{N}3,{/}1 Los cinco primeros cap\u00edtulos de este libro son fruto de una reflexi\u00f3n muy notable sobre la vida y la muerte, el juicio y el m\u00e1s all\u00e1. El autor es un jud\u00edo egipcio, formado en la cultura griega, que intenta retomar las interrogantes del creyente frente a la muerte, y especialmente ante la muerte inmerecida de gran n\u00famero de justos y m\u00e1rtires. Las persecuciones religiosas de los tiempos de los Macabeos son a\u00fan recientes, y es en la vida diaria donde se codean jud\u00edos y "griegos", separados a menudo por la desconfianza o la hostilidad.
El autor no ha abandonado la certeza de un juicio de Dios. Este juicio de Dios que, desde hace siglos, s\u00f3lo era esperado y reconocido en los vuelcos de la historia, pend\u00eda siempre tanto sobre los pueblos como sobre los individuos. Pero ahora se cree firmemente que tiene un despu\u00e9s, y esto cambia mucho la visi\u00f3n que se tiene de \u00e9l.
Antes, cuando se hablaba de castigos divinos, se ve\u00eda en ellos una especie de punici\u00f3n, una venganza de Dios. Esta c\u00f3lera del Dios justo, y que venga a los justos, no se olvida, pero parecer\u00eda que se manifiesta solamente cuando \u00e9l castiga en la vida presente (1,7-10; 4,19; 5,18,23). Pero hay otra cara del juicio, y es en la otra vida donde se manifiesta. Para todos los hombres, la vida presente era el lugar de una elecci\u00f3n entre la vida y la muerte, como lo expresaba el Deuteronomio: "Te he ofrecido el bien y el mal, la vida y la muerte... Escoge, pues, la vida para que vivas" (Dt 30,15). Hay quienes aman la vida y quienes aman la muerte, y cada cual recibe lo que ha escogido (1,16; 2,24).
{C}Los justos est\u00e1n en las manos de Dios{/} ya desde ahora (3,1) y, despu\u00e9s de haber vivido en el amor, permanecen con \u00e9l (3,9). (Tal vez habr\u00eda que leer: los que han sido fieles permanecer\u00e1n con \u00e9l en el amor). Son palabras definitivas que dicen todo, con un  lenguaje sin duda diferente del de las palabras llenas de im\u00e1genes usadas por Jes\u00fas con las gentes sencillas de Galilea.
Nada de tribunales ni de castigos para los imp\u00edos en el m\u00e1s all\u00e1: ellos se han zambullido simplemente en la verdad, y es ah\u00ed donde  aprecian el fracaso de su vida. De su existencia en la tierra no queda nada, y parecer\u00eda que s\u00f3lo se dan cuenta de su locura para desaparecer pura y simplemente (5,13-14).

