{N}1,{/}24 Los vers\u00edculos 24-25 nos revelan una dimensi\u00f3n importante del profetismo en la Biblia. Se sabe que en todos los pa\u00edses de Oriente Medio hab\u00eda profetas y adivinos: adivinos a los que peque\u00f1os y grandes acud\u00edan para saber si sus empresas ser\u00edan bendecidas; profetas para transmitir a los reyes la voluntad divina y las bendiciones que les afectaban. Los profetas estaban ligados a la instituci\u00f3n real y la confortaban; la voluntad divina de que eran portadores guardaba siempre relaci\u00f3n con el culto.
De igual modo en Israel los que son llamados "hijos de los profetas", esto es, miembros de una cofrad\u00eda prof\u00e9tica, eran por una parte adivinos. En cuanto a los profetas propiamente dichos, los profetas reales de que acabamos de hablar, tienen el mejor ejemplo en Nat\u00e1n y Gad, los profetas de David (2Sam 7,2; 12,25; 1Re 1,34; 2Sam 22,5; 24,11).
Sin embargo, en cuanto aparecen los grandes profetas se les ve pr\u00f3ximos al pueblo y cr\u00edticos con la misma instituci\u00f3n real incluso cuando la apoyan, como es el caso de Isa\u00edas. Los mensajes de que son portadores no hablan nunca de templos, fiestas o sacrificios, sino con mucha frecuencia de las quejas y la indignaci\u00f3n de Dios, que se ha sentido humillado en la persona del pobre.
Las palabras que el evangelio pone en la boca de Cristo Juez en el juicio final: "Lo que hicieron con el m\u00e1s peque\u00f1o de mis hermanos, me lo hicieron a m\u00ed" tienen, pues, ra\u00edces profundas en los profetas, aunque resulten novedosas y sorprendentes. Con los profetas, por emplear palabras mayores, hay una especie de desacralizaci\u00f3n o una laicizaci\u00f3n de la fe: Dios no pide ante todo el culto o las cosas sagradas, con todas las formas de adoraci\u00f3n ligadas a \u00e9l, sino que se abran los ojos sobre {C}el otro,{/} y de modo muy especial sobre ese otro que es para nosotros el pobre o el d\u00e9bil. Dios no es reemplazado nunca por el pr\u00f3jimo o arrinconado en un mundo lejano, inaccesible; todo lo contrario: \u00e9l quiere estar presente en su pueblo y promete estar cada vez m\u00e1s, pero no vale nada a sus ojos si no vemos el pecado del mundo.
He aqu\u00ed un profeta convertido en la conciencia cr\u00edtica de la sociedad, y el Dios que se ha identificado con los pobres entra, con ellos, en la historia que va a juzgar y reconstruir.

{N}8,{/}18 Nosotros somos signos. Hay que tomar la palabra en su sentido estricto: nosotros somos, exactamente igual que las palabras divinas, un signo dado por Dios. En el Oriente Pr\u00f3ximo los profetas eran a veces llamados {C}signos,{/} porque a trav\u00e9s de ellos se recib\u00eda una palabra procedente del mundo misterioso donde los dioses toman las verdaderas decisiones.

{N}28,{/}7 El mundo religioso de Israel no era entonces muy diferente del que rodeaba a los santuarios de los pa\u00edses vecinos; el ejercicio del profetismo y la adivinaci\u00f3n era el negocio de una fauna heter\u00f3clita de la que nos ocupamos en 1Sam 10,11. Los grandes profetas, reconocidos tales por la comunidad religiosa en los tiempos posteriores, contrastaban con el mundo de la religi\u00f3n, pero la confusi\u00f3n de los esp\u00edritus era grande. \u00bfIsa\u00edas se burla de borrachos? S\u00ed y no. Estos profetas beb\u00edan vino, drogas e incluso aguas sagradas antes de entrar en trance, de echar espumajazos y de proferir palabras articuladas o no (13). En este \u00faltimo caso, un int\u00e9rprete las sab\u00eda convertir en un "Word" al alcance de la gente com\u00fan. Isa\u00edas se pregunta qu\u00e9 g\u00e9nero de revelaci\u00f3n se puede esperar en estas condiciones.

