con sus hermanos (45). Con el perd\u00f3n, llega de nuevo la paz a la familia de Jacob. En todo este proceso, y en toda esta historia, Dios es el motor secreto. La clave teol\u00f3gica explicativa se conserva en 45,5-7.

{N}45,{/}5: (5-7) En sus planes providentes, Dios envi\u00f3 a Jos\u00e9 a Egipto para salvar a sus hermanos. La historia de Jos\u00e9 es, pues, una historia de salvaci\u00f3n. Designio providencial de Dios que de un mal sabe sacar el bien.

{N}46,{/}1: Informado de que Jos\u00e9 vive (45,26), Jacob decide bajar a Egipto (45,27). De este tema se ocupa el c. 46. La aparici\u00f3n de Dios a Jacob (vv. 2-4) contrasta con la prohibici\u00f3n expresa de Dios a Isaac (26,2). Cana\u00e1n ha sido designada por Dios como tierra prometida, raz\u00f3n por la cual Isaac no ha de comprometer la promesa abandon\u00e1ndola. Pero ahora entra en juego la supervivencia, y Egipto aparece como el lugar designado por Dios. Resuena la bendici\u00f3n de la descendencia (v. 3) y la promesa de acompa\u00f1amiento divino (v. 4). Ambas apuntan claramente al \u00e9xodo. En los vv. 8-27, despu\u00e9s de una lista de los hijos de Israel que bajaron a Egipto, se narra el encuentro entre Jacob y su hijo Jos\u00e9. A continuaci\u00f3n, el patriarca Jacob se instala en Egipto (vv. 28-34).

{N}47,{/}1: Cuando las tradiciones patriarcales tocan a su fin, un episodio de la vida de Jacob invita a volver la mirada a los comienzos: su encuentro con el Fara\u00f3n (vv. 1-12) evoca aquel otro encuentro, de distinto tenor ciertamente, del Fara\u00f3n con Abrah\u00e1n (12,10-20). El viejo Jacob bendice al Fara\u00f3n, quien ofrece a Jacob y a los suyos lo mejor de sus tierras: Gosen, que m\u00e1s tarde se llamar\u00e1 Rams\u00e9s (vv. 4.12). Antes de informar del asentamiento de Jacob en Gosen (vv. 27-28) se presentan las medidas adoptadas por Jos\u00e9 con los egipcios (vv. 13-26). Se deja en claro la distinci\u00f3n entre los israelitas y los egipcios. La pol\u00edtica de Jos\u00e9, su modo de acaparar tierras, evidencia su gran habilidad, aunque puede ensombrecer su figura humana y religiosa. El autor sagrado narra simplemente los hechos, sin pronunciarse en pro o en contra. Presintiendo ya pr\u00f3xima su muerte (v. 29), Jacob pide ser enterrado con sus padres (v. 30). Este hecho adquiere gran importancia, y as\u00ed lo da a entender la solemnidad del juramento (v. 31), pues implica los derechos de Jacob en la tierra prometida, a la par que muestra que la estancia en Egipto es s\u00f3lo una estancia temporal.

{N}48,{/}1: Jacob hace recaer la bendici\u00f3n, portadora de las promesas, sobre los hijos de Jos\u00e9: Efra\u00edn y Manas\u00e9s. La bendici\u00f3n se inicia con la invocaci\u00f3n del nombre de Dios, el Dios de sus padres, el Dios que le gui\u00f3 a lo largo de su vida, el Dios que redime y salva. De este Dios depender\u00e1 la eficacia de la bendici\u00f3n. Jacob reparte la tierra de las promesas entre sus doce hijos.

{N}49,{/}1: Colecci\u00f3n de or\u00e1culos sobre las doce tribus de Israel. En ellos se dise\u00f1a el destino de las diferentes tribus. El cap\u00edtulo se cierra con algunas instrucciones de Jacob a sus hijos y con la noticia de la muerte de Jacob.

{N}50,{/}1: Entre la narraci\u00f3n de la sepultura de Jacob (vv. 1-14) y de la muerte de Jos\u00e9 (vv. 22-26), se intercala un \u00faltimo episodio de Jos\u00e9 con sus hermanos (vv. 15-21). En \u00e9l se sintetiza y se da sentido a toda la historia de Jos\u00e9. Los hermanos de Jos\u00e9 quisieron hacerle mal, pero Dios intentaba hacer bien y dar vida a un pueblo numeroso. Se contrasta la actuaci\u00f3n de Dios con la de los hombres. El bien triunfa sobre el mal. Dios escribe recto con renglones torcidos. Los hombres pueden cambiar, pero Dios no. Por eso, el mismo Dios que, en su plan de salvaci\u00f3n dirigi\u00f3 la historia de Jos\u00e9, llevar\u00e1 a los hermanos de Jos\u00e9 a la tierra prometida a Abrah\u00e1n, Isaac y Jacob (v. 24). Estas palabras invitan a una mirada retrospectiva a las historias patriarcales y a una mirada prospectiva a la historia del \u00e9xodo.

