{2}N\u00daMEROS{/}

La primera ense\u00f1anza de este libro es que la salvaci\u00f3n se realiza en un camino, a trav\u00e9s del desierto, aunque no acabe en \u00e9l. A su paso por el desierto, Israel experimenta lo que significa marchar con Dios.
El t\u00edtulo de este libro en la Biblia hebrea, En el desierto, describe mejor su contenido que el de N\u00fameros, t\u00edtulo dado por la traducci\u00f3n griega de los Setenta, en base al censo del pueblo de Israel (cc. [N\u00fam_1,1] a [N\u00fam_26,1]). Las historias expuestas en el libro de los N\u00fameros pertenecen a un per\u00edodo del desierto en el que se pueden distinguir tres estaciones principales, correspondientes a cada una de las tres secciones del libro. La historia comienza en el desierto del Sina\u00ed, con una serie de disposiciones y medidas antes de partir (cc. [N\u00fam_1,1] a [N\u00fam_10,10]). La segunda secci\u00f3n (cc. [N\u00fam_10,11] a [N\u00fam_20,13]) tiene como punto neur\u00e1lgico Cades, donde el pueblo pas\u00f3 gran parte de su estancia en el desierto. Finalmente, los cc. [N\u00fam_20,14] a [N\u00fam_36,13] se desenvuelven en las cercan\u00edas de la tierra prometida, al este del Jord\u00e1n.
La estancia en el desierto ha significado para Israel una experiencia religiosa extraordinaria, rica en lecciones no s\u00f3lo para sus protagonistas, sino tambi\u00e9n para las sucesivas generaciones. En su marcha por el desierto, Dios acompa\u00f1a y gu\u00eda a su pueblo, pero sin privarlo de la b\u00fasqueda, sin coartar la libertad y la iniciativa humana. En cada momento, Israel tiene que decidir responsablemente. La actitud del pueblo contrasta continuamente con la del Se\u00f1or. Israel se niega a caminar, se enfrenta a sus jefes y ofrece resistencia al plan salv\u00edfico de Dios. El Se\u00f1or castiga a los rebeldes, pero nunca abandona a su pueblo ni ceja en su plan de salvaci\u00f3n.
El per\u00edodo del desierto es un tiempo de purificaci\u00f3n y de maduraci\u00f3n. La experiencia del desierto educa y forma al pueblo, ayud\u00e1ndole a crecer y prepar\u00e1ndolo para la etapa definitiva, que orienta y da sentido a su marcha: la vida en la tierra prometida. En su avance hacia esta meta, el pueblo tiene que superar muchas tentaciones. Son las mismas que frenan a cada hombre en su ascensi\u00f3n hacia la meta final. Tambi\u00e9n el hombre de hoy puede verse reflejado en esta experiencia hist\u00f3rica del pueblo de Dios.
