{2}EZEQUIEL{/}

Ezequiel, hijo de un sacerdote (Buzi), es posible que ejerciera tambi\u00e9n el sacerdocio. As\u00ed lo sugiere su conocimiento del ritualismo sacro y su inter\u00e9s por el templo. Deportado a Babilonia con el rey Joaqu\u00edn (587 a.C.), despleg\u00f3 toda su actividad prof\u00e9tica entre los jud\u00edos exiliados. Es considerado como el profeta de la esperanza, porque todo su mensaje se cifra en avivar la ilusi\u00f3n de un retorno al pa\u00eds. Goz\u00f3 de tal prestigio entre los exiliados que le consideraron su padre espiritual. Faltan datos para reconstruir su trayectoria prof\u00e9tica. Sobran, en cambio, para definir su personalidad. Ezequiel presenta ciertos rasgos de anormalidad (\u00bfcatalepsia, esquizofrenia, afasia?), reflejados en gestos estramb\u00f3ticos y reacciones desconcertantes, que a veces rayan en el delirio.
La obra ezequieliana est\u00e1 pre\u00f1ada de simbolismos, por lo que sus or\u00e1culos casi nunca deben entenderse de forma literal. Es posible que el profeta acusara cierto desequilibrio ps\u00edquico. Pero, \u00bfpor qu\u00e9 alarmarse? Muchos l\u00edderes religiosos de la humanidad no siempre se han regido por los par\u00e1metros de la normalidad; y es precisamente ese aparente excentricismo lo que les ha permitido impactar en las masas. Algo as\u00ed pudo ocurrir con Ezequiel: sus alucinaciones y pantomimas encarnaban una religiosidad depurada, que exig\u00eda romper los encuadres tradicionalistas para afrontar el futuro sin complejos ni recelos.
El gran profeta convenci\u00f3 a los desterrados de que su infortunio deb\u00eda servirles no tanto para lamentarse como para decantar actitudes. El correctivo divino no hab\u00eda hecho sino poner fin a una situaci\u00f3n ca\u00f3tica que clamaba por una intervenci\u00f3n dr\u00e1stica. No obstante el Se\u00f1or pretend\u00eda reanudar las relaciones amistosas con su pueblo, siempre que este remodelara su religiosidad en base a una teolog\u00eda de la esperanza. As\u00ed trat\u00f3 de hacerlo Ezequiel con resultados muy positivos. No resulta f\u00e1cil resumir las ideas que rigen su proclama y su denuncia. Mas quiz\u00e1 todas ellas graviten en torno a un binomio (condenaci\u00f3n-salvaci\u00f3n), punto de arranque para fraguar una clara conciencia de \u00abresto fiel\u00bb, destinado a heredar las promesas divinas, que culminar\u00edan obviamente en la instauraci\u00f3n definitiva del reino mesi\u00e1nico.
Casi todas las grandes visiones de este extra\u00f1o profeta se hallan vinculadas con el templo de Jerusal\u00e9n. Este se encuentra, por supuesto, destruido en el momento de proferir sus or\u00e1culos. No importa. Ezequiel interpreta los hechos como signos del abandono divino a causa de las infidelidades del pueblo. Pero cuando se realice la ansiada restauraci\u00f3n, todo el esplendor de la gloria divina se adentrar\u00e1 de nuevo en el templo renovado [Ez_40,2] a [Ez_42,1]. En torno a ese nuevo templo se reorganizar\u00e1 un culto depurado, implant\u00e1ndose una teocracia ideal, donde el Se\u00f1or asumir\u00e1 directamente las funciones regias. Para acercarse a ese lugar santo, ser\u00e1 preciso expiar antes los pecados y transgresiones ([Ez_42,12]; [Ez_43,18] a [Ez_43,25]). S\u00f3lo entonces habr\u00e1 terminado de verdad el cautiverio, para dar paso a una \u00e9gida de esplendor con una nueva tierra, equiparada al antiguo jard\u00edn de Ed\u00e9n [Ez_36,35]. En esa fase de esplendor todo experimentar\u00e1 un cambio radical, siendo el coraz\u00f3n de cada creyente escenario de esa catarsis purificadora. Con ello abre el profeta las puertas a una nueva vivencia religiosa, fraguada en la interioridad de cada israelita. Tal es la base para integrar el \u00abnuevo Israel\u00bb.
A lo largo de su obra muestra c\u00f3mo Dios, a pesar del proceder insensato de su pueblo, garantiza una liberaci\u00f3n realizada en cuantos compartan ese esp\u00edritu de ilusi\u00f3n que Ezequiel no ceja de infundir. Ellos constituir\u00e1n el \u00abresto fiel\u00bb con el que Dios formar\u00e1 el \u00abnuevo Israel\u00bb, convertido -bajo el impulso del mes\u00edas- en due\u00f1o absoluto de la humanidad. El resto de las naciones se postrar\u00e1n ante la soberan\u00eda del Se\u00f1or, el cual las invitar\u00e1 a compartir las delicias de ese reino de paz y amor. No en vano el Se\u00f1or es due\u00f1o de todo el mundo. Con ello ensancha el profeta los horizontes del universalismo salv\u00edfico, hasta el punto de englobar a la humanidad entera en el designio divino. Para integrar el reino mesi\u00e1nico, no ser\u00e1 suficiente compartir un simple ritualismo c\u00faltico. Habr\u00e1 que aportar un cambio de actitud que afecte a la interioridad misma de la persona. Es en el fondo del coraz\u00f3n donde se fragua el destino de cada individuo. Para alcanzar tales objetivos, es indispensable que los exiliados adopten un porte de absoluta fidelidad al Se\u00f1or. En ella cimenta Ezequiel todos sus vaticinios sobre el nuevo pueblo de Dios, a quien el mes\u00edas convertir\u00e1 en due\u00f1o de toda la humanidad.

