{N}1,{/}1 Tenemos aqu\u00ed una de las p\u00e1ginas de la Biblia -que por lo dem\u00e1s no son muchas- que nos hacen entrar en la vida de una familia ordinaria. Es la vida y el camino ordinario de la inmensa mayor\u00eda de las personas, para quienes todo lo que digamos de religi\u00f3n y de espiritualidad, todas nuestras discusiones teol\u00f3gicas y nuestras querellas de Iglesias son s\u00f3lo exquisiteces reservadas a especialistas. No son menos amados, y Dios sabe hacerles entender lo que espera de ellos.
El problema de dos mujeres ha sin duda complicado los m\u00e1s hermosos a\u00f1os de la vida de Elcana, aunque \u00e9l haya hecho lo imposible para salvaguardar la paz familiar. Ana comprende que no tendr\u00e1 un hijo mientras no acepte que tiene que darlo. El hijo que se le ha concedido es tal vez la \u00fanica respuesta que haya recibido de Dios en toda su vida, y por esa \u00fanica prueba se sentir\u00e1 orgullosa de Dios (2,2-9). \u00a1Y c\u00f3mo no tenemos verg\u00fcenza de mendigar tantas veces se\u00f1ales!
\u00bfQu\u00e9 hab\u00edan recibido de la revelaci\u00f3n de Dios? \u00bfLa fe en el Unico? \u00bfLa certeza de que es justo y tiene siempre la \u00faltima palabra? Sin duda all\u00ed estaban los rebotes de la Alianza del Sina\u00ed en el pueblo israelita menos instruido. Pero los sacerdotes, una vez m\u00e1s, no tienen un buen desempe\u00f1o, son m\u00e1s bien el esc\u00e1ndalo que hay que superar para afirmarse en la fe. Esos son los caminos de Dios y por ellos los humildes alcanzar\u00e1n la Gloria, hayan o no engendrado a alg\u00fan Samuel.

{N}10,{/}11 He aqu\u00ed un p\u00e1rrafo curioso y relacionado con 20,19-24, donde encontraremos el mismo proverbio. En los pa\u00edses de Mesopotamia los santuarios eran con frecuencia lugares de refugio (como los pueblos mencionados en Dt 19 y Jos 20). Un buen n\u00famero de marginados encontraban en ellas su refugio: fugitivos, d\u00e9biles mentales... All\u00ed se acud\u00eda a consultar a profetas y adivinos. El santuario era, pues, el centro de una actividad compleja con adivinos, int\u00e9rpretes de sue\u00f1os, profetas que no pronunciaban sus or\u00e1culos sino despu\u00e9s de haber bebido vino o drogas, bufones inspirados, secretarios que pon\u00edan en verso las revelaciones... por no hablar de profesiones m\u00e1s dudosas (2Re 23,7) en un ambiente muy especial.
Estos datos arrojan una luz sobre los or\u00edgenes y las artima\u00f1as de los "hijos de los profetas" que menciona la Biblia, lo que no quiere decir que sucediera lo mismo en todas partes: en este campo Israel estaba en franco retraso con un pueblo como el asirio y era mucho m\u00e1s reticente a su respecto. El libro sagrado da sobre ellos juicios diversos, positivos al principio y generalmente negativos despu\u00e9s del tiempo de Eliseo, que se hab\u00eda apoyado en ellos. Se comprende, pues, el proverbio: \u00bfTambi\u00e9n Sa\u00fal est\u00e1 profetizando? Y su padre, \u00bfes alguien?

{N}29,{/}1 Ese comienzo del cap\u00edtulo nos deja un poco desacomodados y no deja de sembrar dudas sobre la conciencia que pod\u00eda tener David de su identidad israelita. El libro que sigue (en realidad s\u00f3lo ser\u00e1 la segunda mitad del Libro de Samuel) lo mostrar\u00e1 preocupado de realizar en provecho propio la unidad de Israel. Pero las p\u00e1ginas que se acaban de leer \u00bfson objetivas cuando lo presentan como la esperanza de los israelitas y como la noble v\u00edctima de un Sa\u00fal envidioso y man\u00edaco? Este es el momento tal vez de recordar que no se sabe nada de una tribu de Jud\u00e1 anterior a David; Jud\u00e1 era sin duda entonces s\u00f3lo el nombre de esa regi\u00f3n de los montes de Jud\u00e1, ocupada por diversos clanes de los cuales el m\u00e1s importante era el de los Queniceos. Y el n\u00facleo duro de las tribus, los herederos de Mois\u00e9s, eran Efra\u00edn, Manas\u00e9s y Benjam\u00edn, la tribu de Sa\u00fal.
Se podr\u00eda dar a toda esa historia una interpretaci\u00f3n muy diferente. Frente a Sa\u00fal que, torpemente tal vez, trata de realizar la unidad de las tribus, David juega su propia carta como campe\u00f3n de la gente del Sur. Con sus guerrillas realiza la unidad de la tribu de Jud\u00e1 al mismo tiempo que paraliza los esfuerzos de Sa\u00fal para unificar a Israel. Quien tendr\u00e1 \u00e9xito en la tarea ser\u00e1 David, y Jud\u00e1, el nuevo advenedizo, desplazar\u00e1 a los que hasta entonces preservaban el ideal de Israel en gestaci\u00f3n. David recibir\u00e1 para su dinast\u00eda las promesas de Dios, pero habr\u00e1 contribuido a arraigar fuertemente los rencores mutuos del norte y del sur, preparando as\u00ed el cisma, sesenta a\u00f1os despu\u00e9s.
Esto nos invita a reflexionar sobre la acci\u00f3n de Dios y la de los hombres en la historia del pueblo de Dios, y sobre la parte tambi\u00e9n que les toca a los escritores inspirados en la fabricaci\u00f3n de la historia santa. Existe toda la libertad para dar otras interpretaciones, y a lo mejor estar\u00e1n m\u00e1s en lo cierto, pero s\u00f3lo ser\u00e1n interpretaciones, y no cambiar\u00e1n la historia.
Porque la Biblia ya le dio el sentido y todos los escritores sagrados han prolongado esa primera visi\u00f3n de los libros de Samuel. En el primer libro, David pasa a ser el vencedor de Goliat; al fin del segundo ser\u00e1 el autor de los Salmos. El libro de las Cr\u00f3nicas har\u00e1 de \u00e9l el verdadero creador del Templo y de todo el culto de Israel. Se puede pensar que David se pareci\u00f3 muy de lejos a ese personaje de leyenda, pero nadie podr\u00eda negar que su historia, tal como se nos ha transmitido, ha sido portadora de una fuerza espiritual y humana enorme. Ha determinado por una buena parte el destino de los jud\u00edos, y sin ella Jes\u00fas perder\u00eda sus ra\u00edces humanas. Aqu\u00ed debemos reconocer que el libro inspirado escapa a los hombres y que Dios se sirve de \u00e9l para dirigir soberanamente los destinos de su pueblo.

