{2}\u00c9XODO{/}

Que el Se\u00f1or sac\u00f3 a Israel de Egipto es el art\u00edculo fundamental del credo israelita. La importancia de esta afirmaci\u00f3n se percibe en las huellas profundas que dej\u00f3 impresas en la conciencia de Israel, palpables a lo largo de todo el Antiguo Testamento. Israel nace, como pueblo de Dios, en el momento hist\u00f3rico-salv\u00edfico de la salida de Egipto.
\u00c9xodo significa \u00absalida\u00bb. Se aplica como t\u00edtulo al segundo libro de la Biblia, porque el acontecimiento central expuesto en \u00e9l es el de la salida de los israelitas de Egipto. El libro del \u00c9xodo discurre entre dos puntos geogr\u00e1ficos: Egipto y el Sina\u00ed. Entre ambos median el mar y el desierto. Cada uno de estos lugares geogr\u00e1ficos evoca una realidad salv\u00edfica. Egipto ha quedado en el recuerdo de Israel como el lugar de opresi\u00f3n; la salida de all\u00ed implica una liberaci\u00f3n o redenci\u00f3n. Al mar va ligado el milagro m\u00e1s importante de la historia de Israel; los acontecimientos de la salida de Egipto son como un preludio, que culmina en el evento del mar. El camino del desierto aparece salpicado de intervenciones salv\u00edficas de Dios, que conserva a su pueblo en medio de dificultades y resistencias. El Sina\u00ed es el lugar del encuentro entre Dios e Israel; un encuentro amistoso, en el que el Se\u00f1or sella una alianza con su pueblo y le da una ley, una especie de carta magna del hombre liberado. En estas coordenadas geogr\u00e1fico-teol\u00f3gicas se mueve el libro del \u00c9xodo, con sus tres partes principales: 1. Relato de la liberaci\u00f3n de la esclavitud de Egipto, coronado por el canto de victoria de los redimidos (cc. [\u00c9x_1,1] a [\u00c9x_15,1]); 2. Marcha a trav\u00e9s del desierto (cc. [\u00c9x_16,1] a [\u00c9x_18,1]); 3. La alianza del Sina\u00ed y sus leyes (cc. [\u00c9x_19,1] a [\u00c9x_40,1]).
Israel descubri\u00f3 a Dios en los acontecimientos hist\u00f3ricos. Toda la exposici\u00f3n de su historia est\u00e1 recorrida por la experiencia de Dios, a quien se considera motor de la historia. Para Israel, el Se\u00f1or es, ante todo, el Dios que le sac\u00f3 de Egipto. La salida de Egipto no es el resultado de una mera concatenaci\u00f3n de circunstancias naturales, m\u00e1s o menos extraordinarias, sino m\u00e1s bien la consecuencia de la intervenci\u00f3n poderosa del Se\u00f1or. La liberaci\u00f3n de Egipto es presentada como la gran acci\u00f3n del Se\u00f1or. La alianza y la ley se comprenden a la luz de estos acontecimientos hist\u00f3rico-salv\u00edficos. A la acci\u00f3n del Se\u00f1or que salva ha de corresponder el compromiso de la alianza. La ley del Se\u00f1or es signo y expresi\u00f3n de la nueva vida de los liberados.
En el centro de esta historia, justo entre el Se\u00f1or y el pueblo de Israel, destaca la figura de Mois\u00e9s. A la salida de Egipto, Mois\u00e9s act\u00faa como caudillo, siguiendo fielmente el plan de salvaci\u00f3n del Se\u00f1or, para el que ha sido llamado. En la ratificaci\u00f3n de la alianza y en la transmisi\u00f3n de la ley, Mois\u00e9s hace de mediador entre Dios y el pueblo.
El mensaje del \u00c9xodo sigue siendo vivo y actual para el nuevo pueblo de Dios, el pueblo de la nueva alianza; un pueblo libre, en marcha hacia la ciudad permanente (cf [Heb_13,14]).
