{2}PRIMERA CARTA DE SAN JUAN{/}

Nuestra carta es un escrito contradictorio. Por una lado, le falta una estructuraci\u00f3n clara. Se caracteriza m\u00e1s bien por una especie de vaiv\u00e9n entre dos grandes temas: la verdadera fe en Cristo y la conexi\u00f3n necesaria entre la fe y la conducta. Le faltan adem\u00e1s los rasgos caracter\u00edsticos del g\u00e9nero epistolar; al leerla, recibimos la impresi\u00f3n de tener en nuestras manos un escrito de car\u00e1cter general, una especie de manifiesto teol\u00f3gico, algo as\u00ed como una enc\u00edclica. Los pensamientos finales son particularmente importantes: la certeza de poseer la vida es lo que impulsa a la oraci\u00f3n, a la permanencia en las verdades fundamentales, a no pecar como una exigencia de la filiaci\u00f3n divina, a guardarse de los \u00eddolos. Por otra parte, tenemos en ella una serie de detalles muy precisos que obligan a considerarla como una carta: se supone una situaci\u00f3n bien conocida y precisa [1Jn_2,18]ss; se supone un peligro grave para la fe [1Jn_2,21]; [1Jn_4,4]; tiene delante un sector muy determinado de lectores; la misma forma de dirigirse a ellos: \u00abhijos\u00bb, \u00abqueridos\u00bb, est\u00e1 en la l\u00ednea apuntada.
La carta es una advertencia contra los herejes que han surgido dentro de la comunidad cristiana [1Jn_2,18]s; [1Jn_3,7]. Los cristianos ya han luchado contra estos \u00abseductores\u00bb, llamados anticristos. Se caracterizan por presumir de conocer a Dios [1Jn_2,4]; [1Jn_4,8], de vivir en comuni\u00f3n con \u00e9l [1Jn_1,6]; [1Jn_2,6] [1Jn_2,9], de amarlo [1Jn_4,20], de estar por encima o m\u00e1s all\u00e1 del pecado [1Jn_1,8] [1Jn_1,10]. Son los gn\u00f3sticos. Frente a ellos, nuestro autor afirma la necesidad de mantener la confesi\u00f3n adecuada de la fe: Jes\u00fas es el Cristo, el Hijo de Dios, venido en carne. Quien no confiese que Dios se ha manifestado en Jes\u00fas no es cristiano. La insistencia en este punto nos hace pensar que quienes lo negaban eran los gn\u00f3sticos, que defend\u00edan una cristolog\u00eda doceta, que rechazaban la identidad del Cristo celeste con el Jes\u00fas hist\u00f3rico y no admit\u00edan el valor expiatorio de su muerte. Junto a esta verdad fundamental, y bas\u00e1ndose en \u00e9l, nuestro autor expone las exigencias \u00e9tico-morales que ello comporta: decir que Dios es luz lleva consigo el caminar en la luz; presumir del conocimiento y comuni\u00f3n con el Cristo celeste implica vivir en correspondencia con \u00e9l, en lucha contra el pecado, ya que \u00e9l vino para quitar el pecado y destruir las obras del diablo. La insistencia casi obsesiva en este punto pone de relieve que aquellos gn\u00f3sticos despreciaban el aspecto moral, se consideraban por encima de las exigencias \u00e9tico-morales, pensaban que eran impecables.
El autor de la carta, de no ser el mismo redactor \u00faltimo del evangelio de Juan, hay que buscarlo en ese c\u00edrculo. Las coincidencias con el cuarto evangelio, en particular con aquello que pertenece a la redacci\u00f3n final, como son los cc. [1Jn_13,1] [1Jn_17,1], son grandes: la misi\u00f3n del Hijo como expresi\u00f3n del amor de Dios; la unidad del Padre y del Hijo; la fe en Dios como fe en Jes\u00fas; el amor fraterno como realizaci\u00f3n de la fe verdadera; la separaci\u00f3n de los creyentes, en cuanto hijos de Dios, del mundo y del maligno...

{2}SEGUNDA CARTA DE SAN JUAN{/}

La segunda carta de san Juan la escribe el presb\u00edtero a la \u00abse\u00f1ora elegida\u00bb, la Iglesia, y a sus hijos. Es una amonestaci\u00f3n a caminar en la verdad y en el amor y una advertencia ante los \u00abseductores\u00bb, que no admiten que Jesucristo vino en carne. Fue escrita a una comunidad concreta, en contra de la primera apariencia, ya que, por dos veces, habla de \u00abse\u00f1ora\u00bb [2Jn_1,1] [2Jn_1,5]. Es un nombre metaf\u00f3rico. As\u00ed lo demuestra el hecho de que esta \u00abse\u00f1ora\u00bb se halle unida por los v\u00ednculos del amor con todos los que conocen la verdad; sus hijos, lo mismo que los hijos del presb\u00edtero [2Jn_1,4], no son hijos carnales, sino espirituales; los problemas no son los familiares, sino  los de la vida cristiana de una comunidad. El fin de esta carta es una amonestaci\u00f3n a aquella comunidad para que no se deje seducir por el error de aquellos que niegan que Jes\u00fas vino en carne. Es el error gn\u00f3stico, cuyas caracter\u00edsticas tenemos expuestas con mayor precisi\u00f3n y claridad en 1Juan, a cuya introducci\u00f3n y notas remitimos para un mejor conocimiento del contexto hist\u00f3rico-cultural en el que surge esta segunda carta de Juan.

{2}TERCERA CARTA DE SAN JUAN{/}

En esta tercera carta, el presb\u00edtero escribe a una persona concreta. Gayo, al que, por cuatro veces, llama \u00abquerido\u00bb. El autor expresa su satisfacci\u00f3n porque su querido Gayo \u00abcamina en la verdad\u00bb, dentro del \u00e1mbito de la realidad divina manifestada en Cristo. El tema se centra en la hospitalidad caritativa que ha demostrado Gayo con los que van de camino [3Jn_1,5]. Probablemente se refiere a los misioneros ambulantes enviados por el presb\u00edtero y rechazados por un tal Diotrefes, dirigente de la comunidad. Muy probablemente el destinatario de la carta hab\u00eda sido convertido por el presb\u00edtero [3Jn_1,4]; pero tanto \u00e9l como su grupo hab\u00edan sido orillados de la comunidad [3Jn_1,15] por el dominio desp\u00f3tico de Diotrefes [3Jn_1,9]s. Este Diotrefes desprestigiaba al presb\u00edtero y a sus enviados con palabras \u00abllenas de malicia\u00bb. \u00c9l se consideraba el representante de la ortodoxia, el obispo local; y justificaba su rechazo a los misioneros enviados por el presb\u00edtero con la acusaci\u00f3n de que de sus comunidades hab\u00edan surgido cristianos gn\u00f3sticos, que negaban la confesi\u00f3n adecuada de la fe cristiana.

