{2}EVANGELIOS{/}

1. El t\u00e9rmino \u00abevangelio\u00bb designaba primitivamente el presente que se daba al portador de una noticia o el sacrificio que en acci\u00f3n de gracias se ofrec\u00eda por ella (Homero, Odisea, XV, 152s; Jenofonte, Hellen, IV, 3,4; [2Sam_4,9]). Despu\u00e9s pas\u00f3 a significar la \u00abbuena noticia\u00bb misma: el nacimiento de Augusto en la inscripci\u00f3n de Priene (9 d.C.), y en el AT el anuncio de la \u00e9poca de salvaci\u00f3n ([Sal_40,11]; [Sal_96,2]; [Is_40,9]; [Is_52,7]; [Is_61,1]). En los escritos del NT significa la Buena Nueva por antonomasia, el mensaje salvador que, vaticinado por los profetas, fue proclamado por Cristo y anunciado por los ap\u00f3stoles ([Mc_1,15]; [Mt_11,5]; [Lc_4,18]; [He_5,42]; [Rom_2,1]s). A partir del s. II pas\u00f3 a designar los escritos en los que se contiene, y a sus autores se los llam\u00f3 evangelistas. En cuanto g\u00e9nero literario, hay que definirlo como el anuncio y proclamaci\u00f3n del mensaje salv\u00edfico de Jes\u00fas que lleva consigo una invitaci\u00f3n a la conversi\u00f3n y a la fe; proclamaci\u00f3n que se hace desde la fe y para provocar la adhesi\u00f3n a Cristo.
2. Desde un principio la Iglesia ha considerado como inspirados y normativos para la fe cristiana a los cuatro evangelios can\u00f3nicos: el de san Mateo, el de san Marcos, el de san Lucas y el de san Juan. Escritos por los ap\u00f3stoles o sus inmediatos disc\u00edpulos, la Iglesia vio fielmente expresadas en ellos su fe y su doctrina de acuerdo con la tradici\u00f3n apost\u00f3lica. Las f\u00f3rmulas \u00abseg\u00fan\u00bb san Mateo, \u00abseg\u00fan\u00bb san Marcos, etc., si bien no fueron puestas por los evangelistas, se remontan a la segunda mitad del s, II y expresan el autor literario. Con tales f\u00f3rmulas la Iglesia primitiva manifiesta su fe en un solo y \u00fanico evangelio, presentado bajo una cu\u00e1druple forma: la unidad en la pluralidad y la pluralidad en la unidad. Los padres han visto en los cuatro seres misteriosos de la visi\u00f3n de Ezequiel (c. I) los s\u00edmbolos de los cuatro evangelistas, que difunden la gloria del Verbo encarnado y su mensaje por todo el mundo. Fij\u00e1ndose en el principio de cada evangelio atribuyen y simbolizan a Mateo con la figura del \u00abhombre\u00bb (Mateo comienza su obra con la genealog\u00eda de Cristo en cuanto hombre), a Marcos con la figura del \u00able\u00f3n\u00bb (comienza con el Bautista en el desierto), a Lucas con el \u00abtoro\u00bb (abre su obra con un sacrificio en el templo) y a Juan con el \u00ab\u00e1guila\u00bb (se remonta en su pr\u00f3logo al Verbo en el seno del Padre).
3. El mensaje evang\u00e9lico, antes de ser consignado por escrito, se transmiti\u00f3 oralmente. La tradici\u00f3n oral, que fue adquiriendo una forma sistem\u00e1tica y estereotipada, dio lugar, unos decenios despu\u00e9s, a nuestros evangelios escritos. La Pontificia Comisi\u00f3n B\u00edblica, en la instrucci\u00f3n Sancta Mater Ecclesia del 1964, sobre \u00abLa verdad hist\u00f3rica del evangelio\u00bb, afirma que \u00abel int\u00e9rprete, para dejar debidamente asentada la solidez de cuanto nos transmiten los evangelios, debe diligentemente prestar atenci\u00f3n a las tres etapas de la tradici\u00f3n por las que la doctrina y la vida de Jes\u00fas han llegado hasta nosotros\u00bb (n. 2). La primera etapa la constituyen la vida y predicaci\u00f3n de Jes\u00fas, que est\u00e1 en el origen de la tradici\u00f3n evang\u00e9lica. La segunda, la predicaci\u00f3n de los ap\u00f3stoles, que la clarifica a la luz de la Pascua y bajo la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo que les prometi\u00f3 Cristo ([Jn_14,26]; [Jn_16,13]), y la adapta a los diversos ambientes. La tercera, la redacci\u00f3n de los evangelios por parte de los evangelistas con sus peculiares perspectivas en la presentaci\u00f3n de la vida y doctrina de Cristo.
A) Jesucristo se limit\u00f3 a predicar la Buena Nueva al pueblo jud\u00edo, sin escribir cosa alguna. Escogi\u00f3 unos disc\u00edpulos, a quienes instruy\u00f3 de modo peculiar, encarg\u00e1ndoles antes de subir a los cielos que predicasen el evangelio en el mundo entero. El tema de su predicaci\u00f3n fue fundamentalmente el reino de Dios: su presencia, que hace actual la salvaci\u00f3n; su fuerza expansiva, capaz de transformar al hombre y a la sociedad no obstante la humildad de sus principios. Su primera y m\u00e1s radical exigencia es la conversi\u00f3n (metanoia), en orden a la obediencia de la fe o entrega a la persona de Cristo, y el nuevo estilo de vida que suponen las bienaventuranzas ([Lc_6,20]b a [Lc_6,21]). La vida del disc\u00edpulo ha de caracterizarse por la alegr\u00eda del reino, la nueva justicia, superior a la del AT y de un orden diferente a la que practicaban los escribas y fariseos, y el amor al pr\u00f3jimo como manifestaci\u00f3n del amor a Dios. En la consumaci\u00f3n del reino cada uno recibir\u00e1 conforme a la actitud con que haya respondido durante su vida a la llamada de Cristo.
B) Los ap\u00f3stoles, una vez que Cristo subi\u00f3 a los cielos, se dedicaron a la predicaci\u00f3n oral de la Buena Nueva, conforme al mandato de Jes\u00fas. Ellos y sus inmediatos disc\u00edpulos transmitieron con fidelidad los dichos y hechos de Jes\u00fas, como garantizan toda una serie de textos en que se manifiesta la vigilancia y preocupaci\u00f3n de los dirigentes de la Iglesia por la fiel transmisi\u00f3n de los mismos ([Lc_1,1] [Lc_1,4]; [He_1,1]; [He_5,42]; [He_8,14]; [He_9,32]; [1Cor_7,10] [1Cor_7,12]; [1Cor_11,23]; [1Cor_15,3]; [2Cor_4,5]; [2Cor_11,4]; [G\u00e1l_1,1] a [G\u00e1l_2,1]). As\u00ed lo revelan tambi\u00e9n, adem\u00e1s de las t\u00e9cnicas de transmisi\u00f3n oral del ambiente jud\u00edo, que hac\u00edan muy dif\u00edcil la deformaci\u00f3n de la ense\u00f1anza, las categor\u00edas de transmisi\u00f3n que la Iglesia primitiva aplica a los disc\u00edpulos de Jes\u00fas que los transmit\u00edan: son ap\u00f3stoles de Cristo, enviados con autoridad a predicar su mensaje; ministros de la palabra, que es la predicaci\u00f3n y ense\u00f1anza de Cristo ([Lc_5,1]; [Lc_8,11] [Lc_8,21]); testigos de la vida y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, punto central de su testimonio. Al denominarlos de este modo, la Iglesia primitiva los reconoce como fieles transmisores de lo que Cristo hizo y ense\u00f1\u00f3. Pablo, particularmente, se presenta como fiel transmisor de lo que \u00e9l ha recibido [1Cor_15,3], de una tradici\u00f3n que se remonta al Se\u00f1or [1Cor_11,23]; y, al final de su vida, recomienda a sus disc\u00edpulos esa misma fidelidad [1Tim_6,20]; [2Tim_1,14]. \u00abLa autenticidad de la tradici\u00f3n queda asegurada por la cadena cualificada de los "transmisores", que va desde Cristo a los ap\u00f3stoles, desde los ap\u00f3stoles a los disc\u00edpulos y desde estos a los fieles\u00bb (Latourelle).
Los ap\u00f3stoles transmitieron los dichos y hechos de Jes\u00fas con aquella m\u00e1s plena inteligencia que les dio la resurrecci\u00f3n de Cristo y la venida del Esp\u00edritu Santo. Fue a partir de entonces cuando ellos comprendieron m\u00e1s plenamente la persona y la doctrina de Jes\u00fas, que tan misteriosas les resultaban durante los a\u00f1os del ministerio p\u00fablico (cf [Jn_14,26]; [Jn_16,12]s). Ello explica el que los evangelios, que hab\u00edan de ser norma y canon de la Iglesia durante todos los siglos de su existencia, no pudieran ser escritos hasta unos decenios despu\u00e9s de la muerte de Cristo, cuando el Esp\u00edritu Santo, prometido por Jes\u00fas, hab\u00eda llevado a cabo la clarificaci\u00f3n adecuada del mensaje predicado por Jes\u00fas.
Y lo transmitieron habida cuenta de las circunstancias y necesidades de los oyentes. En la elaboraci\u00f3n y formulaci\u00f3n del material evang\u00e9lico durante los a\u00f1os que siguieron a la predicaci\u00f3n de Cristo y que precedieron a la composici\u00f3n escrita de los evangelios tuvieron gran influencia, entre otros, el medio lit\u00fargico, para el que l\u00f3gicamente se elaboraron per\u00edcopas evang\u00e9licas; la expansi\u00f3n misionera, que exig\u00eda formulaciones distintas en la predicaci\u00f3n a los jud\u00edos y en la proclamaci\u00f3n a los gentiles; la catequesis, que exig\u00eda adaptaci\u00f3n y derivaciones a las diversas circunstancias de los oyentes. Influy\u00f3 tambi\u00e9n mucho, sobre todo en la predicaci\u00f3n a los jud\u00edos, el Antiguo Testamento; en \u00e9l estaban consignados los anuncios de las realidades mesi\u00e1nicas que se hab\u00edan cumplido en Jes\u00fas de Nazaret; en \u00e9l estaba anunciado incluso que el Mes\u00edas llevar\u00eda a cabo la redenci\u00f3n de la humanidad por el camino de la humillaci\u00f3n y el sacrificio ([Is_50,4]ss; [Is_52,13]ss; [Sal_22,1] [Sal_22,69]), textos que se utilizar\u00e1n en los relatos de la pasi\u00f3n para responder al esc\u00e1ndalo de la cruz: era designio de Dios consignado en el Antiguo Testamento.
C) Conforme iba pasando el tiempo, varios autores, por motivos diversos, decidieron poner por escrito el mensaje evang\u00e9lico que se transmit\u00eda en las diversas Iglesias. Ateni\u00e9ndonos a los datos que poseemos, hoy se admite com\u00fanmente que el primero de nuestros evangelios en ser redactado fue el de Marcos, por los a\u00f1os 65-70, siendo su contenido en su mayor\u00eda narrativo. Le sigui\u00f3 muy probablemente el de Mateo, que utiliz\u00f3 el evangelio de Marcos para la parte narrativa y una colecci\u00f3n de sentencias o discursos del Se\u00f1or para la parte discursiva, y cuya fecha de composici\u00f3n muchos retrasan a los a\u00f1os 80; una tercera parte del contenido es peculiar de Mateo, sin que podamos detectar su fuente. Vino luego el evangelio de Lucas, que, como Mateo, sigue a Marcos en la parte narrativa y utiliza la mencionada colecci\u00f3n de sentencias para la parte discursiva; pero la mitad de su contenido tiene origen distinto; no sabemos [Si_ utiliza fuentes escritas o redacta personalmente tradiciones orales. En total, el contenido de estos evangelios se puede distribuir as\u00ed: Marcos contiene 667 vers\u00edculos: unos 68 propios, unos 340 comunes con Mateo y Lucas, unos 175 comunes con Lucas. Finalmente, Lucas contiene 1.158 vers\u00edculos: 541 propios, unos 335 comunes con Mateo y unos 50 con Marcos.
4. A estos tres evangelios se los denomina sin\u00f3pticos (del t\u00e9rmino griego syn-orao: ver conjuntamente), porque disponiendo los tres relatos en columnas paralelas se puede seguir simult\u00e1neamente la triple narraci\u00f3n. Entre estos evangelios existen concordancias y discordancias. Tenemos semejanzas en la materia, en el orden (que llama m\u00e1s la atenci\u00f3n en contraste con Juan) y las formas de expresi\u00f3n, que abogar\u00edan por dependencia de una fuente com\u00fan o dependencia mutua. Pero presentan tambi\u00e9n material propio tan importante que esperar\u00edamos encontrarlo en los otros; se apartan en el orden donde menos se espera, y tienen discrepancias en la forma de expresi\u00f3n donde pensamos que deber\u00eda haber la m\u00e1s perfecta unanimidad (el padrenuestro, las palabras de la consagraci\u00f3n, el t\u00edtulo de la cruz). Esto ha planteado la llamada \u00abCuesti\u00f3n sin\u00f3ptica\u00bb, que trata de explicar esa \u00abconcordia discorde\u00bb. Los numerosos intentos de soluci\u00f3n desembocaron en la llamada teor\u00eda de las Dos Fuentes (Marcos y Q: colecci\u00f3n de sentencias). Soluciones m\u00e1s complicadas han sido propuestas ulteriormente, y m\u00e1s satisfactorias, como la de P. Benoit-M. E. Boismard-J. L. Malillos: Sinopsis de los cuatro evangelios.
5. Los ex\u00e9getas ponen hoy peculiar inter\u00e9s en observar c\u00f3mo cada evangelista, utilizando un material com\u00fan que corr\u00eda por las comunidades primitivas, ha realizado una redacci\u00f3n personal (Historia de la redacci\u00f3n) -tanto literaria como doctrinalmente-, que los constituye en verdaderos autores literarios de sus obras, como pondr\u00e1 de relieve la introducci\u00f3n a cada uno de los evangelios. Una constataci\u00f3n importante: en la redacci\u00f3n de sus obras los evangelistas no se han propuesto como finalidad (al menos principal) escribir una historia propiamente dicha, completa y cronol\u00f3gicamente ordenada, sino que han perseguido una finalidad religiosa: provocar y fundamentar la fe, poner de manifiesto la solidez de la doctrina predicada [Lc_1,6]. Ello quiere decir que lo que nosotros tenemos que buscar en los evangelios, m\u00e1s que datos hist\u00f3ricos (que ciertamente los hay), es el mensaje religioso: profundizar en la conversi\u00f3n y la fe, escuchar la palabra de Dios que interpela, establecer un di\u00e1logo personal con Dios y darle una respuesta afirmativa. Y cuando en un relato nos encontramos con datos que parecen contrarios, no intentemos armonizarlos, como se hac\u00eda en tiempos pasados; dej\u00e9moslos como est\u00e1n y tratemos de descubrir qu\u00e9 es lo que el escritor sagrado nos ha querido decir al presentar las cosas de esa manera, seguros de que alg\u00fan mensaje se encierra en ello. En la introducci\u00f3n peculiar a cada evangelio y en las notas marginales se discutir\u00e1n los detalles.
6. Con el evangelio de san Juan desembarcamos en un mundo nuevo. Esta es la impresi\u00f3n que recibimos al pasar de los evangelios sin\u00f3pticos al de Juan. Es como si, al desembarcar, nos encontr\u00e1semos con una monta\u00f1a alt\u00edsima, serena y majestuosa, cuya cumbre no alcanzamos a ver. De pronto, alguien baja de aquella altitud inaccesible, se coloca en medio de nosotros y comienza a describirnos sus bellezas. Surge la pregunta inevitable, al par que temerosa, sobre los posibles caminos de acceso a la monta\u00f1a. Entonces, el escalador descendido, sentado en medio de nosotros, comienza a contarnos cosas asombrosas. No pod\u00e9is alcanzar a ver toda la monta\u00f1a: A Dios nadie lo ha visto jam\u00e1s [Jn_1,18]. Quiso, sin embargo, que los hombres supiesen de \u00e9l, y para ello envi\u00f3 a su Hijo: Tanto am\u00f3 Dios al mundo que dio a su hijo \u00fanico [Jn_3,16].
El evangelio de Juan presenta una unidad y cohesi\u00f3n internas mucho m\u00e1s fuertes que los sin\u00f3pticos. Este hecho, sin embargo, no quiere decir que la otra haya salido de una \u00fanica mano ni de una \u00fanica vez. Es preciso contar con ediciones sucesivas del mismo evangelio; con un redactor final que le dio su forma actual; con unas fuentes escritas, sobre todo para los \u00absignos\u00bb, y muy especialmente con un crecimiento progresivo de la obra, que corre paralela al crecimiento de la fe de la comunidad que refleja su fe en \u00e9l.
Este crecimiento nos obliga a pensar en tres momentos:
A) El primer encuentro con Jes\u00fas. Un grupo de jud\u00edos, pertenecientes no al juda\u00edsmo oficial, sino al heterodoxo, creyeron que Jes\u00fas era el mes\u00edas; pero no el mes\u00edas dav\u00eddico, sino simplemente el profeta anunciado por Mois\u00e9s [Dt_18,15]ss; no de origen divino, sino sencillamente un hombre enviado por Dios, el hijo de Jos\u00e9 de Nazaret [Jn_1,45]s; [Jn_6,42].
B) Crecimiento en la fe. Esta fe en Jes\u00fas en cuanto mes\u00edas-profeta... era insuficiente. Deb\u00eda ser completada con la confesi\u00f3n de Jes\u00fas como Hijo de Dios. Y este nuevo planteamiento origin\u00f3 serios problemas a dos niveles: dentro de la comunidad, muchos de sus miembros se negaron a dar el paso requerido, produci\u00e9ndose el primer desgarr\u00f3n dentro de ella. Muchos abandonaron aquella fe incipiente e insuficiente (este es el punto de referencia esencial para comprender textos como [Jn_8,31]ss). El problema se agudiz\u00f3 fuera de la comunidad, en la inevitable relaci\u00f3n con el juda\u00edsmo oficial, que consider\u00f3 aquella propuesta como inaceptable e incompatible con el dogma fundamental jud\u00edo del monote\u00edsmo. Se adoptan entonces medidas de persecuci\u00f3n contra los cristianos, a los que se excomulga de la sinagoga ([Jn_9,22] [Jn_9,34]; [Jn_12,42]; [Jn_16,2]). Esto produjo nuevos desgarramientos dentro de aquella comunidad cristiana.
C) Precisiones sobre la pureza de la fe. Decir que Jes\u00fas era Hijo de Dios ten\u00eda entonces -bajo la influencia de la gnosis- el peligro de colocarlo tan alto en el mundo de Dios, que resultase imposible el contacto real con nuestro mundo. Era entonces muy f\u00e1cil deducir que su encarnaci\u00f3n, su muerte y la eucarist\u00eda hubieran sido sencillamente \u00abaparentes\u00bb. Fue la primera herej\u00eda cristol\u00f3gica, reflejada ya en nuestro evangelio. De ah\u00ed la insistencia en estos tres puntos por parte de Juan, reflejados en [Jn_1,14], el texto de todo el NT que describe con mayor claridad y crudeza la encarnaci\u00f3n; en [Jn_6,51] a [Jn_6,58], afirmaci\u00f3n tajante de la eucarist\u00eda, y en [Jn_19,17]ss, donde se describe la realidad de la muerte de Jes\u00fas con argumentos m\u00e1s palpables. El cuarto evangelio naci\u00f3 y sirve para acompa\u00f1ar estos tres momentos esenciales en el proceso de la fe.

