{2}1 Y 2 LIBRO DE LOS REYES{/}

Los dos libros de los Reyes, al igual que los de Samuel, en la primitiva Biblia hebrea formaban una sola obra. La traducci\u00f3n griega los separ\u00f3 en dos partes, cortando bruscamente el reinado de Ocoz\u00edas y el ciclo del profeta El\u00edas. Los libros de los Reyes contin\u00faan el hilo hist\u00f3rico de los de Samuel. En [1Re_1,1] a [1Re_2,1] se contiene la conclusi\u00f3n original del reino de David, expuesto en los libros de Samuel.
La historia de los libros de los Reyes abarca el per\u00edodo que va desde los \u00faltimos d\u00edas del rey David hasta el destierro de Babilonia. Dejando aparte [1Re_1,1] a [1Re_2,1], por las razones indicadas, los libros de los Reyes se componen de tres grandes bloques de tipo hist\u00f3rico: 1. Historia del reino de Salom\u00f3n [1Re_3,1] a [1Re_11,1]); 2. Historia de los reinos de Israel y de Jud\u00e1 hasta la desaparici\u00f3n del reino del norte ([1Re_12,1] a [2Re_17,1]); 3. Historia del reino de Jud\u00e1 hasta su destrucci\u00f3n [2Re_18,1] a [2Re_25,1]. Para la composici\u00f3n de esta historia, los compiladores y redactores se sirvieron de varias fuentes, algunas de las cuales aparecen expresamente citadas en los libros de los Reyes. As\u00ed, en [1Re_11,41] se menciona el Libro de los Hechos de Salom\u00f3n, que seguramente prest\u00f3 la base para la narraci\u00f3n de [1Re_3,1] a [1Re_11,1]. La segunda y la tercera parte utilizaron, entre otras fuentes, el Libro de las Cr\u00f3nicas de los reyes de Israel y el Libro de las Cr\u00f3nicas de los reyes de Jud\u00e1, com\u00fanmente citados al final de cada uno de los reinados (cf [1Re_14,19]; [1Re_14,29]; [1Re_15,7]; [1Re_15,31]; [2Re_21,25]; [2Re_23,28]; etc).
Menci\u00f3n aparte merecen los profetas, que, juntamente con los reyes, son los protagonistas principales de estos libros. Destacan tres por el papel que jugaron en la historia de los reinos de Israel y de Jud\u00e1, as\u00ed como por el espacio, que se les asigna en estos libros: 1. El\u00edas, ([1Re_17,1] a [1Re_19,1]; [1Re_21,1]; [2Re_1,1] a [1Re_2,1]); 2. Eliseo ([2Re_3,4] a [2Re_8,15]; [2Re_9,1] a [2Re_9,13]; [2Re_13,14] a [2Re_13,25]); 3. Isa\u00edas ([2Re_18,13] a [2Re_20,19]; [Is_36,1] a [Is_39,1]). Los ciclos de El\u00edas y Eliseo, paralelos en muchos de los episodios, combinan una narraci\u00f3n hist\u00f3rica sobria con una serie de tradiciones o leyendas populares de tipo hagiogr\u00e1fico. La actividad prof\u00e9tica de Isa\u00edas muestra la \u00edntima conexi\u00f3n existente entre la profec\u00eda y la monarqu\u00eda, rasgo este com\u00fan a los dem\u00e1s profetas. Aunque la misi\u00f3n del profeta no sea directamente pol\u00edtica, sus intervenciones inciden -muy directamente- en la marcha de los acontecimientos. Los profetas se sienten solidarios con su pueblo; su mensaje se encarna en la historia del pueblo de Dios.
M\u00e1s que una historia en sentido estricto, los libros de los Reyes contienen una reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre la historia de Israel y de Jud\u00e1. En ella se enjuician los diferentes monarcas y los acontecimientos que condujeron al pueblo hasta la p\u00e9rdida de la tierra y el consiguiente exilio en Babilonia. Los reyes no son juzgados tanto por sus derrotas o victorias en el terreno pol\u00edtico o militar cuanto por su fidelidad o infidelidad a la palabra de Dios contenida en la ley y predicada por los profetas. Entre los pecados que se les suelen achacar sobresale la idolatr\u00eda: erecci\u00f3n de altares a otros dioses para darles culto. Se les imputan otras muchas faltas de tipo religioso -tambi\u00e9n de tipo social- y se emiten algunos juicios de valor gen\u00e9ricos, acreditando o descalificando la actividad de los reyes. A excepci\u00f3n de Salom\u00f3n, As\u00e1, Ezequ\u00edas y Jos\u00edas, que \u00abhicieron el bien a los ojos del Se\u00f1or\u00bb como David su padre (a David se le propone como modelo de fidelidad al Se\u00f1or), los dem\u00e1s reyes \u00abobraron el mal a los ojos de Dios\u00bb. Por medio de sus profetas, el Se\u00f1or los exhort\u00f3 y amonest\u00f3 repetidas veces, pero ellos no siguieron su palabra y por eso los castig\u00f3. La ca\u00edda de Jerusal\u00e9n y el destierro se explican como un castigo divino por la desobediencia, particularmente en cuestiones cultuales, a la palabra de Dios.
\u00bfRepresentan, la ca\u00edda de Jerusal\u00e9n y el exilio, el punto final de la historia del pueblo elegido? La palabra de Dios siempre se cumple. Sus amenazas ya se han realizado. Sigue en pie, sin embargo, la promesa de David. La conclusi\u00f3n del segundo libro de los Reyes deja abierta una puerta a la esperanza.
