{N}1,{/}32 N\u00f3tese la presencia simult\u00e1nea del sacerdote Sadoc y del profeta Nat\u00e1n. Los descendientes de David ya est\u00e1n instalados en el sistema real que exist\u00eda tanto en Egipto como en los pa\u00edses del este. El rey era consagrado por un sacerdote, y deb\u00eda ser proclamado por un profeta, que pronunciaba para la ocasi\u00f3n una sentencia divina con bendiciones muy especiales para el nuevo soberano.
Esta clase de ritual estaba tan arraigado en las costumbres, que se encuentran huellas del mismo incluso en Ne 6,7. Pero el caso que m\u00e1s nos interesa es el de los salmos 2 y 110. Aunque redactados con toda probabilidad en una \u00e9poca tard\u00eda, ambos se presentan como el or\u00e1culo de un profeta real basado en una palabra divina.

{N}3{/},4 El sue\u00f1o de Salom\u00f3n nos recuerda una tradici\u00f3n religiosa muy antigua en el Oriente Medio. No se contentaban con las revelaciones que los profetas pod\u00edan recibir en sue\u00f1os, por lo que los reyes en particular iban a pasar la noche en el santuario con la esperanza de recibir una comunicaci\u00f3n divina. De ah\u00ed que las famosas torres piramidales de pisos (los {C}zigurats){/} que se ven en Babilonia tuvieran en su parte m\u00e1s alta una habitaci\u00f3n destinada a tal efecto.
Recordemos que Sa\u00fal pasa la noche junto a Samuel a la vuelta del santuario y que, al d\u00eda siguiente, recibe su consagraci\u00f3n; el mismo Samuel era asiduo al santuario.

{N}19,{/}9 El\u00edas llega a Berseb\u00e1: aqu\u00ed se encuentra uno de los lugares m\u00e1s antiguos de culto israelitas. Los autores b\u00edblicos que terminaron la redacci\u00f3n de estos libros despu\u00e9s de la vuelta del exilio se esforzaron por establecer que desde la construcci\u00f3n del templo de Jerusal\u00e9n no hab\u00eda habido otro lugar de culto leg\u00edtimo en Israel. Esto no obstante, se sabe que Jerusal\u00e9n no impuso su monopolio sino mucho m\u00e1s tarde, con la reforma de Jos\u00edas. Los santuarios de provincias continuaron, aunque el templo de Jerusal\u00e9n, mejor sostenido y controlado por los reyes, aparec\u00eda como el templo religioso m\u00e1s fiel a la ortodoxia de la fe. Los israelitas del norte, sin embargo, prefer\u00edan hacer la peregrinaci\u00f3n a Berseb\u00e1 (Am 5,5), en el extremo sur, y cuando El\u00edas va a buscar a Dios, no es Jerusal\u00e9n lo que le interesa, sino Berseb\u00e1. El\u00edas vuelve a las fuentes, y la fuente es la revelaci\u00f3n del Horeb.
{C}Se dirigi\u00f3 hacia la cueva y pas\u00f3 la noche en aquel lugar.{/} El Horeb era un monte sagrado y un lugar de peregrinaci\u00f3n mucho antes de que Mois\u00e9s fuera a visitarlo, seg\u00fan atestiguan las inscripciones que se han encontrado en el mismo. Como Mois\u00e9s, El\u00edas ha ido al monte donde se encuentra Dios. La {C}cueva{/} era probablemente un lugar muy conocido donde se pasaba la noche en espera de un sue\u00f1o o de una comunicaci\u00f3n divina.
Lo que pasa entonces es significativo del car\u00e1cter propio de la revelaci\u00f3n b\u00edblica. Dios no forma ante todo sabios cuya ense\u00f1anza podr\u00eda iluminar a los hombres que buscan, \u00e9l se sirve de profetas que van a pesar sobre el desenvolvimiento de la historia. No se trata de negar el testimonio excepcional que representa la vida fulgurante de El\u00edas, pero siempre encontraremos dos aspectos inseparables en la vida de los personajes b\u00edblicos, como antes en el caso de Mois\u00e9s (\u00c9x 3,14-16): primero un conocimiento de Dios, dado por Dios, y despu\u00e9s un papel en los acontecimientos pol\u00edticos y mundiales. Si a veces nos resulta dif\u00edcil comprender por qu\u00e9 est\u00e1n conectados ambos, es quiz\u00e1 porque se nos escapa el sentido real de la historia.
El\u00edas no realizar\u00e1 personalmente la triple tarea que se le conf\u00eda: le basta con llamar y formar a su sucesor (19,19).

