{N}1,{/}3 Es el \u00fanico paso de los libros prof\u00e9ticos donde Dios pide algo para s\u00ed mismo; m\u00e1s exactamente, para su culto. En todas las dem\u00e1s partes los profetas dejan a las instituciones, a los reyes y a los sacerdotes el cuidado de mantener el culto de acuerdo con las exigencias de la Ley. Parecer\u00eda que para ellos el Templo y los sacrificios no son ni el lugar ni los medios para encontrar la verdadera conversi\u00f3n, la que cambia por completo nuestras relaciones con Dios. Para ellos es en el orden social y en las relaciones mutuas entre hermanos de una misma familia donde nosotros hallamos el camino para ver a Dios m\u00e1s all\u00e1 de sus disfraces.
No por eso deja de ser prof\u00e9tico el texto de Ageo: hay que reconstruir el Templo para que Dios venga a visitarlo. Se mira hacia el porvenir, y la gran virtud sigue siendo la esperanza cuando ya se cansaban al no ver realizadas las maravillas que Dios hab\u00eda prometido.

