{N}7,{/}1 Con este cap\u00edtulo se abre una serie de "revelaciones" sobre el porvenir de la historia, de la que tenemos un primer ejemplo en el cap\u00edtulo 2. Nosotros hemos hecho un comentario al fin de la introducci\u00f3n a este libro.
El libro de Daniel, como hemos dicho, fue escrito por un letrado de los tiempos de los Macabeos, unos 170 a\u00f1os antes de Jesucristo, pero se presenta como la obra de un profeta llamado Daniel, que habr\u00eda vivido en Babilonia antes de la vuelta del exilio. Cosa curiosa, este letrado conoc\u00eda perfectamente los textos cl\u00e1sicos que se han encontrado hoy en Asiria, y que le proporcionaron un modelo para sus revelaciones.
Estos textos se presentaban siempre como escritos en el pasado, cuando en realidad se estaban redactando. Empezaban, pues, por el anuncio de acontecimientos ya consumados, por lo que era f\u00e1cil describirlos con precisi\u00f3n. Despu\u00e9s hab\u00eda que imaginar el porvenir, y esto era una tarea m\u00e1s dif\u00edcil: se entraba entonces en lo borroso. Los lectores, no capacitados a\u00fan para la cr\u00edtica, se entusiasmaban viendo toda la primera parte realizada de modo preciso, y se contentaban con lo que se les daba por aquello que a\u00fan no se hab\u00eda realizado.
Qui\u00e9rase o no, este g\u00e9nero literario se encuentra en la Biblia, y a Dios no le ha parecido indigno hacer entrar estas profec\u00edas en el libro sagrado: por otra parte ha sabido reservarse su juego, y se  encuentran en estos textos afirmaciones sorprendentes que ya concordaban con lo que ser\u00eda de hecho la obra de Dios a trav\u00e9s de Cristo.
Para quienes buscan el punto en que la "profec\u00eda" cambia de velocidad, pasando de aquello que el autor ya ha visto realizado a un porvenir que ignora, se\u00f1alamos: 3,44; 7,9 y 7,26; 8,13; 12,1. Pero se encontrar\u00e1 el mismo cambio de decoraci\u00f3n en Apocalipsis 17,12.

{N}9,{/}21 {N}LOS \u00c1NGELES{/}
En las p\u00e1ginas precedentes hemos dicho que todas las visiones y  \u00e1ngeles del libro de Daniel no son m\u00e1s que una manera de hablar propia de los libros llamados apocal\u00edpticos. V\u00e9ase igualmente la nota de G\u00e9n 16. Sin embargo tampoco habr\u00e1 que concluir demasiado aprisa que los \u00e1ngeles no tienen lugar en el mensaje de la Biblia y que Dios no nos dice nada al respecto. \u00bfQu\u00e9 podemos creer en este asunto?
Durante siglos se ha hablado de ellos como de nuestros hermanos invisibles. Las alas que se les atribu\u00edan en las im\u00e1genes daban a entender que para ellos no exist\u00edan ni la pesadez ni las distancias. Cada uno de nosotros ten\u00eda un \u00e1ngel guardi\u00e1n encargado por Dios de protegerle contra los peligros materiales y las tentaciones. En este ej\u00e9rcito celestial hab\u00eda algunos m\u00e1s importantes, los \u00e1rc\u00e1ngeles. Otros gobernaban la creaci\u00f3n: nosotros los llamar\u00edamos m\u00e1s bien poderes c\u00f3smicos. Otros, por fin, seg\u00fan los autores espirituales, estaban m\u00e1s pr\u00f3ximos a Dios y s\u00f3lo le ve\u00edan a \u00e9l: los serafines.
Muchos no ven en ellos m\u00e1s que piadosas imaginaciones pasadas de moda. Otros, cuando experimentan una protecci\u00f3n celestial muy particular, prefieren atribuirla directamente a Dios: \u00bfqu\u00e9 necesidad hay de intermediarios?
Sin embargo, en la Biblia, textos de todas las \u00e9pocas muestran que se ha cre\u00eddo en intermediarios, tanto m\u00e1s necesarios cuanto m\u00e1s alta y justa es la idea del misterio de Dios. No era, pues, dif\u00edcil creer en ellos porque no se ten\u00eda una visi\u00f3n materialista del universo. Se afirmaba que Dios delega una parte de su poder en los esp\u00edritus buenos y malos. Algunos textos, como el libro de Tob\u00edas, ponen en escena el buen \u00e1ngel, agente de la Providencia. Otros, como el libro de Daniel, nos hablan de \u00e1ngeles protectores de los diferentes pueblos, que est\u00e1n en el origen de sus diferentes culturas y religiones. Ellos gobiernan la historia humana con cierta libertad, pero al final tienen que someterse a las decisiones de Dios. Esta concepci\u00f3n de la historia nos resulta al d\u00eda de hoy bastante extra\u00f1a, sin embargo tiene buenos fundamentos en la Biblia (Dt 32,8; Jue 11,24; Is 63,9; Dn 10,21).
Los autores del Nuevo Testamento acogen estos diversos aspectos sin privilegiar unos a costa de otros. Esteban y Pablo conocen a estos \u00e1ngeles de las naciones: v\u00e9ase He 7,38; G\u00e1l 3,19; Ef 1,21 y los correspondientes comentarios. El Apocalipsis de Juan concede a los \u00e1ngeles en las liturgias del Cielo el papel confiado hasta entonces a los sacerdotes en el templo de Jerusal\u00e9n (Ap 8,3), pero ellos son asimismo los instrumentos del juicio de Dios, los portadores de cat\u00e1strofes que har\u00e1n tomar conciencia de sus faltas a nuestra sociedad pecadora (15,5). El evangelio usa el mismo lenguaje. Y a\u00f1ade que los \u00e1ngeles de los peque\u00f1os son los mismos que viven ya en la plena luz de Dios (Mt 18,10).
La Biblia habla, pues, de los \u00e1ngeles. Pero es muy dif\u00edcil responder a la cuesti\u00f3n que muchos se plantean: los \u00e1ngeles \u00bfson solamente una manera de hablar de la actuaci\u00f3n de Dios en el mundo, simples aspectos de su Providencia activa en favor de aquellos que \u00e9l ama, o son seres reales, fuerzas espirituales distintas de Dios?
No hay respuestas definitivas a esta cuesti\u00f3n. Sin embargo la Tradici\u00f3n ha mantenido siempre la fe en un Dios creador del mundo visible e invisible. Un Dios "materialista" habr\u00eda fabricado su universo como se hace un reloj, por usar las palabras de Voltaire. Un Dios que es esp\u00edritu y en el que el Esp\u00edritu es nada menos que Dios, es Padre de una creaci\u00f3n donde todos y cada uno de los seres son como reflejos e irradiaciones de su propia plenitud. Su luz no se consume en un primer resplandor: el esp\u00edritu se refleja y transmite a niveles inferiores. Si el Verbo de Dios ha optado por venir entre nosotros y en nuestra carne, es sin duda porque nosotros ocupamos el nivel inferior de la creaci\u00f3n y porque \u00e9l quer\u00eda descender hasta lo m\u00e1s bajo. Esto no nos autoriza a considerarnos due\u00f1os de los lugares.
A medida que la Iglesia se ha ido expandiendo, ha encontrado pueblos que viv\u00edan de modo diferente su relaci\u00f3n con los poderes c\u00f3smicos. Esto le ha inducido a modificar su lenguaje, como hicieran los autores de la Biblia. Pero ha dejado siempre la puerta abierta a las nuevas experiencias. Ella se contenta con recordar que todos estos intermediarios han sido sometidos a Cristo tras su resurrecci\u00f3n y glorificaci\u00f3n. S\u00f3lo \u00e9l tiene las llaves de la historia y de nuestros destinos individuales.

